Crecimiento y ecología
17.11.07 @ 15:28:19. Archivado en ECOLOGÍA
Economía y ecología tienen su raíz etimológica griega en oikos, que significa «casa», «hogar», es decir estudian la forma de administrar –en sentido amplio- los recursos del hogar y del medio natural. Ya desde sus inicios con Robert Malthus, clérigo anglicano, unió los límites del crecimiento con la población, en su segunda ley: la población crece de forma geométrica mientras lo alimentos lo hacen de forma lineal. De ciencia lúgubre la tachó Carlyle, por el pesimismo de los moralistas protestantes embozados que estudiaban estos asuntos. Con los mimbres de Malthus y David Ricardo, J. S. Mill, etc., Marx y Engels dieron la puntilla con un "determinismo economicista" sagrado, según el cuál el desarrollo económico del capitalismo llevaría de forma espontánea, como una fruta madura, al fin del capitalismo.
La realidad es que de todos estos dogmas tan lúgubres, ninguno se ha cumplido, hay evidencia empírica, científica, suficiente para afirmar: primero que la población ha crecido de forma sostenida; segundo que el capital ha crecido más rápidamente que la población; tercero que la producción ha crecido más todavía que el capital; y cuarto que el salario real ha crecido más velozmente que la productividad, estimada como producción por hora de trabajo.
¿Quiere esto decir que el hombre, con sus terribles excesos sobre el medio ambiente, no esté dañando la biosfera? Pecaría de lo mismo que critico, de soberbia con la fe del carbonero, si dijera tal aserto. Un economista nada sospechoso como es Boulding calificó a algunas formas de producción como la economía del “Cow-Boy”, y al consumo irresponsable de “depredador”, no le falta razón, comparto esta crítica.
Pero para centrar la discusión, hay que decir que los problemas de los límites del crecimiento, de las formas de producción, de la emisión de CO2 a la atmósfera, del deterioro medioambiental, de bosques y ríos, no son problemas asépticos desde el punto de vista religioso, filosófico, ideológico, político y económico. A veces ni los propios ecologistas saben que cuando hacen apologías materialistas de economistas muertos aplicando estas enseñanzas a la ecología, están predicando –como Marx y Engels- contra la idea de un Dios cristiano omnipotente, entendida la omnipotencia como dominio sobre toda la creación; y por ende desprecian la idea del ser humano como "imagen de Dios", antropocentrismo delegado sobre el resto de la creación; por supuesto que desprecian la idea cristiana de una naturaleza de alguna forma sacralizada porque sale de las manos de Dios y por extensión de la historia providente del hombre y del mundo. La consecuencia es que el cristianismo es el culpable de las ideas del sistema capitalista, que es el origen y causa de la crisis medioambiental y ecológica que la humanidad padece. Sin embargo, los historiadores y economistas cristianos dicen que el Dios bíblico no dio como misión a los cristianos la de expoliar la tierra, sino de cuidarla y de transformarla para mejorarla. La creación es, pues, un reflejo de la bondad y de la belleza de Dios, por ello el mandato es de cuidarla y contemplarla amablemente.
Los límites al crecimiento económico en un mundo finito, no es pues, solamente una cuestión de estudio económico o ecológico, sino sobre todo filosófico. Si a Malthus le hubieran dicho que dentro de dos siglos la población se multiplicaría por 7 y pasaría de 860 millones de habitantes a 6.600, le hubiera dado un síncope; pero si le dicen que la producción lo haría por 70, el síncope habría sido un infarto agudo y la muerte segura, desde luego que ningunas de sus pesimistas e incumplidas predicciones se hubieran escrito.
Si las predicciones de los economistas clásicos no se cumplieron ninguna, en algunos casos el cumplimiento de sus recetas, como las aplicadas en las economías socialistas, han producido los mayores desastres ecológicos del planeta. Pero a finales de la década de los sesenta se volvió a las tesis clásicas pero con planteamientos nuevos, son un conjunto de teorías que entroncaban con las anteriores sobre los límites del crecimiento, pero en relación con la escasez de recursos naturales no renovables, sobre todo petróleo y minerales.
Estas teorías se circunscribieron entorno al Club de Roma, asociación privada compuesta por empresarios, científicos y políticos, que encargó a investigadores del Massachusetts Institute of Technology bajo la dirección del profesor Dennis L. Meadows, la realización de un estudio sobre las tendencias y los problemas económicos que amenazan a la sociedad global. Los resultados fueron publicados en marzo de 1972 bajo el título "Los Límites del Crecimiento". El modelo abarcaba tres variables: la población, el crecimiento económico y la huella ecológica sobre la tierra en los próximos 100 años. La recomendación del informe fue otra predicción a lo R. Malthus o a lo K. Marx, o se iba al "crecimiento cero" o "estado estacionario" con controles de natalidad eficaces o el planeta no aguantaría.
Veinte años después del primer informe del Club de Roma, se publicó una nueva versión del informe “Más allá de los límites del crecimiento”, en el que se decía que el crecimiento económico ya se estaban superando la capacidad de carga del planeta para sostener su población. Diez años después aparece una nueva versión actualizada, con el título: “Los límites del crecimiento: 30 años después”, más de lo mismo. Para que quede claro mi crítica la defenderé con la siguiente aparecida en todos los periódicos de izquierdas europeos, en España en El País, claro: “Sin embargo, a medida que la economía mundial ha seguido creciendo de forma ininterrumpida, las sombrías predicciones del Club de Roma se han convertido, cada vez más, en objeto de ridículo”, este diagnóstico certero se debe a Joschka Fischer, Ministro de Exteriores alemán de la “Coalición rojiverde” en el gobierno socialdemócrata (SPD) de Gerhard Schröder.
Igual que se superó el carbón como fuente de energía se superará el petróleo. Veamos una pequeña muestra, de la evolución de la realidad y de las previsiones “ridículas” en expresión de Fischer. En el año 1973 la producción mundial de petróleo fue de 2.836,4 millones de toneladas mientras que las reservas estimadas eran de 86.096 MT por lo que se podía calcular mediante una simple división que sólo durarían 30,35 años, es decir, hasta el 2003. Sin embargo, a pesar de que en el año 1990 el ritmo de extracción de petróleo había aumentado hasta los 3.257 MT, pero como las reservas conocidas eran mucho mayores, 136.478 MT, el plazo hasta su agotamiento había aumentado a 42 años más, es decir, hasta el 2032. Lo mismo sucederá en el 2032, si tenemos en cuenta nuevas fuentes de energía. Y los descubrimientos de nuevos pozos y reservas no cesan. Según el rojiverde Fischer “el crecimiento debe separarse del consumo de energía y de las emisiones” y no le falta razón. El futuro no debería ideologizarse, politizando hasta la nausea el sistema de producción sino cómo paliar las crecientes emisiones del imparable recorrido de crecimiento de China con 1.300 millones de habitantes y de la India con 1.200. La demanda mundial de energía, materias primas y alimentos en casi media humanidad es imparable, habrá que romper la moratoria nuclear mientras la ciencia desarrolla nuevas fuentes de energía limpias.
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Juan M. Delafuente
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