32. Diamante de sangre
14.02.07 @ 18:10:33. Archivado en CINE
El ser humano es capaz de lo mejor, de la excelencia, y al mismo tiempo de la peor miseria y bestialidad, así ha sido durante toda la historia. Nada nuevo, pues, bajo el sol. Ha tenido que ser una más de las películas comerciales, del cine americano –Diamante de sangre-, para que entre por los ojos, como medio idóneo para concienciar al gran público de las atrocidades que siguen cometiéndose en el Continente africano. Y mientras tanto occidente contempla, como si de otra película se tratara: guerras devastadoras y salvajes en: Angola, Uganda, Ruanda, Etiopia, Eritrea, Sierra Leona, Liberia, Costa de Marfil, Sudán, Congo... Guerrillas y luchas tribales; dictaduras sanguinarias y corruptas; asesinatos en masa, violaciones mutilaciones y torturas; expolio, explotación y contrabando por doquier…,
Este es el panorama desolador de África, parece como si de una maldición bíblica se tratara. Gracias a películas como Diamante de sangre y antes el "El jardinero fiel","El señor de la guerra" o "Hotel Rwanda", zarandean las conciencias acomodaticias del primer mundo, como si de un aldabonazo, filmes que nos recuerdan que África es un Continente machacado.
La película que toca comentar es Diamante de sangre, dirigida por Edward Zwick el del "El último samurai", "Tiempos de gloria" o "Leyendas de pasión" y la protagonizan Leonardo Di Caprio y Honsou (Eragon), el primero borda su mejor papel, el segundo es un mandingo de dos metros, exboxeador, que sin duda dará que hablar.
Denuncia la guerra que durante once años asoló a Sierra Leona (el segundo país más pobre del mundo), entre la guerrilla insurgente del RUF (Frente Revolucionario Unido), creada por el señor de la guerra Charles Taylor (expresidente de Liberia, afortunadamente preso internacional en La Haya, por genocidio). La guerrilla y el ejército emplean el terror más salvaje: roban niños para convertirlos en máquinas de matar, asesinan en masa a la población civil, las mutilaciones parecen una plaga (alrededor de 35.000 se calculan), torturas y violaciones…; esta es la cruda realidad de las guerras africanas.
Se detiene Zwick en la causa de la guerra: la extracción de diamantes. En el norte del país en la zona minera de Kono se extraen, por piltrafas esclavizadas, los diamantes ensangrentados, que mediante el contrabando eran vendidos a través de Liberia hasta llegar a Bélgica. Sorprende que Zwick no complete la denuncia en su cinta, contemplando el elegante barrio de los diamantes en alguna de las cuatro bolsas de Amberes y a joyeros de todo el mundo: judíos, indios, libaneses, etc… negociando los refulgentes carbonos cristalizados, diamantes para toda la vida igual que las amputaciones de manos de niños africanos que dejaron en el trayecto como daño colateral, eran los diamantes de sangre.
Y es que parece que la riqueza natural para África fuera una de sus desgracias, por la codicia sin freno ni escrúpulos. La inmensidad de riquezas naturales: pozos de petróleo desde Guinea hasta Namibia, pero el dinero se pierde en el camino de la corrupción y por ende las escuelas, hospitales, agua, etc…, no llegan nunca; minerales preciosos muy abundantes como el oro, diamantes y plata, que por su extracción reciben los africanos un dólar de salario al día, mientras en Nueva York, Londres o Amberes su cotización se multiplica por 500; también abundan los minerales estratégicos a nivel mundial como el coltan (colombio y tántalo), niobio, cobre, cobalto, manganeso, zinc, cadmio, uranio, casiterita, europio, thorio, niobio, etc., materiales necesarios para los teléfonos móviles, satélites, naves espaciales, misiles, reactores nucleares, … , por su resistencia a la temperatura, por su ligereza, por ser superconductores, o anticorrosivos, etc., materiales necesarios para las industrias punteras. Y es que toda esta inmensidad de riquezas solo sirve para atraer la guerra y la miseria al pueblo.
Por las presiones de las imágenes en internet y de la denuncia de la ONG Global Witness, después de nueve largos años el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1306, de 5 de julio de 2000 que prohibía al mundo importar diamantes provenientes de Sierra Leona. Esto fue posible mediante el denominado proceso Kimberley, proceso de verificación voluntaria de que los diamantes no provienen de guerras y que no financian armamento. Se verifica mediante un certificado de diamantes no pulidos. La ONG Testigo Global denuncia a De Beers Consolidated Mines Ltd, que controla el 75% del mercado de diamantes, ahora ha cambiado su nombre por el de Diamond Trading Company. Esta mezcla de empresas sin conciencia ha servido para denunciar la globalización como contribuidora al expolio de los más indefensos.
En definitiva, un película dura que con crudeza nos muestra la estupidez de los señores de la guerra y su crueldad sin límites, aprovechada por la inmoral sordidez de algunos hombres respetables de negocios occidentales, recubiertos de elegancia y sofisticación. Entonces es cuando se se aprecia que en el fondo la mejor y más excelente elegancia, no son los diamantes y ese mundo de sofisticación y derroche basado en la explotación del ser humano, sino aquella elegancia interior basada en la moralidad de la austeridad ascética por y para la trascendencia.
En fin para terminar un comentario compresnsivo sobre ZP. La película, bien construida, sirve muy bien para entretener y para denunciar y también para reflexionar sobre los motivos por los que miles de africanos se juegan la vida en los cayucos para venir a Europa. Sin que sirva de precedente, ZP lleva en parte razón, la emigración de África a Europa no cesará solo con medidas coercitivas, es imposible la miseria, la hambruna, la guerra impulsará a la desesperación de la travesía. Eso no impide comprender a cualquier persona con sentido común y sentido de la realidad que España no puede solucionar sola el ingente problema de África. Cada regularización y cada cayuco que aparece en las televisiones africanas atendidos por al Cruz Roja es un anuncio para ponerse en marcha. Pero esto es otro tema.
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Juan M. Delafuente
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