26. Unamuno: LXX aniversario I
06.01.07 @ 10:12:57. Archivado en HISTORIA
El día 31 de diciembre de 1936 a las cinco en punto de la tarde moría Don Miguel de Unamuno, parece ser de un derrame cerebral, producido por la inhalación del anhídrido carbónico de un brasero, cuando conversaba con un admirador falangista, Bartolomé Aragón, pronunciando su última frase: "¡Dios no puede volverle la espalda a España!", aunque Ortega y Gasset diagnosticó la muerte del Rector como "de mal de España", hacía, pues, 70 años de su fallecimiento.
Esta conmemoración podía haber sido una más, si no fuera por la polémica suscitada a nivel nacional, debido a una moción presentada por el Grupo Municipal socialista de Salamanca en la que se pedía la rehabilitación de Unamuno como concejal. El afán insano de politizar cualquier acontecimiento, arrimando el ascua a la sardina partidista, ocultando la parte que no interesa y la torpeza política de otros, propicia estas polémicas esterilizantes y gravemente perniciosas para el discurrir normal de la política pragmática, que precisan las sociedades modernas.
Este aniversario, también, podía haber transcurrido como en los once años anteriores, en las que el Alcalde de Salamanca J. Lanzarote, con la banda de música municipal interpretando la marcha fúnebre de Chopin y colocando una corona de laurel a los pies de espléndida estatua de Pablo Serrano en una plaza, frente a la que fuera la casa del pensador; como por otra parte, también se conmemora de forma similar en Bilbao, aunque con menos entusiasmo. Unas horas antes la Asociación para la memoria y justicia depositaba doce rosas rojas en el nicho de Unamuno, para después increpar al Alcalde en el acto oficial.
Vaya por delante que para mí es una torpeza la no admisión de la moción socialista por parte del PP, es más, creo que se debería haber presentado una moción transaccional por el portavoz o por el Alcalde, rehabilitando a Unamuno como concejal y rechazando el Decreto de Azaña en el que se le destituía como Rector el 22 de agosto del 36 (con cientos de catedráticos más), así como de todos los demás cargos (debe entenderse también el de Concejal) y dignidades, obligándoles a votar al Grupo Socialista esta nueva moción, y comprobar si quieren la rehabilitación como concejal y como pensador contra la República.
En primer lugar hay que recordar que D. Miguel se sumó a la Republica con entusiasmo y esperanza, pero después fue extremadamente crítico con ella hasta apoyar el golpe del General Franco. Azaña le destituyó de Rector, las razones motivadas de las supresiones de todos los cargos y dignidades se debe a que se había sumado "de modo público a la facción en armas". Es más, en la transaccional se hubiera defendido lo que pensaba Unamuno de la República y al paso lo que pensaban muchos intelectuales. Y era verdad, se había sumado al golpe, pues el 26 de septiembre, Unamuno firmó como rector un mensaje a todas las universidades del mundo, en el que se denunciaba el comportamiento del Gobierno de Madrid y se les pedía "solidaridad" con los militares. Unos días antes del alzamiento, el 3 de julio decía a un periódico madrileño: "Ahora (refiriéndose a la República) que no se hable de ideología, que no hay tal. No es sino barbarie, zafiedad, soecidad, malos instintos, se tragan un papel antihigiénico en que sacian sus groseros apetitos y ganas, ciertos pequeños burgueses que se las dan de bolcheviques y de lo que hacen servil ganapanería populachera. Tragaldabas que reservan ruedas de molino soviético para hacer comulgar con ellas a los papanatas que los leen". Y en varias ocasiones dijo: "Hay que salvar la civilización occidental, la civilización cristiana". Contra Azaña tenía fijación: "Cuidado con Azaña, es un escritor sin lectores. Sería capaz de hacer la revolución para que le leyeran" (Esto lo pensaba y decía antes de la proclamación de la República, después le tacharía de “Faraón del Pardo” y otras lindezas.
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Juan M. Delafuente
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