5. El precio como solución a la guerra del agua (y II)
06.08.06 @ 18:07:23. Archivado en ECOLOGÍA
El gratis total es una mala práctica política tan al gusto de los políticos hispanos, porque los bienes son escasos y por tanto tienen un coste, su dispensa gratis o a precio por debajo de su coste, provoca ineludiblemente, una demanda superior a su oferta y por ende, escasez y derroche. El precio político del agua en los regadíos conlleva insolidaridad e ineficiencia de un recurso tan trascendental.
Es necesario, urgente diría yo, al margen del Plan de la Ministra Narbona sobre la modernización del regadío, la puesta en marcha de la Directiva marco 2000/60 en todo el regadío español, que obliga a aplicar una política de precios que repercuta el coste a los usuarios y sobre todo a racionalizar la gestión. La única forma eficaz de gestionar el agua de regadíos es adjudicando concesiones administrativas a empresas del ramo a largo plazo, encargándolas en primer lugar el cobro del agua según el consumo y los derechos concedidos; en segundo lugar el mantenimiento del capital invertido desde la fuente hasta el usuario; en tercer lugar la creación y gestión de bancos de agua; y en cuarto lugar el control de los pozos y su consumo.
Las administraciones tendrán que respetar las reglas claras y trasparentes de un mercado de agua nacional, sin bandazos ni cambios pendulares, en el que los derechos de los regantes se podrán vender a empresas para el abastecimiento humano o para campos de golf o para nuevas viviendas, en fin para lo que la sociedad demande y pague. El mercado, según los costes de producción del recurso, se encargará de regular la demanda de acuerdo con el precio y la eficiencia de los consumos. Las leyes transparentes obligarán a las empresas adjudicatarias, por Comarcas, Provincias o Comunidades, a que todos los municipios tengan acceso al líquido elemento para el consumo humano, teniendo prioridad, sabiendo que este consumo supone solo el 20% del consumo total y que por tanto en raras ocasiones es una competencia directa al regadío.
Hoy en plena guerra política e ideológica del agua, éste se usa como ariete contra el sector inmobiliario, porque uno de los graves problemas que enrarecen el debate e impiden el entendimiento es la corriente de pensamiento y propaganda muy extendida que viene a decir: “todo aquel que sea partidario de la construcción de viviendas en la costa es un insolidario, un egoísta, un antiecologista, porque no hay agua suficiente y aniquilará el litoral.” La realidad es muy otra, hay agua de sobra para estos menesteres, lo que sucede es que se derrocha en regadíos ineficientes alentados por las subvenciones europeas (PAC), que prima los regadíos en donde siempre ha habido secanos del trigo y de cebada; amén del derroche masivo de agua en los cultivos del maíz y alfalfa, en muchos casos, regados todavía, por inundación.
¿Por qué la demanda de viviendas en la costa, de jubilados ingleses, germanos o nórdicos, etc., que después de una vida de trabajo, quieren descansar sus últimos años de su vida, en el paraíso terrenal que es la costa española, es antiecologista? ¿Por qué la demanda de los trabajadores hispanos de la segunda vivienda en la costa o en cualquier urbanización, es también antiecologista? ¿Por qué los campos de golf son un derroche de agua y el regadío por inundación del maíz o de la alfalfa, o de los trigales o cebadas de secano no lo son? ¿Acaso no es algo bueno tener una segunda vivienda? ¿ O solo pueden tener acceso a la segunda vivienda las élites? ¿Acaso el sector de la construcción no significa empleo? El agua, como cualquier bien, no debe ser ninguna rémora para el desarrollo, el precio debe ser el que asigne su uso, las posturas aparentemente “ecológicas” y “solidarias” tienen un componente de populismo e ideologías trasnochadas que donde se han aplicado o han producido un paro masivo, precisamente de los menos capaces, o un destrozo medioambiental sin precedentes en la historia, o ambas cosas a la vez.
Estas posturas ideológicas con la excusa del agua y la protección del medio ambiente, junto a los grandes escándalos de especulación y corrupción son un excelente cado de cultivo para la creación de un clima social contra un sector tan lícito y honorable como cualquier otro. En el fondo esta corriente, aventada por doquier, es insolidaria y elitista pues si se llevase hasta sus últimas consecuencias, impediría el turismo de masas a la costa, esto es el turismo de los trabajadores, de las clases medias y jubilados. Este es el parecer de toda la progresía nacional y que por ósmosis se ha filtrado a toda la sociedad, Desde mi punto de vista es una campaña perversa para los intereses de todos los españoles.
El agua no puede ser, pues un obstáculo para tener un sector inmobiliario potente, como locomotora de la economía y del empleo, hasta que la demanda ajuste la pujante oferta actual, porque el urbanismo no debe estar reñido con un desarrollo sostenible al servicio de esta generación y de muchas más, ni la protección del dominio público de la costa, suelos especialmente protegidos, parques nacionales, espacios singulares protegidos, etc.
El Plan de Modernización de Regadíos que la Sra. Ministra de Medioambiente si no va precedido de un cambio de filosofía en la gestión del agua, de poco servirán las inversiones en las redes de abastecimiento, en los contadores, etc., políticamente será muy rentable para su partido, pero será más de lo mismo: aumento de la superficie de regadíos, falta de productividad y en definitiva adornar el despilfarro masivo de un recurso escaso.
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Juan M. Delafuente
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