Hoy es noticia mi amigo José Luis Uriz.
José Luis Uriz es un romántico, un idealista, un gran aficionado a la música.
El pasado sábado no se le ocurrió otra cosa que, aprovechando que era el encargado de tirar el cohete anunciador de las fiesta de Villava, dedicar dicho cohete a Arnaldo Otegui, por su labor en favor de la paz.
José Luís es un idealista nato, tal vez sea el último auténtico idealista que le quede a este País. Le puede ese inmenso corazón que tiene. Eso le ha permitido tener amigos como los que tiene, y que abarcan un abanico tan amplio y heterogéneo como el mentado Otegui, Patxi Zabaleta, Enrique Curiel o mi persona.
José Luís se equivocó. No puede hacer un discurso político en el inicio de unas fiestas, ni puede, representando a un partido, dedicar un chupinazo a una persona acusada de formar parte de una organización terrorista.La idea era mala de solemnidad, a mi juicio incomprensible, y el lugar y el momento los menos adecuados. El error es de libro, pero José Luis es así, no puede callarse, no puede dejar de ser él mismo.
Dejando claro que se equivocó, y que para nada comparto lo que hizo y como lo hizo, ya que él ha proclamado públicamente nuestra amistad, hoy, en un día feo y perro para mi amigo, donde lo corriente y lo convencional sería abandonarlo, y si te he visto no me acuerdo, me he sentido obligado a publicar estas líneas para reafirmarle mi cariño personal.
No pienso vivir en esta vida traicionando mis sentimientos, y José Luis, en los momentos malos y en los momentos buenos ha estado siempre donde tenía que estar. Es muy importante, en el momento en el que vienen mal dadas, saber separar el hombre, la persona, de su faceta pública y tal vez de sus propios errores.
Ni que decir tiene que en este caso, los amigos de de mi amigo no son, en muchos casos, mis amigos, ni mucho menos. Reconozco que mi amigo tenga esos amigos tan contrarios, algunos, a mi forma de pensar, me genera un indudable desasosiego, sin embargo, comparto cariño conjunto por algún otro, no precisamente de Batasuna.
Pero también reconozco que no me cabe ninguna duda de que si mañana quien se encontrara en una posición difícil fuera yo, si me convirtiera en un muñeco de feria a quien todo el mundo lanza pelotas, José Luis no me tiraría ni una jamás, y tal vez, en el colmo de su idealismo, se pondría a mi lado para sortear conmigo los pelotazos. Eso es lo que le hace especial.
Miércoles, 30 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez