El blog de Juan Frommknecht

Claves para entender la situación política entre Batasuna y ETA

27.04.10 | 10:16. Archivado en ETA
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Desde los comienzos de la democracia todos los gobiernos han tenido, en uno o en otro momento, un canal de acceso que posibilitara comunicar con ETA o su entorno.

Las dos ocasiones en que esos contactos fueron más directos y repetidos fueron en Argel y durante la última tregua de ETA.

Llegar a la última tregua fue el resultado de años de labor oculta, conversaciones discretas y complicidades entre los mundos más propensos del abandono de las armas de ETA y el sector más posibilista del PSOE. De estos años surgieron canales de comunicación bastante directos, que si bien se deterioraron tras el final de la tregua, han servido para enviar y recibir alguna información confidencial.

Explicada a grandes rasgos la situación, sectores del PSE encuentran que, tras el final de la tregua, existe una situación de frustración y desacuerdo en la izquierda abertzale, desacuerdo que les lleva, aparentemente, a alejarse de forma progresiva del mundo de la banda terrorista y buscar la política, radical, eso sí, como única forma de trabajo por mantener su posición ideológica.

Estos movimientos no pasan desapercibidos por quien tiene la obligación de vigilarlos. Por canales seguros se hace llegar a Batasuna en 2008 una consigna que también se repite públicamente: Si queréis estar en las municipales de 2011 podéis estar, pero debéis rechazar la violencia.

Surgen los movimientos. Los más radicales se niegan a aceptar lo que consideran un chantaje del Gobierno. Los más maquiavélicos ven abierta la posibilidad de realizar una estrategia que les permita estar en las municipales del 2011 para luego volver a dar el apoyo de siempre a ETA. Y los más inteligentes, minoría entonces, entienden el mensaje, mantienen que la lucha armada ya no es la vanguardia de la izquierda abertzale, y que es un lastre para su movimiento. Manifiestan, de forma convencida, que ha llegado el momento de abandonar las armas.

Batasuna somete la idea a votación entre sus bases, y tras una curiosa fusión de lo que llamaremos maquiavélicos y políticos, se aprueba con amplia mayoría la continuación por vías estrictamente políticas.

Surge la lucha interna con una ETA que intenta imponerse. En enero y febrero los cuerpos y fuerzas de seguridad emprenden un esfuerzo titánico contra ETA, deteniendo a treinta personas y demostrando que la vía armada tiene sus días contados. Las continuas desarticulaciones de comandos y golpes a la dirección hacen ver, cada vez a más gente y con más claridad, que la época de las armas ha pasado.

En ese momento comienza un baile diplomático. A cada comunicado de ETA le sigue uno de la izquierda abertzale, o viceversa, en los que sin negar los argumentos o afirmaciones de la parte contraria, se hace un gran esfuerzo por mantener la argumentación propia. En el MLNV no existe mayor catástrofe que una ruptura, y todas las partes intentan evitarla.
Desde el estado se decide intensificar el trabajo en las cárceles. Son muchos los presos de ETA que no reconocen ya legitimidad a la dirección de la organización para marcar las pautas de la lucha. El gobierno acerca al País Vasco y agrupa en determinados centros a los miembros de ETA más contrarios a la continuación de la banda armada, intensifica el viejo seguimiento a sus abogados y da un golpe fundamental para impedir el traslado de órdenes y consignas deteniendo a quienes presuntamente las trasladaban.
Sin el peso de las órdenes de la banda, y alejados de los comisarios políticos de la misma, un grupo importante de presos dan la batalla por perdida. Para dejar claro que no se va a permitir un nuevo engaño al estado, son detenidos todos los dirigentes de la izquierda abertzale representados en una especie de mesa de encuentro denominada Bateragunea. La izquierda Abertzale ve imposible mantener una actividad política abierta, y se reconoce no preparada para realizar actividad desde la más estricta clandestinidad.

En todo este proceso, la Guardia Civil, la policía Nacional, los Servicios Secretos y la suerte, impiden que ETA realice con éxito una potente campaña de atentados e instale bases en lugares distintos a los habituales, como Portugal y, dentro de España, Cataluña.

El tiempo se acaba. Batasuna sabe que no solo debe renunciar a la violencia, debe rechazar a ETA, y hay quien está dispuesto a hacerlo. ETA intenta hacerse presente en la campaña de verano, con al menos dos comandos, uno actuando en la costa y otro en el interior. Los cuerpos y fuerzas de seguridad trabajan día a día para que no consigan su objetivo. Y desde el Gobierno se recopila información para conseguir lo que sería una importante victoria de lograrse: La vieja aspiración de romper a ETA y atraer al redil de la democracia a la mayoría de sus bases. Complicado y arriesgado empeño, pero probablemente necesario.


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