Elogio a un Guardia Civil
Apareció sonriente, discreto, tímido, vestido sencillamente, de paisano.solo se acercó un instante, saludó educado, buscó entre los asistentes y se fundió en un abrazo con María José, la viuda de Juan Carlos Beiro. Despues permaneció todo el rato en un discretísimo segundo plno.
Pregunté por aquel hombre. Era Guardia Civil. Se encontraba de servicio el 24 de septiembre de 2002, día del atentado. Acudió junto con otros compañeros del puesto a auxiliar a sus compañeros heridos y participó activamente en su evacuación a los centros médicos.
He visitado, desde entonces, todos los años a los Guardias de Leiza. De los hombres que servían aquel 24 de septiembre, a los pocos meses ya no quedaba nadie. Muchos estaban de baja y otros fueron trasladados a otros servicios más cómodos tras tan terrible experiencia.
Ahora, aquel hombre que vivió tan de cerca aquel atentado, y cuyo nombre no diré, volvía al lugar de los hechos. Poco después me enteré del motivo, no estaba ni de paso ni solamente para rendir homenaje a su compañero Carlos. Había vuelto a Leiza a trabajar como Guardia Civil porque, siguiendo su vocación de servicio, se había presentado voluntario a cubrir el puesto.
Hombres así hacen grandes a una institución. Amigo, fue un placer estrecharte la mano.
Sábado, 21 de noviembre
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Jesús Montesinos
José Luis Palomera Ruiz
Antonio Javier Vicente Gil