El ministro de Justicia, Francisco Caamaño, se refirió ayer a la reagrupación penitenciaria de Javier García Gaztelu, 'Txapote', y su novia, Irantzu Gallastegi, 'Amaia', en la cárcel de Teixeiro (La Coruña). «Tienen derechos que se protegen por la ley que deben de ser atendidos», resaltó.
Preciosa tanta atención y consideración. Lástima que por culpa de estas dos personas con tantos derechos, Miguel Ángel Blanco no tenga ya el derecho a volver a casa, a abrazar a sus padres, a hermana.
Txapote tendrá, si el señor ministro lo dice, derecho a ser agrupado con su novia. Pero yo siento que tengo la obligación moral de recordar que este hombre con tantos derechos secuestró personalmente a un joven por ser concejal, le retuvo 48 horas bajo amenaza de muerte y, finalmente, le descerrajó dos tiros en la cabeza cuando estaba atado y de rodillas.
Así que, como letrado, no discutiré la legalidad de la medida. Pero como ciudadano no puedo sino pedir que personas que han cometido semejantes crímenes, no tengan derecho a estos beneficios que suponen sin duda, un dolor añadido a los héroes de la paz y a sus familias.
Sí, he dicho héroes de la paz porque estoy harto de la palabra víctimas por la utilización que se le ha dado. Estas personas son mucho más que víctimas, que de 900 muertos ningún familiar haya sido jamás condenado por tomarse la justicia por su mano sobrepasa la victimología y engrana con el heroísmo, el heroísmo de unos españoles que tragaron su rabia y su dolor por un bien superior y común, un bien que se llama Paz, un bien que se llama España.
Lunes, 9 de noviembre
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