El pasado 9 de marzo se celebraron elecciones generales en España. Del resultado de las mismas se extraen dos consecuencias:
La primera de ellas es la referente a la imposibilidad política de que el Partido Popular llegue a tener opciones de ser alternativa al Gobierno mientras obtenga tan desastrosos resultados electorales en País Vasco y Cataluña. EL déficit de escaños en estas provincias respecto al PSOE hace que resulte absolutamente imposible la remontada por muy buenos que sean los resultados en el resto de la nación.
Analizada esta primera conclusión, los analistas del partido empezaron a buscar alternativas, todas ellas tendentes a un viaje al centro que sería representado mediante el cambio de personas y ponencias.
Los partidos políticos son máquinas destinadas a ganar elecciones. Más aún, en ocasiones se comportan como empresas, con su gran número de asalariados.
Por eso, quienes toman las decisiones se pueden ver en ocasiones tentados a relajar los principios en los que se cree para obtener mejores resultados. Deben tomarse medidas inmediatas para aumentar el número de apoyos en Cataluña y País Vasco, aún a cambio de modificar o dulcificar el mensaje a los nacionalistas. En caso contrario son imposibles aumentos en votos y alianzas con otras fuerzas.
Esta ha sido la primera conclusión a la que llegaron los políticos profesionales de Génova, y técnicamente, el análisis es correcto. Lo que estos analistas no pueden tener en cuenta es que, tras estas siglas, y sobre todo en el País Vasco, hay personas que lo dan todo por las ideas que hasta ahora se defienden y que quieren seguir defendiendo. Si a usted, querido lector, le pasara lo que le pasó a María San Gil, que vio como volaban la cabeza a un gran amigo en su presencia, fue encañonada por el asesino, y ha intentado ser asesinada desde entonces en muchas ocasiones, cualquier cambio de postura respecto a la relación con los nacionalismos que miraron hacia otro lado e incluso se unían con Batasuna para aislar al PP y al PSOE incluso después del asesinato de Miguel Ángel Blanco le parecería intolerable, una traición a los principios por los que unos se han jugado la vida, y a otros, compañeros y amigos, se las han quitado. Y ante este planteamiento no caben análisis políticos de resultados.
La segunda conclusión es que la estrategia de acercamiento a los nacionalistas y confrontación con el Partido Popular del PSE, ha dado resultados magníficos que pueden traer malas consecuencias .Arrasaron en las generales al PNV, partido que ve peligrar, ahora más que nunca, el monopolio político de la Comunidad Autónoma. Por eso, es muy posible que se reproduzca la situación de 1997, en la que los nacionalistas, viendo peligrar su estatus, pactaron con la izquierda abertzale la exclusión de los constitucionalistas del panorama político vasco. El nacionalismo vasco es cada vez más una unión de uniones, y así como se han unido PNV y EA junto IU en el ejecutivo de Vitoria, y estos partidos más Aralar y Batzarre para formar NABAI, nada debe sorprender que, agotado su espacio político y su cantera de votos, el PNV gire una vez más hacia el radicalismo para salir de tan difícil situación, intentando arrancar votos de esa base casi inmutable de quienes dan su apoyo político a ETA.
San Ignacio fue el Vasco Universal que acuñó la famosa frase de “en tiempos de crisis, no hacer mudanzas”. Más valdría a los partidos políticos que no están en el poder actuar con mayor inteligencia, pues de lo contrario ellos solitos están generando una victoria apabullante por mayoría absoluta del PSOE en la próximas elecciones generales.
Treinta de mayo de 1985. El día anterior había hablado con Alfredo. Insistía en que bajara a entrenar al club Natación, pero en esas fechas teníamos exámenes. A pocos metros de mi casa, en la avenida de la Rioja nº 6, Mercedes Galdós preparaba en ese momento la bomba que le mataría a él y a Francisco Miguel Sanchez.
Bitxori llevaba un para de fallos, y esta vez tenía que acertar. Vestida de embarazada se dirigió a la Bajada Javier, disfrazada de embarazada. Recuerdo que aquel día hacía calor, mucho calor. Alguien llamó a la policía nacional diciendo que en ese portal, donde la madre de Alfredo visitaba a una amiga, había un toxicómano molestando a la gente. Coincidieron en el portal, Alfredo y la patrulla. Bitxori detonó la bomba.
He hablado en varias ocasiones con distintas personas relacionadas con su detención e interrogatorio. Me aseguran que cuando se le preguntó si no había visto al niño, ella contestó que “sí, y también al txakurra”.
Bittori vive a una hora de mi casa, en el municipio de Itsaso. Salió de la cárcel hace más de un año. Sus asesinatos no le han salido ni a año y medio años por víctima. No trabaja, no hace nada, se pasea por el pueblo y se rodea de pocas personas.
Treinta de mayo de 2003. Las elecciones han sido ese fin de semana. Me desplazo en el coche oficial acompañado de mis dos escoltas. Estoy hablando con mi jefe y migo, Rafael Gurre, Vicepresidente del Gobierno y consejero de interior. Rafa hace un silencio. “Tengo que darte una mala noticia. Eta ha matado a dos personas en Sangüesa”. Yo estaba a la salida de Pamplona, cerca de Noain. No se sabía nada más, era el primer radio.”Consejero, voy para allá”.
Ruben, mi escolta, consiguió llegar antes que la mayor parte de la guardia civil. En Venta de Judas observamos el traslado de un herido a una UVI móvil. Las radios decían que había muerto. Me pongo en contacto con Alfredo González quien me confirma que el herido está grave pero vive. Lo transmito al Consejero para que lo transmita al Presidente. Llego cuando todavía no existe cordón. Yo creía que los muertos eran concejales, no podía entender que hubiera policías nacionales en Sangüesa, pues el puesto corresponde a la Guardia Civil, y el instituto armado me confirmaba que los muertos no eran suyos.
Llegué a dos metros de un cuerpo mutilado. El comandante de Operaciones llegaba en ese momento y me comunica la identidad de los fallecidos. Reconozco a varis amigos entre los guardias civiles que están recogiendo los restos de sus compañeros. Minutos después, como sombras, distingo a varios agentes de información de policía nacional. Hacía un calor asfixiante. Me comunican que el Presidente está llegando. Salgo a recibirle y a darles todas las novedades. Julián Embid y Bonifacio Martín han sido asesinados por ayudar a los sanguesinos a renovar su carnet de identidad. Eso es lo que había pasado. El herido, aún en estado de gravedad, había llegado estable al Hospital de Navarra y salvo complicaciones, no se temía por su vida.
Hacía un calor espantoso. Yo había conseguido estar con Daniel Plano, alcalde de Sangüesa, y Javier Vital, concejal del PSOE con quien me abracé, ya que , antes de saber la identidad de los muertos, ya había descartado por medio de Daniel que fuera alguien de UPN. Javier me confirmó que todos ellos estaban bien.
Fue el último día que recuerdo de mi trabajo en el Gobierno. Fue terrible. Era el aniversario del asesinato de Alfredo, había hablado con unos amigos para dejar unas flores en el lugar de su asesinato y allí estaba, rodeado de restos humanos sin entender todavía como una persona había conseguido escapar a semejante explosión.
Hoy cinco años después, se que estuve donde tenía que estar. Lo que vi y viví me impedirá para siempre mirar hacia otro lado, quedarme al margen, no comprometerme. El treinta de mayo es el día más negro en la historia terrorista en Navarra. Pero también es, sin duda, el de reafirmación en mi lucha contra la violencia.
Miércoles, 30 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez