La inoperancia de las mociones cívicas
Se suceden estos días en diversos ayuntamientos una serie de mociones promovidas desde la buena voluntad, pero sin ninguna repercusión en el aspecto práctico, son las conocidas como mociones cívicas. En ellas, tras una exposición de motivos, se pide a los concejales de ANV que, o condenen la violencia, o renuncien a su cargo.
Mucho me temo que los aludidos no harán ni lo uno ni lo otro, y que difícilmente se les podrá obligar a abandonar el consistorio. Nuestra Jurisprudencia ha dejado claramente establecido que aún en el supuesto de la declaración de un partido político como ilegal por formar parte de banda armada, los derechos individuales que como concejales tienen sus electos son inalienables.
Nuestro propio ordenamiento jurídico sí tiene formas expresas para conseguir minimizar en ocasiones los efectos perversos del poder municipal por quien no condena la violencia. Son las mociones de censura, instrumento que puede ser articulado en cualquier ayuntamiento democrático. Si la mayoría absoluta firma el documento, el alcalde o alcaldesa censurado es sustituido por el propuesto en la moción.
Estas iniciativas sí son útiles y eficaces en los lugares donde el juego de las fuerzas democráticas pueden hacer posible que prosperen. Exigen civismo y altura de miras, pero pueden contribuir a un cambio real de situaciones.
Pedir en una moción que no va a ser de obligado cumplimiento a pesar de ser aprobada por rotunda mayoría a un concejal que dimita, al margen del valor democrático necesario para presentarla y votarla, sabiendo las consecuencias que puede traer, no deja de ser, a efectos prácticos, más que una declaración de intenciones.
Sábado, 11 de octubre
Juan M. Delafuente
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Sancho Michell de Diego
Antonio Javier Vicente Gil
Manuel Molares do Val
Emilio Castellote Madrid.
Xoán Xulio Alfaya
Vicente Torres
Francisco Rubiales