Pues sí señores. Yo apoyo incondicionalmente la liberación de Ingrid Betancourt y de todos los demás secuestrados por las FARC colombianas. Por el mero hecho de que el secuestro es una forma de tortura especialmente indigna, todas lo son, y porque hace años que en Colombia no son necesarias ni las guerrillas ni las armas para que cada ciudadano pueda apoyar la opción política que entienda conveniente.
Por eso también estoy en contra de la vulneración de los derechos de los presos de Guantánamo. Por supuesto que apoyo la detención de cualquier tipo de terrorista, su enjuiciamiento y el cumplimiento de la pena que le sea impuesta por un tribunal imparcial, siempre y cuando esta no sea la pena de muerte, que rechazo frontalmente. Pero en la islita se vulneran todas las normas del derecho internacional, incluida el trato, aunque no es el caso, a los prisioneros de guerra.
Y ya que estamos en la islita, rechazo también la violación de los derechos humanos por el régimen de cuba, que tiene perseguidos a todas las personas que no comparten su ideología totalitaria, y donde uno puede acabar, en el mejor de los casos, en prisión, por disentir.
Así que vaya por delante mi deseo de liberación de ésta persona y de todos sus compañeros de cautiverio. La violencia terrorista debe desterrarse como fin para conseguir cualquier medio en un país democrático o que aspire a serlo. Ninguna ideología, ninguna religión, puede permitir que se mate o se secuestre por ella. Y esto vale tanto para las FARC en Colombia, para ETA en España o para el extremismo islámico violento.
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Avelino Vallina
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Cesar Sinde
Toni García Arias
José Pómez
Francisco Rubiales