Muy señor mío:
He tenido conocimiento del incidente protagonizado por usted en el día de ayer durante la celebración del pleno del Ayuntamiento de Berriozar. Se celebraba una sesión extraordinaria para exigir la libertad de su compañero Pernando barrena, detenido por presunta relación con ETA, tal y como usted lo fue hace años. Según publica la prensa, y estrictamente a ella me ciño, usted se volvió a una representación de Vecinos de Paz, colectivo que rechaza la violencia terrorista, diciéndoles textualmente “'que no estoy para bromas, ya habéis hecho lo que habéis hecho'.”
Debo decirle que entiendo su reacción desde un punto de vista personal. Debe ser muy duro sufrir la detención de alguien que, además de un referente político, es un amigo cercano, y todo ello con independencia de las causas de la detención. Pero le tengo que decir que, en mi opinión, nada han hecho los vecinos de Paz en lo referente a la detención. No veo a ningún vecino ni vecina de Paz cosiendo amorosamente el Bietan Jarrai, símbolo de ETA, a su amigo y compañero. No veo a ninguna de esas personas animándole a infringir un auto del juez Garzón, a seguir dando voz a una organización que apoya el terrorismo de ETA. Eso es lo que presuntamente, todavía, ha hecho el señor Barrena, no los vecinos de Paz.
Y recordar….¿ Puede usted recordar, señor Iribarren? ¿puede usted recordar el pleno extraordinario del Ayuntamiento de Pamplona para rechazar el asesinato, cometido esa mañana, de Tomás Caballero? Yo sí recuerdo señor Iribarren. Volé de mi trabajo, puesto que mi mujer tuvo la mala fortuna de estar junto al lugar del asesinato y me avisó de forma invitada. Recuerdo a tantos amigos y compañeros en aquel horrible pabellón del Hospital de Navarra. Recuerdo las visitas sentidas de amigos y compañeros de otras fuerzas políticas. Recuerdo que saludé a Juanjo Lizarbe. No se me olvidará nunca el dolor casi mortal que reflejaba el rostro de Alfredo Jaime, a quien le habían matado a un amigo del alma. No puedo olvidar el llanto de Miguel Sanz. Fuimos al Ayuntamiento. Por el camino, en una floristería de la calle Mayor, compre una rosa, y la dejé en el escaño de Tomás. Luego llegó Maribel Beriain y depósito encima de la mía otra docena más, deshecha por el dolor.
Me senté en el reducido espacio destinado para el público. El cadáver de mi amigo estaba todavía caliente. Y entonces, en esos momentos tan duros, un joven rubito, con rizos, entró en el salón de sesiones y se sentó a mi lado. Ese chico joven rubio, don Jaime, era usted, cara conocida de Herri Batasuna en Navarra.
Yo tampoco estaba para bromas. Sus “amigos” ya habían hecho lo que habían hecho, y en este caso se trataba de un asesinato. Y usted jamás podrá decir que yo le dijera ni media palabra…………… eso sí, las que pensé, son irreproducibles en estas líneas.
Miércoles, 30 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez