Tengo un amigo de quien quiero acordarme en estos momentos. Es de esos navarros de verdad que desde muy joven siente la vocación de servicio a su tierra y a los demás y decide comenzar a trabajar en un partido político.
Como resulta que mi amigo vale lo suyo, con los años dicho partido confía en él para ocupar un escaño de parlamentario. Un día llaman a mi amigo desde la Delegación del Gobierno y le dicen, entre jadeos y voces entrecortadas, que no toque el coche y que se aleje de él, porque ETA ha reivindicado que ha colocado en sus bajos una bomba lapa.
Era cierto, aunque la lapa no se encontró y la reivindicación llegó días más tarde de la colocación, pudiendo haber explotado en cualquier momento en un coche en el que subieron varias personas, muchas de ellas hoy con cargos en el Ayuntamiento de Pamplona y en en otras instituciones.
En Febreo de 2002 se detiene al comando autor, entre otros, del asesinato de Tomás Caballero, del subteniente Casanova y de la colocación de la lapa bajo su coche. Lo conformaban Alberto Viedma Morillas, Ibai y Mikel Ayensa Laborda y Francisco Ruiz .
El primero de ellos era compañero de trabajo de mi amigo. Aunque no se lo crean, el comité de la empresa donde ambos trabajaban, el mismo comité que no se solidarizó con mi amigo, mostró su total solidaridad con el compañero detenido acusado de asesinato y posteriormente condenado como autor material de la muerte de Casanova.
Imagínense la cara que debió poner mi amigo. Sus compañeros de trabajo se solidarizaban con una persona que perteneció al comando que intentó matarle. Pero mi amigo es un tío de principios y siguió trabajando por Navarra.
En las últimas generales, haciendo un nuevo servicio a su partido, accedió a ir completando la lista de Berrioplano. Algo tendrá mi amigo, que salió elegido en un lugar que no era su pueblo.
Y eso le dio la posibilidad de vivir otra de esas circunstancias esperpénticas. El pleno del Ayuntamiento del que formaba parte acordó una moción pidiendo que dos miembros del comando que intentó asesinarle, uno de ellos presunto autor material de la colocación del artefacto, fueran traídos a cumplir pena a Pamplona.
Esta es la vida que nos toca vivir a algunos en esta bendita Navarra. En fin, los navarros somos así, es posible matarnos de un bombazo o un tiro en la cabeza, pero es casi imposible obligarnos a dejar de defender nuestra tierra.
Por cierto, para que nadie crea que lo que cuento es una gran mentira, les diré que mi amigo se llama Evelio Gil.
Miércoles, 30 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez