No esperaba tan pronto un nuevo comunicado de ETA. Lo cierto es que no existían puntos nuevos sobre los que dar su opinión. Tras su último comunicado, este sí esperado, en el que reivindicaba los asesinatos de los Guardias Civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero en Capbretón, los analistas se decantaban más por una acción de relevancia que por un comunicado.
A primeras horas de la madrugada ya existían en medios antiterroristas la sospecha de que en las próximas horas ETA realizaría un nuevo comunicado. En este escrito, ETA, fiel a su estilo, reivindica lo que todos sabíamos, su autoría de los atentados del 16 y el 24 de diciembre en Sestao y Balmaseda.
A partir de ese momento, el comunicado toma un tinte delirante. Acusa al Gobierno español de haber establecido una situación de excepción que busca la destrucción del independentismo vasco y de tener la intención de profundizar en el terrorismo de Estado, al mismo tiempo que denomina a Rubalcaba como el ministro del GAL.
En este aspecto sí podemos hacer nuestra interpretación. Un año antes de la proclamación de la tregua, cuando nadie pensaba que esta pudiera ser posible, una fuente bien informada del mundo abertzale me comentó que era posible una negociación, ya que el momento histórico era el propicio, al contar el PSOE con Rubalcaba “un hombre de estado” según mi interlocutor, al frente del grupo parlamentario socialista.
No es extraño que en medios abertzales se tuviera esa opinión del dirigente socialista. Habían mantenido contacto desde hace tiempo, siempre de forma extraoficial e indirecta, y lo que iban oyendo los dirigentes abertzales no les disgustaba en absoluto. La consigna básica a desarrollar, según estas fuentes, era que la paz era posible y necesaria.
Realmente Pérez Rubalcaba estaba desarrollando una buena tarea para su partido y su secretario general, aprovechando esa posibilidad de movimientos que les da a los políticos estar en una relativa segunda fila. Los interlocutores abertzales no se equivocaban, Rubalcaba era un hombre de estado y un animal político.
Todo se torció con el enfriamiento de relaciones entre Bono y Zapatero que llevó a la dimisión del primero y al nombramiento en su lugar del ministro Alonso, que dejaba la cartera de interior a ….José Antonio Pérez Rubalcaba.
Tal vez ese día fracasó el proceso de paz diseñado. Pérez Rubalcaba no podía actuar de la misma forma siendo ministro de interior, sus movimientos y actuaciones tendrían a partir de ese momento una enorme trascendencia pública, y su nombramiento se produce, curiosamente, al mes escaso de la proclamación de la tregua por la que tanto había trabajado. Por si fuera poco, a él le toca la ingrata tarea de ser el responsable último de los tres informes de verificación en los que el Gobierno nos informó de la inequívoca voluntad de ETA de dejar para siempre las armas. Ya ven ustedes la profundidad de aquel análisis.
Pérez Rubalcaba tiene, además de información, un enorme instinto. Ese instinto y esa información le llevaron a informar a partir de septiembre de 2006 que el “proceso” no marchaba bien, y de que, a su entender, ETA rompería la tregua. Solo la seguridad absoluta que mostraba el Presidente de España en sentido contrario le hacía dudar. O el Presidente tenía más información que él, o se equivocaba. La bomba de la T4 en diciembre de 2007 le dio la razón al viejo zorro, y llevó su relación con el Presidente a uno de los momentos más bajos de su trayectoria política, al tiempo que el estrés y el agotamiento empezaban a pasar factura en su salud.
Fue entonces cuando Rodríguez Zapatero empezó a tomar en serio lo que su ministro le decía. Intentarían llegar a las elecciones locales y autonómicas con el menor desgaste posible, y a partir de ese momento, la ruptura sería total y la única estrategia posible la plena reactivación de la lucha antiterrorista, con margen suficiente para llegar a los comicios de marzo de 2008 con una buena hoja de servicios en la materia que hiciera olvidar en parte a la población el colosal error de la tregua.
Rota la tregua, la postura de Rubalcaba al respecto de que ETA volvería a matar no era compartida por algún alto dirigente socialista. El Presidente Zapatero sí le creyó, y de esa confianza y de la información que el Presidente tenía a cerca de la fuerte crisis que se estaba viviendo en el PNV, de la cual este analista informó en su momento, llegaron, entre otras, las decisiones de tirar de toda la información disponible para detener terroristas en Francia y el acuerdo que posibilitó a Miguel Sanz formar gobierno en Navarra.
Por eso ahora ETA, despechada por el engaño, torna en insultos los antiguos elogios, y ese político, con quien cualquier solución era posible, se ha convertido en el ministro del GAL.
ETA sabe que su nivel de aceptación y credibilidad está bajo mínimos y por eso recurre a los viejos fantasmas del pasado que tanto rendimiento le aportaron en su día. El GAL, un asunto todavía no del todo aclarado, ha sido un elemento recurrente cuando ha necesitado reclutar adhesiones. Tal vez ETA no se da cuenta de que la sensación de vigilancia que tienen en el sur de Francia, siendo fundada, no se debe a ningún tipo de guerra sucia, si no a la perfecta y jurídicamente impecable colaboración antiterrorista existente entre Francia y España. ETA se siente insegura, vigilada, atada de movimientos en el país vecino, pero en esta ocasión quien le persigue es la propia Justicia, escrita así, con mayúsculas, y no un grupo de mercenarios pagados o no por el Estado.
Lo interesante de la situación es que ya hace 21 años del último asesinato de los Gal, y que la mayoría de los militantes actuales de ETA, si habían nacido, no sobrepasarían los nueve años cuando los hechos ocurrieron. Por eso, la manida referencia hace pensar que en la dirección política de ETA se sientan veteranos etarras junto a nuevos cachorros ansiosos de violencia. El órgano ya no es único, si no colegiado, y está compuesto por un número impar de personas que oscilará entre siete y once.
Por último, no debemos dejar de hacer una reflexión: A las palabras de ETA le siguen, por un lado, los intentos de atentado, y por otro, las detenciones de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Con las fichas existentes en el tapete debo opinar en contra de lo vaticinado por distintas personas al respecto de que ETA preparara un golpe de efecto, del estilo de una entrega parcial de las armas que facilite una nueva victoria socialista, y mantenerme en mi análisis de mayo, antes de la ruptura de la tregua: Hasta después de las elecciones, por lo menos, ETA seguirá intentando asesinar.
ETA ha asumido que no tiene nada que perder en esta estrategia. Después de cada tregua, se produjeron asesinatos, y después de esos asesinatos se volvió a negociar. ETA tiene la experiencia reciente del atentado de la T4, que no impidió que se siguieran manteniendo contactos hasta mayo. La tregua es, en terminología de la banda, un elemento más de lucha. Y en este momento, no hay momento para la misma.
Después de marzo, y tras analizar el incierto resultado electoral, no debe descartarse ninguna hipótesis, desde la más extendida, en el sentido de que se volverá a negociar con la banda, hasta la menos contemplada, el inicio de una nueva y prolongada etapa de violencia. Lo veremos.
Miércoles, 30 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez