(Periodista Digital Navarra).- A veces el destino te juega curiosas pasadas. A mí me sucedió este jueves. Acudí con mi compañero Miguel Martinez Falero a la Audiencia Nacional para revisar el estado de las actuaciones de distintos asuntos profesionales que en la misma llevamos, y para mantener una entrevista con el abogado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo Juan Carlos Rodriguez Segura, personado en una de ellas, quien nos había comentado que tenía juicio esa mañana.

Para más extrañeza no había nadie en la llamada "pecera" donde suelen acudir los encausados, si bien había dos personas custodiadas por la fuerza pública en el lugar desde donde declaran los testigos. Apenas les presté atención y solo los pude ver de espaldas.
La Fiscalía solicitó modificar su informe de conclusiones provisionales para aplicar en la solicitud de pena el Código Penal de 1973, en lugar del de 1995, por ser el vigente en el momento del atentado y más beneficioso para los reos. La medida, legalmente impecable, ponía de manifiesto una equivocación poco frecuente en el Ministerio Fiscal, pero sumamente comprensible teniendo en cuenta que el sumario fue reabierto hace poco gracias a que una de las letradas de la AVT, Manuela, descubrió en unas olvidadas diligencias la relación de los hoy procesados y se había tenido que reanudar y calificar sin apenas tiempo. Esta solicitud, que legalmente debe realizarse por escrito, supuso la suspensión de la vista.
Entonces, la pareja, que por las atenciones que se dispensaban parecían ser novios en plena luna de miel, fueron esposados y sacados de la sala, a muy pocos metros de donde nos encontrábamos mi compañero y yo, que como he comentado antes habíamos acudido cinco minutos antes a la sala a esperar a otro colega.
Cuando Juan Carlos Rodríguez de Segura salió de la sala, tras los saludos afectuosos de costumbre, no pude evitar preguntarle quiénes eran los acusados. "¿No los has reconocido? Son Juan Antonio Olarra Guridi y Ahinoa Múgica:", me dijo entre extrañado y divertido.
Qué ironía, sin saberlo y sin buscarlo, sin ningún tipo de odio ni resentimiento, estuve sentado a escasos metros de un jefe del aparato militar de ETA. El mismo que ostentaba la dirección militar de ETA cuando se dio la orden de asesinar a mi compañero y amigo José Javier Múgica Garmendia, causa por la que estaba yo ese día trabajando en la Audiencia Nacional. El mismo que tenía en su poder un listado de objetivos entre los que me encontraba, junto a otros compañeros, a alguno de los cuales ya había intentado asesinar con antelación.
Y allá se fueron, juntos, sonrientes. Di gracias a Dios por no haberlos odiado antes y no sentir realmente odio hacia ellos en ese momento. Me invadió una sensación inmensa de indiferencia. Luego un pequeño escalofrío de miedo y agradecimiento, al pensar que, de no ser por la gran labor de la Policía Nacional en Navarra, cuyas investigaciones llevaron a la detención de los asesinos, las imágenes que estaba viendo en ese momento podían haber sido las del juicio por mi propio asesinato. Posteriormente una inmensa paz, un deseo de acoger, de ser solidario, de intentar mitigar el enorme dolor que sienten los que sí se han visto golpeados por la garra del terrorismo, y de amar y disfrutar de mi mujer, de mis hijas, de mis amigos, de mi familia. Y finalmente orgullo. Orgullo por conocer y ser amigo de tantas y tantas personas de distintos partidos, que se han jugado y se juegan la vida por defender sus ideas democráticamente tanto en Navarra, como en la vecina Comunidad del País Vasco. A todos ellos van dedicadas hoy estas líneas.
Juan Frommknecht, abogado y experto en materia antiterrorista
Miércoles, 30 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez