Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Marine Le Pen y el matrimonio homosexual



Marine Le Pen no estará presente en la manifestación mañana en París contra el proyecto de ley del gobierno socialista patrocinado por el actual presidente de la republica François Hollande de legalizar -modifincando asi el codigo civil francés- el matrimonio y la adopción de homosexuales. La ausencia en el cortejo de la emblemática líder del nacionalismo francés suscita (ligero) estupor en sus filas y alimenta la especulación -negada tajantemente con acentos indignados por la propia interesada- de que en las altas esferas del Front National francés se esconda un lobby homosexual pujante e influyente, en contradicción flagrante en apariencia con la imagen de virilidad que el movimiento que ella dirige no dejo nunca de dar, alimentada por toda una tradición doctrinal e ideológica que no dejó traslucir nunca -lo menos que se puede decir- muchas dudas o vacilaciones en la materia. Sin animo de herir susceptibilidad ninguna entre franceses y sin la menor intención peyorativa bien al contrario, no siento aquí empacho alguno en decir que tanto la república francesa como su antecesora la monarquía francesa del Antiguo Régimen ofrecieron siempre a ojos de una historiografía rival aunque no forzosamente enemiga como así seria el caso en lengua española una imagen femenina -y no diré feminista de propósito- a imagen y semejanza de la mirada de complacencia -y de predilección- que que arrojó la iglesia de los papas sobre Francia y la Nacion francesa en la que veia "la hija predilecta (y no el hijo) de la Iglesia" desde que Clovis (o Clodoveo) fundador del reino franco se convirtió al catolicismo "adorando -en la fórmula transmitida por la tradición hagiográfica- lo que habia quemado anteriormente y quemando lo que habia adorado" (es decir, el paganismo de las tribus germanas primitivas) Una vision francesa de la Iglesia pues, en paralelo a la de su gran rival el Imperio romano/germánico, encarnado en la figura de Carlos V que dejo para la posteridad la frase aquella de que cuando rezaba (o hablaba con Dios) lo hacia en latín -o, según las versiones en castellano- en alemán cuando daba ordenes a su caballo y en francés para dirigirse a una mujer en cambio.

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¿Marine Le Pen deshonrada por Madonna? (de risa)



Madonna o la globalización. Decían los viejos carlistones (del siglo XIX) que cuando oían la palabra libertad atrancaban la puerta, y a algunos oyendo ese termino de globalización nos entra irresitible el reflejo de echar el freno de mano de inmediato. Corruptio optimi pessima. El viejo adagio latino se aplica de lleno en este tema, mas si cabe que en muchos otros. Lo universal, la universalidad, la visiones y aspiraciones que conlleva son algo fuertemente anclada en nuestra cultura occidental y lo mismo o mas en nuestra tradición española. La globalización en cambio es su burda caricatura; agresiva, ultrajante provocadora...y beligerante como lo son la persona y las actuaciones de su mayor icono mundial hoy por hoy, la cantante italoamericana (de raíces franco/canadienses por el lado materno) , Madonna reina del pop indiscutible a sus cincuenta y cuatro años (eso nos dicen) La reciente gira mundial (World Tour) de Madonna mundo a través, con actuaciones previstas en treinta países, a comenzar por Tel Aviv donde su gira dio oficialmente comienzo, se ve revestida de una fuerza de impacto y de sobresalto colectivo que la hacen comparable ("mutatis mutandis") a los acontecimientos -desazonantes en extremo y distorsionantes- sucediéndose en cascada como salcudidas sísmicas el pasado año aciago del dos mil once, y pienso en particular en las primaveras árabes y en todas sus secuelas y corolarios tan letales y funestos. Madonna es la reina del pop y del arte de la provocación también que practica como nadie desde hace ya treinta años. Como lo hizo en un incidente memorable en París el 30 de gosto de 1987, lanzando sus bragas en plena actuación a Jacques Chirac, entonces jefe del gobierno francés que figuraba entre el público asistente. Y lo habrá de puesto ahora nuevamente de manifiesto en su gira mundial en curso y en el espectáculo a base de vídeos puesto en escena en cada una de sus etapas.

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Marine le Pen recurre por fin (¿falsificación de listas electorales?)



El dilema que planea de antiguo sobre todos aquellos que pretendemos tomar parte al juego político en democracia sin sentirnos obligados al mismo tiempo a un acto de fe o de asentimiento interior a las virtudes del sistema y comprometiéndonos no obstante a la vez a respetar con lealtad -sin trampa ni cartón- las reglas de juego vigentes, gravitó de cerca sobre algunos de los momentos mas álgidos de nuestra historia contemporánea y en particular durante los años de la II República donde los partidos emanantes de las fuerzas sociales o políticas a las que la implantación del nuevo régimen republicano había colocado en fuera de juego de una manera u otra, tuvieron que pasar por las horcas caudinas del nuevo sistema electoral y parlamentario impuesto -a su gusto y a su medida- por los que ganaron con el cambio de régimen. Fue el dilema en el que se encontró la CEDA de Gil Robles que prefirió seguir la vía (estrecha) que le abría la nueva situación política en España tras el derrumbe de la monarquía, gracias a la cortada moral que le ofreció en bandeja la jerarquía eclesiástica española -salvedad hecha de algunas individualidades que no dejarían de verse rápidamente desautorizadas (como fue el caso del cardenal Segura- y el propio Vaticano en las persona de su nuevo nuncio en España Federico Tedeschini, y del portavoz y factotum de éste último Angel Herrera Oria -futuro obispo y cardenal con Franco- desde su tribuna del Debate que él mismo había fundado, convertido tras la llegada de la República en tribuna emblemática de la oposición "constructiva" al régimen republicano. Hombre fuerte de la Acción Católica con el nuevo régimen desde su baluarte de la Asociación Nacional Católica de Propagandistas (de la que era confundador), y hombre de confianza a su vez del cardenal arzobispo de Tarragona Vidal y Barraquer, el cardenal de la "Pau" en la vulgata democrática que fielmente le acompaña desde hace décadas. "Franco no le quería ni vivo ni muerto" me dijo a mí en perfecto castellano un monje dominico de la Cartuja de la Val Sainte en Suiza -en la visita que hice allí en mis años de Ecône, en los inicios de la transición política- delante de la tumba del prelado (catalanista) poco antes de la vuelta a España de sus restos. Ángel Herrera en cambio -lo que dice más bien en su favor- supo estar a bien con Franco como lo había estado con la República.

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Marine Le Pen pide un nuevo recuento



Me lo olía. Semper idem. Lo que se es se es y además -hablo de mí- hay ciertas edades a partir de las cuales cambiar es prácticamente imposible, en el plano de los principios y de las convicciones me refiero. Y el que esto escribe arrastra desde luego una desconfianza congénita hacia todo tipo de recuentos electorales, desde los tiempos del tardo/franquismo, de aquellas asambleas salvajes de la facultad de Económicas de la Complutense en las que imperaba de la forma mas descarada el principio de yo me lo guiso yo me lo como, por obra y gracia del pequeño grupito de liberados inevitable -indignados y no poco indignantes también- presentes sin falta a cada votación hasta en las más triviales, que acababan sacando adelante a trancas y barrancas toda las mociones que ellos querían y todas las candidaturas que ellos presentaban. Estuve ayer desde las seis o siete de la tarde pendiente de las elecciones legislativas francesas -y de las griegas también (casi en igual medida)- y en particular de la circunscripción del Norte de Francia (Hénin-Beaumont) donde se presentaba Marine Le Pen que la televisión belga -adelantándose por sistema en dar resultados de las elecciones francesas con dos horas de adelanto- empezó dando por ganadora, por una ligerisima ventaja, que al final -como yo me temía- acabaría volviéndose en contra suya. Ciento diez diez y ocho votos de diferencia le robarían al final a Marine Le Pen el escaño disputado en una circunscripción gobernada en su localidad principal de Hénin Beaumont (lagarto, lagarto) por un alcalde comunista. Una diferencia tan exigua -para unas cifras de más de noventa mil inscritos en la circunscripción- que hacen inevitablemente pensar a la "tecnología electoral mejicana" (como la llamaban los más directamente afectados) que tantos estragos haría en la era (interminable) del PRI. No es de sorprender pues que según parece confirmarse en las últimas horas la candidata y presidenta del Frente Nacional haya interpuesto un recurso ante la jurisdicción electoral, y pedido un nuevo recuento.

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Marine le Pen: escaño asegurado



El rival más directo de Marine Le Pen en las presidenciales francesas y en la primera vuelta de las legislativas del pasado domingo, Jean-Luc Melenchon, era hasta ayer mismo el niño mimado de los medios españoles -de casi todos ellos, y no digamos del diario "Publico"- como si no concurriese a las elecciones nadie mas que él o como si todos los envites electorales en Francia estas últimas semanas hubiesen gravitado exclusivamente en torno a su candidatura y a su (humilde) persona. El morbo del oriundo, para qué andarme con eufemismos; yo desde luego no le veo otra explicación (completa) a la cosa. Nacido en Tánger, nieto de tres abuelos (tres) españoles -de refugiados de la guerra civil, me figuro-, el líder del Frente de Izquierdas, a la izquierda del partido socialista e incluso del partido comunista (francés) -de bufanda roja (pese a que estamos a las puertas del verano) siempre o casi siempre útimamente en las fotos- habrá acabado mordiendo por segunda vez el polvo de la derrota en el espacio de unas semanas, en lo que se me asemeja a un fracaso emblemático por partida doble o triple, y en un plano personal e íntimo incluso, a tenor del semblante triste y desconsolado que habrá ofrecido en sus ultimas apariciones en los medios. Los tiempos cambian y si no me atrevo a decir (del todo) que el ascenso de Marine le Pen sea per se todo un signo de los tiempos o un destello de posmodernidad inconfudible, no hay duda que sus triunfo, por lo emblemático y lo sintomático a la vez, no se puede asimilar a un triunfo electoral como otro cualquiera por muy abultado o muy sorpresivo que se anuncie (en espera de que se confirme el próximo domingo, claro)

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Hollande y Rubalcaba ¿comparaciones odiosas?



Acabo de ver en la prensa francesa de esta mañana una foto de François Hollande, muy joven, saliendo del metro en París, y por el año cuando la foto fue tomada (1981) podía habérmelo cruzado facilmente por la calle entonces. François Hollande por lo que tengo leído ahora de su biografía a toda prisa era por aquel entonces un joven brillante de un medio familiar socialmente selecto de Ruán -del barrio ultra elegante de Bois Guillaume- anclados claramente a la (extrema) derecha política e ideológicamente como no podía menos de esperarse de aquel barrio tan emblematico por tantos conceptos, y como lo ilustra la personalidad de su progenitor partidario en su momento -con ocasion las elecciones de diciembre del 65- del candidato Tixier-Vignancourt -abogado en el 45 del mariscal Pétain-, e incluso de la OAS de lo que vienen publicando de un tiempo a esta parte los periódicos. Y en otra foto, un poco posterior, también en la prensa de hoy, se le ve con su futura compañera Segolène Royale candidata por el partido socialista en las penúltimas elecciones presidenciales (de hace cinco años) los dos con aire de jóvenes universitarios y ya iniciados en la vida profesional sonrientes y cargados de promesas, y grandes carteras entre las mano como se usaba tantos antes (un poco menos ahora), y con aspecto de niños bien tanto él como ella. Y que la foto no mentía lo confirma el dato del medio familiar de su compañera de entonces y futura madre de sus (cuatro) hijos, hija de un general del ejercito con el que aquella entraría en conflicto por la vía judicial incluso-, y fiel exponente de una mentalidad -política y religiosa- por todas las trazas en las antípodas de la que la hija tan fogosa y tan combativamente defendería ya desde aquel entonces.

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"Extrema derecha", a subasta pública



La derrota de Sarkozy mañana en la segunda vuelta de las elecciones francesas que ya cantan hasta los ciegos por las alamedas abre de par en par o ensancha de pronto un espacio político entre españoles que me diga, que se veia prácticamente cerrado en las últimas décadas, desde los inicios de la Transición política. Y me refiero a lo que se da en llamar en clave denigrante -de descalificación- la "extrema derecha" "Ni izquierdas ni derechas", ya estoy oyendo a algunos venir a soltarmelo (a voces) al oído como Paco con la rebaja. Y en el fondo tienen razón (en su óptica), a condición que acaben por aceptar la distinción (evidente) de planos entre doctrina e ideología de un lado, y de otro táctica y estrategia, distintas a su vez una de otra. En la Europa de mas allá de los Pirineos y en general en el mundo entero tras el 45, la celebre divisa que hizo suya la Falange de José Antonio en la década de los treinta se vio arrumbada al cuarto de los trastos viejos, más aún, enterrada bajo tierra junto con todas las banderas insignias y slogans y demás parafernalia del bando de los vencidos. Un hecho histórico innegable que no cabe mas que aceptar (o asumir) y dar por bueno (por hecho que me diga) Y todas las formaciones que surgieron en Europa emparentadas por lazos históricos con aquella divisa ideológica y con las materializaciones (no poco variopintas) de la misma en los diferentes países europeos (y no sólo) en el período de entre guerras, tuvieron que cargar nollens vollens con el sambenito (infamante) de "extremistas de derechas" como así le ocurrió al MSI en Italia, al NPD aleman -y a otras formaciones del mismo origen ideológicamente colindantes- y al movimiento "Occidente" primero y al Frente Nacional en Francia un poco mas tarde. E incluso en España acabaría dándose un fenómeno análogo con el calificativo de "facha", nacido en la guerra civil y que resurgiría a partir de los años del tardofranquismo, y también con otros como el de "ultras" tras los inicios de la transición política.

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Sarkozy y la Bruni, cuento de hadas



Más de dos horas y media. Más que una final de la copa del mundo con penaltis y prórrogas incluído. Y a prueba del ataque de nervios como nuestra final contra Holanda en Sudáfrica. El debate entre Nicolás Sarkozy y su rival François Hollande no habrá tenido desperdicio y no me arrepiento desde luego de haberlo seguido hasta el final haciendo un hueco (grande) en mi tiempo no menos ocupado que el de cualquiera. Por momentos cobró los visos de un combate de boxeo o de artes marciales con ataques y contraataques (por sorpresa) al borde del "KO" en más de una ocasión de uno de los contrincantes -aquí algunos ya adivinan de quién se trate-, y el calor de la discusión y la magnitud del desafío sobre todo -para los franceses y no sólo- me habrán tenido en vilo hasta el último momento. ¿Ganador? El pretendiente al título, por cierto, y lo saben hasta los niños. Un debate a dos televisivo tiene mucho de una pelea sin cuartel en la que vale todo, los gestos como los argumentos y hasta los más pequeños detalles y tal vez lo que mas habrá marcado los espíritus de los televidentes -mas de diez y siete millones de franceses y no sé cuántos en el resto del mundo- lo haya sido una de las intervenciones del candidato "socialista" (entre comillas para entendernos entre españoles) repitiendo incansablemente de un tono ligeramente monocorde, sin inmutarse lo mas mínimo, como un exposición de motivos o declaración de principios de su investidura, "moi, président de la république" "haré esto o lo otro", en una retahila interminable que pilló al otro a contrapié literalmente.

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Sarkozy criptocomunista



A cuatro días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas pintan bastos para el actual presidente de la republica y el partido en el poder que él mismo preside, y de la gravedad de la situación da idea que la lenguas de algunos se desatan. No precisamente un don nadie acaba de hacer unas declaraciones a la revista francesa "Minute" que aparece mañana -circulando ya en internet- en las que saca a relucir una faceta de su pasado de (muy) joven y con él todo un periodo crucial del pasado reciente y de la historia de Francia en la últimas décadas sobre el que él y muchos otros guardaron siempre sepulcral silencio en garantía y salvaguardia sin duda alguna de sus carreras y de su futuro que al precio de pequeña concesiones -poco menos que nada, simples minucias (así lo veían ellos)- se prometía brillante en extremo como así se verian cumplidos a fe mia. El actual ministro francés de Defensa, Gerard Longuet -del que ya me ocupé elpasado año en una de estas entradas- que jugo un papel tan crucial en la pasada guerra en Libia, no era un desconocido para algunos pocos -diez/y/siete en toda la universitaria madrileña en aquellos años del tardofranquismo- que nos resistiamos a la marea roja y diluviana aquella que se abatió sobre nosotros entonces al socaire de un fenómeno -de alcance histórico- de manipulación y de adoctrinamiento ideológico (como una epidemia) con pocos precedentes en nuestra historia contemporánea del que se verían presa el conjunto de una generación universitaria, la mía propia. Y no hacíamos mas que intentar avistar pistas y señales de fuera capaces de conjurar y neutralizar la amenaza aquella precisamente por sentir que nos venia impuesta en cierto modo de fuera. El NPD alemán -al de entonces, me refiero, de hace cuarenta años primera época- los "misinos" italianos,que luego darían lo que darían, y un movimiento francés "Occidente'" ("Occident") -su nombre sobre todo rutilante y resonando (efervecesnte) sin parar en mi cerebro- que daría que hablar en los prolegómenos del mayo francés del 68 para desaparecer practicamente sepultado -así al menos yo lo sentí (y viví) así entonces- por la marea, eran los faros en la noche oscura -así nos lo parecían a algunos, lo confieso humildemente- de los que estábamos pendientes las veinticuatro horas del día -como otros lo habian estado (durante décadas) con Radio España Independiente- a riesgo que algunos de nuestro próximos vieran en aquello una fijación obsesiva (¡cargada de razones a fe mía!)

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Sarkozy y la venganza del coronel Gadafi



El alma errante del coronel Gadafi se acaba de invitar de convidado de piedra en la campaña de las presidenciales francesas. Lo que todos ya mas o menos sabían (y sabiamos) se ve ahora certificado por escrito, y se trata de la prueba documental emanante de los más altos niveles del régimen libio depuesto que da cuenta del pago en el 2006 de cincuenta millones de euros para sufragar la campaña electoral del entonces candidato presidencial Nicolas Sarkozy, que recibió a cambio con todos los honores en el 2007 al coronel libio en el palacio del Eliseo, y según las mismas fuentes que habrán divulgado la noticia -la página web francesa "Mediapart"- habría prometido la instalación de una central nuclear en suelo libio. Lo he pensado dos veces -no se crean aquí algunos-, a la hora de lanzarme en ese terreno un tanto incognito para mi y erizado de asechanzas y de peligros, del periodismo de investigación por internet. La fuente última de la noticia que habrá hecho propiamente explosión hora en la la opinión publica francesa, en la recta final de la campaña presidencial, lo seria Wikileaks cuyo fundador y director Daniel Assange se encuentra en situacion de arresto domiciliario en Inglaterra en espera de su entrega a las autoridades suecas para responder ante los tribunales de aquel pais de asuntos que en resumidas cuentas le habrán sido endosados después de que estallase en la red el escandalo de la filtraciones. Y como es lógico no me seduce en modo alguno la posibilidad -ni siquiera remota- de verme de nuevo envuelto en dificultades jucidiales ni en Bélgica ni en España ni en otro país cualquiera.

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Socialista Hollande y la "Standard & Poor's"



Nada que hacer, la crisis nos invade amenazando con ahogarnos y domina las noticias de actualidad hasta un punto tal que el resitirse a abordarla acaba resultando prácticamente imposible para un comentarista de la actualidad mas candente, de lo que vengo intentando ejercer en este blog desde hace ya un buen rato. El diario hablado belga francófono de ayer ya muy tarde me propinaba otra nueva sacudida emocional y nerviosa con la noticia que la agencia de calificación "Standard & Poor's" -un respeto- había rebajado la calificación de la deuda española situándola al nivel del simple aprobado. Las agencias de calificación y sus notas y diagnósticos son hoy por hoy una de las grandes convenciones o señales de trafico elementales del ordenamiento financiero internacional en vigor desde la terminación de la segunda guerra mundial o desde su prostrimerías con los acuerdos de Bretton Woods -que estudié en mis años de estudios en Económicas de la Complutense- en 1944. La crisis financiera que habrá puesto en solfa tantas cosas se habrá llevado también por medio una parte de le credibilidad que les quedaba hasta ahora. Echo un rápido vistazo en Wikipedia -termómetro de lo políticamente correcto, se me reconocerá aquí sin pena- y leo que una de las causas principales del descrédito in crescendo de aquellas lo sea que los propios calificados son a la vez sus propios clientes. Los que mas pagan son los que mejor librados salen de sus diagnósticos temibles como es lógico, y el mejor postor en la Unión Europea hoy por hoy lo es la Alemania de Angela Merkel atlantista ante el altísimo y fuera de toda sospecha. Postor no tan bueno lo es en cambio Nicolás Sarkozy y tal vez por eso esté perdiendo las elecciones presidenciales francesas. La nota de "Standard & Poor's", a falta de hacer reaccionar de una manera espontánea a los mercados, puede en cambio acabar provocando una reacción saludable en nuestra clase política y sobre todo en los integrantes de la misma más competentes en la materia que aquí nos ocupa, a saber las autoridades financieras españolas.

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¿Racista el Frente Nacional?



Una nota hecha publica en la prensa emanante del secretario general del partido político FE de las JONS toma preacavidamente distancias del éxito electoral del Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia por la acusación que lanza -como una coartada- hacia las posturas en materia de inmigración, tildadas de "(casi) racistas", de la formación francesa, protagonista principalísima de las recientes elecciones en Francia. Y sin duda que el tema es opinable y no poco dependiente de la coyuntura y de parámetros y coordenadas de lugar y de tiempo que son sin duda sensiblemente diferentes de un país y otros y en concreto de los dos países vecinos de este y de l otro lado de los Pirineos. Las acusaciones de racismo son palabras mayores no obstante que no pueden escapar a una discusión o debate sobre la marcha por somero que se pretenda, viniendo de una fuente además que reivindica una solvencia ideológica cualquiera de cara las diferentes formaciones que ocupan el panorama político español y a la opinión pública en su conjunto. Curioso no obstante -dicho sea de pasada- lo proclive de algunos a las descalificaciones y a las etiquetas. Uno de los aspectos más desazonantes -así lo veo yo y lo siento de antiguo por lo menos- en la franja política e ideológica situada a la derecha de la derecha (para entendernos) del espectro político en la España de hoy, lo es sin duda alguna lo defectuoso que me parecieron siempre -nunca lo pude remediar, lo siento- los prismas con los que enjuician por lo general, cualesquiera de sus exponentes, la situación política fuera de nuestras fronteras a escala global o focalizada en un determinado país, oscilando siempre por lo general entre una cerrazón absoluta a todo lo que viene de fuera o de lo que se fragua o cocina en otros sitios, en particular por encima de los Pirineos, por un lado; y por el otro, una imitación servil y un supeditación extraña a consignas y programas y ofertas ideológicas de lo más diversas (y unilaterales y preconcebidas), venidas expresamente del fuera. En el caso que nos ocupa la cortada inevitable se las ofrece la figura y la doctrina (y obra) de José Antonio Primo de Rivera, hijo de su tiempo por tantos y tantos conceptos y tan permeable a la influencia de autores y de obras que marcarían considerablemente su época, como sus biógrafos habrán sabido ponerlo fehacientemente de manifiesto.

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Martes, 18 de junio

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