Sin trampa ni cartón. Lo que sigue va a ser tal vez lo más "en caliente" que habré escrito desde que di inicios a este blog hace ya más de tres años. Me lo habrá dictado (urgente) un reportaje tendencioso del no menos tendencioso diario digital el Plural -de izquierdas y en la órbita del PSOE- sobre el programa de la Noria acerca de los restos de Franco y el Valle de los Caídos, del pasado sábado. Y sobre todo el verlo recogido a mi gran sorpresa y estupor (magno) en un blog fuera de toda sospecha, que anima o redacta en lo esencial Ricardo Sáenz de Ynestrillas. Ynestrillas ¡aparte de mí ese cáliz! Le seguí la pista como tantos otros españoles me figuro desde el asesinato de su padre, el comandante Sáenz de Ynestrillas, que me pilló en una de mis estancia pasajeras en España, en 1986, tras mi salida de la cárcel portuguesa. Seguí después desde Bélgica donde llevo ya residiendo veinticinco años -en régimen de autoexilio semi/forzoso semi/voluntario- y con un espíritu de apertura y acogida esperanzada lo confieso, su ascenso fulgurante en el firmamento de la política española a principios de la década de los noventa, y en particular un discurso que dio en presencia de un nutrido público y en compañía de personalidades destacadas en la madrileña plaza de san Juan de la Cruz en 1996 con ocasión de la efemérides del 20-N, que le consagraría dentro de un cuadrante ideológico (franquista) bien determinado; poco antes del incidente aún hoy por esclarecer del todo que le llevó a ser condenado judicialmente y a deber purgar una pena de cárcel de la que cumpliría ocho años preso.

No conocía a Francis Franco. Quiero decir que nunca hablé con él, porque lo que es verle en persona sí que me sucedió una vez hace ya años coincidiendo los dos, uno al lado del otro, en las colas de embarque del aeropuerto de Barajas, cuando la persona que me acompañaba me hizo observar su presencia, que por mí sólo no le hubiera reconocido. Iba él acompañado de su mujer y aproveché para observarle bien detenidamente (con discreción por supuesto) y no vi nada que me chocase por cierto; nada de anormal o de inquietante o acorde a la imagen que se tienen forjado de él, de su abuelo y de toda su familia, algunos que no dejan de verterlo por la boca en cuanto que la ocasión se presenta tal y como ocurrió el sábado pasado en el programa de la Noria y el debate subsecuente entre los participantes sobre el destino de la tumba de aquél alojada hasta ahora en el Valle de los Caídos. Pero confieso que yo arrastraba una imagen de él a mi pesar -sin duda injusta a todas luces, de lo que alguna vez oí por cuenta suya- que él mismo se encargó de desmentir antes de ayer con su intervención valiente, y era de alguien que lo tenia por lo menos crudo y difícil -como si le pesase- por tener que llevar con donaire y pundonor los mismos nombre y apellido de su abuelo; un tópico calumnioso más no obstante, como el propio interesado se habrá encargado de demostrarlo ahora, de los muchos que debe arrastrar la leyenda negra que les persigue, a él y a toda su familia. En su intervención de ayer -de lo que tengo visto en vídeos difundidos hasta ahora en la red- mostró desde luego una dignidad y una sangre fría y un aguante a la vez a prueba de las provocaciones mas groseras, que le honran en extremo. Porque tener que soportar insultos de la mayor bajeza, con la aquiescencia (nota bene) del público -de invitados (...)- asistente al programa o de una gran parte de él al menos que aplaudían a rabiar a las dos personas que le increpaban y zaherían innoblemente -María Antonia Iglesias llegó hasta a tratarle de "cobarde" de "repugnante" e incluso de "asesino" (y hasta de "hijo de p...")- e incluso la actitud del moderador que en la presentación del debate dio muestras de un partidismo al límite de la decencia en las expresiones utilizadas (como la de "dictador asqueroso"), no es tarea fácil como digo; yo desde luego no sé si lo hubiera aguantado, lo confieso.

La misa de san Pío V -mi primera/misa- que celebré el 30 de junio (si mi memoria no me falla) de 1978 -en plena transición- en uno de los grandes salones del hotel madrileño Meliá Castilla (en señal de desafío por cierto, habida cuenta que se nos negó el poder hacerlo en lugar consagrado por mandato eclesiástico), y fue presidida por Monseñor Lefebvre en persona y con asistencia de unas mil personas (de la que desgraciadamente no guardo testimonios gráficos aunque si los guarden, estoy seguro, algunos de los asistentes), no fue un misa como otra cualquiera ni siquiera una primera/misa cualquiera tampoco por el lugar (profano) de su celebración y también por las circunstancias del momento aquél en el marco del enfrentamiento in crescendo entonces de Lefebvre con el Vaticano que había sido ya suspendido a divinis y acabaría siendo excomulgado por el sucesor de Pablo VI, Juan Pablo II, unos años más tarde. Lo que se traduciría fatalmente en la reacción abiertamente hostil de la jerarquía eclesiástica a la ceremonia en la persona del Cardenal Tarancón que la desautorizaría en una nota hecha pública en la prensa. Pero fue además un acto político o patriótico si se prefiere y no puramente religioso -un poco "mutatis mutandis" como las ceremonias que se habrán venido sucediendo cada 20-N hasta hace poco en el Valle de los caídos-; así lo fue desde luego en mi intención propia e intransferible y también en la de mis próximos y allegados que me ayudaron a organizar el acto como en la mayor parte de asistentes; y así lo entendió también uno de los periodistas asistentes en un comentario (hostil) en su diario al día siguiente acusándome a mí y a los participantes en la ceremonia de "dar la espalda al futuro de España" en lo que llevaba razón en parte en la medida que su vaticinio se vería cumplido por mi expatriación las décadas que se seguirían, sólo que se olvidaba de precisar que la media vuelta era un poco recíproca, la de media España que revolviéndose y dándose la vuelta quería imponerse de una vez por todas a la otra media, cuarenta años transcurridos (entonces) desde el final de la guerra civil; y más en concreto la de mi generación universitaria de la que me sentí víctima de rechazo (colectivo) como aquí y lo tengocomentado tantas veces.

Perro escaldado del agua fría huye. Y los españoles, lo menos que se puede decir es que estamos ya bien escaldados de jornadas pre-electorales tras la del 11 de marzo (del 2004) y la otra que se siguió -donde se volvió a invitar la banda ETA-, cuatro años más tarde. Una y otra redundando siempre en favor del PSOE que parece convertido en el chancro inextirpable de la política española desde los tiempos de la transición a la democracia. ¿Escogió José Luis Zapatero tan inocentemente como pretende la fecha del 20-N, o dejó abierta así de propósito la vía "in extremis" al golpe de efecto o al golpe a secas, por muy blando que se pretenda? Jornada de reflexión del 10-N en la encrucijada de todos los peligros, como quiera que sea. Y un teatro de predilección se ve puesto de golpe en estado de alerta máxima por algunos -entre los que me encuentro- y me refiero al Valle de los Caídos. De la eventualidad que se pretenda sacar los restos de Franco con nocturnidad y alevosía en vísperas electorales -como hicieron con sus estatua ecuestre en el centro de Madrid en los inicios de los gobiernos de José Luis Zapatero (terminando así por donde empezaron)- se hizo eco ya hace unos días el historiador Ricardo de la Cierva y por más que su persona y u obra se ven de antiguo envueltos en un halo de polémica y controversia no cabe desde luego negarle credibilidad en modo alguno. El escenario es mas que verosímil, no me digan. Prohibición gubernativa de marchas y concentraciones en el Valle y no sólo, en relación con la efemérides conmemorativa del 20-N -que acaba de anular un recurso ante el Tribunal Superior de Justicia madrileño (y me entero mientras escribo estas lineas)- tolerancia (en la práctica) en cambio de contra/manifestaciones del signo opuesto de lo más "correctas" (y a la vez desafiantes y violentas) a la entrada del Valle, la actitud expectante de un sector claramente minoritario) de la opinión pública y el papel de caballo de Troya que podría jugar en un trance semejante la comunidad benedictina del Valle y en particular su superior el abad Navarrete que habrá venido destapándose como un eclesiástico de lo mas político a base de gestos y de declaraciones intempestivas y no poco oportunistas en el tema que arde -a saber las tumbas de Franco y de José Antonio- y en particular unas suyas de las más recientes en las que se hacía abiertamente eco de la posibilidad de que los restos de Franco se vieran trasladadas fuera del valle de los Caídos.

El abad Navarrete de la comunidad benedictina del Valle de los Caídos es alguien que a todas luces sufrió mucho en la guerra en Madrid; por lo que él mismo cuenta (en cuanto que la ocasión se presenta además) de los unos y de los otros -pero (un poco) más de los segundos que de los primeros (...)- y habrá consagrado su vida a expiar y servir de "ministro de reconciliación" -como rezaba el texto (explosivo) de la Asamblea Conjunta de obispos y sacerdotes de los años del tardo/franquismo presidida por el cardenal Tarancón- "en el seno de un pueblo dividido por una guerra entre hermanos" (punto) ¿Y qué mejor forma de hacerlo que enclaustrarse -o enterrarse (dirán algunos) de por vida- en un alto/lugar tan emblemático de la memoria de la guerra civil como lo es el Valle de los Caídos? La idea de reconciliación no obstante es apaciguadora y explosiva a la vez según se mire, y lo paradójico y ambivalente y terriblemente ambiguo de la idea (y del termino) lo prueban e ilustran cuarenta años de historia española reciente desde los tiempos de la transición, marcados (a sangre y fuego) por el choque de memorias en relación con la guerra civil española, lo que se vería considerablemente agravado en los años que ahora parecen llegar a su fin de la presidencia de José Luis Zapatero. "La reconciliación" y "la salvación nacional" eran ya además consignas del primer orden del maquis comunista -escarmentados del desenlace de la guerra civil- que pretendieron poner a España otra vez a sangre y fuego a finales de la segunda guerra mundial en el 45 (sin éxito) Y se puede decir en general que la capacidad de explotación insidiosa y sin límites de grandes conceptos de raíz evangélica -como la reconciliación, como el perdón o la misericordia- no habrá dejado de demostrarse a lo largo de la historia.
El socialista Jáuregui, portavoz de Zapatero, ha anunciado para el próximo día diez y nueve, en vísperas de las fiestas navideñas, la reapertura -al culto y al publico- del Valle de los Caidos. Es una buena noticia...y a lA vez se reviste no poco de una cortina de humo. El destino final -indisociable de la forma definitiva que adopte su estatuto-del Valle de los Caidos es el hueso duro de los recuperacionistas y del gobierno socialista también, empeñado hasta ahora a poner en práctica el programa (maximalista) de aquellos.
Y asi lo muestra la gran concesión que se verían obligados a permitir en el texto legal (articulo 16) de la ley funesta de la memoria. Los aniversarios del 20 de noviembre celebrados sin pausa cada año, desfiles, cortejos, corona(s), camisas azules, caraalsol(es) brazo en alto etcétera, etcétera, en virtud de la nueva normativa legal han desaparecido definitivamente y por más que sea una imposición abusiva y beligerante y guerracivilista por tantos y tantos conceptos algunos no hemos derramado ni derramaremos lágrima alguna porque desaparezcan, en sus formas actuales por lo menos.
Los símbolos allí inscritos o perpetuados en cambio -por ejemplo en la cúpula de la basílica- son ya otra cosa muy distinta en la medida que se trata de una manifestación de arte y además de arte sacro. ¿O con unos vale el interdicto -el prohibido prohibir obras de arte las que sean- y con otros de manera ninguna?
Recuerdo todavía la que se armó en el tardo/franquismo por el asalto a una galería de arte madrileña donde se exponían grabados -me figuro que transgresores y provocadores al máximo- de Picasso que llevaría, justo a seguir, a dar con sus huesos en la cárcel a sus protagonistas (...)
¿Por qué habría que tapar en cambio parte del fresco de la cúpula de la basílica como se viene haciendo hasta ahora? En Francia por ejemplo, la bandera tricolor (de la república) luce de lo mas ufana el interior de muchas iglesias y templos abiertos al culto, sin problemas.

Memoria y Honor. Las dos ideas centrales que presidieron los trabajos de construcción del conjunto monumental del Valle de los Caídos desde sus inicios tal y como de desprende del decreto ley de su fundacion del 23 de agosto del 57. Y del que se deduce que contra todo aquello de lo que viene queriéndonos persuadir desde diversos sectores en los últimos tiempos el aspecto de culto, propiamente eclesiástico, fue secundario en la fundación y apertura del grandiosos monumento.
"Destinado a perpetuar la memoria de los caídos en la Cruzada de Liberación para honra de quienes dieron su vida por Dios" Punto. No es óbice que la fundación arrastra también de entonces un sello canónico igualmente innegable que contribuye no poco a ese embrollo jurídico que ofrecen de entrada los estudios o análisis por someros que sean de la natura y contenido exacto del estatuo que la rige.
Frente a lo cual se presenta la alternativa de los que abogan por su desacralización (sic) -de paso previo a su desmantelamiento (y "dinamitación") por cierto- y en la acera de en frente, los que optan a modo de contrapuesta por el refuerzo del carácter eclesiástico y religioso del sitio que le da su condición de basílica (pontificia) Y el desentrañar el nudo gordiano que se nos presenta a los que no estamos de acuerdo ni con una ni con otra alternativa no es tarea fácil, lo reconozco.
Pero no se me ocurre mas salida que el seguir -hasta el final- el camino de vuelta a los orígenes del monumento, a modo de exorcismo a las amenazas que proyecta sobre el sitio la ley funesta de la memoria. Recogiendo así el guante del desafío que esconde su flagrante carácter de contrafuero; de ley encismante, guerracivilista, inicua y contraria a derecho, se coja por donde se coja.

Señores va de rollo. Teológico me refiero. Porque tras los últimos acontecimientos en el Valle de los Caídos y la resaca que habrán traído consigo me siento obligado a hincarle el diente a una cuestión central que repunta en algunos en relación con el tema, en los mas jóvenes sobre todo. Por paradójico que parezca o perfectamente lógico en cambio mas bien; porque la juventud es más propicia y receptiva a lo teórico que edades ya mas maduras y avezadas al contacto con la dura realidad, en la práctica y en la vida de todos los días.
La misa del Valle, el momento de la consagración, intocables e inviolables; nos advierten y apremian ahora. Mucho peor el infringirlo -en la pluma de alguno (muy joven me supongo, ya digo)- que la profanación de tumbas incluso (...) El romper el silencio del instante -hoc est enim...- de un gemido, aunque solo sea. Perdónalos porque no saben lo que dicen, por lo jóvenes e inexpertos mas que otra cosa.
París bien vale una misa, dijo el rey Borbón, Enrique IV, padre de la dinastía borbónica francesa -y de la española- al convertirse al catolicismo tras haber rendido (y diezmado) por el hambre -y la sed- a la población, católica hasta el fanatismo, de la capital francesa (...) Y es cierto que la (santa) Misa tras el concilio del Trento y en una reacción comprensible frente al protestantismo se convirtió en eje de las creencias y de la practica religiosa al interior de la iglesia católica.
Como lo llevé a la práctica en cierto modo en mis años del seminario de Ecône. Y como lo ilustraron los cristeros mejicanos insurgiéndose contra un gobierno liberal masónico en defensa de la libertad de culto...antes de morder el polvo de la derrota.

El Valle de los Caídos se viene agitando desde hace dos domingos. El que viene, quizás, -ojalá- las cosas se acaben saliendo de madre y no es que esté augurando ni deseando un enfrentamiento violento ni allí ni en donde sea pero tampoco creo que haya que rehuir el desafío en los terrenos donde se cuecen en particular los focos de discusión o de resistencia incluso a las políticas del actual gobierno socialista e incluso a la legislación guerracivilista -encismante y subversiva- que viene poniendo en vigor contra viento y marea.
La Ley de la Memoria Histórica es una ley beligerante y discriminatoria que siembra vientos de discordia entre españoles y divide a la sociedad española y a sus antepasados inmediatos entre malos y buenos; demócratas -de padres a hijos y nietos- y los que no lo son (ni lo fueron nunca) Y a ese titulo aunque solo fuera se merece un recurso de inconstitucionalidad y por supuesto el resistirla por todos los medios válidos. Como viene haciendo "in crescendo" la sociedad española tras su promulgación, en un reguero interminable de sucesos e incidentes a cual mas sonado que habré venido recogiendo puntualmente desde hace dos años uno a uno, en uno de los apartados con temática propia de mis entradas.
Y así se viene haciendo ahora en el Valle. ¿Ir allí a rezar solo y oír misa (de precepto)? Es la consigna que almas/piadosas -horresco referens- vienen propagando ahora a toda prisa de miedo que el cielo se les venga encima el domingo próximo o al siguiente o al otro (tal como se están poniendo las cosas) Defensa de la libertad de culto (y de la libertad religiosa), la divisa pues que quieren hacer primar o prevalecer a todo precio por encima de cualquier otra.
Y que el asunto desborda -¡y como!- el recinto y las puertas de la basílica de Cuelgamuros da idea la nota del arzobispado de Madrid-Alcalá y los rumores que circulan de presiones eclesiásticas del más alto nivel (hasta a la Zarzuela)

Once de Noviembre, día festivo en Bélgica. Fiesta del Armisticio...de la guerra del Catorce. El mundo se para de pronto -en mi vida- durante veinticuatro horas como me lleva ocurriendo cada vez los largos años que aquí llevo residiendo; que no veo otra forma de explicar y describir esas sensación indefinible de vacío y de relativo desasosiego que se apodera de mí a la llegada esta efemérides aniversario -casi cien años transcurridos- de una guerra que yo no viví ni ninguno de los míos, o para ser exactos que no vivieron mas que de simples observadores los españoles de entonces.
Y sin embargo en los ámbitos oficiales belgas la fecha aniversario se sigue celebrando con el mismo tesón y la misma intensidad que si en vez de haber pasado casi cien años no hubieran sido mas que unos minutos siquiera, como si no pudieran vivir sin ella y es sin duda por la fuente de legitimación que para el estado belga representa. De antiguo y mas aun sin duda con la crisis de identidad grave y aguda, sin precedentes tal vez, que el país atraviesa y el espectro de la partición mas cercano de lo que lo estuvo nunca antes.
El último sobreviviente de la Gran Guerra de los que seguían desfilando dejó de hacerlo hace ya bastantes años viviendo entonces yo ya aquí, y a fe mía que no sé si queda alguno aún en vida (belga) No importa. Los vivos relevan a los muertos y los descendientes de aquellos siguen desfilando año tras año con las mismas banderas (compartidas y a la vez discutidas), los mismos mensajes (insulsos) y los mismos recuerdos -y cuentos de buenos y malos- que sus mayores les transmitieron.
Ley de la Memoria histórica. Aparta de mi este cáliz. Vuelta a la segunda república, al 34 (año efemérides de la revolución de Octubre) como lo glosan melancólicamente algunos. Incluso si se lo mira con visión retrospectiva y ojos críticos. Las mismas leyes sectarias y los mismos reflejos, y las mismas recetas o exutorios de entonces. Con el visto bueno y la aprobación eclesiástica de rigor, igual que entonces.
Jueves, 20 de junio
Juan Fernandez Krohn
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
José Pómez
Julio César Izquierdo
Guillermo Roz
Karina Longo
Juan Carrasco de las Heras
Felipe Cantos
Peio Sánchez Rodríguez
Paulino Toribio