
Durante mi reciente estancia en España, y en Madrid, me vi sumergido un poco en el folletín -no poco dramático- del litigo de la antigua campeona de tenis Arantxa Sánchez Vicario -barcelonesa de ascendencia vasca, por el nombre, me figuro- con su propia familia y me recordaba un poco (comparaciones odiosas) otro caso un tanto folletinesco de desavenencia familiar, conyugal mas en concreto, que ardía a todo arder en otro de mis viajes fugaces a Madrid hace ya bastantes años, y tendría como protagonista la modelo de alta costura (y de gran belleza) afincada en España Antonia dell'Atte, esposa (entonces) del príncipe Alejandro de Lequio. No entro al trapo ahora por cierto -por más que entonces si lo hiciese un poco en privado o a lo sumo en algunos de los foros digitales que ya venia frecuentando por aquel entonces en favor de la fogosa italiana que se llevó entonces de bandera a un sector considerable de la opinión pública española- de la disputa que enfrenta a la antigua campeona de tenis catalana con los suyos y en particular con sus propios padres. Lo que me interesa aquí sobre todo destacar es el cambio fulgurante por no decir la metamorfosis fulminante mas que espectacular que se habrá operado en la personalidad -y en el rostro- de la célebre tenista en el intervalo de los años que habré dejado de verla en los medios, desde el mismo instante (me figuro) que se consumó su retirada de las pistas deportivas. Y es algo que tiene estrechamente que ver con la dignidad de la mujer sin duda, pero mas concretamente con la imagen de la mujer española en el extranjero.
La fisonomía deportiva de Arantxa Sánchez Vicario formó parte, como los franceses dicen, del "mobiliario" de mi vida cotidiana -por su continua presencia en los medios- en los primeros años -tan difíciles- de mi estancia en Bélgica, y la asocio en mis recuerdos en particular a la efemérides ya lejana del Quinto Centenario del Descubrimiento, en 1992, en los últimos tiempos de la era (interminable) de Felipe González, cuando ella andaba compitiendo a todo fuelle por las canchas y su nombre sonaba tanto en la prensa extrajera; y confieso que se vió sin duda involuntariamente asociada en mí entonces a ese sentimiento, un poco pesado de llevar o de arrastrar, de distancia o de incomprensión -por no decir de rechazo por superficial o discreto que fuera o se pretendiera- que me embargaba en relación con casi todo lo que venia de España en aquellos años primeros de una expatriación que tuvo bastante de voluntaria lo confieso. Y recuerdo en particular un comentario anecdótico -que me hirió en mi (sano) orgullo patrio lo confieso, por mas que no quisiera reconocérmelo a mí mismo del todo entonces- de un belga conocido mío en tono francamente inamistoso y por cuenta de la célebre jugadora española, como la cosa mas évidente o más natural del mundo y del estilo que "los españoles podían escogerlas mas guapas", o algo parecido. ¿Era fea Arantxa Sánchez Vicario? Por supuesto que no, pero estaba claro y mucho más ahora viéndola reaccionar en la pequeña pantalla por algo que tan íntimamente la afecta con una mirada tan de fuego y una personalidad tan de rompe y rasga, que le faltaba tiempo todavía entonces para llega a ser o encontrarse a sí misma, algo de lo que a todas luces tantas muestras está dando ahora.
Se hizo mujer entre tanto, me hará observar aquí alguno, mientras que entonces no dejaba de ser una niña (grande) sometida a los dictados -y los gustos y preferencias- de sus progenitores y de su propia familia. Sin duda alguna, pero hay a no dudar algo más en la metamorfosis tan espectacular de la que ella se habrá visto objeto y a la que algunos (como yo) habremos asistido ahora un tanto absortos, que no quiero dejar de verter en este análisis, y es el peso agobiante o ahogadizo de los interdictos en la educación que habremos recibido sin duda una inmensa mayoría de los españoles, fruto sin duda (en parte) de una mentalidad y de una época. Arantxa Sánchez Vicario denuncia ahora que se veía obligada entonces a vestirse (y a peinarse) conforme al dictado y al gusto de sus padres, que decidían todo en su vida tanto en la esfera pública como en la privada. "Travail, famille, patrie" (familia municipio y sindicato, en versión española) La familia es, sigue siendo, célula básica de la sociedad no me cabe la menor duda, y como toda intitución u organismo vivo (socialmente hablando me refiero) esta fatalmente sometida a condicionamientos de todo tipo y no deja de soportar a la vez una tensión (no menos vital) en su seno -dialéctica o como llamársele quiera- entre la autoridad parental y el libre arbitrio de todos sus integrantes -ya sea trate de hombres o mujeres-, exacerbada sin duda en el caso español, tan atípico por tantos conceptos, por culpa de una tutela clerical heredada del pasado y de nuestra tradición de país católico que el postconcilio -y en particular los años del pontificado de Juan Pablo II marco cronológico de la carrera deportiva de Arantxa, no se ovide- no haría mas que agravar por paradójico que pueda parecerle a algunos, habida cuenta de las esperanzas (tan desaforadas) de liberación que haría nacer entre una masa de catolicismo ("urbi et orbi") aquella augusta asamblea, tal y como vengo poniéndolo de rellieve desde hace rato en esta blogosfera.
En el caso español además, el peso de los interdictos y "pari passu" de la tutela clerical -en la esfera privada me refiero- adquiere tintes dramáticos en varones como en hembras, pero yo diría que mas sobre todo entre estas últimas cuando salimos fuera y es por culpa de la llamada Leyenda Negra que nos afecta y nos alcanza sin duda a todos los españoles pero más en particular a las españolas, fuera de España. Porque lo mismo que circula -desde hace siglos- una leyenda negra contra España y los españoles en general, circula en simultaneo también una leyenda no menos negra de la mujer española, a la que contribuiría no poco la imagen que de aquella o mas bien la caricatura del tipo de mujer tradicional que difundiría fuera de España el agit prop cultural de la izquierda española e internacional, como se vería ilustrado en la la exaltación hasta extremos iconográficos de un personaje tan poco femenino -y con perdón- como la Pasionaria o el denigramiento que se desprende de los retratos psicológicos femeninos -propios de una España negra (o en negro)-del teatro trágico de García Lorca. La española -hablando en términos genéricos- es tan mujer como puedan serlo las inglesas,las alemanas o las francesas o las italianas (comparaciones odiosas) Y es curioso que la menor denuncia de esa leyenda negra (femenina) brille por su ausencia tanto en los cuadernos de agravios (tan copiosos) de los propagandistas ideológicos -de izquierdas- en materia de violencia de género o de despenalizacion del aborto-, como en las campañas de propaganda (fide) anti-abortista
Martes, 21 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Julián Moreno Mestre
José Pómez
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Juan Carrasco de las Heras
Agustín Conchilla Márquez
José Andrés Prieto
Peio Sánchez Rodríguez
Javier Orrico
Guillermo Roz