Nicolás Sarkozy acaba de anunciar su candidatura a la reelección para las próximas elecciones francesas. El actual mandatario francés se me atragantó de una vez por todas -aquí todos ya lo saben- tras la guerra en Libia y su desenlace tan escandaloso e indecente (y cruel e impresentable) del que no habrá intentado hasta ahora siquiera la menor explicación por superficial o somera que fuese. No soy yo sólo: los sondeos en la opinión pública francesa no se le presentan bien de modo alguno al mandatario galo y no vienen menos a reflejar la incompatibilidad profunda, en el orden psicológico, que a tenor de las denuncias en los medios franceses de algunos habrá venido a instalarse fatalmente en un sector considerable de la opinión francesa en contra suya. De Gaulle, Mitterrand, acabaron siendo objeto de un consenso generalizado entre franceses queridos o venerados por los unos y respetados por los otros cuando menos, pero a Nicolas Sarkozy muchos en Francia no le tragan por mucho que diga o por mucho que haga a lo que parece ¿Por qué ? ¿Por culpa de sus orígenes, de francés de la primera generación como quien dice, tal como lo habrán denunciado algunos? ¿Por la imagen irresistible que sigue dando de hijo de papá -y de haber sido (como el que suscribe) de los pocos jóvenes universitarios que en mayo del 68 y en los años tan turbulentos en las universidades francesas (y en otras partes) que se seguirían estuvieron del "otro lado" (del de la autoridad,, de la disciplina y del orden)-, o de criatura del "establishment", de la clase política de la V República francesa o de su casta dirigente si se prefiere?
De todo un poco sin duda alguna. Del decir y del sentir generalizado de analistas y comentaristas entre tanto, el actual mandatario francés anuncia ahora ya tan pronto -a tres meses todavía de las elecciones presidenciales- su candidatura a la reelección, obligado y no por gusto propio, como gato panza arriba. Y está claro para muchos que a falta de un panorama social o económico brillante o halagüeño, sólo un elemento aleatorio y por propia definición un tanto imprevisible podría darle dentro de tres meses la victoria por descontado, de preferencia en el plano de la política extranjera. Y en la mente de todos surge fatalmente la guerra (civil) en Siria, de preferencia a la situación un tanto explosiva también en el Irán, aliado de predilección del régimen de Damsco. Para el 24 de febrero próximo esta previsto un reunión de contacto del grupo de amigos de Siria -análogo al que se formaría en relación con Libia el pasado año- en Túnez (precisamente) para la que la diplomacia española ya anunciado su asistencia. La carrera contrarreloj del presidente francés y de sus más que previsibles designios de intervención (militar) contra el régimen de Damasco en socorro de su vacilante candidatura se presenta mal de entrada no obstante, por culpa de la actitud más que remolona (esta vez) de la Casa Blanca de cara a una intervención armada, y también del factor propiamente imprevisible que ofrece la situación -explosiva por tantos conceptos- en el Líbano vecino donde se encuentran estacionados (no se olvide) un contingente español de unos mil efectivos en el marco de una fuerza internacional de la ONU con liderazgo francés en la actualidad (no se olvide tampoco) (...) Salir a toda prisa del avispero libanés -de su frontera con Israel me refiero- o empantanarnos fatalmente en la guerra civil siria, marcando así el paso -militar y diplomáticamente- tras los franceses...y los israelíes: el dilema insoslayable que se le presenta a la diplomacia española las horas que corren
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català