Nicolás Sarkozy acaba de anunciar su candidatura a la reelección para las próximas elecciones francesas. El actual mandatario francés se me atragantó de una vez por todas -aquí todos ya lo saben- tras la guerra en Libia y su desenlace tan escandaloso e indecente (y cruel e impresentable) del que no habrá intentado hasta ahora siquiera la menor explicación por superficial o somera que fuese. No soy yo sólo: los sondeos en la opinión pública francesa no se le presentan bien de modo alguno al mandatario galo y no vienen menos a reflejar la incompatibilidad profunda, en el orden psicológico, que a tenor de las denuncias en los medios franceses de algunos habrá venido a instalarse fatalmente en un sector considerable de la opinión francesa en contra suya. De Gaulle, Mitterrand, acabaron siendo objeto de un consenso generalizado entre franceses queridos o venerados por los unos y respetados por los otros cuando menos, pero a Nicolas Sarkozy muchos en Francia no le tragan por mucho que diga o por mucho que haga a lo que parece ¿Por qué ? ¿Por culpa de sus orígenes, de francés de la primera generación como quien dice, tal como lo habrán denunciado algunos? ¿Por la imagen irresistible que sigue dando de hijo de papá -y de haber sido (como el que suscribe) de los pocos jóvenes universitarios que en mayo del 68 y en los años tan turbulentos en las universidades francesas (y en otras partes) que se seguirían estuvieron del "otro lado" (del de la autoridad,, de la disciplina y del orden)-, o de criatura del "establishment", de la clase política de la V República francesa o de su casta dirigente si se prefiere?
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català