Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Pauperismo "católico" y guerra civil del 36 (replicando a César Vidal)

15.02.12 | 14:01. Archivado en La Ley (funesta) de la Memoria historica
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Quien te vio y quien te ve. Una de las cosas que más llamarían la atención a alguien que se haya pasado décadas sin volver por Andalucía y en particular por la provincia de Jaén lo es la imagen de prosperidad tranquila y sin aspavientos que siguen despidiendo la tierra como las gentes, hoy igual que hace unos ocho años cuando regresé por vez primera -y como habré seguido haciendo intermitente desde entonces hasta hoy- después de haberme pasado sin poner allí el pie, varias décadas. Gracias a la democracia y a la Junta de Andalucía, me responderá aquí alguno malicioso, olvidando o fingiendo así olvidar que las bases de su prosperidad futura se verían y sentadas desde finales de los cincuenta y en la década de los sesenta en lo que se dio en llamar el tardofranquismo. Y sin duda que en esta hora de balance por la que atraviesa la región en vísperas de un vuelco electoral inminente (que ya dan por hecho todos o casi todos) tengo derecho a considerarme testigo privilegiado de aquella transformación tan profunda del rostro de Andalucía, porque alcancé justo aun niño a conocer la "de antes", en vísperas de aquel cambio tan crucial y decisivo. La revolución rural -un hecho histórico indiscutible- que se dio en España aquellos años ya lejanos en el recuerdo de muchos barrió del paisaje rural andaluz -con la mecanización- toda una cabaña doméstica de cuadrúpedos diversos -y en particular burros, caballos y mulos- que habían llenado hasta entonces los campos y los pueblos de la España rural y más en particular en Andalucía. Y con ellos se esfumarían (para siempre) estampas -de atraso- proverbiales hasta entonces -más aún si cabe en la España del Sur- de mujeres de grandes cántaros en las caderas o en la cabeza y de niños descalzos y desnudos en la vía pública. El pauperismo -en sus muestras externas mas visibles y arraigadas y endémicas por lo menos-, desapareció pues de la sociedad española bastante años antes ya de que llegara la democracia y sin necesidad de que abrazáramos el protestantismo. Y lo saco aquí a colación a cuento de la polémica que viene llevando adelante sin pusa ni respiro César Vidal por cuenta de la Historia de España y a base de denigrar el catolicismo y de ensalzar y reivindicar las formas de vida de los países surgidos de la reforma protestante.

El pauperismo, sus gérmenes mas recónditos -ya lo dijo o lo dio a entender el francés De Maistre- se esconde como un veneno oculto en los textos bíblicos (canónicos), comunes a católicos como a protestantes, y digamos que a lo largo de la historia del Occidente cristiano saldría a resurgir (explosivamente) en determinadas ocasiones con el transcurrir de los siglos, como ocurrió con la eclosión de las llamadas ordenes mendicantes y en particular en el movimiento franciscano (algo sobre lo que ya abundé en mis entradas), pero que no preservaría tampoco siglos mas tarde de sus estragos ni al protestantismo en su conjunto ni a los diferentes países protestantes. Hubo así un pauperismo "evagnélico" de tinte protestante -calvinista- que se extendería al Nuevo Mundo, y que haría erupción en determinados momentos de la historia de los Estados Unidos, como ocurrió -jugando un papel de catalizador y de detonante principal incluso- en el bando nordista durante la guerra civil norteamericana. Pero sin duda sea pedir peras al olmo que unos datos históricos tan irrebatibles se vean reconocidos por esa especie tan atípica y tan minoritaria que conforman los protestantes españoles. Exponentes de una memoria de vencidos aun mas vitriólica o corrosiva -por lo antigua- que la que se vería recogida (por cuenta de la guerra civil del 36) en la ley funesta de la memoria histórica. E ilustra ese talante -irecociliable- de algunos el silencio tan pesado y tan cargado de interrogantes que guarda César Vidal en su análisis y comparaciones históricas (odiosas) -entre el protesantismo y el catolicismo- del papel que jugó innegablemente el pauperismo de la izquierda española en armas (católico, es cierto, en su origen), en la gestación y eclosión de la aguerra civil del 36-39 y de los excesos (y desmanes y tropelías) a los que daria lugar -más que en cualquier otra region española- precisamente en Andalucía

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