
Frío y a la vez caliente. Así le dicen los franceses ("souffler le froid et le chaud") a lo que están haciendo las autoridades españolas -el jefe de gobierno Mariano Rajoy por un lado y por otro el ministro del ramo Wert Ortega, contradiciendose entre sí grosso modo- en relación con el estruendo mediático levantado en España y en el extranjero (y en Francia sobre todo) por la sanción contra Alberto Contador y la campaña (injustamente) desatada contra el deporte español en los medios franceses por culpa del problema de dopaje, y que tiene de víctima o chivo expiatorio de predilección la persona de Rafael Nadal por sus victorias consecutivas (cinco) en el Roland Garros que no parecen perdonarle algunos al contrario de lo que fue la regla con otro super/campeón (seis veces) de aquel certamen, del sueco Björn Borg. ¿Será porque el uno venía del Norte prestigioso y rico e influyente y el otro del Sur tan denostado -y español para más señas-, de uno de esos países de lo que los medios franceses llaman con cierto deje de desprecio el club MED (Italia, Grecia, España...y detrás, toda una ristra de nombres de países arabes)? La cosa -y lo digo con la fuerza que me da el llevar residiendo ya tantos años, concretamente veinticinco, en un país de francofonía y otros cuantos anteriormente en Francia incluso (y también en Suiza)- me parece un poco más compleja así a primera vista. Recuerdo por vuelta del 2005 algo que me llamó particularmente la atención, cuando Rafael Nadal ganó su primer trofeo en la capital francesa, al pasar por una de las pantallas gigantes que seguían la final aquella en el barrio de Bruselas donde yo residía, y fue la parcialidad tan flagrante -en contra del jugador español, y a favor de su contrincante argentino (...)- del publico de curiosos que ocupaban las aceras.
El "problema Nadal" del público francés -y francófonos (asimilados)- no viene pues de ahora como lo pretenden algunos, sino desde la primerísima de su serie estelar de victorias. ¿Por qué? ¿Por esa exuberancia tan espontánea y natural del jugador mallorquín, tan española -de despatarrarse a voz en grito-, que no deja de poner de los nervios a algunos (muchos pocos) de puertas afuera? Es posible, pero una actitud colectiva tan emblemática y ruidosa a la vez, arrastra a todas luces unas raíces mucho mas hondas y complejas y sus claves de explicación no dejan de ubicarse en el terreno de la psicología social y por supuesto -una vez mas dirán aquí algunos- en el de la historia y en la memoria (colectiva) Una ilustración mas a mi juicio, en resumidas cuentas, del complejo de amor y de odio -eterno (o evi/eterno), se diría- entre franceses y españoles , y por eso tal vez no haya que darle mayor importancia que la que tiene -que el humor por muy agresivo que sea no deja de ser éso- ni llevar demasiado lejos -cediendo así a las presiones de fuer- el examen de conciencia y la auto-crítica, con el riesgo subsiguiente de perder de vista un elemento insoslayable de la polémica en curso. Y lo es el dinamismo indiscutible del que viene dando muestras en la esfera internacional nuestro deporte, redundando por fuerza en la buena imagen (de "marca", como dicen nuestro políticos) de España en el extranjero, de su reputación y de su buen/nombre, lastrados de antiguo por la Leyenda Negra (anti-española)
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català