Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Derrota de la Chacón: el no de Andalucía

06.02.12 | 18:04. Archivado en El problema de Andalucía
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¡Uuff! Esa fue -¿para qué lo voy a negar?- mi reacción al conocer los resultados del congreso del PSOE -al que como aquí todos ya saben, nada me liga y de que todo (o casi todo) me separa. Una victoria de la Chacón hubiera sido desde luego peor -a la larga- de lo que esta siendo la presidencia Obama (interminable), y la comparación -estarán aquí todos de acuerdo- es todo menos ociosa. Me obsesionaba la Chacón por el tufo a influencia o manipulación extranjera que arrastra, para comenzar, como sus ahijados tan mimados del 15-M -y emplazo a quí a quien sea a contradecir esa apreciación mía (e intransferible)-, como ocurre con el juez/estrella y si dudas había ahí esta el articulo de hoy en su defensa en el New York Times -un respeto- como si el caso Garzón les sirviese de pretexto o coartada perfecta ahora para reanudar su guerra de propaganda sobre la guerra civil española nunca interrumpida del todo desde los tiempos de la guerra civil cuando aquel diario mantuvo un corresponsal de guerra en Madrid (zona roja) que se dedicaría a beber whisky en compañia de Hemingway y a soltar mentiras e insidias y juicios y apreciaciones partisanas "urb et orbi" a través de su diario sobre nuestra contienda. El triunfo de Rubalcaba se ve asimilado en los medios desde el sábado como el triunfo del aparato, gracias en particular a los empujoncditos decisivis, "in extremis", de dos barones del partido en Andalucía, Felipe González y Alfonso Guerra. Es posible. Pero la lectura -por emplear un giro caro a francófonos y franceses- que a mí aquello me merece es mucho menos coyuntural que ideológica. Rubalcaba representa tal vez el aparato y el poder (que acaban de perder) pero la Chacón es seguro que arrastra en cambio una nube de fantasmas detrás suya se de cuenta o no se de cuenta ella misma .

Las feministas (todopoderosas) de la Casa Blanca, y en cabeza de ellas -horresco referens!- la señora Clinton, el gobierno mundial de sabios banqueros o no banqueros, los indignados del 15-M, las primaveras árabes, Bernard-Henri Lévy (hijo de brigadista del 36), las mujeres del CNI, el guerra/civilismo del juez Garzón (su amigo y protegido), la intervención (sangrienta) en Libia y por supuesto los asesinos (impunes) del coronel Gadafi. Y sea tal vez esto último lo que muchos de sus correligionarios no le hayan perdonado y lo que le haya hecho morder al final el polvo de la derrota. Porque al fin de cuentas, el régimen libio (anterior) había sido hasta hacía nada miembro de la Internacional Socialista (y a mi que me registren) Y entre todos ellos, un fantasmas se yergue aún mas oscuro que todo el resto y mas amedrentador, y me refiero al andalucismo, que me diga a la ideología "andalusí" de tipo histórico y de un innegable trufo islamista. La Chacón habrá reexhumado de urgencia sus raíces andaluzas, a toda prisa y por un imperativo de orden electoral mas que evidente y algunos en ese repentino entusiasmo de la catalana de nacimiento -y de trayectoria catalanista- hacia la tierra de origen de los suyos no podemos dejar de verla ya con el velo islámico plantificado como se lo debió poner ya mas de una vez en sus giras del otro lado del estrecho desde el estallido de las primaveras árabes.

¿Exagero? Como sea, esta claro que su suerte se habrá visto sellada en Andalucía. Los andaluces de su partido -o del partido hermano que no sé como se cuecen las relaciones entre ellos- está visto que no se creyeron del todo sus declamaciones de última hora en favor de España y de Andalucía. Y les honra. Dije mas arriba que todo me separa del PSOE: digamos que la trayectoria de (casi) toda una vida, desde el incidente que me opuso a Felipe González en el aeropuerto de Orly dos años antes de que me detuvieron en Fátima. En aquella ocasión, Felipe González se disponía a cruzar el charco para asistir a una reunión idnternacional de apoyo a la guerrilla salvadoreña. Mucho ha llovido en Flandes (y en el resto del mundo) desde entonces. La guerra en el América Central es ya algo que subsiste vagamente en el recuerdo apenas para una gran mayoría. Entre tanto, otro fantasma mas amedrentador que el marxismo leninismo, "typical spanish" en el mundo hispano de este y del otro lado del charco, habrá hecha irrupción en los mas de treinta años que ya pasaron desde mi encuentro que me diga mi desencuentro con el anterior jefe del gobierno.

Y me estoy refieriendo al islamismo que ve en España y en particular en Andalucía una especie de patria irredenta o de tierra prometida. El hombre fuerte de Túnez las horas que corren -como lo recordé en una de mis entradas recientes- lo viene a ser un viejo conocido de Felipe González, que le expulsó, siendo jefe del gobierno, de España a donde aquél había venido a lanzar predicas y soflamas incendiarias "andalusíes" desde la mezquita de Córdoba, y anduvo después exiliado largos años en Inglaterra -justo hasta la caída del régimen de Ben Alí- gozando del estatuto (envidiable por tantos y tantos conceptos) del refugiado político. Otros vendrán que bueno te hará. Y por esas y muchas otras razones no oculto que me alegré sinceramente que el congreso del PSOE del pasado fin de semana se haya saldado (grosso modo) con la victoria de los felipistas y la derrota de los amigos y amigas de José Luis Zapatero. El poder corrompe, decía o dicen que decía Platón. En el caso de Felipe González, me pregunto al revés si su experiencia de poder no tiene que ver -y mucho- con el halo de respetabilidad que su figura habrá innegablemente cobrado desde aquellos tiempos aciagos de nuestro desencuentro

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