
Un alcalde sirio, que me diga sirio/español (!?) -de la localidad lucense de Muras- hace ahora de pronto aparición en los medios ante nuestros ojos absortos, y por lo insólito y átipico de su irrupción nos hace pensar de entrada a otro caso mediático, que por el signo (islámico) que fatalmente le acompaña puede ser comparado o asociado al suyo, y me refiero al del imán de Fuengirola que es así -por razón de su cargo y lugar de residencia denominado, igual que el Comendador de Ocaña o el Alcalde de Zalamea de nuestro Siglo de Oro, o el Cura de Sestao o el Escribano de Tolosa de las útimas guerras carlistas- como habrá conseguido hacerse un hueco en la memoria de los españoles. De este alcalde sirio/español la reseña que acompaña a sus declaraciones nos cuenta que se trata de alguien muy popular entre sus súbditos (un decir) o sus vasallos (españoles) Y recuerdo en mis años de universidad que entre los estudiantes extranjeros de la Universitaria madrileña se hacían notar un nutrido grupo de origen árabe que me sentía yo proclive a suponer jordanos (o asimilados), sin duda porque conocí personalmente a algún estudiante de esa nacionalidad entre ellos y me quedó la idea (vaga) que aquellos jóvenes procedentes de países (árabes) del Oriente Medio venían mayormente a España a estudiar medicina. En visión retrospectiva y por los rasgos fisonómicos que "grosso modo" les caracterizaban se me ocurre pensar ahora no obstante que pudieran ser muy bien sirios no pocos de ellos, por tratarse de unos países -los englobado entonces en el marco de la RAU (República Árabe Unida) de Nasser- con los que España, el régimen de entonces quiero decir, mantenía relaciones un tanto privilegiadas. Los que vi o traté fugazmente entonces no parecían ofrecer problema ninguno, se comportaban normalmente y se vestían un poco como el vulgo, sin nada en su atuendo y hábitos indumentarios -propios y característicos no obstante sin duda alguna- ni tampoco en sus rasgos fisonómicos más visibles que hiciese denotar un origen determinado o una adscripción de signo confesional fuera la que fuera.
Desde entonces -finales de los sesenta, principios de los setenta- mucho ha llovido (en España me refiero), los tiempos y los vientos han cambiado mucho también en aquella zona geográfica, hasta el punto que el paisaje urbano y demográfico en aquellos países se ha ido poblando in crescendo de barbudos de atuendo islámico (o islamista) y de mujeres de velo islámico cubriéndoles el pelo y el rostro si se presenta. ¿Proviene acaso el alcalde sirio de Muras (del PP) de aquellos grupos de estudiantes árabes tan aplicados -y occidentalizados- y tan poco inconformistas (así a primera vista) y ajenos grosso modo -de la idea que me ellos me quedaría- a la fiebre subversiva que devoraba a tantos de sus compañeros de estudios españoles? Su adscripción política así incita a pensarlo desde luego. E incluso sus declaraciones tan ruidosas de ahora en contra del jefe de estado de su país de origen despiden un no se qué que hace pensar al converso (políticamente hablando me refiero) del último minuto. Por el tono de lamentación mas que de denuncia que se destaca de sus palabras. Parece mentira -viene a decir- que alguien como Bachar el Asssad que hizo sus estudios en el extranjero (sin duda como él) se comporte de esa manera. Como si maldad y la perversión/congénita del jefe de estado de su país de origen se le hubieran revelado a él solo ahora, al fragor y al calor como quien dice de los acontecimientos. ¿Y por qué ahora esas declaraciones suyas un tanto imtempestivas? Nadie le pedía tanto desde luego. En la medida, aunque sólo fuera, que se encuentra políticamente activo entre españoles y que España hasta ahora ni por la boca del nuevo gobierno ni del anterior tan siquiera parece haberse manifestado ni en un signo ni en otro en relación con la crisis siria.
¿O será precisamente por eso? En otros términos ¿estamos acaso ante un globo sonda o una fumata (sioux) de señales de humo destinadas a preparar a la opinión pública y en especial a los votantes del partido en el poder a una toma drástica de posición en el tema en ascuas en el sentido que cabe presagiar a tenor de las circunstancias y del signo fundamental -de obsecuencia y seguidismo en relación con las grandes potencias (occidentales) a escala del planeta como en el marco de la Unión Europea- que habrá marcado la dipolmacia española en las últimas décadas? Aquí ya comenté en mi entrada de anteayer lo fácil de imaginar y de suponer que la crisis siria -que se esta debatiendo en la ONU en las horas que corren- gravitase de cerca en la cumbre de jefes de estado del pasado lunes en Bruselas: en la medida que parecía un tanto extraño así a primera vista que esa reunión maratoniana, del mas alto nivel -convocada de urgencia- se veise absorbida exclusivamente por la crisis financiera y bursátil o por temas de política económica o problemas de índole socio/económica (como el desempleo) Está claro como sea que los acontecimientos se precipitan en aquel país árabe del Mediterráneo y que nuestro actual gobierno no podrá seguir por mucho tiempo en su mutismo y en su actitud a la expectativa en la materia. La primavera árabe parece allí haber desembocado -como en el caso de Libia- en escenario de guerra civil más o menos larvada o declarada, que amenaza con encender la mecha al polvorín en el que se ve convertido toda aquella región por culpa en gran medida del conflicto árabe/israelí desde hace décadas.
En los últimos días, los suburbios de Damasco hasta ahora al margen de la violencia se han visto escenario de enfrentamientos bélicos entre tropas gubernamentales y grupos insurgentes armados, y el régimen parece a todas luces dispuesto a aprovecharse del veto resuelto de las dos granes potencias no occidentales (Rusia y China) a un proposición que sirva de tapadera -como en caso libio- a una intervención armada de la OTAN (y sus aliados) que en el fondo es lo que se va buscando a toda costa (y a toda prisa), a fin de poder enfrentar (y vencer) a la insurrección armada en campo abierto. En un contexto así ¿se pude escudar la diplomacia española -como lo hizo el gobierno Zapatero en la crisis libia- en los ataques de un régimen "tiránico" contra su población civil para poder secundar los planes intervencionistas de otros países, patrocinados e impulsados en particular por Estados Unidos, Francia e Inglaterra? Es previsible desde luego, y esperar lo contrario sea tal vez pedir peras al olmo, pero obrando así no harían mas que poner de manifiesto la falta clamorosa de una política extranjera propia e independiente, y lo que es peor, nuestra subordinación (vergonzosa) a las políticas de otros países a los que nos oponen serios conflictos de intereses o geoestratégicos. Como el el caso de Marruecos, a quien se debe precisamente la iniciativa de la resolución sobre Siria en el Consejo de Seguridad de la ONU. Política exterior del PP ¿un poco más de lo mismo?
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català