
¿Arde "twitter"? -fórmula magica para algunos (indignados)- ¿con la decisión del Supremo de continuar con el juicio del juez Garzon? No lo sé (ni me importa mucho), pero desde luego su juicio esta que arde. Por sus declaraciones de hoy sobre todo en las que no viene a decir nada nuevo de lo que ya declaró el pasado mes de septiembre, pero es sin duda su obstinación en ratificarse en lo dicho lo que enciende los ánimos de muchos. En nombre de la justicia universal y de los decretos de Nuremberg y de su particular -y partidista -y guerracivilista- visión histórica de la guerra civil, el juez estrella decidió liarse la manta a la cabeza declarando la ruptura de hostilidades setenta años después del final de la guerra civil y empezando otra vez la guerra por su cuenta. No he modificado en estos meses mi opción de fondo en contra del juez Garzón, sí ha variado un poco en cambio mi óptica y los argumentos en los que entiendo fundamentar mi postura. Es cierto que desde la declaración de Garzón ante el tribunal en el tema de la memoria histórica del pasado mes de septiembre, los tiempos han cambiado internacionalmente hablando al menos: un factor si no determinante y decisivo si de gran peso e influencia en el proceso en curso, como lo ponen (provocadoramente) de manifiesto algunos comentarios en las conversaciones digitales sobre el tema de las últimas horas. Va a ser muy difícil explicarlo fuera, se puede leer en uno de ellos aludiendo a las consecuencias en el plano internacional, de una eventual condena de Garzón, en el ámbito de la UE en sobre todo. No hay que explicar nada, si no comprenden fuera allá ellos, pero hasta prueba de lo contrario España sigue siendo un estado soberano, y es algo, esa soberanía de nuestro poder judicial que cabe poner aún menos en tela de juicio -en todo español que se precie- que la independencia de aquél respecto del poder político.
La independencia (mayor o menor) del poder judicial en un marco estatal presupone su independencia respecto a los poderes externos entre los que cabe contar las presiones externas a un nivel político o simplemente en los medios -a base de campañas de prensa y de guerra psicológica- o todas juntas bien revueltas unas y otras. O digamos que la segunda es condicion sine qua non de la primera. Y tampoco está escrito, es cierto, que no lo vayan a comprender fuera, y lo afirmo con la fuerza moral y testimonial que me dan los años largos ya que llevo residiendo en el extranjero por cima de los Pirineos. Ni África empieza en los Pirineos para muchos europeos, ni cuando se habla de Europa se esta hablando en un sentido univoco y monolítico en la medida que Europa hay muchas como lo dierona entender en su momento "los cuatro de las Azores" -horresco referens- aludiendo a la Vieja Europa. Y en los comentarios europeistas a los que hago alusión mas arriba se alude sintomáticamente (solo) a dos capitales europeas -Estocolmo y Berlín- a titulo de ejemplos, que por lo atípico en relación con nuestra problemática de memoria histórica no son propiamentemente hablando representativos. Por tratarse aqunque sólo sea de dos países emblemáticos por la pasión española (de izquierdas) que de la que la clase política en ambos se ve poseída de antiguo.
Un argumento retiene particularmente la atención en cambio de muchos europeos, de izquierdas como de derechas, y es el deseo visible en muchos españoles de pasar la pagina de la guerra civil, dejando de una vez la fiesta en paz quiero decir la historia y la historiografía de la guerra cvil como también de la memoria -o las memorias- por cuenta de aquella No pensaba así ya digo, y lo prueban e ilustran estas entradas en las que desde sus prístinos inicios me lancé cuerpo y alma en una batalla de la memoria histórica que habré librado hasta ahora sin complejos y sin miramientos. ¿Hora de parar, de un cese de hostilidades? Como sea, esta claro para mi que igual que la figura de Manuel Fraga me habrá merecido una revisión dtras su muerte, también,én me lo merecen fatalmente los monumentos legislativos mas emblemáticos de la transición a los que parece asociada en lo sucesivo su memoria. Entre ellas por cierto la ley de amnistía. Hasta hoy (prácticamente) pensé siempre que mientras Santiago Carrillo estuviera vivo no había que desesperar de verle sentado en el banquillo a que respondiera de Paracuellos de una vez por todas, pensase el juez/estrella lo que quisiese en el tema. Q
ue pague uno por todos, por ellos y por nosotros. Algo que no me canse de repetir a modo de programa de mínimos hasta ahora.
Hoy sigo dispuesto por cierto a seguir enarbolando la bandera de la Otra Memoria del 36 y si sigo sin estar convencido que Carrillo no deba rendir cuentas -a pesar de su avanzada edad- y pagar de una manera u otra, estoy co nvencido en cambio en lo sucesivo que alguien en estos últimos meses que habrá pagado con creces -por su muerte cruel e infame- por todos, por los unos y por los otros en un ámbito internacional, y en el plano de la memoria, a izquierdas como a derechas y me refiero al coronel Gadafi, icono de cierta izquierda (extrema) a escala del planeta y particularmente en el mundo árabe y en Hispanoamérica. Me cansé ya un poco, lo confieso si no de oír hablar de Paracuellos, sí de verlo acaparado y monopolizado por algunos, como me cansé de asistir -en los medios- a ceremonias de beatificación y canonizacion por cuenta de la guerra civil durante el pontificado de Juan Pablo II, como si unas víctimas -las de aval canónico o eclesiástico- lo fueran más que otras (de su propio bando) Sigo pensando que a la larga una explicación a nivel de estados entre España y Rusia se acabara imponiendo de reconocimiento del papel decisivo y determinante que las autoridades soviéticas de entonces y en particular el propio Stalin jugaron en aquellas matanzas, pero será una iniciativa en el plano histórico y a la vez en el ámbito de la acción diplomática que no exlcluye una aplicacion maximalista de la ley de amnistia entre españoles, incluso en el caso mas controvertido de todos -de personajes aun en vida me refiero- como lo es Santiago Carrillo. Y por eso, una forma adecuada y ejemplar de pasar la página me lo parece desde luego una condena enérgica del juez Garzón por prevaricación -una figura jurídica de la que podemos estar orgullosos los españoles, por lo mal que la conocen los extranjeros aunque solo sea (...)-, en relación particularmente con la ley de amnistía (patrocinada en su momento no se olvide por la izquierda española)
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català