Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Atentados de Oslo: clemencia para Breivik

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Cartas sobre la mesa. Mi opinión o juicio personal sobre el autor de los atentados de Oslo creo que habrán quedado claros en las anteriores entradas que aquí le habré dedicado. Por si no lo estuviese -habida cuenta que en algún comentario a la penúltima de mis entradas se la califica de difusa-, vuelta y dale. Ni lo condeno ni tampoco lo justifico.

Y podría explayarme aquí en un sin fin de consideraciones tratando de justificar mi aserto y en suma de justificarme a mi mismo, pero como se me antoja que los que mis lectores esperan (consciente) o inconsciente de mi es una especie de veredicto -en el orden moral por cierto, de los comportamientos- me atrevo aquí a pronunciarme en favor de la tesis de la irresponsabilidad (o inimputabilidad) de resultas de lo que se me antoja una especie de desvarío mental (tal vez) transitorio o pasajero por muy graves e irreversibles que hayan sido sus consecuencias.

Estoy juzgando a distancia por supuesto en función de la circunstancias de expectación y de emoción extrema originadas por los sucesos de Oslo, y de los datos que me habrán llegado a través de los medios, de los sucesos en sí mismo considerados y de la personalidad del acusado.

Noruega es un país que nos pilla cerca y lejos a la vez a los españoles y en particular a mí por razones de parentesco que aquí todos conocen. Es un pais occidental pero su cultura -de raíz germánica, y sometido de antiguo a un fenómeno de ósmosis de gran calado en relación con el mundo de lengua y cultura anglosajonas- ofrece no obstante variantes importantes que la diferencian drásticamente del basamento cultural (latino) de la sociedad española.

Anders Breivik pertenece además a una generación mucho mas joven que la mía, marcada al rojo -y las generaciones inmediatamente posteriores más incluso que la suya- por ese fenómeno de los juegos vídeos de acción(violenta), de protagonistas y antagonistas, y de avatares (en primera y tercera persona) que algunos sociólogos e investigadores hacen responsable de fenómenos y sucesos de violencia de natura asocial o criminal en los últimos años, como se habrá dado aquí en Bélgica en el caso de un joven adolescente (de apenas diez y seis años de edad sin ningún tipo de antecedentes, maniático de ese tipo de diversiones que entro a saco y protagonizó hace unos dos años una matanza de niños en una guardería.

No lo comparo en modo alguno no obstante con el caso que aquí estamos contemplando en la medida que el autor de los atentados de Oslo habrá sido capaz de explicar con claridad las motivaciones -de signo innegablemente político e ideológico- de su acto como lo prueba e ilustra el impacto y la difusión mundial innegable que les habrá merecido a los medios del mundo entero, tanto en la prensa digital como escrita, que le habrán reservado sus primeras paginas y más amplios titulares y dedicado sesudos comentarios (por muy descalificadores que fueran); en un supuesto de cobertura informativa del primer plano con pocos precedentes en la historia de las paginas de los sucesos de prensa escrita, de los dos últimos siglos.

Un caso absolutamente excepcional se me reconocerá aquí por lo menos. Y lo excepcional que dirían las escolásticos exige un juicio y tratamiento (absolutamente) excepcionales. Como lo es sin duda el diagnostico (a distancia) -de enajenación mental (pasajera)- que aquí esbozar pretendo.

No considero a Anders Breivik un loco. Por lo menos en el sentido vulgar (e inmisericorde) que muchos le están prestando ahora. Y creo -se me concederá- saber un poco de lo que estoy hablando. Durante años -décadas- arrastré en los medios españoles y extranjeros la reputación de loco o desequilibrado sin que en ningún momento desde mi detención en el santuario de Fátima me cupiera le menor duda de estar perfectamente en mis cabales.

Hoy admito sin embargo haberme encontrado entonces en un situación (anímica) límite, que algunos que me lean tendrían tendencia a calificar en la terminología (judicial) psiquiátrica en vigor de " borderline", como lo hacia un diagnostico (con lo que el que concordaba en parte y en parte disentía radicalmente) que le merecí al psiquiatra encargado de examinarme por el juez que me juzgaba, tras mi acto de protesta en el 2000 delate del palacio de justicia de Bruselas.

Una formula científica o clínica que como sucede tanta veces en la esfera de las realidades psicológicas -y más aún en materia de psiquiatría criminal- quiere decir todo y al mismo tiempo nada. Me sentí, es cierto, entonces emocionalmente en una situación limite y presto al sacrificio -por España y por el catolicismo- que es lo que para mí fue mi gesto de Fátima como no deje de declararlo inmediatamente después de mi detención y siempre (prácticamente) hasta ahora.

Y que en la conducta del autor de los atentados de Oslo habrá habido mucho de autosacrificio lo corroboran las circunstancias de su detención, sin intentar la huida ni ofrecer la menor resistencia y sus declaraciones delante del juez y desde los primeros momentos de su detención, proclamando alto y claro que había actuado para salvar a Noruega y a Europa de la invasión musulmana.

Hasta ahi llega la comparación (que algunos pueda parecerle mas o menos odiosa o simplemente ociosa) Porque Anders Breivik consumó su acto -todos sabemos (grosso modo) de qué manera- y el que esto escribe no: me limité a un gesto y ni maté (ni entonces ni antes ni después) a nadie ni herí tampoco a nadie como lo volví a recordar en la prensa va hacer ahora tres años con motivo de las declaraciones del que fue secretario (longevo) del papa polaco en contra mía.

¿Inimputable y dejarle libre pues? Como dirán aquí siguiéndome la pauta algunos en sus afán de rebatirme? El veredicto sobre la culpabilidad -en los modernos sistemas judiciales contemporáneos- es sustancialmente y cronológicamente distinto del de la pena. Y pronunciándome sobre el primero que me parece de lejos determinante podría dispensarme o excusarme aquí de pronunciarme sobre el segundo.

Pero lo haré de todas formas, un poco como lo hice en Bélgica hace ahora unos años en el caso del joven flamenco adolescente que causó la muerte de tres personas de origen inmigrante -una de ellas una niña pequeña- por móviles que fueron juzgados que le condenó (sin encontrarle el menor atenuante) de racistas.

Me pronuncié entonces en favor de la clemencia habida cuenta de la personalidad joven acusado -sin antecedentes y de buena conducta con anterioridad- de las cricunstacias personales y de su entorno (antenauntes sino claamente exculpatorias) que le rodeaban en el momento de su acto y de la situación de indefensión -relativa al menos- en el que me parecía encontrarse su medio sociológico y familiar de origen -lo que se da en llamar la extrema derecha flamenca- de resultas del desenlace de la segunda guerra mundial y de sus consecuencias (de largo alcance) en Bélgica.

Y en el caso de Anders Breivik vuelvo a pronunciarme por la clemencia en el hipotético caso de un internamiento que es lo que se seguiría de la tesis de inimputabilidad que mas arriba propugno; en aras de un trato humano como el que les reconocía el filosofo Michel Foucault a los hospitales españoles para locos de la Orden Trinitaria de finales de la Edad Media -precursores precoces según él de la moderna pisquiatría- , y no del tramiento (cruel inhumano y degradante) del que me vi yo mismo víctima en la dos semanas que pasé internado en el anexo psiquiátrico de la prisión en la que fui encarcelado en el 2000 en Bruselas.

Por un sinfín de razones además -en apoyo y justificación de mi veredicto- que me dispenso en esta entrada de abordar por haberlo hecho ya en extensión y en detalle, en las entradas anteriores que habré dedicado al tema, y de la que estoy convencido que muchos de mis lectores e incluso amplios sectores de la opinión publica española -como lo ilustran los debates digitales de opinión sobre el caso en las útimas horas- comparten y piensan aunque no se atrevan en modo alguno a expresarlas ni en voz baja tan siquiera.

Y me estoy refiriendo por cierto a una situación de paz internacional como la que (grosso modo) conocemos hoy por hoy. Porque si acabase estallando en el plano bélico ese choque de culturas tal y como Breivik vaticina, está claro en mi opinión que se le podría y debería dar la oportunidad de derramar su sangre y de arriesgar y dar -heroicamente- su vida por esa causa que no habrá dejado de proclamar a la faz del mundo de forma tan abierta.

7 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Juan Maria Fernandez Krohn [Blogger] 27.07.11 | 13:31

    Gracias por los consejos. No creo que sea más duro de llevar, en España en Bélgica (y no sólo), que ese otro sambenito del cura -arrepentido (o renegado)- que quiso matar al papa (y no a un papa cualquiera) Un sambenito que me habrá mantenido "grosso modo" fuera de mi patria durante venticinco años. Gracias de nuevo. Saludos desde Bélgica

    ADDENDA Es de esperar no obstante que las nuevas generaciones de españoles no tarden en perdonarme otros veinticico años estos artículos, como sus predecesores (o una gran parte de ellos) mi gesto de Fátima

  • Comentario por paco 27.07.11 | 13:01

    Buenas. Soy seguidor habitual, fundamentalmente por el estilo más que por el contenido.
    Pero macho...te has pasado 40 pueblos. Ciertamente tienes el coraje de decir lo que piensas pero vamos....te has pasado de frenada. Y desde luego sabes que con esto habrá un antes y un después para muchos y que el este sambenito no te lo quitas ni con lejía....cruzaste el rubicón y desde ahora serás "el que no condenó lo del chalado de noruega". Simplificaciones españolas pero muy eficaces.

  • Comentario por Juan Maria Fernandez Krohn [Blogger] 27.07.11 | 12:26

    .../...A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César. Y ahí reside precisamente lo trágico de este suceso. Por lo que ni lo condeno ni lo justifico. Como el Hamlet de Shakespeare. IN DUBIO LIBERTAS. Saludos desde Bélgica

  • Comentario por Juan Maria Fernandez Krohn [Blogger] 27.07.11 | 12:24

    Tu lo recuerdas, y otros también, tanto o más que tú por más que residiésemos en el extranjero. Y tal vez fuera un defecto de óptica -no lo creo-, pero la prensa belga en bloque no hizo entonces más que dar la imagen de un sector de la opinion publica y de la juventud españolas -azuzada por el PSOE, y sus compañeros de viaje de la Iglesia española- despotricando no contra los autores (ejecutores e instigadores) de la matanza sino contra las "mentiras" de Aznar y del PP. Y los desmanes de la jornada pre/electoral -eso sí lo afirmo por mi cuenta y riesgo-fueron responsabilidad exclusiva de los socialistas y de sus máximos dirigentes. Lo que explica con creces la acusacion de Breivik que Zapatero llegó al poder gracias al Quaida y que por eso se muestra consintiente y cómplice ante la invasion silenciosa. En lo que tien más razon que un santo, en eso y en muchas otras cosas que dice, en especial sobre España y los españoles. Por más que nos repugne la matanza de Oslo.../...

  • Comentario por Luis Enrique Antolín 27.07.11 | 01:38

    11-M.Recuerdo muy bien aquellos días.Nadie,absolutamente nadie,dejó de condenar los atentados ,el PSOE,partido con responsabilidades pasadas o futuras de gobierno entonces no iba a cometer la irresponsabilidad,y no la cometió,de cargar con la culpa de los atentados al gobierno de entonces. Lo que buena parte del pueblo español sí rechazó fué la deliberada mentira,el deliberado engaño del gobierno de Aznar en seguir imputando,cuando ya era evidente lo contrario,a ETA la autoría de los atentados,pretendiendo por motivos evidentemente electorales confundir a la opinión pública sobre un asunto de tal envergadura.

    Confusión,engaño,que en la operación más vil de la prensa española desde la llegada de la democracia determinados medios se empeñaron en mantener,ellos sí llegando a la canallada máxima de dar a entender la implicación en la matanza del partido en el gobierno.Hablo en términos muy duros,lo sé,pero determinadas cosas no permiten medias tintas.

  • Comentario por Juan Maria Fernandez Krohn [Blogger] 26.07.11 | 21:19

    No sé exactamente a quién o a quienes te refieres. Pero lo que tu les reprochas es mas o menos lo que hicieron Zapatero y el PSOE el 11 de marzo. Aznar, el único al que condenaron entonces (...) Saludos desde Bélgica

  • Comentario por Xabier S 26.07.11 | 20:43

    Que curioso, la derecha ni apoya ni condena, sino todo lo contrario.

Miércoles, 30 de mayo

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