Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

La Biblioteca Nacional ("la Royale") de Bruselas: homenaje en Nochevieja

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(Aprovecho para desear a todos mis lectores -amigos o aún sin serlo- un feliz Año 2011. ¡Año Nuevo, Vida Nueva! Para mí como para ellos)
La Biblioteca Nacional -de España-, en mi último día de mi reciente estancia navideña en Madrid, ofrecía un rostro en vías de remozamiento con el acceso principal de la gran escalinata de entrada cerrado al público (desde hace ya meses por lo que supe) Mi reencuentro con ella tras décadas de ausencia va hacer tres años ahora tuvo algo de surrealista (y extraño) porque otros trabajos de remozamiento -varios y sucesivos tal vez- en toda la eternidad que estuve sin poner allí el pie me la habían dejado prácticamente irreconocible desde mis tiempos de la Universitaria -a caballo entre los sesenta y los setenta- cuando la frecuenté no poco, mayormente como lugar de reunión con mis amigos (y camaradas) de entonces charlando sin tasa de política y comentando febriolmente la actualidad (nuestra) de entonces en el bar (antiguo) -que no conseguiría después, tras los cambios, reconstruir en mi memoria- las horas muertas y a costa de mi estudios y de mis notas finales que se resentían de mi fiebre política de entonces y de aquellos encuentros interminables por supuesto (...)

Por eso y por muchas otras razones mi regreso tantos años después se vería revestido de un aire de borrón y cuenta nueva. La Biblioteca Nacional en Madrid me habrá servido de puerta de entrada en la vida española y madrileña de la que estuve ausente tanto tiempo por voluntad propia.

Un regreso discreto -e intermitente al ritimo de mis viajes fugaces y no menos frecuentes Bruselas-Madrid-Bruselas- pero no menos digno y a la vista de todos, a la medida sin duda de su escalinata tan ancha y espaciosa, y de sus grandes de reyes y figuras ilustres, que a los socialistas que nos gobiernan les viene demasiado grande a todas luces. Como a sus correligionarios belgas (...)

En Bélgica, el cierre al publico (definitivo a lo que parece) (...) de la antigua escalinata de entrada de la Biblioteca Real ("La Royale") (sometida a un poder organizador en manos de antiguo de los socialistas francófonos (hasta no hace mucho) -un poco menos señorial con todo que su "alter ego" madrileña- habrá precedido de algún tiempo como marcando el rumbo a sus homólogos españoles. En eso sin duda como en tantas otras cosas (...)

¿Los extremos se tocan? No lo sé pero se diría que el adagio se cumple comparando las dos bibliotecas principales de ambos países, España y Bélgica. La madrileña tiene sin duda a ojos de belgas -y extranjeros- un empaque señorial que le viene de antiguo, de un pasado que se pierde por así decir en la noche de los tiempos, como lo ilustran las grandes estatuas (de piedra) de su escalinata de entrada.

En Bélgica en cambio ese aire monumental majestuoso -pero sin estatuas que valgan (pasado iconoclasta obliga por esas tierras)- arrastra por paradójico que pueda parecer unos orígenes muy distintos (como lo supe de labios de una de sus empleadas): un sello soviético -estaliniano para mas señas y para dejarnos de eufemismos- que estaba sin duda en el aire de los tiempos cuando este edificio publico de los mas representativos y emblematicos de la capital/de/Europa empezó a verse erigido justo a seguir al desenlace de la segunda guerra mundial (en el 45), al socaire de la vulgata de buenos y malos -izquierdas y derechas- que aquello entronizaría en la memoria oficial de los belgas. Idilio extraño -y surrealista- entre la Revolución de Octubre y las bibliotecas publicas como lo ilustra el ejemplo de Lenín (de los tiempos de su estancia en Suiza)

Stalin, menos instruido e ilustrado que su padrino politico y predecesor (en el Kremlin) no heredaba menos del ideal de la Ilustración inseparable de una tradición ideológica de izquierdas. Y es esa aporía histórica irreductible -y me refiero a esa conjunción (monstruosa) entre instrucción y barbarie en el siglo XX queilustraría el comunismo marxista- lo que parece presidir la Real Biblioteca de Bruselas como un reto (intelectual) al rostro de todos los que surcan su umbral de entrada y se aventuran en sus pasillos y salas de lectura (silenciosas)

¡Espacio (cultural) en libertad o zona de transito en mis años largos de expatriación la biblioteca ("Royale") de Bruselas! Que tras ciertas vacilaciones primeras -y reticencias sin duda y resistencias de algunos-me acabó acogiendo por/entero (con "pasado" y todo me refiero...) Lo que se merecía sin duda este mensaje de nochevieja.

En evocación a la vez de la "gran noche" (o "le grand soir") que habrán sido mis años (largos) de expatriación por estas tierras (que me habrán con todo hasta ahora) (...)


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