
Mi amiga de los tiempos de la Universitaria -no diré su nombre "ex professo"- que no veía hace veintitrés años sigue siendo la misma, y yo diría que sigue siendo lo mismo lo que nos une y lo que nos separa ahora como entonces, cuando fuimos compañeros en la facultad (principios de lo setenta) A mí ella me salvó sin duda -en el recuerdo- de entre todos los "fachas" que aborrecía, y yo la salvé a ella de todo el rojerío en que la veía inmersa.
Hoy, el otro día me refiero, cuando la volvía a ver, en Madrid, todo aquello parecía una sombra vaga que nos hacía (amable) compañía y dejaría al separarnos un regusto de nostalgia, en mí y sin duda también en ella. Como si lo que nos separó entonces nos siguiera separando y (re) uniendo a la vez ahora. Sin el menor asomo de reproche no obstante que nos hiciera compañia junto con aquella sombra.
¿Del rosa al amarillo? No se crean algunos que no pensé (divertido) -charlando con mi amiga- en aquel film inolvidable de Manolo Summers de mi adolescencia, de cuando yo despertaba a la vida y a la España de entonces...que se venía abajo justo cuando yo empezaba a descubrirla.¡Primavera del 65, qué rápido que llegaste, y qué despedida tan lenta! Así canté en un poema de los muchos que tengo hoy que dar por desaparecidos (...)
Y fue así sin duda -esa fijación nostálgica de un mundo, un ambiente cultural, el del entorno social que me rodeaba- por lo que acabo de decir: aquel derrumbe, aquel cambio súbito -en un santiamén- y la profunda e irreversible mutación cultural en la que se veria plasmado que los "rojelios" de entonces lo tienen hoy crudo y difícil a lo que parece a la hora de reconocerlo. Como le ocurría en el coloquio sobre Umbral este verano pasado en el Escorial al antiguo ministro de Cutura César Antonio Molina. "En España no cambió nada hasta la muerte de Franco" (...)
La universidad y en particular la Universitaria madrileña -igual, me figuro, que la de Barcelona- estaban ya en ebullición una década antes desde luego como me lo reconoció -sotto voce- a la salida de la conferencia aquella uno de los asistentes. Y de prueba o vestigio de la vorágine aquella que se llevó tantas cosas parece que viniera ahora a testimoniar (con gusto) aquella mistad que era sin duda algo mas que eso; en mí por lo menos, lo confieso.
"Si hubiéramos sabido que el amor era eso", rezaba uno de los primeros títulos de la narrativa umbraliana que me leí con cierto esfuerzo, lo reconozco, por lo laborioso de la prosa que en ese título se escondía, que no se puede decir sin duda que fuera de las más logradas del conjunto de todos los suyos sin embargo y que se salvaba en cambio por el valor testimonial (auténtico) que Umbral por una vez lograba dejar plasmado en su prosa sin los encubrimientos y fingimientos tan proverbiales y característicos de su estilo y de su manera de concebir su trabajo de escritura.
Y si hubiéramos sabido que el amor era eso, mi amiga de la facultad y yo no hubiéramos dejado que aquella vorágine o aquella fiebre -y la profunda mutación que tras ella se escondía- nos alejase fatalmente como lo hizo.
¡Taciturno! -como aquel Oranje (holandés) que tanto nos odiaría (...)-, así me recordaba mi amiga, de entonces, y me hizo gracia porque no me veía yo así aquellos años, y sin duda -¡manes de la intuición femenina!- que me veía ella (mucho) mejor que yo me veía a mí mismo. Y fue sin duda aquella sombra, como un halo protector lo que me salvó de aquella fiebre (colectiva) y la que nos habrá vuelto a reunir - tantos años después (sin duda de forma efímera)
Como sea, el valor terapéutico de la memoria -que tanto se precian de conocer los recuperacionistas de la memoria de los vencidos- se puso de manifiesto (fulgurante) en este fugaz reencuentro, con mi vieja amiga -y amor platónico- de entonces.
Pero no se trataba ni en ella ni en mí de una memoria de vencidos, y por eso sin duda que vino a despertar: si no, no hubiera sido posible, estoy seguro. Una memoria de vencedores -de hijos de vencedores de la guerra civil- en mí lo mismo que en ella, por mucho que le siga costando el reconocerlo.
Y se diría que ya poco importa. Porque nos habrá permitido a ella como a mí el olvidar muchas otras cosas. ¡Catarsis reconciliadora! (sin pedirnos perdón mutuo por lo que fuera)
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Se supone que la anterior de la serie, sin numerar, era la 4.
Muy muy correcto no escribir nombre de la señora, aunque si hubieran transcurrido menos años los datos aportados serían fácilmente identificativos entre personas de esos ambientes.
Felicidades, Juan.
Reverdecidas evocaciones y nostalgias donde además encuentro expresiones tan naturales inclusive en estos mismos momentos dentro de mi más íntimo entorno familiar, como, -facha, rojo, rogelios.
Tengo que reconocer que tan solo tengo leído de Umbral, poco de lo que se publicaba en la prensa diaria, -pero desde luego en ninguno de los periódicos que edita el grupo pro-sociata Prisa.
Con el polifacético Manolo Summers, coincidí en la playa de Gandia, y soy uno de los muchos que piensan que parafraseando el titulo de una de sus películas que desgraciadamente hemos pasado -Del rosa al amarillo,-de aquella España de 1975, a la actual 2010, que dentro de tres días finiquita nuestro 'horribilis'. Pero nos queda el rescoldo del rojerio revanchista.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català