Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Mi viejo barrio de Argüelles, campo de batalla de la Memoria (¡Madrid bendito, en ruinas y vuelto a reconstruir de la Victoria!)

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La alocución navideña -surcada de sobreentendidos- del monarca me habrá puesto por la vía (joseantoniana) de la crítica un poco más en fase si cabe con mis raíces madrileñas. ¡Está bonito Madrid -mi Madrid, el mío- estos días navideños! Como todo el año sin duda pero más si cabe en esta época.

Umbral era madrileño de nacimiento y lo fue de "adopción" después; yo lo soy de nacimiento -y de expatriación-, aún más si cabe que él, por la sencilla razón que el verme fuera no habrá hecho mas que acentuar y potenciar en m mí la añoranza de mi patria (chica) de nacimiento.

Dije en uno de mis últimos poemas que sentía un poco esas tierras de Flandes (lato sensu) donde resido hace ya tanto mi patria (chica) de adopción en los sucesivo. Pero mi patria/chica primera los seguirá siendo Madrid hasta que me muera. Nací en Argüelles, o por lo menos eso es lo que creí y lo que me dijeron y lo que oiría hasta hoy siempre, y ahora al atardecer o en los principios de atardecer de mi vida me vienen a decir que no, que no nací donde yo creía (...)

La zona urbana donde nací y crecí comprendida entre la antigua glorieta de la Moncloa, la plaza del Cristo Rey, la calle Cea Bermúdez y la glorieta de Quevedo fue siempre en mi niñez, adolescencia y primera juventud, parte indisociable del barrio -sin duda en sentido amplio- de Argüelles, que empezaba donde terminaba el viejo (y entrañable) Chamberí.

Hoy en cambio tantos años después, que la expatriación habrá hecho mucho mas largos y voluminosos, viene a resultar que mi Arguelles -el de "los días felcies" de los inicios de la carrera madrileña de Umbral también- ya no es mío que me lo quitaron, o digamos que me lo cambiaron por un galimatías inextricable de barrios y de distritos (y de sectores) y de nombres de límites y de lindes vgos e imprecisos (y movedizos), Moncloa, Argüelles, Gaztambide, Universidad Pabellón de Gobierno Universitaria (y paro el caro)

No tengo nada contra Chamberí que quede claro; aunque solo sea porque mi madre nació allí en la calle Luchana en pleno centro del barrio -y de los Madriles- pero no sé por qué del énfasis que ponen algunos viejos del lugar en defender la adscripción chamberilera de las calles y de los rincones donde transcurrieron mis años niños o ya sin serlo, me barrunto de pronto que hay gato encerrado en la polémica.

"Todo esto es Chamberí de siempre, señor" me decía tajante (y cargante) hace unos meses un viejo tabernero en lo que fue la antigua plaza de la Moncloa, y en ese "señor" inhóspito y distante (y casi casi beligerante) se sentía de lejos la usurpación o la "recuperación" revanchista y rencorosa.

Y se me antojó de pronto que el reto escondido en este pleito latente o clausurado tan sólo en apariencia, de municipalistas y urbanistas, y de viejos del lugar y no tan viejos, se oculta o se ve encerrada o camuflada como de matute toda un loncha de memoria histórica para decirlo expresivamente, de la guerra civil y de la posguerra inmediata y ya no tanto; de los años cincuenta y de los sesenta.

Madrid reconstruido que canto Agustín de Foxá en un poema épico en prosa sobre las ruinas del Madrid de los tres años de guerra. "¡Benditas las ruinas -canto el poeta falangista de recuerdo inmarcesible-porque en ellas están la fe y el odio, y la pasión y el entusiasmo y la lucha y el alma de los hombres!" Y en el Madrid de mi infancia se respiraba y se palpaba el aire y el ambiente (heroico) de la Victoria con mayúsculas, todavía viva y fresca en los recuerdos.

Y tal vez eso es lo que algunos habrán querido "evacuar" -"cuando llegue lo nuevo, lo viejo se vera evacuado" reza la profecía evangélica- al socaire de los cambios urbanísticos y administrativos en el callejero y en el paisaje monumental y las líneas de demarcación también del Madrid de estas últimas décadas (de democracia)

Como si zanjando de un plumazo la vieja indefinición de aquel Madrid en ruinas de la Memoria heroica zona de nadie aún sin urbanizar entre la Moncloa y el Hospital Clínico de viviendas nuevas flamantes -de mis primerísimos recuerdos (de esta existencia mortal) para siempre fijos en mi retina- algunos hubieran querido a toda costa borrar igualmente de un plumazo todo el pasado heroico que rezumaría en la posguerra heroica por todas las calles y esquinas de aquel Madrid de guerra y de primera linea de frente que por lo que veo lo sigo siendo (a su manera)

El centro de gravedad de todo aquel Madrid reconstruido lo era Argüelles, y por Argüelles se entendía con mayor densidad semántica que cualquier otra zona mas o menos adyacente, la glorieta de la Moncloa y el barrio (y la calle) Princesa. Ahora algunos pretenden que no, con su pan se lo coman.

Pero la defensa de Madrid que sin duda llevan presente aún en sus memorias de sacos terreros y de casamatas -y de gorros cuarteleros y pañoletas- dando a Universitaria por todas las calles que bajaban hacia el infierno del frente desde la zona de la glorieta de Quevedo -y de Cuatro Caminos (...)- es sin duda como esas momias egipcias antiguas que se desintegraban cuando les daba el aire; y el viento recio y sano de la sierra soplaba y sigue soplando en mi viejo barrio de Argüelles entonces igual que ahora.

(¡Madrid bendito y vuelto a reconstruir de la Victoria!)

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Paco Franco 26.12.10 | 11:52

    Muy sentidas misceláneas navideñas de aquel viejo Madrid. Aunque no he nacido esa gran ciudad, guardo de ella un entrañable recuerdo desde que en aquella lejana década de los años cuarenta, que tuve la suerte de visitar Madrid con motivo de una marcha a pie que realizamos los muchachos del Frente de Juventudes de Valencia para visitar al Caudillo Franco en su Palacio del Pardo para ofrecerle frutos de nuestras ubérrimas huertas, en agradecimiento por la liberación de nuestro viejo Reino de las garras del marxismo

Miércoles, 30 de mayo

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