
En tiempos de José María Aznar se produjo un fenómeno en la política española que en analogía con lo que había sucedido tras la caída del Muro en la otra punta del Mediterráneo vendría a llamarse "catarsis a la griega".
El tiempo no obstante, y también, si dudas quedaban aún a algunos, el debate envenenado sobre la ley (funesta) de la memoria desatado desde ya hace buen un rato habrán probado con creces que no hubo tal, que lo que así se vería bautizado por los medios y los politólogos no pasó de ser más que una operación para andar por casa de política partidaria, inspirada y dominada por el afán del PP de asegurarse en toda garantía un ejercicio del poder en las condiciones más holgadas y beneficiosas posibles.
No hubo catarsis en sentido amplio -y completo- de la palabra en modo alguno. Lo cual no quiere decir que la necesidad no siga haciéndose sentir en la política española; y que la reconciliación nacional (de veras) no siga figurando entre las aspiraciones colectivas mas profundas y más perceptibles e imperiosas en el conjunto de la opinión publica, sin dejar de figurar entre los resortes mas intimos y decisivos del cuerpo social, tal y como se habrá venido demostrando a través de los avatares mas destacables -como ahora el estado de alarma- que vienen sucediéndose de unos años a esta parte en la política española.
Y un ejemplo ilustrativo asaz de lo que aquí decir pretendo lo ofrece el mapa político que vienen como quien dice a (re) diseñar de nuevo la actitud de los grupos parlamentarios en relación con la prolongación del estado de alarma, en pleno debate y votación en el congreso en el momento de escribir estas líneas. El PSOE y sus aliados nacionalistas, contra el PP -dudas y complejos (y abstenciones) a parte por cierto- y contra la izquierda extrema (o minoritaria)
Cuando veo botas me echo a correr, leía yo ayer en un mensaje -de los de más sal y pimienta-de una de las discusiones en la red con motivo de la prolongación del estado de alarma. Y hay sin duda que comprender o tratar de hacerlo -y como hijo de militar, y crecido entre militares me aplico el cuento por cierto- la alergia al estamento castrense y en general hacia los institutos armados (Guardia Civil) incluso, ínsita o impresa de antiguo en un sector considerable por muy minoritario que sea de la opinión publica española; algo que sin duda les viene de lejos, de la guerra civil a algunos o de la transición o, antes incluso, del tardofranquismo también a no pocos de ellos.
El ejército español arrastra un pasado glorioso de siglos y no es exagerado el afirmar que si un ejército hizo a un nación como lo leí una vez en el caso de la Prusia protestante, en el caso español Ejercito e Historia (de España) se mezclan y confunden sustancialmente tanto en los anales de la historia escrita como en la memoria colectiva.
No es óbice no obstante para que en las últimas décadas, por la lógica misma, cabria decir, del sistema democrático, pero mucho más aun a mi juicio por las pecularidades y características propias de la transición política española entre las que cabe incluir la situación de desconfianza generalizada en la opinión publica hacia el estamento castrense a seguir al 23-F se produjera un reforzamiento notable de la sumision, sometimiento y supeditación de los militares al poder civil y a la clase política dirigente.
Y de resultas de una política de clara intromisión del ejecutivo en los asuntos internos de la institución -en materia de procesamientos, ceses y expulsiones y medidas represivas de todoa clase sobre todo- desde los tiempos de la transición e intensificada y agravada en extremo en los años interminables que siguieron a la tentativa de golpe de estado de la era PSOE (bajo el ministro Narcís Serra) Lo que se vería ilustrado en casos tan ruidosos como la expulsión del ejército -por motivos completamente desproporcionados- del coronel Amadeo Martínez Inglés o las medidas represivas tan drásticas tomadas en lo que se llamo el golpe abortado al nacer (...) -o "conspiración golpista"- del 27-O (27de octubre del 82), justo a seguir al 23-F (y otros, más o menos imaginarios)
El 11 de marzo supuso sin duda un paso más (de gigante) en la vía de subordinación de la institución militar a los poderes civiles, en la medida sobre todo que traería consigo un descrédito generalizado -o la agravaría como nunca hasta entonces- de la defensa nacional puertas afuera como dentro de nuestras fronteras.
Un ejército embarcado en una operación impopular en el exterior -como la guerra del Irak- que era incapaz de asegurar la defensa de la nación y de la sociedad española frente a un acto de agresión de tanta gravedad y alcance- la mayor mortandad desde el final de la guerra civil- como la que se produjo con los atentados de Atocha. ¿Para qué sirven (aún) los militares en una democracia? Esa seria sin duda la cuestión subyacente en el sinfín de preguntas que nos haríamos entonces todos y cada uno de nosotros, anidando -de forma subliminal o inconsciente en gran medida- desde entonces en la conciencia colectiva de todos los españoles.
Dentro de una lógica de rebajamiento y denigramiento además -para dejarnos de eufemismos- del ideal de vida castrense, que lleva ahora a algunos -¿muchos pocos?- a parecerles perfectamente normal que el ejercito sirva como en estos momentos lo está haciendo para sacarle las castañas del fuego a un ejecutivo irresponsable e incompetente, cogido en flagrante delito de provocación y de acoso institucional e inconstitucional a la vez, injusto y discriminatorio, para con todo un sector laboral a escala nacional, y en definitiva contra el conjunto de la sociedad y de la opinión publica.
Hasta ahí no llegan no obstante a lo que parece algunos de nuestros más fogosos anti-militiaristas y en concreto los que se reconocen o se encuentran políticamente situados en el cuadrante ideológico descrito mas arriba y correspondiente a un sector (minoritario) de izquierdas, marginal (en mayor o menor medida) y ubicable en todo caso la izquierda del PSOE. Y así parece diseñarse en el panorama político en las últimas horas un frente anti-estado de alarma cargado de promesas y buenos augurios y perspectivas; y capaz de ofrecer todas las posibilidades de que se pueda concretar en un futuro próximo esa catarsis que no se logró o no pudo lograrse entonces (contra el PSOE)
El poder, su ejercicio continuado que me diga, une mucho...y estar en la oposición también, no cabe duda. Y más aún el verse perseguido por los mismos (...) Decía el profesor Plinio fundador de la TFP que la base sociológica por así decir del compromiso histórico que se vería sellado entre católicos y marxistas con ocasión del concilio vaticano segundo vino a servirla con décadas de anticipación la coexistencia forzosa en las cárceles del III Reich de comunistas e izquierdistas de toda laya y de católicos, víctimas de la persecución religiosa (menor) que el régimen nazi, a partir de un momento determinado -tras el estallido de la segunda guerra mundial- pondría en practica contra la iglesia católica y otras confesiones religiosas.
La transición/española crearía un clase política -en el machito de una manera u otra hace ya casi cuarenta años, ellos o sus herederos (...)- y también una legión de desheredados -de desbancados y postergados- que de una manera u otra se quedaron en la cuneta (o a cuatro velas, como se prefiera)
Los grupos minoritarios (de izquierda) -no me refiero a los nacionalismos periféricos- presentes en el congreso de diputados en la actual legislatura viene a representar un sector o porción considerable de esos excluidos de la transición; por más que otro porcentaje no menos considerable de los mismos -entre los que me incluyo- se encuentran fuera a la intemperie todavia hoy, sin representacion política (parlamentaria) se diga lo que se diga.
El régimen democrático atraviesa una crisis aguda que en los últimos días, con motivo de la huelga o el plante (como se quiera) de los controladores, se habrá agravado considerablemente. Y la llamada o el toque da rebato se habrá hecho sentir de inmediato ahora. Todos en defensa del régimen actual por supuesto, en nombre de la democracia. Y contra los controladores por cierto, chivos expiatorio designados de antemano.
Estado de alarma hasta el quince de enero...y después ya veremos (ya veremos el pretexto que se les ocurre -quiero decir- para poder seguir prolongándolo "sine die"...) Ahora o nunca pues. Si aceptamos el plazo que propone abusivamente ahora el gobierno socialista y que le permite asegurar y consolidar el golpe encubierto en curso -por mas que no se atrevan públicamente a confesarlo- nos estamos exponiendo de una vez a quedar a la merced de nuevas y sucesivas arbitrariedades con la consiguiente confiscación de libertades que se irán sucediendo en cascada a partir de ahora.
La JUJEM -el Consejo de jefes de Estado Mayor- es la gran baza del ejecutivo socialista en los tiempos que corren, como aquí ya lo tengo denunciado. Una cúpula de militares "políticos" (y solícitos) con mucha mayor aceptación y audiencia en la clase política que entre sus propios compañeros armas y dispuestos sin duda a solucionarles, a los que nos gobiernan, todos los problemas que pueden presentarse al interior de los institutos armados a partir de ahora.
En entrada anterior hablé de golpe bando a imagen y semejanza del que pretendió darse el 23-F con vistas a prevenir entonces -a toda costa- otro que debía serlo mucho menos; lo que sin duda fue su gran logro(operativo) a pesar de su fracaso.
Los pueblos que no aprenden de la historia están condenados a repetirla. Las condiciones no son las mismas a las de entonces, estamos de acuerdo. La ETA era la gran amenaza entonces, hoy en cambio parece -digo bien parece- estar dando sus últimas boqueadas. Pero no esta muerta ni vencida por mas que los medios lleven un rato haciéndonos creer lo contrario. La prensa de hoy -la más cercana y favorable al ejecutivo- anuncia a bombo y platillo una declaración de la ETA de cese el fuego permanentente a partir de pasado mañana (tras la prorroga del estado de alarma)
Y los corifeos gubernamentales (oficiales u oficiosos) -así se desprende al menos de la lectura del articulo, y al cabo de la argumentación tan alambicada y retorcida que en él se vierte- pretenden persuadirnos ahora que la ETA, sino muerta del todo, está ya en una fase de clara agonía, dando sus últimas boqueadas y sin la menor posibilidad de seguir haciendo daño. Y en la imposibilidad material por consiguiente de seguir "invitándose" en las grandes ocasiones de la vida nacional como lo hizo la última vez (tras el 11 de marzo) (...)
Y me estoy refiriendo al atentado mortal que cometerían en el País Vasco en vísperas de las anteriores elecciones generales (de resultados tan fulminantes, todos aquí estarán de acuerdo) Y está claro que el anuncio de ahora, debe ser visto forzosa e imperiosamente en el contexto de la declaración del estado de alarma, por mucho que el autor del artículo quiera persuadirnos que no tienen nada que ver una cosa con la otra.
El anuncio de la ETA viene a hora como anillo al dedo; al quite por supuesto -una vez más- del gobierno socialista, cogido ahora en un mal paso por culpa del plante de los controladores, y en la tesitura extrema -y surcada de riesgos y peligros- de tener que hacer tragar a la opinión pública española el primer estado de alarma en la historia de la democracia.
El pacto y la negociación están ya servidos de antemano pues. En una situación además radicalmente nueva como la que va darse -salvo sorpresas de ultimo minuto- ya esta misma tarde tras la aprobación del estado de alarma. Dos pájaros de un tiro para los maquiavélicos que revolotean en las horas que corren en torno a los miembros del ejecutivo y en particular junto al más influyente (y capaz) -y astuto- de todos ellos y me refiero a Rubacalba.
La paz negociada con ETA a costa de los controladores y en definitiva de los intereses de la nación y del conjunto de la sociedad española, víctima inocente de agresión terrorist durante décadas. Los antimilitaristas no están (de seguro) de acuerdo con esa entrega última pese a su antimilitarismo. Y por eso cabe apostar -y desear- que acaben aguando la fiesta a los que no gobiernan.
La catarsis (de veras) o la claudicación (final) ante ETA: disyuntiva -ante el golpe "blando"- que atraviesan España y los españoles los días venideros (tras la prórroga del estado de alarma)
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català