
"Comedia dell'arte" -con bufones y polichinelas-ayer en el parlamento italiano, mientras se votaba la mocion de censura contra Silvio Berlusconi, en la cuerda floja hasta el ultimo voto casi, y salvado al final gracias a un puñado de transfugas, entre ellos -detalle nada trivial- dos diputadas pertenecientes al partido de su rival intimo, Gianfranco Fini, heredero político del difunto MSI (Movimiento Social Italiano)
Fini enterró por las bravas el legado histórico e ideológico del fascismo pagando así el tributo obligado sin duda a sus grandes aspiraciones, y se puede decir que el resultado de la votacion de ayer entierra definitivamente sus esperanzas más caras de convertirse en el sucesor de su rival; en la jefatura del gobierno y también en un primerísimo plano de la politica y de la actualidad italianas.
¿Roma no paga a traidores? El líder neofascista -posfacista mas tarde- habrá hecho desde luego todo lo humanamente posible por integrarse del todo en la clase política del régimen democrático surgido de la segunda guerra mundial y de la derrota del fascismo, pero ni aún por esas.
Aunque la mona se vista de seda mona se queda y por muchas profesiones de fe democráticas y anti-anti/semitas que haya prodigado en todos estos años, el ahijado político de Almirante (antiguo secretario del MSI) sigue arrastrando hoy como ayer el estigma -un decir- de sus orígenes y el resultado de la votación de ayer viene sin duda a sellar el fracaso de una operación de maquillaje de gran aliento que él mismo a título personalísimo patrocinaría, proseguida tenazmente desde que el viejo sistema de partitocracia -y de centro/sinistra- en vigor durante décadas de posguerra en la política italiana hizo implosión a principios de la década de los noventa.
La venganza es un plato que se come frío, dice el viejo proverbio oriental. Y está por ver si el Cavaliere va querer saborear en frío o en caliente la victoria por los pelos sobre su rival, después de haber estado en un tris de morder el polvo de la derrota como así lo anunciaban todos los vaticinios.
En política cuanto más personal es una rivalidad -como en el caso que nos ocupa- más política e ideológica muestra ser en sus causas o motivaciones profundas. Berlusconi sale ahora ganador de su pulso con su rival posfascista y con él se me antoja que salen ganando igualmente toda una asociación de ideas e imágenes que el actual jefe de gobierno italiano habrá sabido en inmejorablemente encarnar en esa lucha a muerte por su supervivencia (política) Berlusconi el libertino y mujeriego, el teatral, el fotogénico, contra Fini, el integro y severo donante de lecciones de moral en política o en lo que sea.
Esa es la imagen desde luego que se desprendía en los medios conforme la pugna entre los dos grandes rivales empezaba a cobrar tintes cada vez más marcadamente personales e irreductibles. La moral (y las buenas costumbres) contra el libertinaje. La iglesia contra el poder temporal. El Quirinale contra el Vaticano. Gibelinos contra güelfos (y zuavos pontificios) "Grosso modo" así es como se puede resumir y esquematizar a mi juicio -al borde de la caricatura, concedo- el conflicto que habrá marcado la política italiana en, los últimos tiempos y que llega ahora a su desenlace. ¿Mafia negra contra mafia blanca?
En otros términos ¿la Italia profunda -del Norte y del Sur- contra el Vaticano y sus principales sostenes en el plano secular, laicos o eclesiásticos? Y aquí sin duda todos ya han adivinado a lo que me estoy refiriendo con los términos de la disyuntiva. Porque mafia y catolicismo -vistas desde fuera- son las dos caras de una realidad inamovible e insoslayable cuando se aborda e intenta analizar desde el plano que sea la actualidad política italiana. A ojos de neófitos por lo menos.
El Opus Dei, y su sombra omnipresente en Italia como en España (para dejarnos de eufemismos) Berlusconi suena a lo nuevo por lo italiano, prototípico y arquetipico; para oídos y sensibilidades españolas me refiero. Fini en cambio, a algunos -y que se me perdone- nos sonaba desde hacia ya un rato familiar por demás hasta el punto que sus actitudes y desplantes me inspiraban invariablemente lo mismo desde hacia ya un rato. Un reflejo (espontáneo) de "eso ya me lo conozco"
Fini, el incorruptible, se habrá puesto de pronto -por expresarlo en otros términos- a despedir un tufo a beaterio inconfundible en sus llamamientos repetidos en defensa y salvaguardia de la moralidad (con mayúsculas) en la política italiana. Síntoma infalible sin duda alguna de las corrientes profundas que le arrastraban o dirigían; responsables ultimas sin duda de su naufragio de ahora.
Porque su derrota -y que nadie se escandalice- nos parece a algunos que viene a traducir un revés innegable -uno más- del Opus Dei en el escenario de la política italiana. Y eso es ya de por sí una buenísima noticia. La política se reviste fatalmente -en unos países mas que en otros, estamos de acuerdo- de no pequeñas dosis de política religiosa pero en el caso italiano se puede decir que llegarían si no a identificarse plenamente sí a confundirse casi por completo en ciertos momentos de la posguerra.
El poder temporal como eclesiástico- del Opus Dei en la política italiana venia sin duda de antiguo hasta el punto que algunos no dudan en afirmar que desempeñaron un protagonismo decisivo en el conclave que nombro papa a Juan Pablo II.
Y con la irrupción del fenómeno Berlusconi en la política italiana no hay duda que los sucesores de Escrivá a la cabeza de la Obra intentaron acomodarse en la medida de lo posible -con mayor o menor éxito hasta hoy-; pero no menos visibles y llamativas lo seguirían siendo las diferencias de estilo, su desfase sobre todo me refiero, con los nuevos aires que el Cavaliere insuflaría innegablemente a la política italiana, lo reconozcan o no sus detractores.
Clericalismo y anticlericalismo. La vieja querella que habrá venido a cristalizar ahora de nuevo en la pugna parlamentaria entre Berlusconi y sus rivales (de izquierdas como de derechas) Y está claro para mí que el desenlace de la crisis desatada por la moción de censura se hará sentir de inmediato en el quehacer político italiano y mas aún, se me antoja, en materia de política religiosa. Y al interior de la curia romana incluso.
Aquí ya me hice eco de lo que me parecía una retirada general de la vieja guardia polaca -"verbi gratia" de los colaboradores mas estrechos del pontificado anterior- de todos sus puestos de influencia en el actual pontificado, en provecho de nuevos nombres o de figuras que se mantuvieron en un segundo plano durante el pontificado anterior.
Y la consolidación ahora del poder de Berlusconi viene a reforzar esta tendencia a mi juicio. Con lo que la situación habrá venido a sufrir un cambio radical, quiero decir los planes y los cálculos en el gran negocio que algunos se traen ahora entre manos (...) Y me estoy refiriendo a la causa de beatificación del papa polaco y a las tentativas y pronósticos de relanzamiento de la misma después de los retrasos y obstáculos que habrán venido sufriendo en los últimos tiempos.
Porque la suerte final de la causa de beatificación del pontífice anterior es sin duda uno de los tests cruciales que asoman en el horizonte próximo del actual pontificado. Y sin duda que con la irrupción del fenómeno Berlusconi en la política italiana que los sucesores de Escrivá a la cabeza de la Obra intentaron acodomodarse en la medida de lo posible -con mayor o menor éxito hasta hoy-; pero no menos visibles y llamativas lo seguirían siendo las diferencias de estilo, su desfase sobre todo me refiero, con los nuevos aires que el Cavaliere insuflaría a la política italiana, lo reconozcan o no sus detractores.
De todos es sabido que el Opus Dei se encuentra entre los principalísimos impulsores sino el primero y principal de la beatificación (y canonización) del papa anterior. Como si les fuera la vida en ello; su supervivencia me refiero, como instituto (secular) omnipresente y todo poderoso al interior de la iglesia y en la política terrena de un gran numero de países católicos.
Como si la suerte para la posteridad del culto iconográfico que tienen montado en torno suyo -y de sus fundador- dependiera de la canonización del papa que canonizó a Escrivá, dos años antes(no se olvide) de la aparición del fenómeno Berlusconi en la palestra política italiana. Y para el papa actual su decisión definitiva ante la disyuntiva fatal a la que se ve abocado -aceleración de la causa o aplazamiento "sine die"- se presenta a los ojos de algunos entre los que me encuentro como la prueba de fuego de su pontificado.
Un fuego -de infierno- que lleva por nombre pederastía/eclesiástica y que amenaza en lo sucesivo la imagen (tan mediática) del pontífice anterior, por culpa de la innegable coincidencia cronológica -de lo más engorrosa se me reconocerá aquí- entre los inicios de la crónica de escándalos en la materia, y los primeros años de la (larguísima) era Wojtyla. Y por culpa sobre todo de ciertos escándalos del mayor impacto en la opinión como los casos (sonadísimos) del ex-arzobispo de Viena y del fundador de los legionarios de cristo.
¿Se privará Berlusconi, sobreviviente ahora de una campaña de acoso mediático en la que las acusaciones en materia de moralidad y buenas costumbres habrán jugado un papel primordial y decisivo -y en particular en la gran prensa católica italiana ("Famiglia cristiana", "L'Avvenire")-, de explotar en su favor la amenaza de escandalo que pesa sobre beatificación (y canonización) en ciernes del papa polaco, en medio de una crisis -de la pederastía de eclesiásticos- que esta sacudiendo al Vaticano en sus mismos cimientos en lo que al poder e influencia en el orden temporal de la santa/sede y del soberano pontífice se refiere, como también por su impacto en las conciencias de los fieles?
Se admiten apuestas desde luego. Entre Berlusconi y Benedicto XV la pelota está como quien dice en el tejado. Pero es lógico suponer que la razón de estado acabe prevaleciendo y que se acaba imponiendo el aplazamiento "sine die" en la doble alternativa que plantea esta causa de beatificación tan litigiosa.
A menos que el pontífice decida hacer una cuestión personal del tema. "Asumiendo responsabilidades" -como le instaba recientemente a hacer la periodista mejicana pro/Wojtyla de la que aquí ya hablé.
Y confesando o reconociendo así en definitiva culpas ajenas (como propias) Con lo que se pondría fatalmente en la encrucijada de todos los peligros. Y a la merced del Cavaliere, por supuesto (...)
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los únicos que sabían en 1978 cuando fue elegido quien era Wojtila eran los del Opus Dei. Desde el primer momento estuvieron en una sintonía espectacular con el polaco que ni en sueños tuvo Escrivá, su fundador, con ninguno de los papas que conoció en vida: Pio XII, Juan XXIII, Pablo VI.
jajaa "Mari Tere". Por un post te comenta que la llames por su nombre.
Quería decir -en lenguaje un poco figurado- que las mujeres habian sido para algunos la piedra de escándalo con la que querian tumbar al Cavaliiere, y en ese sentido creo que se puede decir que en vez de haber sido causa de su ruina o de su condena -o condenacion (como se quiera)- las mujeres lo habrán sido de su salvación en cambio.
"Causa exemplaris" como decían los escolásticos. Y en el sentido de causa material también -y no digo carnal "ex professo" (...)- gracias a las dos diputadas "misinas" (y que no se me tome a blasfemia)
Saludos, Mari Tere (desde Bélgica)
Este título mueve a confusión porque las mujeres no hemos salvado a Berlusconi. Han contribuido unos diputados y diputadas, y desde luego no votaron por razón de género sino de intereses los que fueren. Juan, el mundo ya no lo rigen las mismas normas que hace ciencuenta años, ha evolucionado y estaría bien que todos aceptáramos esa situación irreversible.
Creo que tienes un pequeño preblema.
Por un lado deberías de estudiar un poco de ortografía y por otro, personalmente creo que deberías de buscarte la fama por otros medios. Si el único modo que tienes de que te lean es meterte con la Iglesia y en concreto con el Opus Dei, tienes unos recursos un tanto pobres. Te repites como la cebolla.
Saludos
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
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