
¿"Delito de sedición, ocho años. Perdónalos porque no saben lo que dicen, de lo que hablan. Sé yo en cambio un poco mas del tema que muchos otros. Aunque sólo sea por el trance en que me vi aquí en Bélgica condenado a cuatro meses (cuatro) de prisión por un delito de "rebelión" tipificado en la legislación belga -dos años después de los autos- por el simple hecho de haber protagonizado un acto de protesta en solitario sin armas, ni que las llevase conmigo ni estando en posesión siquiera de ellas de una forma y otra, porque bien que rastrearon mi domicilio y el cuarto en el sótano del inmueble (que me pertenecía), sin resultado alguno por cierto.
Zapatero, pese al estilo tajante y conminativo usado en su intervención parlamentaria no consigue convencer a la opinión; no logra el consenso, me refiero. Un golpismo encubierto como sea, por más que lo disfrace de argumentos legales o puramente ideológicos, que ya están denunciando muchos. Y lo escandaloso es la pasividad del principal partido de la oposición que parece una vez más bajarse los pantalones -un decir- ante las imposiciones y los desplantes socialistas.
Así no van a llegar a la Moncloa. Plegándose sistemáticamente a los órdagos gubernamentales, me refiero, y a base de hablar únicamente de economía que piensan que es la panacea, pero se equivocan. Porque al paso que vamos no está escrito que acaben llegando esas elecciones generales que tanto ansían tan siquiera. Un chavismo a la española -y unas buenas dosis de salsa castrista acompañando- es lo que se perfila amenazadoramente en el horizonte tras los sucesos del fin de semana (y sus secuelas)
¿"Sedición" el plante de los controladores? Les va a ser difícil defenderlo y justificarlo desde un plano legal exclusivamente. El movimiento de protesta de los controladores de este último fin de semana se puede disculpar desde el prisma de la huelga salvaje por cierto, como se hizo siempre en España en décadas de democracia. ¿O con unos sí vale y con otros en cambio, no (por "fachas")?
Pero yo me aventuraría por otros caminos en mi argumentación de preferencia. Lo del fin de semana -y en eso los portavoces (oficiosos) de los controladores tienen razón- no fue propiamente una huelga, sino un movimiento espontáneo, colectivo que se justifica a mi juicio precisamente por lo que tuvo de espontaneidad...y de provocado por las circunstancias.
¿Paralizaron el país entero? No fue culpa suya, como sea, si se vieron víctimas por culpa de la actitud gubernamental -y de sus mandados de la AENA- de una táctica de hechos consumados aplicada hasta en sus mas nimios e ínfimos detalles. La culpa/por/omisión -individual o colectiva- es un debate arriesgado y envenado -tanto en el plano jurídico como en el de la conducta moral-, de lo que también pienso haber pagado el pato en cierto momento de mi propia trayectoria.
Hicieron acto de presencia en las torres de control de brazos cruzados. ¿Un crimen, delito o a lo sumo un pecado (en el sentido moral estricto del término), individual o colectivo? Ni lo uno ni lo otro. Cualquier moralista antiguo así lo habría dictaminado. Lo sería o dejaría de serlo sólo en virtud de las circunstancias.
Como no era un delito -lo dije y lo mantengo- el no haber hecho mención entre las formalidades de mi prestación de juramento en el colegio de abogados de Bruselas (en el 92) de una pena judicial -incurrida en el extranjero además- que consideré (en conciencia) extinta acorde a los principios del derecho que me regían, como español residente en Bélgica, por tratarse de una pena totalmente cumplida. Habida cuenta además del carácter exorbitante (y oneroso) que tamaño requisito -de mención explícita- en mi caso comportaba Con la espada de damocles -del linchamiento en los medios- siempre pendiente (hasta hoy) sobre mi cabeza
Ya sé, ya, que me van a salir encima una legión de leguleyos detractores -tirándome constituciones y leyes democráticas a la cabeza - pero convendrán conmigo que mi posición es perfectamente defendible tanto en un plano moral como jurídico. Como lo es la de los controladores aéreos en el tesitura que atraviesan. ¿Crearon el caos en los aeropuertos? Un eufemismo a penas.
Caos fue el de Nueva Orleans cuando el huracán "Catherine", que puso la ciudad y el estado aquel norteamericano patas arriba y en estado de sitio en todos los sentidos del termino, con bandas de criminales y delincuentes dueños de la vía publica y de los recintos cerrados donde la población había encontrado refugio, causantes de todo tipo de desordenes y de desmanes y fechorías.
No se señaló un solo acto de violencia (física) en cambio en ese "caos" tan indescriptible que algunos ahora se esfuerzan en pintar de las mas negras tintas -en alegatos "pro domo", algunos, propiamente de vergüenza ajena- con ocasión del plante de los controladores. Como no lo hubo tampoco el 23-F (comparaciones odiosas), que de un punto de vista técnico, en las dos acciones concretas que lo ilustraron -la toma del Congreso y el despliegue militar por las calles de Valencia- se realizó de una forma impecable desde el punto de vista del arte militar, y que desde ese punto de vista aunque solo sea concitaron aprobación unánime en el estamento castrense, se diga lo que se diga.
Y ahora se diría que los acontecimientos del pasado fin de semana están sirviendo -como ya lo dejé aquí señalado- de coartada ideal para poner en marcha una segunda versión del golpe (de veras) del 23-F tal y como en un principio se vería programado (con el visto bueno egregio) Un golpe "blando" aun mas blando si se quiere que la operación "De Gaulle" de entonces, pero no menos golpe, y dictatorial (y anti-democrático)
No me gusta emplear la palabra, lo confieso, en atención a las dicta/blandas tan benéficas en muchos aspectos que conocimos en nuestra historia más o menos reciente. Pero la implantación del estado de alarma (prorrogable) por un motivo tan fútil y tan desproporcionado no se merece otro calificativo. Y tal vez nos sea dado en privilegio el denunciarlo a los que por unas razones o por otras sufrimos en nuestra vida experiencias más o menos largas de privación de la libertad, lo que no es el caso -apostaría -de los principales responsables del partido que nos gobierna.
Se me ha reprochado en algunos de los comentarios a mis últimas entradas el incurrir en contradicción; en la medida que en uno de mis mensajes veraniegos -en este blog- me posicionaba en contra del sindicalismo militar y ahora en cambio vengo a oponerme a que el ejercito se pliegue a los mandatos conminatorios del ejecutivo de la forma ciega y servil en que parecen estar haciéndolo.
La cadena de mando al interior del estamento castrense, desde la cúpula hasta el soldado raso es algo de un valor sagrado e inalienable para una nación, estamos de acuerdo, como nuestra historia propia y episodios cruciales de la histórica contemporánea -propia o extraña- nos lo enseñan. Pero más vale prevenir que curar, dice el refrán antiguo.
Y para evitar más que previsibles (e inminentes) fisuras de la institución militar en la situación nueva -en la historia de la democracia- en la que los españoles nos encontramos en lo sucesivo se impone el acabar con la imagen que el ejército español esta dando desde hace un rato -yo diría desde el 23-F y en particular la que habrá dado durante las presidencias socialistas (de Felipe González, y ahora con Zapatero)-de servilismo y de obsecuencia hacia el gobierno de turno y en particular a los socialistas que carecen por razones mas que obvias de los complejos, cortapisas e inhibiciones que atenazan a sus contrincantes de la oposición (los populares)
En otras palabras, se impone acabar con la imagen deplorable -de carteros del ejecutivo socialista- que esta dando la institución castrense desde hace un rato, por culpa de una cúpula militar, la JUJEM, politizada en el sentido querido y buscado por la clase política (gobernante) ¿Militarizar el país entero por culpa del paro aéreo, porque dos cientos mil personas se vieron afectadas? (...)
¿Y los cuatro millones que lo fueron por culpa de la paralización de la capital madrileña en la huelga salvaje del pasado mes de septiembre, declarada por los sindicatos de clase (UGT y comisiones obreras)? ¿Y el caos ocasionado entonces infinitamente mayor que ahora, y buscado y provocado por el propio ejecutivo? ¿Y la violencia -inaudita en muchos casos- de los piquetes? Lo ultrajante de la medida es mas que evidente desde luego, por lo discriminatorio, y desproporcionado (y partidista) aunque solo sea.
El gobierno se enroca a todas luces con las medidas adoptadas y con él la casta/sindical en la que se apoya. El que calla otorga. Y esos sindicatos beligerantes y guerracivilistas dan la callada por respuesta ahora ante unas medidas que en caso de haber sido decretadas por "los otros" les habría llevado sin pensarlo un segundo a decretar una nueva huelga general salvaje al lado de la cual la de hace dos meses no habría sido mas que un juego de niños.
Callan por que saben que les va la vida en el empeño. Porque la reacción salvadora y providencial -si no, al tiempo- del colectivo de los controladores suena a toque de finados para la situación de privilegio -y de prepotencia- de la que aquellos disfrutan desde hace décadas.
Y en la medida además que están abriendo la vía -como ya lo tengo explicado en mis últimas entradas- a un nuevo corporativismo verdaderamente profesional y de un profesionalismo intratable e irreprochable al mismo tiempo, que no podrá más que verse erigido sobre las ruinas -o las cenizas- de un sindicalismo de clase perfectamente obsoleto, que sigue despertando recuerdos aciagos en tantos españoles, trabajadores manuales o sin serlo.
La Fiscalía inculpa ahora por delito de sedición a los controladores cuando no supo o no pudo o no quiso hacerlo contra los batasunos, o contra los propios dirigentes y militantes del partido hoy en el poder (el PSOE) a raíz de su comportamiento inadmisible violento y sediciosos de todas todas en la jornada electoral que siguió a los atentados del 11 de marzo. Pero lo mas inquietante de todo lo es sin duda la atonía del partido en la posición (el PP) Cargada de negros presagios. Como la de los que venían haciendo oficio de tribunos (de la plebe) en la política española desde hace un rato.
En un blog amigo se habla con acierto de golpismo liberal en relación con los últimos acontecimientos. E ilustrativo asaz al respecto lo es, se me antoja, el mutismo que están sufriendo en las últimas horas los nuevos/liberales del tablero político (y mediático), y me refiero al grupo de Libertad Digital para dejarnos de eufemismos. Pero nada mas lógico si bien se mira. ¿Quien impuso la tradición golpista en España si no fue el liberalismo decimonónico?
¿Y el diez y ocho de julio, me replicaran aquí algunos? No fue un pronunciamiento; sino una (gran) conspiración -como la llamaron algunos historiadores- de la institución en su conjunto, desde la cúpula hasta los peldaños inferiores del escalafón que dio paso trágicamente a la guerra civil por verse fracasada en las grandes ciudades. Por la traición de la Guardia Civil en Barcelona. Y del cuerpo de Aviación en Madrid, que se puso del lado del marxismo y de la anarquía bombardeando a sus compañeros de armas sublevados. Al pan y al vino vino, al cabo de setenta (y cinco) años (...)Los pueblos que no aprenden de la historia están condenados a repetirla.
Y la declaración del estado de alarma pone "ipso facto" al ejército español en la delicada tesitura de tener que resistir de una forma u otra la vía en la que se ve embarcada por mandato del ejecutivo -y de sus "carteros" de la JUJEM (...)- si quieren salvaguardar su propia unidad y evitar así que una situación de ruptura trágica de la cadena de mando al interior de la institucion, como la que provocó la guerra civil del 36, pueda volver a repetirse. Declaración del estado de alarmaa (socialista)...o la "JUJEM" puesta en entredicho.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català