
El que la sigue la consigue. Los controladores salen de momento oficialmente perdedores del golpe aéreo del pasado fin de semana pero su victoria en el plano psicológico no es menos indiscutible. De entrada habrán conseguido por derecho de conquista y no de otra forma un espacio de opinión propio e intransferible que en democracia tiene un valor propiamente incalculable.
Por mas que una prensa mercenaria descubra ahora su verdadero rostro -y no digo nombres- arremetiendo sin piedad contra ese colectivo, sin miramientos ni distingos de ninguna clase. Y para eso se sirven de los mejores postores, como ese que dice ser controlador y que moja sus pluma ahora de cualquier forma dando la puñalada trapera a sus (antiguos) compañeros.
Con lo que no contaba el ejecutivo socialista era con los imprevistos, fuera de programa, como la actitud respondona por la vía digital de algunos de los miembros del colectivo puesto ahora en solfa, que están encontrando un eco y una audiencia verdaderamente sin precedentes en la opinión pública.
Y pienso en particular en el blog de Cristina Antón, controladora de profesión que se habrá convertido en la Agustina de Aragón de todos los irredentos, de los que así se sienten hoy día por las razones o motivos que se les ofrezca.
¿Dice tacos o palabrotas? No me digan que se les van a romper los anillos como se decía antes a sus lectores o radioyentes, o que los oídos tan impolutos y preservados de los que nos gobiernan tras mil movidas y diluvios (y transiciones) y con el envilecimiento del lenguaje consiguiente e inevitable se puedan escandalizar (con motivo) de determinadas frases o exabruptos.
¿Y ahora qué? ¿Se les va caer encima el código penal militar o el penal a secas? ¿O el reglamento interno de la profesión tan siquiera? ¿A cuantos van a echar? Tiene difícil los llamados a decidir desde luego su papeleta. Si deciden expulsar a muchos el horizonte se les puede llenar de nubarrones aun mas negros en el futuro inmediato -ya en las navidades- más negro aun que se les puso este fin de semana. Y si expedientan o despiden solo a algunos corren el riesgo de convertirlos en chivos expiatorios (injustamente) y hacer así de ellos mártires de la profesión y héroes intocables para el conjunto de sus compañeros.
La profesión, la vida profesional a los que mayormente carecimos de ella (por causas ajenas a nuestra voluntad) durante décadas se vería cubierta demasiado a menudo por el velo o la cortina de humo mas bien que despiden tantos casos de deformación profesional como -¡ay dolor!- a veces nos rodean. En la vida de todos los días. Y tan de cerca.
La de los empleados de ventanilla con los que tenemos que lidiar por razón de sobrevivencia aunque solo sea. En funcionarios de mayor o menor rango -en España o fuera de ella- , en profesores universitarios, o en escritores y periodistas, o en trabajadores subalternos de toda laya a los que el subalternaje lleva a sacrificar la probidad y la eficiencia tan a menudo. Y no sigo dándome una vuelta por lo que habrá sido el horizonte habitual mío propio e intransferible durante tantos años.
Hay un caso de profesionalismo no obstante que me habrá cuestionado sin cesar de antiguo y que solo al cabo de los esfuerzos y de leerme casi el conjunto de la obra del interesado por entero pienso haber acabado comprendiendo.
Y me refiero a Francisco Umbral, escritor y periodista durante toda su vida (hasta el momento mismo de su muerte que le pilló dictándole a sus mujer su última columna de periódico) que muchos (me incluyo) denostamos largo tiempo por plumífero y por mercenario (de su pluma) Del libro de Ana Caballé por cuenta suya, e incluso de su segunda parte que al decir de algunos críticos carece de la objetividad y de la ecuanimidad de la primera por haberse visto escrita tras la ruptura entre la biógrafa y su biografiado, se trasluce sobre todo a mi juicio ese profesionalismo tenaz y recalcitrante de Umbral que sin duda tiene algo de inédito y de misterioso incluso, sin precedentes (casi) en la historia de la literatura española contemporánea.
Indisociable sin duda de su destino y de una trayectoria personal marcada por los orígenes y desde su nacimiento mismo como ya vimos. Para Umbral el nombre propio ( y apellidos) -como lo subrayaba con gran acierto su biógrafa- era una cuestión propiamente de supervivencia y ese nombre en él era sustancialmente un nombre literario y por encima de eso profesional, de escritor de profesión (además de periodista)
Hay numerosos detalles anecdóticos y a la vez nada triviales surcando su biografía no autorizada a cada paso que apuntan en ese sentido unánimes. Como cuando despachó con cajas destempladas el cuestionario que le mandó Gironella para el libro que estaba escribiendo sobre "los españoles y Dios", que pretendía por lo visto que el otro respondiese gratis, lo que ponía a Umbral fuera de sus casillas.
Por el "tocho" de centenas de paginas -de opiniones ajenas (...)- que el escritor catalán se iba a encontrar en su haber sin comerlo ni beberlo -sin pagar un céntimo que me diga- y del que esperaba obtener tan pingües beneficios editoriales. En un asunto tan trascendente (...) O como cuando Cela le aconsejaba el dejar su puesto de columnista fijo en la prensa escrita para así poder dedicarse más y mejor a la escritura. "¿Y de qué vivo, Camilo? Yo no tengo el Nóbel"
Y en los mismos escritos de Umbral, en sus paginas de criticas literaria sobre todo sobresale sin pena esa faceta inédita en muchos otros críticos, y lo es la atención meticulosa que presta al sustrato socio/profesional de los escritores que hace desfilar en sus criticas. Algo que influía y determinaba en gran medida sus simpatías y sus filias y fobias y el juicio global que le merecían, tanto el autor como su obra.
Y así, a un escritor como Valle Inclan, Umbral le redimía en sus escritos hasta ponerlo por las nubes como a pocos otros escritores por ese aspecto precisamente de profesional concienzudo (hasta el patetismo), de escritor que escribe porque tiene que hacerlo, porque vive y cobra de ello, y porque no sabe hacer otra cosa; y porque no quiere tampoco, aunque malviva toda su vida de ello, él y los suyos como fue el caso del genial autor de "Luces de bohemia"
Y por lo mismo Umbral despreciaba y execraba la bohemia en el fondo -igual que Valle- por amateuristas, aventureros, fracasados e irresponsables. En suma por falta de profesionalismo. Y el mismo trazo distintivo se encuentra en las demás figuras -como Quevedo Torres de Villarroel o Larra- de la lista (como una estirpe literaria) de sus escritores favoritos, plumíferos de profesión que se dejaron la vida al final (como le ocurriría a Umbral) en el empeño.
Y "a contrario" los autores que mas denotaría en su vida y en sus escritos, un Galdós o un Pío Baroja, por ejemplo, lo era porque veía en ellos no profesionales de la pluma (de veras) sino mercenarios -con la vida resuelta, de por casa-, de a tanto la línea o la pagina, o el articulo o la novela. E incluso una figura de la bohemia literaria tan paradigmática como la del madrileño Eugenio Noel que contrapuse a Umbral comparándolos en uno de los capitulos del trabajo que le dediqué a éste último (que figura en lo sucesivo entre estas entradas) se ve catalogada en una de las galerías umbralianas de semblanzas de autores -"Las palabras de la tribu"- como un "no valor", injustamente sin duda alguna.
Y era sin duda por su carácter de escritor frustrado (en vida) incapaz de ganarse el sustento con su pluma y de dedicarse a su trabajo de escritura por entero, como Umbral en cambio sí lo conseguiría.
Y en todo lo que precede me habré sentido -aquí algunos ya lo habrán adivinado- retratado en el espejo como no podía ser menos. ¿Soy un profesional yo mismo de la pluma, lo habré acabado siendo después de llevar ya dos años (y más) dale que te pego, y por más que el trabajo de escritura que habré venido aquí puntualmente vertiendo día a día no me otorgue acreditación alguna, ni me reporte el menor ingreso tampoco?
Sin duda que no lo soy en sentido estricto como sí lo era Umbral; pero sí me identifico en cambio con él en la medida que, igual que él, escribo para redimirme de la sombra de infamia/legal que arrastro -sin culpa- como le sucedió a Umbral, por razón en él de sus orígenes "desconocidos". Y sin duda que ahí también se encuentre la razón ultima e íntima de esa pulsión incontenible que algunos habrán notado en mí desde el principio de estas entradas, y que me lleva a escribir aunque no quiera.
¿Grafómano impenitente? En la medida que consigo publicar lo que escribo -por la vía digital aunque sólo sea- no pienso serlo, sinceramente. Los controladores aéreos son una profesión y a la vez componen un colectivo en apuros, amenazados en bloque por el reto que les enfrenta al gobierno (socialista) de la nación tal y como se habrá visto inmejorablemente ilustrado en el pulso del pasado fin de semana. Con el gobierno y con el ejército tambien por si fuera poco.
Y lo que les redime en la opinión pese a todo es haber sabido poner de relieve esa amenaza -a su supervivencia- delante de los ojos de la opinión pública. Y en el blog que evocaba más arriba se deja sin duda traslucir el grito lleno de patetismo de unos profesionales amantes de su profesión por encima de sus inconvenientes mayores y también de sus privilegios.
En uno de los blogs de esta blogosfera se aludía hace dos días a ciertas características especialmente duras de la profesión de controlador y en concreto a la nocturnidad obligada, y particularmente penosa -como advertía acertadamente el autor del blog- en la medida que les ponía en contacto directo con el mundo de "la bohemia" (en sentido amplio...) Dura prueba es cierto (...) Como lo es la cárcel para el que no es ni se siente criminal ni delincuente.
Y todo eso es lo esencial y dominante a mi juicio en el debate que el movimiento huelguístico de lo controladores habrá conseguido imponer a la opinión publica los últimos días. Son profesionales, ejercen una profesión dura y difícil -a pesar de los privilegios- y se sienten más apegados a ella sin duda por eso. Y están en su derecho de defenderla individualmente y colectivamente a la hora de sentirse amenazados; de una sola voz, todos a una, como lo están haciendo.
Como lo está el mecánico que hace de su profesión un arte propio e intransferible -que los sigue habiendo a pesar del trabajo en cadena generalizado- o el obrero agrícola -propietario o no- que se conoce su oficio al dedillo y es su vida como lo son también las inclemencias atmosféricas que lo acompañan; o el minero que no quiere cambiar por nada del mundo su profesión pese a los riesgos y peligros de enfermedad o de accidente que conllevaron siempre.
El profesionalismo tiene mala prensa en democracia. Y eso sin duda lo están pagando ahora los controladores aéreos. Y no creo que sea hacerles un flaco favor no obstante el repasar un poco lo que se da en llamar la historia del movimiento obrero, rexhumando uno de sus capítulos peor conocidos y mas vilipendiados y me refiero al del Sindicato Libre.
Partida de la porra de la patronal, mercenarios sin escrúpulos: la ristra de insultos y de clisés a cual más denigrante y peyorativo les acompañan tenaces aun hoy, a sol y a sombra. Y sin embargo fueron y lo continuaron siendo hasta su desaparición oficial al comienzo de la guerra civil -por la vía del exterminio físico (...)-, un sindicato profesional movido esencialmente por la defensa de los intereses profesionales de sus miembros, obreros manuales todos ellos, desde sus inicios
Los controladores se ven atacados y calumniados ahora por el reflejo corporativista que muchos les achacan. Y sin duda que en su actitud habrán sabido poner de realce el poso de verdad que arrastra la tradición corporativa (de signo cristiano, católico) tan denostada, por reaccionaria y por insolidaria.
Defienden su profesión porque es la suya propia, como los verdaderos patriotas defienden al país en el que nacieron porque es el suyo, con razón (aparente) o sin ella. Aunque vivan fuera. Y eso es lo que reviste la lucha de aquellos de ese halo de patetismo -y de angustia social (legítima)- que algunos creemos haber vislumbrado en el paro aéreo de hace tres días. Un tanto absortos, lo confieso.
Cristina Antón, como la madre de la parábola de Salomón a la que le querían quitar a su hijo recién nacido -o dejarle la mitad (o los restos) tan sólo- defiende su profesión con uñas y dientes (y palabrotas) Y por eso aunque solo sea se merecía que le dedicase esta entrada. Con su nombre y apellido(s)
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A todos nos iría mejor si mirásemos por encima del egoismo y la envidia.
En todas partes cuecen habas, Rosa. A mí, justo antes de venirme a Bélgica, en febrero del 87 (con Felipe González), accediendo a los ruegos de mi difunto padre -¡el pobre-, me presenté en Madrid a los exámenes de traductor comunitario en la CEE con destino en Bruselas. Me suspendieron en el examen eliminatorio de francés,-de evaluacion simple (diez sobre veinte, nada de comparativa)- después de haberme pasado un montón de años en países de francofonía, incluyendo los años del seminario de Econe (todo en francés) ¿Fueron justos? Lo sigo dudando, Rosa. Y por lo que respecta al acceso a la profesion en general, no hablemos. Todos los sectores la controlan, hasta en la recogida de basuras, como lo comprobé a mis expensas -¡ingenuo de mí!- postulando en una empresa del ramo (de simple obrero) aquí en Bruselas. Mi apoyo resuelta a los controladores. Es mi apuesta. ¡No a la prepotencia gubernamental ni a la dictadura socialista! (Saludos)
El problema de la prepotencia de los controladores aéreos españoles, viene tan de antiguo, como del año 1999, cuando el Señor Álvarez Cascos, ministro del Gobierno Aznar, concedió tales privilegios a los Ilustrísimos Controladores de Hoy, quienes controlaron el acceso a la profesión, estableciendo en primer lugar el tipo de pruebas a los que todos debían de ser sometidos, pero sin derecho a revisión de exámen, dándose la paradoja de suspender en inglés, a doctorados en tal disciplina, tal vez por la limitación de no saber valorar niveles superiores a lo suyos... y otra vez la insensatez de priorizar las titulaciones de ingeniería, cuando en absoluto estaban más capacitados para cubrir tareas de tránsito aéreo (obviamente), puesto que primero se necesita un adecuado nivel de entendimiento oral (que ni siquiera escrito) del idioma inglés, y después, una capacitación adecuada que durante un espacio de meses (unos catorce), se acreditaba en la Escuela de Control...
¡ANIMO! Y FUERZA A LAS ACTUACIONES DEL "DESGOBIERNO", DENTRO DE HABER REALIZADO UNA HUELGA BESTIAL, PROVOCADA POR EL DESGOBIERNO Y QUE TENGÁIS SUERTE
cambiaros de trabajo si no estais de acuerdo a un bar o cojer naranjas y no fastidies
controladores abusadores , deberian meterlos en la carcel aunque tengamos que traer controladores del estranjero y cuando salgan no darles trabajo a estos malditos venenosos son malos y ruines ,,,, todos los años lo mismo y mi padre tirado en un aereopuerto por esta mafia pero a la cáarcel con ellos , si que son los culpables gandules
wolfA:
Precisamente por eso avisaron con tiempo que el limite de horas se acababa.
http://www.controladoresaereos.org/?p=6521
Pero como todo el país trabaja gratis, de extra, no impresiona su firmeza, y parece locura.
Son íntegros y rebeldes, y eso jode a cualquier gobierno (se llama "intereses estado").
Este final estaba elegido desde hace años. Era el más duro de los contemplados.
Mira que dijeron una y otra vez (en t.v.) que aceptaban a ciegas cualquier convenio de país europeo. Y la peña sin creerles. ¿Sabes qué cambiaría, tristemente, el enfoque de todo esto?
http://www.controladoresaereos.org/?p=4679
Esto que viene ahora, no convence:
http://www.controladoresaereos.org/?p=2559
De acuerdo con Mariano. Han tenido los intereses de España agarrados por los cojones.
ESTA MISMA ACTITUD DE REBELDÍA DEBERÍAN HABERLA MANIFESTADO NEGÁNDOSE A HACER HORAS EXTRAS. A joderse.
por cierto, decir palabrotas no añade razón a los argumentos, pero si hay que decirlas todo eñ mundo sabe.
Si lo estais pasando mal por los horarios exigir nuevas incorporaciones,y no hagais horas extras que asi va españa todo para unos pocos,
hay mucha gente en el paro y con grandes estudios que les gustaria trabajar.
yo trabajo a tres turnos y se lo cansado que es,pero si se me ocurre hacer lo que habeis hecho vosotros estoy en la calle.habeis hecho mucho daño a miles de gente.
En otro sector estratégico ( sin riesgo para las personas, pero si para la comunicacion masiva) yo tambien he trabajado en turnos nocturnos, rotativos, duros, fiestas... donde todo el mundo se marchaba y nosotros nos quedábamos trabajando casi solos. Tambien hemos luchado por tener buenas condiciones económicas, hemos hecho huelgas y hemos tenido servicios mínimos. La profesion de controlador no puede ser ejercida por cualquiera, su perfil psicológico no admite fantasías (alerta cortical contante) deben ser sometidos a test especiales (16PF), dominar el ingles y la tecnología de navegacion aérea. No pueden eliminarse por DECRETO las condiciones laborales existentes( por exageradas que nos parezcan). CRISTINA ANTON :!!ADELANTE CON VUESTRAS RAZONES !!. Dale un abrazo a tu compañera de control en Palma (Patricia P. ) a la que hace años que no veo y que fue una magnífica ayudante y colaboradora de universidad en tecnolgía audiovisual. LORENZO
Me encanta mi profesión, me encantan los tacos y el autor de este blog.
Gracias guapo ;-)
Tantas tonterías al mismo tiempo hecen imposible la tarea de leer toda la parrafada.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
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