Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Sucesos de Salamanca y Decreto de Unificación (rompiendo mitos y tabúes)

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No soy ya un niño. Y en política además dejé de ser virgen hace "grosso modo" cuarenta años. Lo que me reprocharían sin decírmelo nunca a las claras los de la TFP brasileña. Quiero decir que arrastro una memoria histórica individual de un sesgo ideológico innegable y que hace de mi mente -como en tantísimos otros- una especie de palimpsesto (antiguo) en el que no dejé de reescribir siempre después en función de la lógica evolución de las ideas y pensamientos propia del ser humano, pero sin dejar de hacerlo sobre un fondo (ideológico) primero, que en mi caso cobraría desde el principio un signo falangista o joseantoniano, lo reconozco.

En todo tipo de asuntos temáticos además, y de cuestiones irresueltas. Por ejemplo en el tema de los sucesos de Salamanca en torno al Decreto de Unificación de 1937, como me viene a ocurrir ahora. Porque arrastro de aquella militancia juvenil una "vulgata" que se veía resumida "grosso modo" en el clásico de Stanley Payne ("La Falange, historia del fascismo español") que venía a traducir una versión claramente favorable al papel de Manuel Hedilla y de sus partidarios en aquellos sucesos aun sin esclarecer del todo.

Algo que arrastré hasta hoy, es cierto, pero de una manera casi olvidada, como escondida entre recuerdos vagos y asociaciones confusas de ideas e imágenes, y de clisés históricos o ideológicos, que me habrá obligado ahora a refrescar mis conocimientos y hacer memoria de todo lo que oí y leí entonces sobre el tema.

Los sucesos de Salamanca del 37, más sin duda que otros capítulos o episodios de la guerra civil siguen formando parte de ese pasado que-no-pa-sa, inmovilizado en la memoria individual y colectiva, por lo que sea. Como si necesitasen de urgencia el hincárseles el diente de una vez por todas al precio de todos los mitos y tabúes que le siguen rodeando, erigidos sobre una masa de datos y fuentes históricas, ahogadiza y farragosa.

El mito lo es sobre todo el de la legitimidad de origen del movimiento falangista y por ende de la España surgida de la victoria en el 39. Y el tabú lo es sobre todo el erigido en torno a la figura de José Antonio, objeto de mitificación y de culto (de martirologio) a la personalidad durante décadas que no habrán menos oscurecido los perfiles mas sobresalientes de su semblanza biográfica sin dejar de proteger -también es cierto- su presencia innegable (y merecida) en la memoria colectiva

Porque a José Antonio -¿y por que no?- se le puede aplicar sin duda el mismo tratamiento critico de en el análisis de fuentes y de textos que pondría de moda el concilio vaticano segundo en relación con los estudios bíblicos y teológicos.

En la medida sobre todo que la mitificación de la que su figura se vería objeto en el recuerdo tendería a convertirlo en un nuevo/cristo, o figura salvífica, redentora (para muchos) Lo que se habrá puesto de manifiesto en la polémica que llevo ya manteniendo hace unos meses desde mis entradas.

La Falange fue víctima de descabezamiento desde las primeras semanas de la guerra civil en lo que se reviste de todos los trazos de una fatalidad histórica que encuentra sus claves de expoliación más reveladoras en la personalidad misma de su líder y en los trazos mas sobresalientes y significativos de su trayctoria -de sus éxitos como de sus fracasos (en el orden sentimental o amoroso sin ir más lejos)- sin olvidar ni hacer abstracción, como algunos hacen ahora, el tramo de cronología biográfica correspondiente a los meses que precedieron a su muerte y en especial sus últimas semanas de vida preso en la cárcel de Alicante. La Falange como tal no sobreviviría a José Antonio pero -cabe preguntarse- ¿podía haber sido de otra forma?

Y es la cuestión que surge de inmediato de cara a un abordaje como el que me permito ahora -tantos años después- de los sucesos de Salamanca, en Abril del 37. La "vulgata" de aquello tal y como me se quedaría hasta hoy grabada era algo así como un cuento de buenos y malos de joseantonianos/auténticos y franquistas/falsificadores. Sin muchos términos medios ni figuras o personajes neutrales que no acabaran cayendo fatalmente en uno u otro bando.

Y en el relato que me aprendí entonces primaban los detalles episódicos perdiéndose de vista casi por completo el contexto o telón de fondo en el que se produjeron. Ahora en cambio, releyendo viejos lugares textuales de entonces, lo que resalta a mis ojos sobre todo es el lastre o reato de conflictos irresueltos que venían a sumarse a aquel choque de facciones.

Entre Norte y Sur para comenzar (entre ejército del Norte y del Sur, entre Franco y Mola)(...) Una Falange del Norte, la que representaba grosso modo la facción hedillista, frente la otra facción (joseantoniano/legitimista) representativa de una área geográfica madrileño/andaluza (y extremeña) correspondiente a la España del Sur en el marco de un conflicto historiográfico y geográfico, inseparable de nuestra historia española que no se veía ayuno por cierto de connotaciones ideológicas.

En la medida por ejemplo en la que España se veía representado en la ideología nazi como un país de cultura (y raza) mezclada a base de un mestizaje (mestizentum) entre el elemento nórdico (superior) y otro meridional (inferior) correspondiente al basamento demógrafico que conformarían los habitantes primitivos de la Península presumiblemente de origen o extracción africana no/europea (y mayormente de impronta racial berebere)

¿Germanos y bereberes -del título del ensayo de José Antonio recogido en sus papeles póstumos- en los sucesos de Salamanca de Abril del 37, como entre las dos Españas contendientes entonces en el campo de batalla? A riesgo de caer en la caricatura la cuestión se impone no obstante, a la hora de un abordaje revisionista de aquel capitulo tan oscuro de la historia de la guerra civil española.

Y lo que resurge sobre todo en ese enfoque Norte/Sur que estoy siguiendo en estas líneas lo es la tensión dialéctica -omnipresente desde los prístinos inicios del movimiento falangista- entre el núcleo capitalino de una Falange madrileña primigenia y una Falange provinciana tardía resultante del auge espectacular que empezó a conocer la organización en los meses que precedieron inmediatamente al estallido de la guerra civil en amplias zonas de la geografía española, y predominantemente en medio rural -de la zona nacional- a partir del estallido de la guerra.

A lo que habría que habría que anteponer otra línea divisoria aún más antigua, entre esa Falange capitalina y los que Umbral llamaría "caudillos agrarios", correspondiente grosso modo a la composición binaria del movimiento en sus orígenes, a base de un sector falangista (primorrevista) y otro jonsista o nacionalsindicalista. Y no es nada trivial en esa óptica que dos figuras emblemáticas del jonsismo vallisoletano -Girón y González Vicén- figuraran en la facción anti-hedillista junto a los "madrileños" (Garcerán, Agustín Aznar y Sancho Dávila)

Como sea, la impronta filo/nazi de la facción hedillista es hoy un dato difícilmente rebatible. Una constante por lo demás en la historia de todos los movimientos fascistas y fascitizados en la Europa de los años treinta y de la segunda guerra mundial: la presencia perturbadora y más o menos destabilizante de elementos pronunciadamente germanófilos (pro/nazis) o claramente ligados a la embajada alemana (en los países respectivos) Como ocurriría por ejemplo en Bélgica (a ambos lados de la frontera linguística)

Y el perfil de agentes pro/nazis no está ausente desde luego en algunos de los componentes de mayor destaque de la facción favorable a Manuel Hedilla. En el químico Serrallach por ejemplo, formado en Alemania, o en José (Pepe) Sáinz (Nothnagel) jefe local de la Falange toledana, de padre español y de madre alemana.

O incluso en Víctor de la Serna que conocía bien la Alemania nazi en razón de sus misiones periodisticas. Y no menos reveladora lo seria la personalidad del que se vería designado jefe de la academia de mandos falangistas "Pedro Llen" (en las afueras de Salamanca) por el propio Hedilla, un oficial finlandés ligado al partido nazi.

Otro dato que corrobora el enfoque que aquí vengo adoptando lo es que la facción pro/Hedilla venia a representar "grosso modo" a las regiones donde el Alzamiento había triunfado mientras que sus oponentes venían por lo general de áreas geográficas como Extremadura, Castilla la Nueva, Andalucía o el Levante español caídas total o parcialmente desde el principio en zona roja.

Lo que se ilustraría en la diferente óptica de la que darían muestras unos y otros cuanto a la política a seguir en la retaguardia y en particular en materia represiva, de lo que botón de muestras inmejorable lo seria la alocución navideña del 36 de Manuel Hedilla y en particular su llamamiento a la clemencia con la coletilla fatídica aquella "que todos sabemos que en los pueblos había derechistas peores que los rojos" Algo que se quedaría atragantado a muchos incluso entre sus propios camaradas (de otras regiones geográficas) Cargada en todo caso de malos augurios cuanto a su suerte (política) futura como así sería (...)

El chivo expiatorio en el cuento de buenos y malos de mi adolescencia al que aludí mas arriba lo era sin duda la figura de Sancho Dávila, jefe la Falange sevillana, primo de José Antonio, y figura principal de la facción anti-hellidista, del que arrastré hasta hoy una imagen no demasiado favorecida lo confieso, sin saber mucho tampoco de sus trayectoria.

Sancho Dávila -lo que supe aquí aquí en Bélgica ojeando un incunable sobre las guerras de Flandes de un autor español, Antonio Carnero, secretario del conde-duque de Olivares- era el nombre de uno de los dos capitanes de Flandes (antepasado en línea directa sin duda del jefe falangista)- el otro lo era Jerónimo Saavedra-, a los que el duque de Alba encargó de llevar hasta al cadalso, de forma honrosa y ceremoniosa con todas las formas prescritas en el ámbito castrense entonces, en un acto de justicia (y escarmiento) ejemplar, con guantes y sin violencia, a los condes de Egmont y de Horn, las dos figuras iconográficas (de martirologio) predilectas de la Leyenda negra anti-española en Bélgica. Y se me ocurre que la misma sombra de oprobio y de descrédito cubriera lógicamente (hasta hoy) a aquel insigne capitán de Flandes y a sus descendientes (...)

Del Sancho Dávila falangista, en la imagen que de lo que aún recuerdo se veía difundida entre los miembros del FES entonces, circulaban insinuaciones deshonrosas -en relación estrecha con los sucesos de Salamanca- sin duda calumniosas que nunca después oí ni leí confirmadas en ninguna parte.

Ni siquiera a Umbral, tan proclive a sacar a relucir el aspecto deshonroso -o irrisorio- de las figuras históricas -del franquismo, de la guerra civil- que desfilan al natural o encubiertas entre los personajes de sus novelas, le leí nunca nada por cuenta de aquél de tal cariz (o parecido).

Por más que no dejara de fustigarle de los golpes de látigo de su estilo mordaz inconfundible. "¿Sabéis que Sancho Dávila a los de Teruel les llama tiroleses? es cojonudo" El comentario que pone en labios de Millán Astray reunido en el café con el grupo de los laínes, en la Leyenda del César Visionario (op. cit. p. 81)

Los sucesos de Salamanca se aparentan pues mas que nada a mi juicio, en la visión retrospectiva que habré acabado forjándome de ellos -entre filigranas de las diferentes versiones concurrentes y más o menos contradictorias-, a un fatalidad inexorable, a un accidente un tanto trágico de la historia de la retaguardia en zona nacional dentro de la historia grande de la guerra civil española.

Y lo menos que cabe decir, leyendo ahora relatos sobre el incidente sangriento del que se verían salpicados, lo es que el grupo anti-hedillista (la facción de los triunviros si se prefiere) vendieron caro el pellejo y actuaron sin duda de forma faccional pero no desleal ni cobarde, ni faltando en modo alguno a la ética o el estilo falangistas. Cualquiera que sea por lo demás la versión que nos merezca mas credibilidad entre todas las que circulan en ese tema.

Le entregaron en la propia sede del movimiento falangista en Salamanca a la vista y oídos de todos -y en presencia de numerosos partidarios armados del jefe interino de la Falange- un pliego de cargos por el que le cesaban en el mando -y en el que entre otras lindezas le trataban de analfabeto (...)- que el interesado recogió sin rechistar ni reaccionar como fuese; antes de ir a contárselo todo al propio Franco que jugo con él por cierto. Auxilidao de su fiel camarilla (Serrano Súner a la cabeza de todos ellos)

¿Maquievelismo del ya entonces Jefe del Estado. No mayor que el del jefe falangista desde luego. "¿"Unificó" Franco en ese momento con el único objetivo (político) -como algunos sostienen- de afianzar su poder personal sin consideración ninguna a la marcha de la guerra? Es difícil sostenerlo.

Un trazo uno más, se me antoja en cambio, revelador de su voluntad de poder, por expresarlo en términos filosóficos, en la paz como en la guerra. Inseparable de la "devotio ibérica" -legado de los viejos caudillos íberos de la península- que inspiraría en la inmensa mayoría de partidarios inclusive entre los falangistas de la primera hora. Y especialmente entre militares.

Todo uno en Franco, la pugna encarnizada con sus rivales (inmediatos o potenciales) y la marcha de la guerra. Como lo pone genialmente de manifiesto Umbral en el episodio de ladrón robagallinas de su Leyenda del César Visionario (op. cit. p. 184) Y lo que a todas luces le legitima en un plano exclusivamente histórico aunque solo sea.

Y aporta a su vez una clave de explicación imprescindible desde luego a la hora de dar cuenta de la adhesión unánime e inquebrantable que concitaría en torno suyo durante la guerra y los años de su regimen y que acertaría -pese a a la erosion inherente al desgaste del poder, inevitable- a conservar "grosso modo" hasta su muerte.

Como lo acabaría reconociendo -fuera de toda sospecha- uno de los fundadores del FES, y me refiero al propio Sigfredo Hillers. Un fenómeno por lo demás -comparaciones odiosas- no sin analogía con los niveles de extension y profundidad que alcanzaria la Colaboracion -política y económica- en Europa durante la segunda mundial (bajo dominio nazi)

¿Todos corruptos -o sobornados- la muchedumbre innombrable de franquistas o franco/falangistas (padres, hijos y nietos) en la posguerra? No más desde luego que las masas ingentes que se dejarian encandilar por los sortilegios y encantamientos del papa polaco.


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