Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

El pasado judicial de Luis Pío Moa (incidente en la Carlos III)

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A Pío Moa se diría que le gusta estar en el ojo del ciclón pero hay que reconocer que sabe estarlo, que le echa lo que hay que echarle cuando es preciso. Le he visto -por vídeo digital- en dos ocasiones en apuros, la última (ante) ayer tras el incidente que jóvenes energúmenos protagonizaron interrumpiendo su conferencia en la Carlos III; y mis respetos, la verdad sea dicha.

La Universidad española no es desde luego lo que era en los tiempos del tardo/franquismo (tardío) la que yo viví, ni las nuevas generaciones iguales a las de entonces -¿como podría ser así?- pero visionando el vídeo de los incidentes de antes de ayer, un tufo familiar -de amenaza y de acoso- se respiraba inconfundible, igual al que nos asfixiaba entonces a diario .

En menos violentos por cierto y en un estado de espíritu (de grupo) que por un conjunto de detalles más o menos nimios hacían pensar -O tempora o mores!- que vivimos otros tiempos un poco más tranquilos y otras costumbres, en política y en los ambientes universitarios, distintas de las de entonces.

La Universidad que yo conocí, el campus de la Universitaria madrileña y ciertas facultades en particular como Políticas y Económicas de la Complutense -Galerías Castañeda- o Políticas (justo después) del otro lado de la carretera de Puerta Hierro o Económicas de Somosaguas o incluso Derecho de la Complutense (un poco más tarde) era auténticos calderos en ebullición donde escenas como las que se vieron anteayer en la Carlos III eran plato diario y donde una conferencia del tenor de ésta última de Pío Moa hubiera discurrido de manera muy distinta -mucho menos airosa por cierto- a como le corrieron ayer las cosas.

Le conocí personalmente -ya lo conté aquí- en un coloquio sobre la segunda guerra mundial celebrado en Madrid la primavera pasada. Sin problemas. Y poco tiempo después supe del incidente (el penúltimo, creo) que la había enfrentado a otro de los contertulios de uno de los programas televisivos en los que tomaba parte. Lo que me ofreció materia de reflexión abundante que aprovecho ahora para verter en esta entrada.

Su contradictor le provoco claramente echándole en cara su pasado controvertido, judicial para decirlo en crudo. Y a seguir tuvo derecho a una retahíla de comentarios de los demás contertulios a cual más vejatorio y humillante. "El pasado de Pío Moa nos pesa por demás a todos los aquí presentes" (o algo así), vino a decirle uno de ellos. En un botón de muestra flagrante de la ley del embudo en vigor en la política española (de la democracia)

Hay pasados y pasados, en política como en la vida de todos los días. Hasta Carrillo le habrá echado en cara su "pasado" a Pío Moa, sin el menor sonrojo. El pasado deja de serlo no obstante (pa-sa de una vez, quiero decir) cuando se vuelve conocido y se ve asumido por supuesto. Y en el caso de Pío Moa no pueda haber mas transparencia.

Y sin duda se podría pensar legítimamente acerca suyo en tantos y tantos arrepentidos de la mafia o del terrorismo o del crimen organizado; pero personalmente siempre preferí pensar que su caso era distinto, la excepción que confirma la regla a imagen y semejanza de la situación excepcional que nos tocó vivir a él como al conjunto de los españoles en el tardofranquismo tardío.

Un tiempo (aciago) de guerra -psicológica a gran escala, sobre todo en los campus unviersitarios-, de degradación biológica (en su fase terminal) en la persona del anterior jefe de estado y por supuesto de aislamiento internacional y de guerra fria (casi caliente) que se le tenía declarada a España, a la sociedad española como al régimen que conocía entonces, en plena era de la detente (...)

Un tiempo también de mutación cultural prfunda -al soacre del concilio y de mayo del 68- en el seno de la sociedad española...y de "izquierda violenta" en la que Luis Pío Moa acorde a sus propia confesión militaría (de cuerpo y alma) "No problem"

Pío Moa arrastra de todo aquello un pasado (en parte) irredento. Como muchos otros. Como es mi caso también en esa medida puedo decir desde luego que le comprendo. Atacar (o intentarlo) a un hombre ya muerto en el suelo, como atentar (o intentarlo) contra alguien desarmado -por muy poderoso que sea- arrastran mala imagen, independientemente de los móviles que se tengan "in mente", y de las intenciones últimas de sus autores.

Y es lo que explica sin duda esa necesidad acuciante de prestigiar su propio nombre que mueve a todas luces al célebre historiador revisionista ilustrada en el protagonismo que viene siendo el suyo suyo a menudo en los medios -y en los ámbitos editoriales y académicos-, desde hace un rato. Lo que le honra por cierto. Y en la que de cierta forma me siento retratado, ya digo ¿para qué negarlo?

Las penas de infamia -o infamantes- como ya lo dejé aquí señalado en anterior entrada no existen no obstante, por propia/definición, en democracia. Del código penal español desparecieron desde luego hace ya casi dos siglos. Su desaparición no deja de ser puramente teórica no obstante en la medida se ve reemplazada por otras figuras corriente en el régimen democrático, como lo es el linchamiento -o la simple publicidad (negativa)- en los medios. Calumnia, calumnia -o difama o acusa- que algo queda.

Y la condena por un tribunal civil en los regímenes democrático vigentes enl mayor parte de los países occidentales deja fatalmente tras suyo un algo -"reato" en lenguaje antiguo de canonistas- aun después de haberse visto cumplida (íntegra) la pena. Por más que no se trate (en modo alguno)de penas "imprescriptibles" Y por culpa en gran parte los medios. Un tema que me habrá dado hueso duro de roer, lo confieso, y materia de reflexiones -de altos vuelos- en el terreno filosófico (de filosofía del Derecho)

Garrote y prensa. La pena máxima de la justicia castrense en tiempos de guerra que -a creer Umbral- se encargaba de dictar Franco en su cuartel general, merendando a solas, tal y como aparece en la escena inicial de la Leyenda del Cesar visionario. Pena de muerte acompañada de infamia (pública) Para mayor inri.

El derecho penal de antes de la transición política el que yo estudié en concreto en mis años de la Universitaria madrileña era clara al respecto no obstante. Pena extinta, la pena cumplida. Inexistente, borrada, esfumada, evaporada, desaparecida.

Redención total acorde al principio -de redención de las penas- que inspiraba nuestro ordenamiento en materia penal de antiguo y en cierto modo lo sigue haciendo. Acontece sin embargo que en los ordenamientos jurídicos en vigor por todas partes hoy día, las cosas no son así ni mucho menos. Y no tanto por culpa de la nueva figura -inexistente en los principios jurídicos de derecho histórico (de importación desde luego en lo que al ordenamiento español se refiere)- de "rehabilitacion" (democrática) del reo, sino, esencialemente, porque no se cumple nunca o no del todo (en sus plenos efectos juridicos)

La rehabilitacion (judicial) como los detergentes o quitamanchas de la television española en sus inicios (años cincuenta) lavan más blanco sin duda pero nunca del todo y como sea, dejan siempre cerco (...) Hasta el punto que el dilema se plantea fatalmente -entre personas honorables- de deber evitarlos a toda costa para huir precisamente (y no por otro motivo distinto), al riesgo de deshonra y de infamia recurrentes, que conjurar pretenden.

León Degrelle. Un caso que me pilla aquí de cerca (un poco) Condenado a muerte hasta hoy por hechos derivados de la Segunda Guerra Mundial y ademas al deshonor (nacional) que afecta aquí a los llamados "incivicos", "verbi gratia" los vencidos del 45.

Y está claro que en su caso ni su muerte siquiera (diez y seis años ya transcurridos) le libraría -hsta hoy- de la condena a muerte, ni de la deshonra (pública) La democracia no redime ni rehabilita (plenamente) porque no sabe ni puede hacerlo; por desconocer la natura humana en el fondo, en sus intersticios mas profundos y recónditos y en sus resortes íntimos, decisivos. La ley (sola) condena y la ley -que me diga, la aplicación que de ella hace el juez- rehabilita (sola) en democracia. Punto.

Primado absoluto de la ley (penal) Un dogma absoluto de los ordenamientos jurídicos democráticos. Pero por debajo del país legal -en democracia (lo que Maurras dejaría sentado)- corre el país real, de hombres -y mujeres- de carne y hueso. Con nombres propios y apellidos personales e intransferibles. En la biografía sobre Umbral de Ana Caballé se ponía bien de manifiesto, en uno de los primeros capítulos ("El imperio del nombre") el problema de nombre -tan insoluble- que arrastraría Francisco Umbral a través de su vida de resultas del problema de sus orígenes (hijo de padre/desconocido)

Hasta el punto que cabe decir -algo que hay que reconocerle a la autora catalana- que es lo que da la clave última de conjunto de la obra de Umbral, como de su trayectoria. Y por cierto de su guerracivilismo tan acentuado, en particular en una serie de sus novelas -sobre la guerra civil- de las que me habré ocupado a fondo y en detalle como aquí ya saben.

Umbral redimiría al final con creces -mayormente con su trabajo de escritura- la infamia (legal) que arrastraba de resultas de la denegación de paternidad de la que se vería víctima al nacer (inocente) Y ahí estriba tal vez la razón oculta del influjo innegable -rayano en la obsesión dirán algunos- que sus obra y su figura ejercen sobre mí desde hace ya mucho. Por lo que su caso personal ilustraba, sin duda, de un fenómeno de infamia (legal)/inocente, por así decirlo.

He estado ojeando ahora la definición de infamia en el derecho canónico y hay que convenir que es de lo mas vaga y a la vez sintomática y expresiva. Recuerdo un sacerdote tradicionalista italiano que conocí en persona en un viaje a Italia, la primavera que precedió a mi detención en Fátima. Era una figura celebre en los medios católicos tradicionalistas italianos y extranjeros, y me acogió muy cordialmente en su presbiterio en medio rural no lejos de Roma.

Tras mi detención se me ocurrió escribirle, sin duda en petición de ayuda (y de consejo) Y a mi gran sorpresa -porque debo confesar que no me lo esperaba- me respondió, y como me debía haber esperado en cambio, su carta traslucía del principio al fin el lenguaje tópico (sin concesiones) del canonista, heredero en linea directa de los legistas del Medievo. No poco similar si bien se mira al de los cinicios (o estoicos) del pensamiento antiguo. Sin moralina alguna por cierto: sobre la pena -que me esperaba-, y la infamia (sic) inseparablemente al lado de aquella que fatalmente arrastraría. La primera vez que me lo oía mencionar, que a fe mía no lo había pensado (bien) hasta entonces.

En la definición canónica que acabo de cotejar ahora se establece que la infamia (legal) resulta de la pérdida del buen nombre, a saber la opinión que se formarían sobre alguien una serie de personas medianamente "prudentes" Concepto vago igualmente, por no decir perfectamente irrelevante, en democracia (...) Un sistema político -todos estarán aquí de acuerdo conmigo- que no se puede identificar sin más con un gobierno de sabios y de prudentes.

Pío Moa pagó hace mucho por lo que hizo o dejó de hacer o intentó o no intentó -que solo él lo sabe- pero sigue arrastrando a sol y sombra como pegado a la piel un pasado inseparable de aquel instante de su vida hasta hoy. Como lo ilustra (en parte al menos) este último incidente en el que se habrá visto envuelto. Y también las acusaciones en contra suya que se habrán vertido de nuevo en la red por ese pretexto.

Y situaciones como la que él arrastra configuran a no dudar una de las grande injusticias o insuficiencias o lacras -como se le quiera llamar- del sistema democrático. Que hace que la redención personal y colectiva se traduzca fatalmente "nollens vollens" en un problema de régimen en los países democráticos (...)

Lo que acertaría a plantear exactamente en su obra "Genealogía de la moral" Federico Nietzsche, donde escribía que el prejuicio democrático se interpone fatlmente en medio del camino, en toda indagación en pos de "los orígenes".

(Pío Moa, o la incapacidad de rehabilitación -plena- de la que adolece el sistema democrático. Lo que no es culpa suya por supuesto. Y por eso sin duda me cae simpático)

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Jaques 25.11.10 | 13:25

    Los "manifestantes", a los que nadie concedió la palabra, leyeron un manifiesto en el que denunciaban la visita del conferenciante, se autoproclamaban representantes de los estudiantes de esa universidad y defendían su idea de democracia... curiosamente atacando la libertad ideológica de los demás.

    Para leer el comunicado que se leyó completo y para un análisis de por qué una protesta legítima puede convertirse en una protesta antidemocrática, véase:
    http://politicaenlacornisa.blogspot.com/
    Porque a veces es mejor ver los hechos objetivos más allá de las justificaciones ideológicas o partidistas

Miércoles, 30 de mayo

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