Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

¿Murió José Antonio perdonando a sus verdugos? (Ceferino Maestú...¡hasta por los ojos!)

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El integrismo joseantoniano que aquí ya describí en anteriores entradas es tenaz por verse sin duda cargado de razones, como todos los integrismos. Decía un profesor "laico", de izquierdas -próximo del partido socialista belga, y socialista él mismo pues, "a la belga" (cualquier parecido con la realidad pura coincidencia)- que los integristas tenían razón en el plano de la historia y se refería desde su punto de vista de libre/pensador, laicista a la pugna teológica, histórica y en todos los plano entre integristas y progresistas, preconciliares y posconciliares al interior de la iglesia.

En lo que daba muestras de sagacidad intelectual y a la vez de independencia de juicio (sin pelos en la lengua) Les daba la razón en el plano de la historia, a los integristas, para quitársela en lo que él llamaba el plano de la tolerancia (y de los derechos del hombre sobreentendido) Y el integrismo joseantoniano del que vengo ocupándome en mis entradas desde hace tiempo en una atención creciente que habrá alcanzado su auge y paroxismo quizás en estos dias pasados al socaire del ambiente conmemorativo inseparable del mes de noviembre, y del acercarse de las fechas necrológicas del fundador de la Falange, hace de José Antonio el fundador de una nueva religión de tintes ideologicos pero no menos religiosa.

Igual -"mutatis mutandis"- que los partidarios y celadores de la memoria de Federico García Lorca supieron erigir en décadas de posguerra un culto (religioso) de martirologio al poeta granadino que se habrá derrumbado con estrépito hace un año ahora, tras el fiasco clamoroso con el que se saldaría la operación de búsqueda de sus restos. José Antonio muerto -un poco a la manera del cristo en la cruz- lo justifica todo y a la vez permite el condenar todo y todos los que de una manera u otra escapen a la zona de gravedad del influjo de su figura; por gozar de órbita propia aunque solo sea (...)

Su muerte, para los integristas de su memoria, tuvo un valor propiciatorio -y no sólo redentor (de inmolación)- acorde a los principios de la más rancia de las teologías, porque sirvió -en la mente de sus integristas- , a reconciliarle -a él y a sus seguidores- con la otra media España, la que le daría muerte...a costa no obstante de la otra media o de una parte de ella. Y ahí está el problema.

E ilustra inmejorablemente ese designio ideológico de perfiles innegablemente teológicos -"integristas"- la figura de Ceferino Maestu del que me habré venido ocupando no poco en estas entradas y del que sin duda seguiré haciéndolo en una especie de carrera maratónica -a ver quien se cansa antes- siguiendo la pista (sin acoso por supuesto) a su trayectoria, o si se prefiere a la novísima etapa de la misma que se ve revestida de todos los trazos de una resurrección política con algo de imprevisto, de insólito e incluso de maravillloso, por su efecto de espejismo tipo "Ojos del Guadiana" como lo habré ya denominado en anterior entrada.

Ceferino Maestú, durante larguisimos años del tardo franquismo hasta mucho después de la caída del Muro -a las pruebas me remito-, se olvidó por completo de José Antonio y de la Falange (fundacional) y de todo lo que de cerca o de lejos se les relacionase -y por supuesto de sus antiguos camaradas-, enfrascado y absorbido por los nuevos rumbos que había tomado su trayectoria política con nuevos amigos (y compañeros de viaje)

Y reaparece ahora con fuerza desde no hace mucho -como el fenómeno hidrológico aquí evocado- de heraldo de un nuevo integrismo (político) de cuño personalísimo y de signo histórico y a la vez ideológico por cuenta de José Antonio y de una ortodoxia erigida a su nombre entre unos cuantos, y fundamentada en una versión incompleta -a falta de sus "papeles póstumos"- de sus obras/completas como ya lo habré dejado aquí sentado.

Una religión combatiente y beligerante (pero menos), intratable e irreductible -como el calvinismo naciente en los tiempos de las guerras de religión- con sus héroes y mártires mayores y menores formando guardia ante el fundador; y también con sus chivos expiatorios de antemano designados. Y el principal de ellos lo es sin duda el régimen de Franco, condenado en bloque y de una manera tan global y exhaustiva que viene a confundirse fatalmente con la España de décadas de posguerra, hasta la muerte del Caudillo y la transicion política.

Porque se diria que buscando a salvar el mito que se tiene forjado -a su medida y a su imagen- de la figura del fundador de la Falange, el célebre sindicalista y fundador de las comisiones obreras no duda en condenar a las penas infernales -del olvido y del oprobio eterno- generaciones enteras de españoles de la guerra y de la posguerra y a sus descendientes.

Y no duda por supuesto tampoco en utilizar para su empeño categorías criminológicas propias de tiempos de paz o directamente prestadas a los vencedores de la segunda guerra mundial -mezcladas a una teología (política) de personalísimo cuño, ya digo- a la hora de enjuiciar el pasado español en el siglo XX directamente o indirectamente relacionado con la guerra civil en sus prolegómenos y preparativos más o menos tempranos y en su alcance, y consecuencias (y secuelas) mas o menos directas o remotas.

Absolviendo y condenando a su guisa, a troche y moche, en el nombre de José Antonio, al que mataron no los chivos expiatorios que Ceferino Maestú designa ahora por su cuenta y riesgo, sino el bando de los vencidos de entonces; y como si en el bando nacional (de los vencedores) no solo no se hubiera hecho nada por salvarle sino además se hubiera buscado de pleno propósito su propia muerte de palabra y acto.

Hasta ahí no llegaron casi ninguno de los que integraron en décadas de posguerra lo que se dio en llamar la Falange disidente. Pero Ceferino en cambio se atreve a dar ahora, se diría, el paso resuelto por ese camino -de descalificación- en esta novísima fase de su longeva vida política (en el umbral de los noventa) A José Antonio -conforme a esa óptica ceferinista- lo mataron (sic) Franco y los franquistas disfrazados de soldados, cuando en realidad no eran mas que una turbamulta de asesinos (y criminales de guerra)

Advenedizos oportunistas los unos o pobres engañados los otros que acabarían siendo tan viles -en el crimen y en el asesinato- como los primeros. Un trágico malentendido pues -y no menos culpable a la vez- que recuerda no poco el que presidió el nacimiento de lo que se dio en llamar el catolicismo liberal en Francia en relación con el fenómeno de la revolución francesa. Los curas y obispos que subieron al cadalso y fueron guillotinados entonces eran en realidad -para los católicos liberales- apóstoles y mártires de la nueva religión revolucionaria a sus propias expensas, sin saberlo ellos mismos.

Víctimas propiciatorias, o chivos expiatorios, como se quiera. Y a José Antonio lo mandó fusilar un tribunal popular -compuesto de maleantes políticos y de derecho común- y lo fusilaron los integrantes de un pelotón de ejecución compuesto a partes iguales de comunistas y de anarquistas (de la FAI y del Quinto Regimiento); cumpliéndose así no obstante -en la óptica ceferinista- un misterio (pos/cristiano) de redención en el nombre de la Revolucion con mayúsculas, y de una nueva iglesia/revolucionaria que Ceferino rebautiza ahora con el viejo nombre de Falange. La auténtica, la de veras.

Provista de un bagaje ideológico idéntico en sustancia al de los verdugos de su santo/fundador, entre paréntesis (...): una versión neofalangista (y neo/marxista) de la teología de la liberación con dos décadas como mínimo de retraso. Para un viaje así, estarán todos de acuerdo conmigo, no necesitábamos alforjas. Y en su empeño, Ceferino Maestú se ve lógicamente obligado de cargar las tintas a favor de los unos y en contra de los otros.

Franco -según él- no hizo más que arrastrar/en/el/fango durante cuarenta años el buen nombre y la doctrina del fundador de la Falange en un empeño consciente de falsificación que Ceferino condena y descalifica sin reservas ni atenuantes en el nombre de una verdad con mayúsculas -la suya propia-, histórica como ideológica.

No hubo realizaciones sociales ni políticas que valgan en los años de régimen, ni de ningún otro tipo; y el homenaje publico innegable al nombre del fundador en vida del anterior jefe de Estado se ve rechazado como lo serian -"mutatis mutandis"- en el concilio veinte siglos casi de cristianismo por cuenta de una nota afrentosa de execración o sambenito conciliar por excelencia, a saber la de "iglesia constatiniana"

El régimen de Franco -en esta óptica- fue a José Antonio y "su" Falange lo que para el cristianismo primitivo -según la nueva/telogía (conciliar)- representarían casi veinte siglos de una iglesia/constantiniana rechazada y execrada en bloque por la iglesia del concilio. Una falsificación en lo esencial y sin remedio, responsable directa -según ellos- de la muerte de José Antonio y del descrédito progresivo de su doctrina entre los españoles por culpa de un delito o crimen de contra/testimonio (por expresarlo en lenguaje teológico -conciliar- caro a los acólitos de esta postura ideológico/religiosa)

El pueblo español (siempre según la vulgata integrista) le dio la espalda a la Falange y a José Antonio -en el recuerdo- por culpa de Franco porque supo medir -de ojos de lince- la distancia descomunal e inconmensurable entre la retórica oficial y una revolución/pendiente por la que habían luchado los unos y los otros en las lineas del frente; pero más los unos que los otros -deberían acabar por reconocer- en la medida que tenían mas (a menudo) ese signo redentor en la boca y en la medida sobre todo que su revolución (social) era de un signo mas radical, más absoluto, maximalista, sin apelativos ni adjetivos ni añadidos cualesquiera, comparada a la revolución/nacional (sindicalista) que propiciaba el otro bando o solo una facción del mismo incluso. Una revolución con minúsculas y con adjetivos frente una revolución a secas y con mayúsculas.

Y para Ceferino, -contra toda evidencia- José Antonio murió de mártir de la Revolución (con mayúsculas). Lo que desmienten claramente sus "papeles póstumos" como aquí habré venido manteniendo. E incluso las circunstancias de su muerte e incluso algunos de sus detalles inéditos que salen a la luz solo ahora como el papel directo y principalísimo de los responsables supremos del bando rojo/republicano -y de Largo Caballero en concreto- en el fusilamiento del fundador de la Falange. Y también su propio testamento. Pero nada que hacer; nada que permita quebrantar en lo mas mínimo una mitología de piel tan dura y tan longeva.

Una religión integrista/joseantoniana (de izquierdas) que lleva el cuño personalísimo de Ceferino Maestú, preso -hasta prueba de lo contrario- de una memoria histórica, la suya propia, personal e intransferible y familiar a la vez, heredada de su padre fusilado por los nacionales -según él "asesinado"- los primeros días del alzamiento en su calidad de militante (de gran destaque) de un partido político, Izquierda Republicana, y de gobernador civil de Huelva por el Frente Popular -en la Andalucía en llamas ya entonces- hasta pocos días antes de producirse el Alzamiento. Como aquí ya habré dejado sentado.

Y en sus designios sin duda loables de redimir la memoria de su padre, Ceferino Maestú se permite el seguir condenando a la otra España en el recuerdo, a base de un cuento apologético de buenos y malos que oímos a todas horas hace ya cuarenta años y que ahora volvemos a oír de nuevo (absortos) La justicia castrense sumarísima del bando nacional no merece a sus ojos mas que el calificativo somero y sin matiz alguno de "asesinatos sin juicios ni condenas"; y aunque solo sea por lo unilateral -porque no le oi ni le leí nunca denuncias análogas en contra del otro bando- suena ya de entrada a parcial y sospechoso. Hoy mas que nunca desde luego.

Tras los años y los diluvios. Entre ellos el que supuso -para algunos por lo menos (entre los que me encuentro)- el pontificado del papa polaco, que Ceferino Maestú tantísimo venera. Y en particular la experiencia, indisociable de su nombre, de infiltración masiva de los medios católicos y eclesiásticos "urbi et orbe " a cargo del comunismo soviético tras la segunda guerra mundial omo aquí ya lo tengo denunciado.

¿Agente doble de antiguo o tonto/útil (o compañero de viaje) Ceferino Maestú a penas? Y sin duda que habrá que perdonarle como sea, por no saber lo que dice; en el nombre de la faceta falangista de su trayectoria. Y en el nombre del testamento de José Antonio que perdonaba y pedía perdón....a los suyos propios; interpretación la mas ecuánime y razonable de su testamento, desde luego.

Porque no nos vendrán a decir ahora que tenemos que creer a pie juntillas, de nuevo dogma de fe, que José Antonio murió perdonando a sus verdugos. Y dando la razón con setenta años de adelanto, por vía de consecuencia, a la memoria histórica de los vencidos de entonces. No juzgues y no seréis juzgados, gustan de decir los joseantonianos integristas, que se tienen creado un nuevo Cristo de la figura de José Antonio. Y de Franco -entre paréntesis- un nuevo Poncio Pilatos ("Franco está en la historia como Pilatos en el Credo", hace decir Umbral al Innombrable en la Leyenda del César Visionario)

Lo que se vuelve fatalmente, como un arma doble filo, en contra de ellos. ¿En nombre de que o de quién no sentiríamos investidos del poder de penetrar en el fuero interno de quien sea? José Antonio murió fiel a si mismo -como a los suyos-, y a sus ideas. Y con eso nos basta. Sin integrismos, ni mitologías sectarias (con pretensiones de ortodoxia)

7 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Juan Maria Fernandez Krohn [Blogger] 24.11.10 | 14:25

    En lo referente a su actitud hacia Indalecio Prieto pienso que pecó de ingenuo. Los propios integristas de su memoria lo admiten. Lo que es perfectamente normal y le honra si bien se mira; porque prueba que no era como el otro. Todos cometemos -a diario- errores de apreciación. Yo también erré muchos años en la idea que me tenía formada de la figura de Franco. Errare humanum est. E Indalecio Prieto, está claro que fue uno de los grandes culpables de la guerra civil. José Antonio es una gran figura de nuestra Historia. Pero no fue un nuevo cristo/en/la/tierra como Ceferino Maestú lo pretende (y con él también sus acólitos) Un cordial saludo

  • Comentario por Paco Franco 24.11.10 | 13:45

    Juan Fernandez Krohn: Con la respuesta dada a ¡Santurrones, me quedo en las dudas con respecto a la opinión que le merece la figura de José Antonio. Sobre Durruti, lo tengo más que claro.Deseo continuar leyéndole cosas referidas al Fundador. José Antonio. ¡Presente!

  • Comentario por Juan Maria Fernandez Krohn [Blogger] 24.11.10 | 12:56

    Puedes tener a José Antonio por un dios (mayor o menor) (o por uno de los dióscuros como yo lo llamo) Es tu derecho. Lo que tal vez no lo sea tanto en cambio es que lo hagas a costa de diabolizar sin cuento. Además quien se pica ya sabes, porque del tenor de tu mensaje se me antoja que te equivocas de enemigo de medio a medio(...) Sobre la muerte de Onésimo Redondo te remito a un trabajo serio y documentado que circula por la red en los sitios "azules" Y sobre la amistad o la simpatía más bien que José Antonio profesaba hacia Indalecio Prieto (¡horresco referens!) tengo mi propia opinión formada sin menoscabo alguno de la figura del fundador de la Falange. Y por supuesto también sobre Durruti, bandido, delincuente habitual y mascota de la Leyenda Negra fuera de España como lo fue en vida. Saludos

  • Comentario por María Teresa [Blogger] 24.11.10 | 12:04

    En una circunstancia como la que relata el blogger nunca puedo reprimir la pregunta ¿Y que hacéis para afrontar y solucionarlo? Es obvio que los intereses quieren eliminar vuestra ideología, presentándola como un resto marginal de l Dictadura e incidiendo mucho en relacionarla con la opresión franquista y, lo peor, el racismo e incluso el antisemistismo. Repito, ¿Qué hacéis¿? He podido observar que os preocupa la Comunicación , varios representantes han acudido a medios masivos pero falta un asesoramiento profesional que mejore el posicionamiento de vuestra Marca, la idea que tiene en la mente el español de a pie, para que se ajuste a la que deseáis transmitir. Mientras no emprendáisa acciones de ese calado, el tiempo juega a favor de ellos. Salvo mejor parecer.

  • Comentario por ¡Santurrones NO! 24.11.10 | 05:05

    Franco permitió que los rojos capturaran y ejecutaran a José Antonio porque era el líder natural de nuestra España y por su amistad con gente como Prieto o Durruti. Qué casualidad el "accidente" del General Mola, ¿verdad? ¿Por qué? Porque era un millón de veces más brillante e inteligente que él y estaba destinado a gobernar. No hay mayor ciego que el que no quiere ver, pero claro, hay que seguir haciéndole el caldo gordo a los santurrones del Opus y demás morralla que se llenaron los bolsos durante el gobierno de Franco a costa de los verdaderos falangistas, que murieron en Rusia y en Cuelgamuros... Nos honran camaradas como Dionisio Ridruejo u Onésimo Redondo (¿a éste le abatieron rojos y anarquistas en Labajos, Segovia? Eso tampoco se lo cree nadie, rojos en territorio nacional). Sigue soltando falacias y mentiras para justificar lo injustificable y limpiar vuestra conciencia. José Antonio era un dios, por supuesto, por eso Franco se lo quitó de en medio. JOSÉ ANTONIO, ¡PRESENTE!

  • Comentario por Paco Franco 23.11.10 | 21:37


    Juan Fernandez Krohn:
    Como admirador y por lo que para mí representa y pienso que puede representar en el futuro a las nuevas generaciones la figura de José Antonio de Rivera, quiero felicitarle por su atinada exposición. Deseo continuar leyéndole cosas referidas al Fundador. José Antonio. ¡Presente!

  • Comentario por Paco Franco 23.11.10 | 20:30


    Juan Fernandez Krohn:
    Como admirador y por lo que para mí representa y pienso que puede representar en el futuro a las nuevas generaciones la figura de José Antonio de Rivera, quiero felicitarle por su atinada exposición. Deseo continuar leyéndole cosas referidas al Fundador. José Antonio. ¡Presente!

Miércoles, 30 de mayo

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