Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Declaración papal -en buena hora- sobre el uso de preservativos (de consecuencias imprevisibles)

  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido



Bombazo vaticano. Los católicos está visto que no ganamos para sorpresas. Benedicto XVI, tras la reunión con obispos y cardenales del mundo entero sobre el asunto cadente de la pederastia de eclesiásticos propagada -como la peste- dentro de la iglesia, se lía la manta a la cabeza con unas declaraciones en materia de uso de preservativos que por mas que sus asesores les quiten hierro justo a seguir, dejan tras de si una onda expansiva de tal alcance que de momento solo puede vislumbrarse las (posibles y previsibles) consecuencias.

No a la píldora, no al preservativo, no a medios contraceptivos cualesquiera; los métodos de regulación naturales incluidos (bajo cuerda): esa fue -en el terreno de la sexualidad- la substancia del mensaje del papa Wojtyla o digamos de la parte nuclear de la doctrina que pregonó incansable "urbi et orbe durante los veinticuatro años de su (larguísimo) pontificado.

Los hombres pasan pero la iglesia/de/dios permanece para siempre rezaba un aforismo de la teología católica (de la vieja escuela) Y esa fue con su corolario inevitable -después de mi el diluvio- sin duda la divisa que presidió los viajes planetarios el papa globbe/trotter.

El concilio -me canso aquí de recalcarlo pero sin duda no lo suficiente- reivindicó (y rehabilitó) los signos de los tiempos en el magisterio eclesiástico (ordinario y extraordinario), y por una curiosa paradoja de trágicas consecuencias se olvido o fingió no ver uno de los grandes signos de su época, la amenaza del comunismo (materialista) soviético en aquella fase crucial de la historia del siglo XX que sería marcada por una transición -cargada de radioactividad en el plano de la estrategia- desde lo más hondo de la guerra fría a una detente (diplomática) entre los bloques no menos tensa y amenazante y no exenta de chivos expiatorios como el régimen de Franco -en la España católica- que seguiría siendo todavía durante una década -en el posconcilio- blanco directo de una guerra subversiva declarada por uno de los bloques.

El papa Wojtyla que accedió a la sede pontificia en la última fase delicada y no menos explosiva de la detente adoleció igualmente de una lectura sesgada y tendenciosa de los signos de los tiempos de la época que le toco vivir (de soberano pontifica)

En realidad cabría decir que prescindió olímpicamente de ella como si la realidad en torno suyo y la actualidad candente de su época no ofreciera mas signos a descifrar que el suyo propio; el que representaba esa figura insólita atípica de un papa venido del frío que se pasó viajando mundo a través los largos años de pontificado martilleando siempre un mismo tipo de mensaje terriblemente ambiguo y a gusto del consumidor -"verbi gratia" de los auditorios que le tocaba sermonear -y encandilar- en cada uno de sus viajes; y mezclado con ellos y sabiamente dosificado, un núcleo duro, un fondo nuclear invariablemente rigorista en sermones, discursos y alocuciones que se podrían encerrar, reduciéndolo al extremo en los tres "noes" que evoque al principio equivalente -extendiéndolos a otros campos distintos de la sexualidad "stricto senso"-en la trilogía de interdictos mas divulgada de su pontificado.

No al divorcio. no a la eutanasia, no al no aborto. Y en cierto modo se puede decir que en lo referente a los signos de los tiempos el papa polaco tenia razón (un poco) Porque el fenómeno del espectáculo invariable que ofreció el pontífice anterior a lo largo de su pontificado tenía efectivamente algo de prodigioso o extraordinario. Como esas señales en los astros de los que hablan tanto las profecías bíblicas como el mensaje de Fátima (...)

Y era el de un papa todo/de/blanco que alcanzó a encandilar a la Humanidad todo entera hasta un punto que se puede decir que ninguna otra figura (con mucho) haya concitado -durante un momento y en una primera fase de su pontificado al menos- una tal adhesión (aparente) en el siglo XX, ni en los que le precederían.

Algo que me fue dado calibrar a mis propias expensas como aquí convendrán en reconocerlo conmigo muchos de mis lectores. Y tal vez la ocasión, entre todas las que me fue brindada, de captar mejor, en una forma gráfica en extremo lo que precede, lo serían las jornadas mundiales de la juventud en Roma en Agosto del 2000, que pude seguir por la televisión...desde la celda de la prisión en la que me encontraba entonces preso aquí en Bruselas.

Dos millones (dos) de jóvenes asistentes del mundo entero -según lo que no dejaron de martillear unánimes los medios entonces- todos vestidos (de ropa veraniega) como mandan lo cánones por cierto; las chicas sobre todo, de la forma mas púdica o pudorosa (por no decir pudibunda) como si fuesen todas ellas ya futuras novicias. Reunidos en torno al papa polaco para escuchar de sus labios un mensaje -en esencia siempre el mismo- cargado de interdictos en lo referente sobre a la sexualidad (juvenil), que viene a contradecir ahora -aunque sea muy tímidamente- su sucesor por vez primera desde su ascenso al trono/pontificio (...)

Profundamente abatido yo -una vez más- ante el espectáculo tan insólito y desconcertante de aquella sucesión de encuentros protagonizados por las juventudes/del/papa, mi abatimiento se agravaría justo unos instantes después cuando la televisión belga interrumpió la retransmisión desde Roma para dar las noticias de última hora, y la primera de ellas lo seria el nuevo asesinato de la ETA en el país vasco en plena ofensiva tras la ruptura de una de sus treguas.

Como si lo uno fuera parejo con lo otro. Y no era detalle trivial aquella coincidencia desde luego porque con la perspectiva del tiempo -diez años ya transcurridos- de aquella instantánea tan reveladora para mí, cabe concluir que los dos signos mayores en lo que a España y a los españoles se refiere que habrán presidido estas ultimas décadas lo serían el pontificado del papa polaco y la agresión ininterrumpida del terrorismo en el país vasco y por extensión en el resto de la península.

Como si los responsables supremos de la estrategia terrorista buscasen "ex professo" ocasiones señaladas, con la atención mundial de los medios y de la opinión pública centrada (o desviada) unánimemente en el papa polaco y en sus intervenciones tan estelares y de tantísimo seguimiento sobre todo en los países católicos y mas si cabe entre españoles, para poder asestar más facil y más certeramente sus golpes mas sangrientos fagocitando así en cierto modo la posición privilegiada en el "audimat" mundial de la que gozaban el papa polaco y sus viajes pastorales mundo a través hasta los mismos confines del planeta.

Y a fe mía que en materia de fagocitaje tenían un buen maestro como aquí ya lo tengo explicado en mis análisis de los viajes del papa polaco y de sus éxitos mas sonados y apoteósicos cosechados (casi) todos ellos -salvedad hecha de su Polonia natal -la excepción que confirma la regla- en países del mundo luso/hispano.

El pontífice alemán Benedicto XVI lleva ya un rato -y por eso me cae bien -rompiendo uno tras otro, despacito y buena letras, los sortilegios o suertes maléficas con los que su predecesor conseguiría encadenar "urbi et orbe" a la masa de los creyentes en la inmensa mayoría de los pases católicos.

Recuerdo durante mi viaje a Polonia el mes de julio del 81 -en lo que se llamó la primavera de Solidarnosc (el sindicato polaco sostenido por el vaticano)- un encuentro entre los muchos que tuve -amparado en mis hábitos eclesiásticos- con uno de los asesores o dirigentes (ya no recuerdo) del sindicato "Solidaridad", Christophe Sliwinski; el nombre me ha venido en cambio a la memoria ahora (¡albricias!) rescatándolo del un olvido de muchos años.

Y lo que retuve de lo que me dijo fue que el catolicismo polaco se caracterizaba por un trazo por el que le parecía a él poder distinguirlo de otros catolicismos sociológicos, sin duda de la imagen de fachada que ofreció a modo de distintivo del mundo hispano o el catolicismo (en sus formas más populares) de los italianos de antiguo. Y era la discordancia o falta de sintonía entre creencias y comportamientos (privados) en ciertos campos.

Y me dio como ejemplo el fenómeno de curas o sacerdotes polaco que infringían con gran frecuencia la regla del celibato -tomando mujer sin sentirse en modo alguno obligados a colgar por lo mismo los hábitos- mayormente sin escandalo alguno de los fieles. Algo impensable -hasta hace poco al menos- en el mundo hispánico.

Y se me ocurre pensar de pronto que ese rasgo atípico y característico a la vez del catolicismo de los compatriotas de aquel sindicalista polaco -de los más modernos y progresistas (y anti-convencionales) en sus costumbres y comportamientos antes y después de la caída del muro, de lo que ofrecen prueba fehaciente los numerosos colectivos emigrantes polacos residentes en gran número en los demás países de la UE desde hace dos décadas y en especial en Bélgica donde resido-, le sirviese al papa Wojtyla de coartada/perfecta a la hora de poder asestar "urbi et orbe" impasible -e impune- ese mensaje tan agresivo por no decir provocador que dejaría como secuela fatal una agravación considerable de la falla secular -en los católicos del mundo entero- entre el ámbito de las conductas por un lado y por el otro el de las creencias y convicciones.

Algo cargado de funestos presagios -por lo que traduce de fenómenos de psicología de masas un tanto patológicos-, tal y como lo confirma el escandalo de la pederastia que amenaza con anegarlo todo en la iglesia desde hace un rato. Y es todo menos trivial si Benedicto XVI habra aprovechado ahora este symposium con obispos y cardenales del mundo entero sobre el escándalo que no cesa para abrir una brecha en ese tabú espeso -en materia de sexualidad- que el magisterio de los papas del concilio habrá seguido cimentando sin pausa y sin descanso en las últimas décadas.

Y menos trivial aun lo es el contexto de la toma de posición en el tema en ascuas -el uso del preservativo- en la declaración pontificia. Hecha con el claro propósito de prevenir y de evitar el contagio en el caso de contacto sexual con personas dedicadas a la prostitución (masculina o femenina) o en el caso de sero/positivos.

El SIDA. Un signo (terrible) de los tiempos, en las décadas que coincidieron grosso modo con el pontificado del papa Wojtyla. El primado belga habrá abierto hace poco la caja de los truenos en los medios y en la opinión publica e incluso al interior de la iglesia belga, declarando en relación con esa terrible epidemia que nos encontrábamos delante de un castigo divino.

Y es indudable como sea que la terrible epidemia se ve íntimamente asociada a un grave alteración de lo que habrá sido la regla de comportamiento (normal) en materia sexualidad a través de los tiempos y en todos los climas ya latitudes. No es menos óbice su aspecto trágico sin embargo.

Tragedia griega o calamidad bíblica, el SIDA no representa menos, como sea, una de las mayores amenazas con las que se enfrenta hoy la humanidad doliente, en unos continentes mas que otros. Y el meter la cabeza debajo del ala como haría obstinadamente el anterior póntifice (Juan Pablo II) le endosaría un ferrete de irresponsabilidad en materia grave entre muchos, del que su pontificado no conseguiría disociarse fácilmente en el recuerdo.

La novedad magisterial que ahora nos brinda el pontifica alemán Bendicto XV se ve acompañada de los mejores presagios desde luego. Porque tras el preservativo le tocará el turno sin duda a la pildora, la del día antes; y a seguir a la del día/después por mas que algunos sigan pretendiendo negarse a la evidencia.

Con lo que al antiguo miembro (adolescente) de las Juventudes Hitlerianas podrá pasar a la historia bajo un lema insospechado. El del pontífice (alemán) que devolvió la libertad a las almas cautivas (de sortilegios e interdictos)


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Miércoles, 30 de mayo

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Categorías

    Hemeroteca

    Sindicación