
Muy estimado, nos conocimos sin que nos presentasen en un coloquio sobre revisionismo histórico de la II Segunda Guerra Mundial que presidiste y al que asistí en Madrid, la primavera pasada. Intervine por dos veces en los coloquios a seguir a las intervenciones de la jornada, tanto por la mañana como por la tarde. Sabía de tí desde hacía tiempo por la prensa, y debo decir que la primerísima vez que oí de tí lo fue por conducto de un trabajo sobre actualidad española publicado en una revista francesa -en venta aquí en Bruselas- especializada en temas históricos.
Después supe que habías militado en un momento de tu vida, mucho más joven me supongo, en el FES -sin coincidir ya entonces conmigo desde luego- lo que se quiera o no nos acerca un poco, tal vez mucho más de lo que parezca así a primera vista. Te escribo sobre todo en relación con un trabajo tuyo que acaba de ver la luz en internet sobre la personalidad religiosa de José Antonio o mas exactamente sobre catolicismo tal y como se vivió, desde su fundacion, en Falange Española.
En lo que respecta propiamente a la personalidad de José Antonio y a su fibra religiosa estoy "grosso modo" de acuerdo en lo que dices; por más que me sienta en derecho de disentir en ciertos puntos de la imagen hagiográfica que habrá acompañado su semblanza en el recuerdo en lo referente a los últimos momentos de su vida, tal y como se habrá difundido con pocas disonancias hasta hoy, y que me parece formar parte del telon de fondo de tu trabajo que aquí abordo.
Lo que podría resumirse en mi respuesta a la pregunta siguiente: "¿Perseveró José Antonio hasta el final, permaneció hasta el momento del martirio "inasequible al desaliento"? ¿Sin los momentos de (humano) desfallecimiento -corolario (casi) inevitable de encarcelamientos prolongados- que cabría suponer a tenor de ciertos párrafos (pasto de especulación durante décadas) de su declaración ante el tribunal popular que lo juzgaba en Alicante?
Concretamente aquellos en los que parecía distanciarse o incluso condenar el Alzamiento. Porque es obvio que testimonios (orales) sueltos como el que tú aduces en tu artículo no son concluyentes o no lo son del todo por lo menos. A la hora sobre todo de verse confrontados con otros de signo contrario que hicieron la ronda multitud de veces a través de los años transcurridos desde entonces. De los que a tí como a mí sin duda alguna vez te debieron llegar ecos.
En "La Leyenda del Cesar Visionario", por ejemplo, pone Francisco Umbral en la boca de Franco una versión de los últimos instantes de la vida de José Antonio acompañandola de algún otro comentario anecdótico por cuenta de él y haciéndolo así "sosluble en entredichos" (op. cit. p. 64) Lo que desdice de la imagen de "Epinal" que se vería trasmitida unánimemente par la posteridad y perpetuada hasta hoy en los medios azules (o patriotas) No menos apócrifos unos y otros testimonios, desde luego, que tienen el valor que cada uno quiera darles.
Y desde luego discutibles porque si eran ciertas las intenciones de Franco que Umbral le presta en su novela -de borrar la imagen de José Antonio en el recuerdo y de enterrarla (para siempre) en la memoria colectiva, librándola al paso inexorable del Tiempo (con mayúsculas), que todo lo disuelve- está claro que no conseguiría sus objetivos. Y eso a mi juicio es lo que cuenta.
Y esa (doble) versión se contradice además con el culto innegable del que la figura de José Antonio se vería objeto en los años de Régimen desde que se hizo pública -en zona nacional- la noticia de su muerte. En cambio me parece perfectamente legítimo el disentir con que la exaltación de la figura de José Antonio y de las circunstancias de su muerte puedan resultar en desdoro de otras figuras heroicas de nuestra historia de la guerra civil.
Porque está claro que si Ramiro Ledesma no alcanzó la talla política en vida -en su faceta organizativa al menos-, que el destino adjudicaría en cambio a José Antonio, sí es cierto que que su muerte lo compensa con creces, y los pone a igual altura uno y otro. Provocando él mismo su propio final -"¡A mí me matarán donde yo quiera!"- como lo hizo. Sin el menor indicio por mínimo que fuera de (humano) desfallecimiento.
Hasta aquí no sé, querido amigo y camarada, si tienes mucho que objetar, se me antoja que no. En lo que sigue referente al tema central de tu escrito, a saber el catolicismo tal y como se dió en la Falange, tal vez sentirás mas discrepante por lo menos a primera vista. José Antonio era católico, la Falange lo fue, sin duda alguna; por voluntad expresa de sus fundadores.
No es óbice que la polémica que suscitó desde la aparición de la Norma programática el Punto veinticinco sigue gravitando hoy como entonces en este tema como lo ilustra fehaciente tu propio artículo y la discusión que habrá suscitado. Tu pareces insurgirte contra cierta interpretación que hace de este punto doctrinal del programa doctrinal de la Falange un precedente de los textos del concilio en materia de relaciones iglesia y de estado (y de libertad religiosa)
No es óbice tampoco -y estaras de acuerdo conmigo- que una inmensa mayoría de falangistas disidentes o no, joseantonianos/puros o franco/falangistas así lo interpretaron en sus momento en los años del posconcilio inmediato. A comenzar por los militantes del FES (como coartada/perfecta en alguno de sus respnables y dirigentes de entonces...) Hasta el punto que se me antoja ver ahí la causa principal tal vez y decisiva que el movimiento -y la obra/sacerdotal- de monseñor Lefebvre encallara como lo hizo en España viéndose privado de entrada de un terreno de acogida o caldo de cultivo como el que le ofrecía teóricamente el medio azul que por tantísimas otras razones -históricas, políticas e ideológicas- se veia llamado en principio a acogerlo y recibirlo.
Estoy de acuerdo no obstante contigo que el Punto Veinticinco -que se pronuncia claramente contra las intromisiones eclesiásticas en política- se merece una interpretación radicalmente divergente de la doctrina conciliar oficial u oficiosa en la materia. Pero por razones muy distintas, en tí y en mí, al menos en apariencia.
Está claro en tu articulo, como sea, tu postura critica acerca del concilio vaticano segundo en ese punto. Lo que se merecía el que te dedicase esta entrada, aunque solo fuera. Y mentiría si no dijese que me ha sorprendido (gratamente) por lo que traduce en tí de independencia de juicio en una materia/reservada si las haya en los ámbitos eclesiásticos en España y fuera de ella.
Algo que no oi ni en mis tiempos de militancia ni después entre los miembros del FES más caracterizados y representativos por más que en el fuero interno cada uno pudiera albergar sus propios puntos de vista en la materia.
"Silenciosos de la iglesia", asintientes y obedientes, los falangistas entonces, por emplear la misma expresión que designaba en lengua francesa -en el contexto de la polémica desatada por la disidencia de Lefebvre- a los que estaban de acuerdo con el concilio hasta en sus puntos mas discutibles o controvertidos...sólo por obediencia. La que se vería adjudicada el propio Franco en el momento de su fallecimiento (como lo pude comprobar leyendo la prensa extranjera en el seminario de Ecône donde me encontraba entonces)
Tú ahora en cambio rompes el silencio tanto años después. Porque leyéndote ahora me entero que diverges del concilio (en parte o del todo) en ese punto. Así escribes ahora negro sobre blanco que si no se puede decir que en ese campo el concilio abolió la doctrina anterior tampoco se puede afirmar que se mantuviese "en continuidad" con ella.
¡Un historiador español, presbítero además pronunciándose por su cuenta y riesgo contra el concilio, aunque sea de una forma tan discreta! ¡Alegando además los silencios de Juan Pablo II e incluso de Benedicto XVI en relación con la doctrina tradicional en materia de relaciones Iglesia-Estado! ¡La noticia -como cabria calificarla parafraseando a Nietzsche- más terrible y más extraordinaria de nuestra época!
Y a fe mía que enhorabuena. Por las esperanzas que permite albergar de un cambio radical en el paisaje del catolicismo español y por supuesto por el resquicio que abre a una posible revisión justa y necesaria de lo que habrá sido dogma (conciliar) inatacable en las últimas décadas. Y en lo que personalmente me atañe sobre todo como fácilmente te darás cuenta.
Pero la cuestión principal que levantas en tu articulo sigue bien enhiesta en cambio. Antes y después del concilio. ¿Era católico el Punto Veinticinco? Porque estarás de acuerdo conmigo que la nota de respuesta de José Antonio coyuntural y de cara a la opinión pública -análoga a aquella otra, "la Falange no es un movimiento fascista"- a las criticas del marqués de la Eliseda (al que yo alcancé a conocer en persona como aquí ya saben) no resuelve la cuestión de modo alguno sino que la deja abierta mas que nunca.
En realidad no se vería después resuelta nunca del todo por el magisterio eclesiástico en la misma medida que tampoco lo sería el debate de fondo subyacente en el tema que acompañaría la condena pontificia de la Acción Francesa de Maurras de lo que se puede ver un eco innegable en el libro prohibido de Rafael Sánchez Mazas que habré evocado ya aquí tan a menudo.
Es un libro catalogable por los bibliófilos entre los "raros" y por eso se me antoja que probablemente no lo hayas leído. Sánchez Mazas esboza en ese título una visión histórica de España y del catolicismo español perfectamente legitima y sin duda anclada en la tradición española mas genuina por más que se desmarcase de lo enfoques de cuño clerical en vigor entre muchos católicos españoles en el momento de la aparicion del libro (años treinta).
Pero en materia, propiamente hablando, de política/religiosa -un término que su autor tomaría directamente prestado a Maurras para el titulo de su libro, concretamente a uno de los apartados de una las obras más divulgadas del político francés que se vería en el Índice de libros prohibidos, "La democracia religiosa"- sus enfoques propios, antecedentes doctrinales inmediatos a no dudar del Punto Veinticinco (junto con los párrafos sobre el tema vertidos en la obra de Ramiro "Discurso a las juventudes de España", no difieren en lo más mínimo a mi juicio de los que ostentaba el movimiento de la Acción francesa, y que le valieron la condena pontifica levantada mas tarde por el papa Pío XII (en el 39) en un plano estrictamente canónico. Y por lo respecta al debate doctrinal de fondo en cambio, no se volvería por cierto "a meneallo" (...)
Un nuevo laicismo o una nueva laicidad acorde a las posturas de os humanistas españoles de los tiempos de Carlos V e incluso de los teólogos mas rancios de la Escuela de Salamanca, al servicio de la monarquía española, a años luz desde luego del laicismo de cuño liberal y masónico en vigor por todas partes, hoy en día.
Lo que te acabo de exponer, un repaso o resumen de lo que vengo exponiendo en estas entradas, no sé si te resultará extraño o inhóspito o nunca oído. Tal vez, no lo sé. Pero te supongo desde luego perfectamente consciente en cambio que entrando al trapo en ese asunto no pisabas un terreno virgen de polémica y disentimientos (entre los propios falangistas o celadores de la memoria de José Antonio asuman o no asuman etiqueta alguna)
Está claro desde luego que el Punto Veinticinco de la Falange difería radicalmente en apariencia de la doctrina de la realeza social de Jesucristo que hicieron suya durante la guerra civil los carlistas.
La doctrina aludida y su corolario mas llamativo de la jaculatoria religioso/patriótica tan divulgada en el frente como en la retaguardia entonces de ¡Viva Cristo Rey! venía sin duda de antiguo en los medios del carlismo tradicionalista; pero empezaría a correr en la venas del conjunto del catolicismo sólo a seguir al desenlace de la guerra de los cristeros en Méjico a finales de la los años veinte, que habían hecho de ella su divisa combatiente.
Y por una curiosa paradoja cabe distinguir en ella el sello liberal que muchos católicos no dejarían de denunciar -en público o en voz baja- en el (larguísimo) pontificado de León XIII en sus actos de gobierno y también en los de magisterio.
Como una especie de sucedáneo (mas o menos teñido de angelismo político) al compromiso pontificio con las monarquías terrenas (de derecho divino) deshauciado tras la revolución francesa, y a una alianza del Trono y del Altar en definitiva del que la iglesia en el pontificado del papa León XIII decidió desmarcarse claramente de una vez por todas.
Como lo haría un siglo mas tarde -dicho sea entre paréntesis- en relación con el régimen de Franco. Pero en la medida de su antiliberalismo, de la critica que encerraba a los fundamentos doctrinales del estado liberal, esta claro que la Falange podía hacerlas en parte suya, como lo ilustraría la perfecta confraternización que se daría entre carlistas y falangistas en los frentes de batalla.
Y no creo que sea trivial en modo alguno que esta óptica que vengo manteniendo de antiguo se haya visto fortalecida y corroborada los años ya largos que llevo residiendo en Bélgica. En la media que el catolicismo belga representó un conejillo de Indias para la santa/sede, y Bélgica -país de fronteras lingüísticas y religiosas- un laboratario ideal, desde el nacimiento del estado belga independiente, en las relaciones internacionales del Vaticano y en su política internacional en materia religiosa, pareja a su confrontación doctrinal con el mundo/moderno, nacido del protestantismo y de la revolución francesa.
Y a costa por cierto del pasado español por estas tierras, y del catolicismo español y de su buena imagen y reputación cubierta infamia aquí de antiguo por culpa de la leyenda negra.
Y con esto creo haberte expresado "grosso modo" todo lo que tenia en mi mente al ponerme a escribir(te) la carta/abierta, objeto de esta entrada. Eres extremeño, de Badajoz por lo que tengo entendido. Y si acaso te sientes en desacuerdo en todo lo que aquí te brindo de materia de reflexión, retén en cambio, por favor, que tu patria chica -aún sin conocerla- nos ofrece un terreno ideal de entendimiento mutuo.
En su geografía y en sus paisajes y fisonomía que ansío conocer en un futuro próximo, en cuanto pueda. Y también en su historia reciente por cierto, en relación con la guerra civil española. Un cordial saludo desde Bélgica.
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veo que angel david martin rubio no ha picado tu anzuelo ..... eso que sale ganando ...... de lo contrariol le hubieses chupado la sangre ...... andas cual draculín famélico tras victimas incautas a las que dejar en cueros y sin sangre .... sigue buscando vampirete ......
Lamentablemete por culpa de unos y otros la Falange se encuentra muy denostada.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
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Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
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