Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

En busca de una nueva enseña patria (el último libro de Ynestrillas) (1)

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Más rápido de lo que me esperaba. Acabo de recibir a domicilio -por intermedio familiar-, aquí en Bruselas, el libro reciente de Ricardo Saénz de Ynestrillas, "La Reconquista del Estado" que pedí vía internet hace unos días. Lo he estado leyendo a salto de mata -un poco febrilmente lo confieso- robándole minutos a mis ocupaciones habituales y aun sin haber terminado todavía de leerlo del todo no me resisto a verter ya aquí, en caliente, los primeros comentarios que me merece.

Presentación del autor para comenzar y antes que nada. Conocí a Ricardo Sáenz de Ynestrillas completamente por casualidad por vuelta de 1993, el mes de septiembre creo recordar -tras verse absuelto de la muerte de un etarra-, a la salida de la boca de metro madrileña de Tribunal cuando lo reconocí entre los transeúntes y le abordé (dándome a conocer) entablando una breve charla con él de unos minutos.

Nunca más le volví a ver. En cambio, casi no dejé de oír hablar de él desde entonces. Para mal, la mayor parte de las ocasiones, lo reconozco. La instantánea de mayor peso especifico en mí por cuenta suya sin embargo, de todos los años transcurridos después de nuestro fugaz encuentro, lo sea sin duda su alocución en la plaza madrileña de San Juan de la Cruz, la segunda mitad de la década de los noventa ante un gentío considerable concentrado en un acto conmemorativo (creo recordar que en aniversario del 20 de Noviembre) Poco después vendría a hundirse otra vez -como el Guadiana- tras verse condenado por culpa de un incidente de notoriedad pública.

Y sin querer adentrarme en los detalles mas o menos oscuros o encubiertos de aquel asunto tan sospechoso a fuer de poco esclarecido, me quedó la idea hasta hoy de una condena como caída del cielo por lo oportuna. En el momento preciso que parecía surgir un líder joven y creíble que defendía ideales transparentes y plantaba cara a los mandamases del régimen democrático con una lenguaje claro y sin tapujos sin ahorrar la persona del monarca como lo probarían las palabras mas repercutidas en la prensa de las que pronunció entonces, que precedieron de poco a su condena (...)

El libro de Ricardo, en la impresión que me merece ahora, así de primeras, tras una primera lectura rápida como a boca de jarro es la confesión (sincera) de un político irredento en búsqueda de credibilidad o de recuperar la que había perdido y a fe mía que lo consigue. Nunca me dejé impresionar desde luego por los linchamientos periódicos de los que el hijo del teniente coronel asesinado por la ETA se vería víctima, antes los que siempre me venía -como es lógico dirán sin duda aquí algunos de mis lectores- la misma reacción a la mente, como un movimiento reflejo (de "esto ya me lo conozco")

Pero no es menos cierto que no conseguía yo superar tampoco la barrera o distancia que me separaba de esta figura tan discutida de la política española en las dos últimas décadas, "grosso modo" el tiempo que habré yo vivido fuera en una expatriación semi/forzosa. Y sin duda por una razón simple de cronología.

Ricardo Saénz de Ynestrillas es una generación más joven que yo. Diez y seis años mas joven, para ser exactos. Formó parte -por lo que sé de su trayectoria- de la generación de gente joven que consiguió aglutinar el movimiento de Fuerza Nueva de Blas Piñar en torno suyo en los años de la transición política, que protagonizaron sin duda un fenómeno político y de sociedad que por muerto y enterrado no permanece menos vivo en el recuerdo de algunos como es mi caso.

"Al tercer año resucitó" era el título de una de las novelas de aquellos años -un autentico "best-seller"- del escritor Fernando Vizcaíno Casas hoy tan olvidado en la historia de la literatura y en la opinión pública y el mercado editorial como el fenómeno que aquí evoco. Y el gran novelista se refería sin duda a ese resurgir de franquismo/residual como se le llamaría en los medios, que llegó a tomar la calle en auténticas riadas humanas, en especial de gente joven, en un periodo cronológico que va -creo recordar- de la manifestación impresionante (millonaria) -en la idea al menos que me quedó a través de los medios y del testimonio de terceros- del palacio de Oriente de 1977, y el fracaso del golpe de estado del 23-F.

No participé de aquel movimiento o corriente de opinión. Ni siquiera interiormente, lo confieso. Para entonces estaba yo ya en Ecône y recuerdo que vestido de sotana/rigurosa de la FSSPX fajín al viento y alzacuello blanco, en una de mis visitas a Madrid, me crucé casi sin quererlo y buscando a esquivarlos más bien con una de aquellas manfiestaciones "ultras" o "fachas" como las tenían catalogadas o estampilladas sus adversarios -como con aluvión que lo invadía todo entonces- y un poco sin comerlo ni beberlo me vi fotografiado en primer plano justo a seguir en la revista Fuerza Nueva, como no dejaría de recordarse en los medios -e incluso por la vía judicial- cuando me detuvieron en Fátima.

Políticamente arrastraba yo ya entonces un pasado político precoz -en el FES- que me acompañaría sin descanso siempre hasta hoy, como en este blog y en particular en sus últimas entradas se habrá puesto (un poco espectacularmente) de manifiesto. Y fue eso sin duda -en parte al menos-lo que me vetó el tomar parte activa, ni de cerca ni de lejos, en aquel rebrote impetuoso de neo/franquismo como cabria calificarlo.

El libro de Ricardo que cae ahora en mis manos es elocuente y revelador, tal vez mas que por lo que dice por lo que calla o lo que deja transparecer entre sus paginas...y en su portada. Un mosaico de colores y de banderas mas que otra cosa. La rojigualda, la tricolor, y la Unión Jack inglesa al lado de la ikurriña separatista. Todo un programa o si se prefiere, la vía libre o la puerta abierta a toda clase de ocurrencias (y sugerencias) (...)

Porque está claro que lo que la portada de este libro anuncia o destapa es que su autor se encuentra en búsqueda (urgente) de nuevos estandartes; de una nueva bandera en suma. He estado leyendo y releyendo con cuidado los pasajes que dedica al tema en las primeras paginas del libro y concuerdo (en el fondo) desde luego con lo que dice sin pena alguna.

Los españoles adolecemos de una necesidad acuciante de nuevas banderas, de una nueva enseña patria dicho en crudo- que catalice y a la vez ejemplifique esa catarsis de patriotismo reconciliador que muchos venimos persiguiendo hace rato de forma mas o menos consciente. Y esa urgencia se percibe sin duda mucho mas nítido y claro si se reside como es mi caso -hace ya tanto- en el extranjero.

Y era sin duda el sentimiento dominante que me embargaba (y me oprimía y abrumaba a la vez) va hacer ahora dos años y medio asistiendo acompañado de mi hijo a manifestaciones de alegría colectiva de los españoles aquí residentes tras proclamarnos campeones de Europa de fútbol, a la vista de aquella marea de banderas roja/y/gualdas constitucionales que no conseguían contrarrestar los escasos toros de Osborne que se distinguían entre la pequeña multitud concentrada en el centro de Bruselas.

Como si desde los embajada o los servicios consulares una consigna urgente y precisa hubiera sido transmitida entre la comunidad emigrante y cumplida a rajatabla de forma que el espectáculo ruidoso -de toros bravos-de encuentros anteriores en las semanas precedentes diera paso de una vez por todas -como/debía/ser- a la vuelta de la normalidad constitucional (y democrática)

Lo que frustraba fatalmente -en gran medida- mi identificación con aquella multitud de oriundos (de la emigración) de los que seguía sintiéndome -¡ay dolor!- tan lejano como hasta entonces por mas que tuviéramos todos el mismo nombre de España en la boca. La enseña debe identificar, antes de todo y mas que otra cosa. Y el libro que aquí estoy comentando tiene toda la razón en ese punto. Y si no consigue hacerlo debe dejar paso a otra cosa, a nuevos estandartes o banderas.

La roja y gualda arrastra un lastre abrumador insuperable de equívocos y maentendidos. Incluso en su forma preconstitucional, hay que reconocerlo. El águila de San Juan -lo que aprendo ahora- fue el escudo de la casa real de Trastámara, vencedores -tras el asesinato (fratricida) del rey legítimo Don Pedro I- de la primera guerra civil castellana, la madre de todas las guerras civiles de nuestra historia, como aquí ya lo dejé sentado. Lo que se ve fatalmente cargado de sobreentendidos. Y la bandera en sí, su color -el rojo/y/gualda- es de importación borbónica, lo que ya sabíamos pero siempre acatamos (más o menos) hasta ahora.

Como acataron -mutatis mutandis- muchos monárquicos franceses ("royalistes") la enseña tricolor francesa/republicana que no dejaría de representar al conjunto de la nación -a izquierdas como a derechas- tras la revolución francesa. A falta de otra cosa (...)

Pero entonces -replicarán de inmediato algunos- no nos queda mas que "la otra", la tricolor (española) republicana. Y ahí estribaba para mí principalmente el problema que creo haber resuelto tras la lectura (precipitada) de las páginas del libro que aquí comento.

Ricardo Sáenz de Ynestrillas no necesita presentación ninguna ni él ni su familia. Quiere decir que no se da en él con certeza el choque o conflicto de memorias antagónicas -en relación con la guerra civil del 36-que se deja traslucir mas o menos visible en otros casos, procedentes "grosso modo" de un mundillo análogo al suyo ("azul" o "patriota") y pienso en particular en antiguos miembros (y fundadores) del FES a los que me habré venido refiriéndome en mi blog con ocasión de recientes polémicas.

Y por eso sin duda me intrigaba y me llamaba la atención sobre manera su preferencia o su "debilidad" si se prefiere por la bandera (tricolor) de la II República. Argumentos históricos desde luego no le faltan. Dos de peso sobre todo. El que fuera la bandera que enarboló la Falange naciente en una manifestación en la puerta del Sol al día siguiente del fracaso de la tentativa separatista en Cataluña -tras el estallido de la revolución de octubre del 34 en Asturias - que encabezaban Ramiro y José Antonio todavía juntos (...)

Y otro factor digno de consideración lo es -en segundo lugar- que su origen primero, lo que aprendo ahora también, antes de convertirse en la nueva enseña nacional tras el 14 de Abril lo fuera el Partido Radical de Don Alejandro Lerroux, uno de los padres de la II república.
Al que cabe incluir no obstante por más que no viviera directamente el conflicto -refugiado en Lisboa para salvar el pellejo (bajo el Estado Novo) desde los primeros momentos del Alzamiento- entre "el pequeño resto de perdedores honorables de la guerra civil (y de la república)", como escribí en uno de mis escritos (confidenciales) sobre la guerra civil española los primeros tiempos de mi estancia en Bélgica, en alusión especialmente al sector de orientación liberal y de extracción social burguesa minoritario en el campo de las izquierdas.

Y a ese titulo la enseña tricolor entra -concedo- dentro del orden de lo recuperable (lo que no es el caso por supuesto de la bandera roja de los comunistas) Por mas que pesen sobre ella las admoniciones joseantonianas contra "las internacionales de Amsterdam" (etcétera, etcétera) Pero la portada del libro de Ynestrillas no es propiamente tricolor, sino un mosaico abigarrado ya digo. Sugerente y sugestivo.

Y me inspira...me recuerda que me diga, no poco así a primera vista. La cruz de San Andres -en rojo- de la que precede la bandera vasca (si se hace abstracción de su impronta inglesa) Y también un pasado remoto -y su llamada no menos apremiante e imperiosa- anterior a los Trastámara, de la España de "los cinco reynos" de la Edad Media, de la Reconquista. Y me viene a la mente no menos fatalmente el recuerdo de la TFP brasileña víctima de implosión tras la muerte de su fundador, el profesor Plinio.

Porque si se le quita todo lo rancio y excesivamente ceremonioso (y anacrónico, y "reaccionario) que fatalmente arrastraba hay que reconocer que los estandartes "luisiadas" tan vistosos de la TFP, y sus borlas y cordones, flotando al viento majestuosos -como yo los vi un tanto absorto en la puerta del Sol al final del tardo/franquismo- fueron tal vez el mayor logro de aquel movimiento, llamado a perdurar en el recuerdo.

Y con eso creo que están reunidos todos los materiales capaces de dar a basto a la imaginación del artista. Elementos para un diseño: lo que inspira a un neófito en temas de heráldica nobiliaria esta primera lectura del libro de Ricardo Sáenz de Ynestrillas (para dejarnos de eufemismos)

El morado medieval con sabor a estandartes y pendones de Castilla. Los (dos) bastones de Borgoña, enseña del Imperio español por estas tierras. Y el rojo y el negro, básicos y elementales, por supuesto.

Qui capit capiat (el que pueda entender que entienda, y se aplique el cuento por cierto)

1 comentario


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Paco Franco 18.11.10 | 22:42

    Espero con interés poder leer la conclusión de su artículo-comentario.

Miércoles, 30 de mayo

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