Hay asuntos que tienen duro el hincarles el diente no por su mayor o menos grado de actualidad (rabiosa) ni por la índole de la temática con la que se relacionan sino porque se anclan hondo en el psiquismo por así decir de la pluma o del teclado del que se decide a abordarlos por las buenas. Temas inhóspitos, áridos, como los desiertos lejanos, que me diga cercanos, ahí mismo, al otro lado del estrecho como quien dice o a la vuelta a la esquina.
Porque el abordarlos arrastra riesgos ciertos, no necesariamente para la integridad física de quien osa hacerlo sino a veces simplemente para su equilibrio emocional o a penas para su estado animico (pasajero) Y son de esos asuntos que ponen mal cuerpo sólo de evocarlos, por lo que sea; que si lo supiéramos ¿donde estaría el problema?
De psicoanálisis del texto hablan los modernos lingüistas y no sin razones porque el psiquismo del escritor se ve plasmado en sus escritos (a su pesar) como si se se dejase sus sesos -de oro, que hubiera dicho Alfonso Daudet- en el papel (o en el teclado) al escribirlos. Un lamento secular de la profesión o del oficio/de/escribir del que se haría eco -¿como no?- Francisco Umbral con su acrimonia y acidez tan proverbiales no sólo en sus columnas sin también en algunos de sus libros.
Y a mí, lo confieso humildemente, me deja mal cuerpo el ponerme a teclear la entrada a la que aquí doy inicio -hasta el punto que se me antoja estar con ello escribiendo...y pensando/peligrosamente como escribió el autor marxista alemán Adorno (tras las huellas de Nietzsche)- por cuenta de un tema trivial en apariencia que se habrá apoderado de mi hoy por la mañana desde muy temprano al socaire de la actualidad deportiva, y es el que me viene a ofrecer una foto de Zinedine Zidane tras su fichaje como técnico del real Madrid junto a su mujer Veronique -de grandes pendientes morunos en la foto- oriunda/española, hija de emigrantes españoles del otro lado de los Pirineos.
Dilema fatal e insoslayable el de los emigrantes e hijos y nietos de inmigrantes nacidos fuera de la Península. Que nos incumbe y afecta a todos y no sólo a ellos. El Sur de Francia fue tierra prometida durante décadas para muchos de ellos -antes incluso de la guerra civil-, donde habrán crecido y ascendido en la galaxia de poder y brillo e influencia del país vecino de forma fulgurante en no pocos casos, como a diario lo vengo presenciando de cerca desde que resido en Bélgica.
La vida de todos los días en Francia hoy se ve surcada y plagada por todas partes de oriundos que pavonean triunfantes sus nombres españoles -apellidos que me diga, pronunciados a la francesa (...)- y su cultura de adopción más francesa que la de los mismo franceses (de estirpe y de nacimiento) La gran pantalla cinematográfica, la pequeña pantalla televisiva, el deporte de masas, los ámbitos académicos y universitarios y hasta la política municipal del más alto nivel -como el ejemplo (un tanto ruidoso) que ofrece la alcaldía de París- ven a un legión de oriundos triunfar y brillar de sus mil luces en el seno de la sociedad francesa de nuestros días. Imponiéndose ellos mismos y sus raíces o mejor dicho la falta de ellas; o para ser exactos la memoria histórica -de escisión- que arrastran, individual como colectiva.
"Modelo de integración" llamaría el embajador (PSOE) de España a la vicealcaldesa (socialista) de la ciudad del Sena, Anne Hidalgo, hija de emigrantes al concederle hace unos meses en nombre del rey la Orden de Isabel la Católica. De integración fuera de España, sí; y de expatriacion (consumada) y de sumisión a Francia, cultural, lingüística, histórica y política e ideológica.
Y corrobaría mis impresiones un comentario que leí hace ya algún tiempo en unos foros en lengua francesa sobre la guerra civil española de alguien que escribía desde el sur de Francia refiriéndose a los oriundos (de la emigración) presentes en la región donde él habitaba, como franceses de pies a cabeza; con una sola nota distintiva y diferenciante y lo era su memoria (de vencidos) de la guerra civil que destapaban a la menor ocasión en el nombre de la democracia...y de la república francesa (...)
Un dato, sociologico además de histórico, a tener en cuenta a la hora de querer hacer comercio o "marketing" con los oriundos del otro lado de los Pirineos como algunos -aprendices de brujo o simples ingenuos- están pretendiendo hoy en Cataluña.
Son franceses ciento por ciento, ¿por qué habría que querer explotar sus raíces problemáticas españolas que esconden en el fondo y en la mayoría de los casos un ausencia o carencia (grave) de las mismas, si no con unas metas o finalidades últimas que tienen poco que ver (directamente) con el marketing o la economia?
¿Si no es por ejemplo para ampliar el área de expansión y los niveles de audiencia y de influencia en el extranjero de las instituciones autonómicas dependientes de la generalitat de Cataluña, a costa por supuesto de los servicios e instituciones dependientes del poder central en su esfera propia de actuación en el extranjero y en particular del otro lado de los Pirineos?
Y viene el caso con la resurgencia del fenómeno de Zidane que a todas luces está "agarrando" entre españoles. Como si el célebre futbolista francés (de nacionalidad) hubiera venido para quedarse, con su mujer/española de trofeo (o de mascota) La mujer de Zidane, Veronique -leo ahora apresuradamente en la prensa del corazón digital- es oriunda (de la emigración española) crecida en Francia y perfectamente integrada a todas luces en el seno de la sociedad francesa, de una familia de emigrantes españoles procedentes de una de de las regiones mas áridas y pobres de nuestra provincia de Almería instalados hace varias décadas en el Sudoeste francés -no lejos de Toulouse- en una zona geográfica nada trivial, por ser lugar de acogida privilegiado de la emigración española desde los tiempos de la guerra civil, del maquis en Francia -durante la segunda guerra mundial y en España después- y del exilio(republicano)
Zidane por su parte es francés de ascendencia argelina lo que encierra también cierta dosis de misterio (o de secreto) porque es también un secreto a voces y no creo que infrinja tampoco las reglas de lo políticamente correcto decir que Zidane -que lleva un primer nombre (Zinedine) de resonancias turcas- no ofrece, a todas luces, la fisonomia prototípica o característica de los habitantes del norte de Africa y evoca en cambio -conscientemente o no en el interesado- el recuerdo del empuje del Imperio otomano por aguas y orillas del Mediterráneo que les llevó a hasta Argelia, en las fronteras -mas o menos cambiantes o movedizas- con el reino (independiente) de Marruecos.
Concretamente le encuentro un extraordinario parecido físico con un marroqui vecino de mi barrio en Bruselas con el que hablé en una ocasión que me confesó ser de ascendencia turca, de una forma que dejaba traslucir su orgullo indisfrazable de pertenecer o de proceder de la minoría selecta que representaría, los últimos siglos, en los países del norte de Africa, la casta militar y dirigente al servicio del Imperio otomano, caracterizada por el sello étnico a parte -turco, no magrebí- de sus componentes.
Con lo que no estoy queriendo en modo alguno -me curo en salud sobre la marcha- insinuar ni siquiera que en el caso de Zinedine Zidane no encontremos con un descendiente de jenízaros o de otro cuerpo de élite del Imperio turco. Comparaciones odiosas.
Y el efecto de espejismo (oriental) parece desvaencerse rápidamente en todo caso si se tiene en cuenta que el célebre futbolista procede de una región montañosa de Argelia, la Kabilia, donde fueron numerosos los partidarios de Francia durante la guerra de Argelia como fue a todas luces el caso de la familia de Zinedine Zidane -"un producto de la Argelia francesa" para algunos- que emigraron de este lado del Mediterraneo justo en el momento de la independencia. Y corrobora lo que digo la onomástica europea occidental (Enzo y Luca) de sus dos hijos, por si había dudas.
No creo en las meigas pero haylas. Porque a pesar de todo lo que precede no puedo decir que la ascensión del franco/argelino Zidane en el firmamento mediático en lengua española y en la estima de la afición madridista -y en el conjunto de la península- me deje del todo indiferente, como español y también como madridista desde niño. Sin duda porque no puedo dejar de asociarlo con el dilema fatal al que me referí al comienzo de esta entrada.
El de los emigrantes de origen español y de los que se habrán cruzado con ellos por tierras de emigración o del exilio. Entre la cultura del país de adopción y la fidelidad a sus propias raíces. Tuve una vez una conversación no poco desazonante y a la vez reveladora aquí en Bruselas con un matrimonio ya de cierta edad -ella en segundas o terceras nupcias-, en el marco de unas actividad benévolas por cuenta del problema de los niños desaparecidos, a las que ofrecí mi colaboración algún tiempo en la resaca de la conmoción social que produjo en Bélgica el caso Dutroux (y sus secuelas)
El marido era belga -de nacimiento sólo o de estirpe también, es algo a fe mía que no sabría decir a ciencia cierta-, ella en cambio era española, asturiana, emigrante aquí (sin connotaciones políticas u otras cualesquiera, o no más de la cuenta por lo menos) de cuando vinieron la mayoría me figuro; divorciada de un anterior matrimonio con un marroquí musulmán del que tenía dos hijos; hijo e hija a la que llegué a conocer, los dos con nombres musulmanes marroquíes.
Y sin embargo, sincerándome (ingenuamente) -más que nada por un deber de cortesía- con aquella emigrante/española, de los riesgos de desarraigo que la emigración y en general la expatriación llevaba consigo y de la desazón que aquella situación me producía en mí como en terceros, no dejaría de erigirse -un tanto culpabilizante- en defensora sin/tacha de las propias raíces (patrias) Sin el menor sonrojo por cierto (...)
A pesar de llevar ella como tantos otros compañeros suyos de viaje -a emigrantes me refiero- de bandera y de divisa en el extranjero el "hambre"" -y "la miseria" y las calamidades sin cuento- que les había echado de España a ella y a los suyos para mayor inri y verguenza patria. Como a la familia de la mujer de Zidán que aquí nos ocupa. "El hambre del campo andaluz fue lo que arrojó a los padres de Véronique (sic) a la emigración", reza un reportaje de la prensa/digital del corazon sobre la esposa del célebre futbolista.
Y a eso llamaba aquella emigrante/asturiana por lo visto la salvaguardia de las propias raíces (patrias): el hacer alarde por sistema -siempre en plan de víctimas por cierto- de aquel pasado en el extranjero, en desdoro y deshonra no solo del régimen de entonces, sino del conjunto de la población española que decidió no emigrar como ellos (...) ¡Propagandistas puertas a fuera de una imagen de España más negra que la de la Leyenda!
Zinedine Zidane gusta de proclamar ufano a tiempo y a destiempo y a todo el que le quiere oír su apego sincero a la patria (chica) de origen de sus mujer y al "mar andaluz" del que proceden ella y su familia, y confieso que esa evocación "andalusí" en los labios del franco/argelino me produce chirridos por dentro en el plano de la memoria a mi pesar y sin duda a pesar del propio interesado del que no dudo en sus sinceridad a la hora de expresarse, algo con lo que habrá sabido ganarse la afición madridista como lo consiguió un Di Stefano o el mismo Puskas. Pero aquellos eran otros tiempos -de guerra fría- y ahora en cambio vivimos inmersos desde hace ya un rato en la problemática del choque de culturas.
Los "harkis" en Francia -el colectivo inmigrante argelino del que procede el célebre jugador madridista- se sentían franceses y eran sinceros sin la menor duda. No es óbice que en la segunda o tercera generación se produciría un fenómeno de rechazo y de resurgir de las viejas raíces árabes -de impronta islámica- que crearía el caldo de cultivo del enorme problema que la inmigración musulmana y sus desafíos de integración plantean desde hace ya un rato al conjunto de la sociedad francesa.
Y confieso que viendo ahora a Zidane en las fotos con su mujer española no puedo dejar de pensar en su cabezazo brutal en el campeonato de Europa hace cuatro años ahora. En el "turco" que lleva dentro, para expresarlo de una forma gráfica y para dejarnos de eufemismos.
Por más que de vuelta en una ocasión a su país natal en un encuentro Argelia-Francia la hinchada local le abuchease y (escupiese) por traidor y por vendido. Y por más que para aceptar ahora la oferta madridista haya tenido primera que declinar la que le ofreció el propio presidente argelino en persona hace unos meses.
Y sin duda que pese a su esposa española o a causa de ella mas bien, Zinedine Zidane se encontrará siempre que siga residiendo entre españoles frente al dilema insoslayable que le plantean sus orígenes. Parecido -mutatis mutandis- al que nos planteó a los Españoles descendientes de la Reconquista el fenómeno de lo que se dio en llamar la España de las tres culturas.
¿Vencedora, en el caso que nos ocupa, la memoria histórica -de escisión- que arrastran muchos emigrante/españoles; o el reflujo de las olas o de la marea (en ascenso) en cambio, que está llevando a las nuevas generaciones en el Norte de África a occidentalizarse (sinceramente) y a abrazar incluso el cristianismo? Se admiten apuestas.
Los comentarios para este post están cerrados.
Juan, mi respuesta era a tu afirmación que entrecomillé. Desde mi criterio técnico que puede ser acertado o sin validez. Saludos también, por supuesto. Muy cordiales sea dicho de paso.
Me hago cargo de tu razonamiento. No se trata no obstante de excluir a nadie. Y no veo el interés comercial que puedan ofrecer su orígenes conflictivos. Son franceses cien por cien. Piensan y sienten como franceses y así lo muestran -como aquel enérgumeno del Olimpic de Marsella- y el ponerse a escarbar en su raíces es querer crearse problemas y complicarse la existencia. Pero es también sin duda -te lo reconozco- una forma hábil de atraerse subisidios por cuenta de la ley de la Memoria Historica. A fin de cuentas no son menos que los descendientes de españoles, tercera, cuarta generación del otro lado del charco o los descendientes de moriscos del otro lado del estrecho (...) Que sigan siendo buenos franceses pues y paz donde hubo guerra y aquí no paso nada. Saludos
"Un dato, sociologico además de histórico, a tener en cuenta a la hora de querer hacer comercio o "marketing" con los oriundos del otro lado de los Pirineos como algunos -aprendices de brujo o simples ingenuos- están pretendiendo hoy en Cataluña."
Según el British Institute of Marketing, y valga la repetición, "Marketing es la parte de la gestión comercial dedicada a anticipar, identificar, satisfacer las necesidades del consumidor de manera rentable". Quienes pretenden dirigirse a un consumidor determinado, por tanto, han de analizar-conocerlo previamente y, después, comunicar con él en base a ello. Cuesta creer que en la fase de investigación y análisis previo a trazar estrategias, los responsables de las acciones que mencionas marginen variables de su target objetivo, el de los franceses de origen español. Salvo mejor parecer.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català