
"Creo que me estoy volviendo loco" A confesion de parte -viejo adagio juridico- exención de prueba. Es lo que cabe concluir desde luego de las recientes declaraciones del hispanista y escritor de origen irlandés, Ian Gibson con ocasión de su último libro sobre Garcia Lorca. Nada nuevo bajo el sol, una recensión a penas en detalle y en sus fases decisivas de toda la operación de desentierro de los restos del poeta granadino que se saldaría clamorosamente las navidades del pasado año por un fiasco grandioso, a medida de las expectativas creadas.
Una lata (vacía) de sardinas fue todo lo que encontraron los (ex) cavadores actuando de concierto con los responsables directos de la operación, altos cargos (todos) de la junta de Andalucía. Lo que explica sin duda el desconcierto y desazón de los que da muestras ahora el fogoso irlandés (hispanista)
A mí Gibson, vaya dicho de entrada, no me cae mal (del todo); la verdad sea dicha. Le conozco incluso personalmente, creo aquí ya haberlo contado. Me crucé delante suya, de una de las mesas de trabajo donde se encontraba consultando prensa antigua, en la sala de periódicos y revistas de la biblioteca nacional en Madrid hace ya algún tiempo, antes del fiasco por supuesto, y en el marco de mis trabajos sobre Umbral a los que aquí ya tantas veces habré aludido.
Tuve el pronto de acercarme a él aunque al final no lo hice temiendo que nuestra conversación -sobre el tema en ascuas (entonces)- pudiera acabar por malos derroteros. Y me alegro hoy de no haberlo hecho. Si se tiene en cuenta además la reputación -bien cimentada a lo que parece- de tener un carácter fuerte y temperamental que Gibson arrastra consigo. Como la carga emocional de la que habrá hecho tanto derroche en sus búsquedas.
En el pecado no obstante su penitencia. Porque cabe decir que la situación anímica en la que el celebre hispanista irlandés parece encontrarse ahora no es ajena en modo alguno a su designio tercamente mantenido a lo largo de muchos años de meter la nariz a fondo en los aspectos más dolorosos y aun sin cicatrizar de una guerra civil entre españoles, que él no había vivido, ni él mismo ni los suyos (por lo que aparenta al menos)
Su designio guerracivilista, revanchista y beligerante en favor de la memoria de los vencidos, no se habrá limitado además a la figura del poeta granadino. En su biografía sobre José Antonio -que algunos, se diría, tienen por verdad revelada- aflora su guerracivilismo, cojeando siempre del mismo pie por cierto, en el tratamiento sobre todo que le merecen las circunstancias que rodearon los últimos días en la biografía de de José Antonio y en particular el juicio ante el tribunal popular que le condenaría a muerte, y donde volviendo sobre las los pasos del libro (documental) de José María Mancisidor -"Frente a frente"- y de los reportajes periodísticos del corresponsal -amigo personal de Negrín- del diario norteamericano "Chicago Herald Tribune", intenta demostrar que José Antonio se opuso o renegaba del Alzamiento y por vía de consecuencia de la inmensa mayoría de sus militantes y partidarios que se habían sumado a él por toda España de la forma mas ardiente, heroica y entusiasta.
Gibson da por sentado, es cierto, que José Antonio al final, en su juicio y justo antes de su muerte, estaba en contra del Alzamiento y que renegaba por lo tanto del bando de los que acabarían siendo vencedores de la guerra civil; y esa es una baza que habrá sabido esgrimir hábilmente con unos y con otros en su tarea reexhumadora -y revisionista- por cuenta de Garc%ia Lorca.
Por mas que alineándose tras una tesis que tanta cizaña habrá contribuido a sembrar durante décadas de posguerra se acabase fatalmente volviendo en contra suya con el fiasco del Viznar de las navidades pasadas. Porque si se equivocó allí en una cuestión de datos materiales a penas, por qué no podía equivocarse mas aun en un juicio de intenciones como lo es el que somete al fundador de la Falange, tratando de dilucidar cuales fueron los designios últimos de José Antonio en relación con el Alzamiento y la guerra civil "in extremis", por encima de sus declaraciones ante un tribunal popular que no tenían mas valor -relativo, entre paréntesis, por verse destinadas sustancialmente a evitarle la condena a muerte- que el que le conferían las circunstancias trágicas ya al borde de la muerte que atravesaba el acusado, abogado de profesión y avezado en las lides oratorias dentro y fuera de los pretorios.
Pero como en tantos otros asuntos de muy distinta indole, la cuestion (vana) de dilucidar si sí o no José Antonio mantuvo hasta el final su decisión -documentalmente probada- de apoyar de cuerpo y alma al Alzamiento, traiciona o revela una apuesta (o voto intimo) en muchos de los que la plantean.
En favor o en contra de una de los dos memorias ("grosso modo") enfrentadas en el tema de la guerra civil española. Y está claro que la apuesta del hispanista irlandés -en favor de la memoria de los vencidos de la guerra civil- habrá permanecido invariable a lo largo de su trayectoria y en particular los años, ya muchos -desde finales de la década de los sesenta-, que lleva residiendo en España.
Como lo ilustra su libro claramente difamatorio en contra de Ramón Ruiz Alonso -escrito en la década de los sesenta- que le valió al interesado la muerte en el exilio donde fallecería (...) Convidado de piedra del hispanista irlandés, el diputado derechista granadino desde luego, que no le deja ya a sol ni a sombra; al borde de la locura como confiesa encontrarse ahora.
Siempre defendí a Ramón Ruiz Alonso en este blog. Desde el principio. Antes y después del fiasco de las operación restos de Garcia Lorca; pero esta claro que tras el final de las operaciones de desenterramiento en el Viznar la estrella del ex diputado granadino de la CEDA asciende imparablemente en el cielo de la memoria histórica. Y se merece sin duda una revisión urgente de su figura.
En particular en sus puntos mas controvertidos y mas proclives a prestarse a la polémica o a la propaganda partidista. Y más en concreto su trayectoria publica -en política- durante los años de la república. Surcada como así se ve hsta ahor de momentos "guadiánicos" de lo que se deduce del libro que le dedica Gibson -"El hombre que detuvo a García Lorca"- donde hace referencia a la desaparición (sic) -durante unos meses del año de 1933- de Ramón Ruiz Alonso, tras la fundación del partido Acción Obrerista en Madrid, al que dedicaría un artículo en el Ideal de Granada -diario derechista- el 3 de mayo de aquel año, seguido "unos días después" de su discurso en con ocasión de la visita de Ángel Herrera Oria prohombre del catolicismo español de los años de la república, hombre de confianza de la Nunciatura y cerebro gris detrás de la creación de la CEDA y verdadero mandamás del partido derechista.
"Durante los siguientes meses desaparece", escribe Gibson (op. cit. p. 21), que menciona unas líneas mas adelante su reaparición (sic) con un articulo publicado en el Ideal de Granada el 15 de octubre del 33 (solamente) (op. cit. p. 22) Qué hizo todo ese tiempo, la pregunta inevitable? "Se colige -responde el propio Gibson por su cuenta- que ha estado entregado durante los últimos meses a su misión de redentor de las masas obreras" (loc.cit) De las garras del marxismo -sobreentendido- de las que las veía presa (...)
Unas menciones de particular interés desde luego en la medida que la laguna biográfica que en ellas se recoge coincide cronológicamente con un episodio que viene siendo objeto de cierta polémica en mi blog y me refiero al asalto -el 22 de julio - del 33, de la Asociación amigos de la Unión Soviética en Madrid, a cargo de un grupo de militantes jonsistas, que evoca -bajo el suedonimo Roberto Lanzas- Ramiro Ledesma en su libro "¿Fascismo en España?" en unos párrafos donde se ve mencionado "el camarada Ramón Ruiz", "lugarteniente eficaz" y alma de aquella operación (op. cit. p. 81), en la que también intervendría el que seria uno de los fundadores del SEU, Matías Montero y Rodríguez de Trujillo.
Y la polémica se vería servida en est blog a partir del momento que me permití por mi cuenta y riesgo identificar ese nombre con la figura del diputado de la CEDA por Granada, tal y como lo hace uno de los biógrafos de Ramiro. Todos los indicios concuerdan y apuntan en esa dirección desde luego ; para verse (solamente) contradichos -en privado- por un único testimonio en suma, el del hermano de Ramiro, José Manuel Ledesma Ramos, que así se lo confió en vida a un lector asiduo de este blog y amigo mío; y así me lo hice éste saber en comentarios suyos a la entrada de mi blog en la que traté del tema. Durante cierto tiempo decidí pues -en atención a mi amigo- poner entre paréntesis la cuestión de la identificación de ese "camarada Ramón Ruiz" al que Ramiro alude en su libro.
Al cabo de madura reflexión no obstante, después de haber leído a Gibson y tras sopesar todos los indicios que abonan la tesis que mantuve, me decido a seguir manteniéndome en mis trece, sin menoscabo del crédito historiográfico que me merece mi contradictor y amigo, y de su reconocida labor de investigador y de lo valioso de sus aportaciones en ese y en otros muchos temas relacionados con la historia de la Falange y del nacionalsindicalismo.
Porque si Ramón Ruiz Alonso no fue ese "camarada Ramón Ruiz" al que Ramiro alude en su libro, quiere decir que habría que inventarlo o identificarlo simplemente, a fin de salvarle -¿sólo a a él?- del anonimato entre tantos nombres propios que surcan el libro, todos prácticamente -menos él (...)- identificados en sus nombres y apellidos. El "lugarteniente eficaz" de ramiro ¿único a no poder ser identificado? Está claro que no.
Y en cambio todos los indicios corroboran que se trate de una misma persona, ya digo. La imagen, para comenzar, de hombre de acción, arrojado y valiente y con facultades de organizador y dotes de mando que atribuyen a Ramón Ruiz Alonso, prácticamente unámimes -incluso Gibson- todos los que le conocieron, en perfecta sintonía con la que da de él -de hombre de acción más que de ideólogo- Ramiro en su libro.
Abona también la tesis que defiendo el obrerismo (de derechas) explícito y manifiesto del que seria mas tarde diputado de la CEDA -obrero tipógrafo de profesión- en consonancia con las tesis más emblemáticas y el espíritu reivindicativo y a la vez (violentamente) anti-marxista que se respiraba en el movimiento jonsista; como lo ilustra el que el nombre de aquél figurase en la candidatura de la CEDA -que le valió el escaño por Granada- en nombre de la Acción Obrerista madrileña.
Y es algo que concuerda sin pena también con la hipótesis -perfectamente defendible- de su militancia jonsista, por fugaz o anecdótica que fuera, como lo ilustran los casos de otros firmantes de la Conquista del Estado que acabarían en cuadrantes ideológicos diferentes; en las filas del comunismo o en la CEDA incluso, como seria el caso -reexhumado en obras recientes- de Antonio Bermúdez Cañete, asesinado por los rojos en los inicios de la guerra.
Y viene a reforzar lo que defiendo el detalle todo menos trivial de la presentación de la nueva candidatura de las derechas tras la anulación de las elecciones en Granada en febrero del 36 que no llegó a materializarse por el boicot que les declararía el Frente Popular y en la que figuraba Ramón Ruiz Alonso junto a una mayoría de candidatos de Falange Española. Entre ellos el mayor de los Rosales, falangista y amigo de Ramón Ruiz Alonso.
Un diputado de la CEDA un poco mas "fascistizado " pues, se convendrá conmigo -en el perfil que se desprende de esos trazos de su trayectoria que aquí recojo- de lo que era el patrón o la regla en vísperas de la guerra civil en aquel movimiento "fascistizado" (como lo calificaría Ramiro Ledesma, y de trayectoria un tanto atípica y erratica a la vez como lo sería este útimo -en vida y en el recuerdo-; pero está claro que la caución inatacable del fundador de las JONS no podía convenir a los que decidieron de antiguo convertir al célebre derechista en el chivo expiatorio de la muerte (sin esclarecer hasta hoy) de Federico García Lorca.
Y en esa exacta medida me parece perfectamente legítimo poner entre paréntesis el testimonio (en privado) -a no dudar sincero y de buena fe- de José Manuel Ledesma Ramos, deseoso sin duda de preservar la memoria de su hermano Ramiro.
Buscando sin duda a desmarcarle o a distanciarle en el recuerdo de una figura como la de Ramón Ruiz Alonso, puesta en entredicho a izquierdas y a derechas desde los tiempos del tardo/franquismo.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
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Mª Rosario Aldaz Donamaría
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Peio Sánchez Rodríguez
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