
Gritad por los tejados -reza el texto bíblico, o algo así- que acabarán hablando hasta las piedras. Algo asi se diria, es cierto, que acaba de ocurrir tras las necrológicas beligerantes -lo reconozco- que dediqué días pasados en mi blog a la muerte del líder sindicalista y comunista fundador de las Comisiones Obreras.
Porque el silencio de siete losas que rodeaba los aspectos y facetas más oscuros y silenciados -por impresentables- del recién fallecido saltan ahora en mil pedazos por donde menos cabía esperárselo. Y es lo que se me ocurre leyendo una reciente colaboración en la prensa digital de Sigfredo Hillers, que se erige ahora no de "testigo observador" sino de los "de dentro" en un capitulo preciso de la historia del FES que él fundaría junto con Ceferino Maestú.
Y es el referente al papel de aquella organización en el nacimiento de las Comisiones Obreras, y a los contactos estrechos -los de Ceferino y los suyos propios- con Marcelino Camacho, al que parece haber conocido mucho mejor de los que muchos podían haberse sospechado.
Porque a leer lo que ahora escribe Sigfredo se diría que estaban cruzándose entonces a cada minuto unos y otros, los dirigentes del FES y el líder obrero y comunista. Que Santa Lucía le conserve la vista desde luego, porque a tenor de lo que ahora escribe sobre el pasado inconfesable de Camacho -llega hasta acusarle de crímenes durante la guerra civil-, de agente al servicio de Moscú, de militante del aparato sin el menor escrúpulo en su trato con los que no eran de los suyos, cabe preguntarse si no se dió cuenta entonces; y sobre todo por qué no se decidió a contar todo eso mucho antes, y sólo ahora, tras la muerte del interesado.
Nunca sospeché a Sigfredo de agente doble, o en lenguaje antiguo de la guerra civil española, de "criptocomunista". Mi palabra. Pero confieso que leyendo recientes testimonios suyos se me llena la cabeza de malos pensamientos hasta el punto que me pregunto si no seria más prudente y más sabio y juicioso de su parte el abstenerse en lo sucesivo de hacer ciertas confidencias o revelaciones en público llamadas fatalmente a ser mal interpretadas o a crear un clima de confusión en torno suyo suscitando un sinfín de interrogantes.
Porque ¿qué quiere que pensemos leyendo que poco antes de la caída del Muro habia coincidido en un viaje a Berlin oriental (en la antigua RDA) -¿en el mismo avión?- con Marcelino Camacho, éste último allí invitado para recibir una condecoración del régimen comunista; Sigfredo en cambio, para dar conferencias en la Universidad Alexandre Humboldt de vieja y añeja tradición y a la vez institución emblemática si las hubo de la Alemania comunista. Y además nada parco en detalles tampoco (...)
Dió allí dos conferencias, nos cuenta. Una para estudiantes "seleccionados por el gobierno"; y otra para profesores -y responsables- de aquella institución universitaria. Y leyéndolo surcan mi mente ideas fugaces, de repente, de negra melancolía. Sigfredo no precisa exactamente la fecha de su estancia en Berlín oriental pero es no poco verosímil el conjeturar que fuera precisamente durante el período de mi encarcelamiento en Portugal, entre 1982 y 1985, a pocos años pues de la caída del Muro.
Y puestos a conjeturar cabe apostar que fuese tal vez precisamente en 1983 "anno horribilis" del terrorismo de la ETA con un balance sin parangón posible ni artes ni después en la historia de la banda terrorista, por el numero de sus víctimas.
O si no, el año siguiente a aquél, de 1984, el mas negro de mi estancia en prisión -cada dos por tres en celda de castigo por insubordinación- y de la historia de la posguerra mundial al mismo tiempo tal vez, marcado por el derrumbe a manos de los soviéticos del avión Jumbo surcoreano que abririría (la luz al cabo del túnel) las primeras grietas -de Glasnost y perestroika- al interior del régimen soviético; y por el asesinato del padre polaco Popieuzsko a manos de la policía política del regimen comunista.
Pero se diría que ese recrudecer de la guerra fría no contaba para Sigfredo que seguía a todas luces haciendo la guerra por su cuenta e intentando convencer a los comunistas alemanes en sus esferas dirigentes incluso, yendo hasta predicarles "su" buena nueva joseantoniana -un tanto "sui generis"- en su propia guarida; y eso en pleno endurecimiento del régimen comunista a costa de los disconformes o de los que trataban simplemente de huir del país, como él mismso lo recuerda. Con un concilio y un posconcilio ya (casi) de retraso se diría (...)
Igual que nos instaba hacer a sus subordinados del FES con los estudiantes rojos en la universidad del tardo/fraquismo, presa y blanco ya de una ofensiva salvaje de subversion que llevaría al campus de la Universitaria madrileña en poco tiempo a un estado de guerra civil casi larvada. Los viajes de Sigfredo por detrás de la cortina de hierro (de antes de la caida del Muro) no obstante forman parte indiscutiblemente de su leyenda personal y de su aureola.
En una conferencia sobre revisionismo historico a la que asistí en Madrid hace unos meses se hizo referencia sin dar nombres a un profesor universitario español con el que se había topado en la Plaza Roja antes de la caída del Muro, uno de los conferenciantes, que evocaba los juiciosos y sabrosos comentarios de aquél profesor anónimo tan ocurrente e ingenioso, perdido -como los personajes de Tin-Tin- en la Rusia de los Soviets. Y uno de los que me acompañaban me susurró en voz baja que se trataba sin discusion ninguna del propio Sigfredo (...)
In dubio pro reo. Un principio que Sigfredo me discute ásperamente en materia de despenalización del aborto y de interrupción del embarazo pero que nos sentimos obligados a aplicarle "in extremis" si queremos seguir concediéndole el beneficio de la duda aunque sea. Sigfredo es de ascendencia alemana; directa, por lo que tengo entendido.
Y eso ya, nos lo reconocerá, arrastra ruidosas cacerolas que le acompañarían fielmente -se diera cuenta él o no- durante décadas de posguerra y sobre todo tras el 45 por lo menos en sus viajes al extranjero. Hasta el punto que el ruido nos llegaría a los que tuvimos de una manera u otra relación o contacto con él en un momento de nuestras trayectorias, como me ocurrió a mí tras la publicación de mi libro autobiográfico "El loco de Dios", en una conversación con un periodista extranjero que con ese motivo entró en contacto conmigo y se me hizo eco de los comentarios e interrogantes suscitados en su círculo de allegados y conocidos, por mi mención -sin dar demasiados detalles- en mi libro de Sigfredo, soliviantados sin duda por la circunstancia de su ascendencia directa alemana que en mi libro precisaba, y el colorario inevitable -en lo que aquel periodista me contaba- de sospechas de pasado nazi, directamente en el propio interesado o en los suyos.
Y se diría que esos pormenores todo menos triviales, de español significado por sus posturas e ideas políticas (fa-lan-gis-tas) y de ascendencia alemana próxima, lejos de cerrarle el paso y obstaculizárselo -ya de entrada y de lejos- como parecía ocurrirle en el área cultural de la francofonía le abría las puertas en cambio y le daba accesos hasta los escalones superiores de la pirámide de poder e influencia en la Alemania comunista. Por lo que fuera.
¡Vivir para ver, fantasmas mios! Porque hay que haberlo sin duda vivido para calibrar en su justa medida el peso de una ficha/política ("sui generis") por cuenta propia en los tiempos del tardofranquismso como me ocurrió a mi, causa de todas mis desventuras durante mi servicio militar por culpa de haber militado, antes de abandonarla "de motu propio", en la misma organización -el FES- que Sigfredo dirigiría; algo además que me acompañaría fielmente sin darme cuenta (...) dese entonces, para salir a relucir décadas mas tarde como aquí ya lo tengo contado con ocasión del comienzo de mis sinsabores judiciales en Bélgica.
¡Fichas puramente políticas del tardofranquismo circulando sin escrúpulos ni problemas en las diligencias de respuesta a rogativas internacionales, con la justicia española de la democracia! Y Sigfredo en cambio queriendo hacernos creer que los visados para la Europa del Este antes de la caída del Muro y antes incluso -cabe presumir- de la entrada de España en la UE se repartían como rosquillas sin tasa ni reservas, asi como asi, sin condiciones nigunas, la verdad es que pone a prueba la buena fe de cualquiera.
Aunque la cosa tal vez tenga una explicación muy sencilla. El antinazismo y azntifascismo, de coartada ideal de toda una trayectoria (política y no sólo) Me explico. Sigfredo es de ascendencia alemana pero en la medida que ni él ni los suyos (más allegados) habia vivido la guerra mundial ni siquiera el ascenso del nazismo, puede que le abriese puertas en su tierra de origen a condición de prestarse un poco a ello; me explico, de enseñar bandera blanca como quien dice -expresamente anti-fascista y anti-nazi por cierto, por muy falangista que se dijera- y todos aqui ya han adivinado sin duda a lo que me estoy refiriendo (...)
Porque el intentar "vender" o conseguir hacer aceptable para las instancias responsables -administrativas aunque solo fuera- de un régimen comunista como el de la Alemania Oriental su etiqueta de falangista/disidente -o de falangistas de izquierdas- tal vez era tarea menos difícil para él de lo que pueda parecer a primera vista. Por su ascendencia alemana. Y en un contexto de eurocomunismo y a la vez de recrudecimiento de la guerra fría- como el de los años aquellos.
Y más aún si se le añadía su condición de fundador o cofundador -o asistente de aquellos- en el nacimiento las comisiones obreras, como el mismo da entender en el escrito reciente al que aquí estoy aludiendo. Y no sigo por ese camino que me pierdo (...)
Pero hay una cuestión subyacente también en ese faceta europea (del Este) crucial, se me antoja, que Sigfredo no se habrá molestado nunca en esconder -bien al contrario-, de su trayectoria. Y es algo en relación estrecha por cierto con su ascendencia (próxima) alemana. Alguna vez, en mis tiempos del FES evocó en presencia mía a su familia alemana, con la que a todas luces a pesar de la separación y de la guerra habían seguido, él y su familia española, manteniendo los contactos.
Sigfredo -soy formal en lo que digo- discrepaba radicalmente de la ideología nacionalsocialista. Y ponía todo el ahínco del mundo en distinguir la Falange del fascismo y del nazifascismos. Como un alegato "pro domo" y en un sentido profundo, se diría (...)
Porque lavando a la Falange de la acusación -gratuita- de no ser más que una versión española del fascismo internacional, se diría que escapaba o pretendía escapar él mismo a un conflicto interno de memorias colectivas mas o menos antagonista, la de la Falange de los años la república y de los vencedores de la guerra civil, por un lado, que él pese a sus distingos y matices tan proverbiales reivindicaba ; y por el otro, el de una memoria de vencidos y me refiero a la memoria de la derrota alemana tal y como la arrastran, siempre viva, una inmensa mayoría de alemanes (y de alemanas)
El choque de memorias antagónicas en Ceferino Maestú -hijo de un padre fusilado por los nacionales- me pareció desde que supe de aquella circunstancia algo evidente hasta la transparencia. Y en Sigfredo, desde hace algún tiempo -que antes no, lo confieso- empecé a sentir aflorar un fenómeno análogo o parecido.
¿Hijo de padre rojo, Sigfredo, como ya lo insinué aquí en alguna ocasión? No lo sé, nunca nos habló de su padre, aquí ya lo dije. Por lo que fuera. Pero tal vez sea que de las perplejidades que su trayectoria tan atípica sigue inevitablemente suscitando en algunos, de cuenta simplemente ese fenómeno de una doble memoria histórica -española y alemana- que a todas luces arrastra.
Con el corolario inseparable de los coágulos de amnesia de la que se ve rodeada. Y tal vez que sea esa piedad (y conmiseración) por el pasado alemán que profeso sin tapujos -como aquí ya saben- lo que acabe sellando la paz definitiva entre nosotros dos (cuando decida dejar de seguir haciéndome la guerra, o de cerrarme el camino, como llamársele quiera)
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Ana Caballé decía de Umbral -mi maestro...en escritura- que habia conseguido la proeza de convertir su tarea de escritor en un arma insustituible en provecho propio (y en su defensa) Y algunas de mis entradas tiene una intencionalidad mas precisa que otras, lo reconozco. ¿No voy a estar lanzando siempre fumatas al aire como los indios piel rojas? Estarás de acuerdo. Saludos
Será porque escribe para su secta, pero yo no me he enterado de nada. Que tiene que ver el titular con el rollo que larga a contibuación.
Puedes mirar tú misma en el diccionario de la Academia (que limpia, fija y da esplendor) Saludos
Cambiando de tercio. No he comprendido "-soy formal- ", ¿qué significa exactamente ?
Juan, mutantis mutandis. Suena raro también "de" más "motuo propio". Creo que me respondes motu proprio.
Tienes razón en el fondo, María Teresa, pero es un latinismo admitido -como tantos extranjerismos- en el lenguaje y en la escritura corriente, y además suena más eufonico que como tú propones. Y eso ya es una razón bastante por mucho que no lo acepten los puristas y los nuevos inquisidores del idioma (en la orbita del PSOE no pocos de ellos...) IN DUBIO LIBERTAS (en eso y en otras muchas cosas) Y más todavía entre los que gustamos de latinajos (que Umbral detestaba) Saludos. Y que conste que te respondo "de motu propio"
aburre un poquito la repetición de "motu propio", es "proprio".
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català