Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

¿La Falange movimiento fascista?: memoria de la guerra civil y revisión de la historia de los dogmas

02.11.10 | 01:13. Archivado en Historia secreta y discreta del franquismo
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Octubre -ya lo dije- es mes de commemoraciones, y Noviembre mas todavía, al menos entre españoles. Y con el aproximarse de la fecha aniversario (en la mente de todos) resucitan ciertas cuestiones viejas y añejas hasta hoy nunca resueltas de todo. Como la del dilucidar si la Falange, sí o no, fue un movimiento fascista; a la que pretendí aportar mi granito de arena -en mi primer blog- hace ahora ya dos años.

El estado de la cuestión, por expresarlo en lenguaje (pedante) académico sigue gravitando sin duda en torno a la célebre nota de puño y letra del propio José Antonio que "la Falange no era un movimiento fascista" en vísperas de la celebración del congreso internacional fascista en la localidad suiza de Montreux en mayo del 35; lo que a algunos, setenta y cinco años después, nos parece perfectamente superado.

En un debate que he venido siguiendo de cerca en unos foros de opinión se habrán enfrentado sustancialmente las posturas de los que dicen querer asumir el pasado/fascista de la Falange y por vía de consecuencia, la de los nazifascismos, y "pari passu" el peso de su derrota en la segunda guerra mundial; y por otro lado, la de los que se niegan en cambio a asumir ese vínculo y parecen repartirse entre los que viene repitiendo con escasa variación -en una versión digamos tradicional- los mismos planteamientos hace ya muchos años, y los que parecen querer aportar cierta novedad ahora al debate, en el plano documental o en el de los argumentos que vienen esgrimiendo, aunque solo sea.

Un poliedro inextricable lo que les parecerá a algunos desde luego; a imagen y semejanza del que sigue ofreciendo la temática del fascismo, de su propia definición y del fenómeno ideológico indisociable del concepto en ascuas y de su terminología. Durante varias décadas a seguir al desenlace de la segunda guerra mundial fue sinónimo de descalificación terminante y absoluta.

Tras la caída del Muro no obstante se sucederían hasta hoy claras tentativas de revisión, y de rehabilitación incluso, de aquel fenómeno que habrá marcado como pocos la historia del siglo XX. Bienvenidas sin duda, pero no nos llevan a suscribir -conforme a las tesis mas explicitas de los fascistizantes- que la Falange no fuera mas que la versión española de aquel fenómeno ideológico que prendió un poco por todas partes en suelo europeo (y no sólo)

El argumento -probado- de la financiación de la que disfrutó José Antonio de parte de organismos de propaganda dependientes del partido fascista italiano no nos pareció nunca a muchos de carácter dirimente en modo alguno. Como tienden a confirmarlo declaraciones repetidas, insistentes, de José Antonio que se verían rubricadas en más de una ocasión por la vía de los hechos consumados, y de las que sobresalía una voluntad clara de afirmarse como movimiento con una personalidad distintiva, acorde a una idiosincrasia histórica y cultural (española) bien definida; y de seguir su vía propia -"ni de izquierdas ni de derechas"- en las aguas de la política nacional de entonces y en el concierto de las naciones dominado aquellos años por la confrontación histórica entre los nazi/fascismos y el comunismo marxista.

La Falange, acorde a las categorías que se verían esgrimidas en el ensayo de Ramiro Ledesma "Fascismo en España", y en la perspectiva histórica del tiempo transcurrido desde su aparición, puede ser englobada o catalogada como un movimiento "fascitizado" que sufriría como tantísimos otros movimientos de signo político y social en la época aquella, de un mismo fenómeno de mimetismo e imantación en relación con dos movimientos hegemónicos en la Europa de la década de los treinta y me refiero al nacional/socialismo alemán y al fascismo italiano; los "fascismos mayores" como los llama -no sin segundas (...)- un estudioso de la historia del movimiento falangista (...)

Lo que no quita un ápice a aquél de su originalidad ni compromete irremediablemente tampoco en modo alguno su destino en el universo de los fenómenos históricos y de la ideas políticas. Y lo que sí se me antoja indispensable en cambio en el análisis es un enfoque de memoria histórica inesperable por cierto de un abordaje histórico y memorialista de la guerra civil española, y de la posguerra y del régimen de Franco.

Episodios o hitos históricos dentro de la historia (grande) de la segunda guerra mundial como la División Azul -sin dejar de revestirse de gran importancia y transcendencia en la vara de medir que acabo de postular- no dejan de ser meros episodios que deben ser enfocados y analizados a la luz de un fenómeno o prisma dominante, a saber la relación íntima y estrecha entre Falange y guerra civil, tal y como aquí querría dejarlo sentado.

Y el análisis, primordialmente de memoria histórica, que aquí emprendo escapa también por todas partes a un tratamiento de pura ucronía -histórica o literaria- consistente en dilucidar lo que hubiera hecho o decidido José Antonio en la guerra civil y en la segunda guerra mundial si hubiera sobrevivido.

Una cuestión puramente de historia (y literatura) /ficción, me lo reconocerán aquí todos, que se ve desbordada y relegada por otra de mucho mayor calibre y envergadura consistente en detectar y disecar la importancia y el alcance real del fenómeno histórico de la Falange en la guerra civil española y en la España de la inmediata posguerra y en la vida interna del régimen antes y después de la fecha crucial que aquí ya habré dejado señalada del desenlace de la crisis de régimen en el 57.

Y cabe desde luego concluir de entrada a modo de postulado fácilmente demostrable que si la Falange, antes y después de su descabezamiento en los inicios de la guerra civil, marcó tanto y tan a fondo la sociedad española en un capitulo tan crucial y tan duradero de su historia contemporánea, lo fue sin duda porque por unas razones y otras conseguía entroncarse en la mas genuina tradición española.

Falange y catolicismo. Una cuestión colateral e inseparable a la vez de la temática que aquí vengo abordando, y de una importancia crucial y decisiva a la hora de deslindar en los planos histórico e ideológico la falange del fenómeno fascista (o nazi/fascista) Por que se puede dejar sin pena sentado que en la medida que la Falange conseguía enraizarse en la tradición (católica) española se perfilaba como algo radicalmente distinto de los nazi/fascismos europeos.

El Imperio español. Una categoría o noción histórica de un valor decisivo a la hora de zanjar el debate que habremos reabierto en esta entrada. Como lo ilustra la anécdota recogida en una obra tachada de apócrifa por la crítica y provista a la vez de no pocos visos de verosimilitud sobre las conversaciones de sobremesa del Innombrable en el búnker el último año de guerra, y fue que el recuerdo del viejo imperio español de los Austria de los siglos XVII y XVII -como un fantasma o convidado de piedra- vino a surgir de improviso en la audiencia que aquél concedió al general español Juan Vigón, emisario de Franco, quien pillado por sorpresa respondió con una evasiva mas que elocuente escudándose en la significación (puramente) "cultural" según él de aquel concepto (...)

En sus "papeles póstumos" sin embargo y concretamente en su ensayo "España, germanos contra bereberes" José Antonio venía a asumir por entero la realidad histórica e ideológica del Imperio español (católico) de los siglos XVI y XVII y por vía de consecuencia o de corolario inevitable, la tradición de nuestro catolicismo igualmente, inseparable del fenómeno -histórico, ideológico- de la Contrarreforma.

Quede claro no obstante que estamos usando aquí una terminología a drede -de catolicismo y de católico (o de católicos)- en un sentido primordialmente histórico acorde a la revisión que venimos postulando de la historia de los dogmas paralela o simultánea con la de nuestra historia española de los últimos siglos, indisociable del fenómeno de nuestra decadencia. Católicos en el sentido de anti-protestantes, de defensores de la Unidad, herencia de la Europa medieval que la eclosión del protestantismo vendría a echar a perder irremediablemente en los siglos venideros.

Y en ese sentido cabe afirmar categóricamente que la Falange acabó por asumirse catolica por entero sin clericalismos -en un sentido histórico, confesional "lato sensu" aunque no canónico o eclesiástico- y que en la misma medida se distanciaba definitivamente de la causa de los nazifascismos, herederos de una manera u otra de esa escisión primordial -entre dos/memorias colectivas antagonistas- que trajo consigo la eclosión de la reforma protestante en la conciencia europea o si se prefiere en la memoria colectiva de los pueblos herederos de la civilizacion occidental y cristiana (europea)

Y en esa perspectiva, la actitud de neutralidad que acabaría siendo la de la España de Franco durante la segunda guerra mundial vendría a vencer la balanza de nuestra política exterior de ese lado y no del de la beligerancia -y en eso lleva un poco razón Pío Moa- no por una indecisión cualquiera (de Franco y subordinados) sino por motivos de fuerza mayor de índole histórica e ideológica.

E ilustra a su vez lo que aquí sostengo uno de los elementos ideológicos mas llamativos de la variante de fascismo que acabaría alcanzando la hegemonía al interior de la galaxia de países y de regímenes nazi/fascistas; y me estoy refiriendo al nacionalsocialismo alemán y al racismo de tipo nórdico inseparable de su ideología.

Como lo ilustra el trato -confinando con la relegación y el trato humillante y discriminatorio- que se vería reservada la División Azul, excluida al contrario que otras unidades de vountarios extranjeros -los belgas por ejemplo, tanto valones como flamencos- de los honores supremo que se veia reservados en la maquinaria de guerra del III Reich a sus tropas de élite, las Waffen SS", primicia ideológica (y racial) del Nuevo Orden, de las que los españoles considerados un pueblo racialmente impuro se verían excluidos. Ni siquiera la Legión Azul ya casi al final de la guerra alcanzó a contarse entre el puñado (exquisito) de los elegidos.

Lo que acaba poniendo de relieve en una tarea indispensable de memorialistas las raíces primigenias del nacionalsocialismo inseparable del fenómeno histórico de la eclosión del protestantismo, como sus lazos innegables con la leyenda negra anti-española. Y botón de muestra de lo que afirmo lo ofrecerían las variantes de movimientos fascistas o fascistizantes que conocería Bélgica en la década de los treinta.

Y en particular el fenómeno de amnesia (crasa) del que tanto el rexismo de Degrelle como los nacionalistas flamencos darían muestras en relación con el pasado español (y católico) por estas tierras de Flandes (los antiguos países bajos católicos y españoles)

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Pin astur 03.11.10 | 18:22

    Hay hecchos que ya ha juzgado la historia, como es el caso de Falange que, en palabras de su fundador, "no conocía más dialéctica que la de los puños y las pistolas". ¿Si esto no es fascismo...? Las barbaridades que ccometieron en retaguardia durante la guerra y luego en la posguerra no dejan lugar a dudas. En el cconcejo en que yo he nacido, durante el dominio republicano fueron asesinados 6 ciudadanos de derechhas. Despues que entraron las tropas de franco, fueron 37 los asesinados entre la gente de izquierdas, en su mayoria a manos de falangistas



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