
Mi entrada de ayer trae cola a todas luces, como debería haberlo previsto. No se ataca gratis un culto (naciente) de la personalidad a un muerto como me propuse hacerlo ante el coro casi unaminme de ditirambos en los medios que habrá suscitado la muerte de Marcelino Camacho. Pero no era bastante, de pronto se me antoja.
¡Animo Juan, un esfuerzo todavía en el terreno de la pugnacidad (dialéctica) y de la memoria! Fuerza y memoria. Lo que Umbral echaba de menos en uno de sus libros evocando el cinturón de miseria que se encontró a su llegada a Madrid huyendo de León a principios de la década de los sesenta, poblado en gran parte de colectivos marginales, sustancialmente quinquis y gitanos.
Fuerza y memoria es sin duda lo que nos hace falta a la hora de agarrar de una vez el toro por los cuernos; me explico, de enfrentarnos de forma contundente y decisiva al reto que el sindicalismo guerra/civilista lleva lanzándonos desde hace décadas tras haber resurgido casi milagrosamente, gracias a la impulsión y a la ayuda decisivas orquestadas desde el extranjero, en la década de los cincuenta.
Un esfuerzo de memoria histórica pues buceando en los años del tardofranquismo y también por supuesto -aunque les duela o haga daño a algunos- en la historia secreta, discreta o mal conocida y siempre por revisar de la transición política a la democracia.
Cartas sobre la mesa. He estado ojeando de nuevo...mejor dicho leyéndome de pe a pa algunos de los párrafos -concretamente el referente a los lazos de la organización incipiente con el ámbito sindical de entonces y el mundo de las realidades laborales- del libro sobre la historia del FES que aquí ya evoqué y comenté en algunas ocasiones y que incluía un anexo de mi propia cosecha y firma.
En ellos se pone claramente de manifiesto la actitud seguidista, a la expectativa -de comparsas en suma- que tuvo aquella organización falangista -en la que llegué a militar como aquí ya saben- en la génesis del sindicalismo/democrático por llamarlo asi, de un innegable cuño guerracivilista, que se nos inflige a los españoles desde hace ya tanto, a imagen y semejanza sin duda de la actitud del que había sido uno de los fundadores de organización que asistiría, justo a seguir, junto con Marcelino Camacho a la fundación de las comisiones obreras (del sindicato del metal) y me refiero a Ceferino Maestú del que llama la atención estos últimos días el silencio a la hora del fallecimiento del líder obrero (comunista) -compañeros de trayecto los dos durante largo tiempo,- al que cubría (de nuevo) de elogios en uno de sus últimos escritos de hace poco.
Como si le confundiese un poco y llenase de rubor también -cabe de esperar- el sumarse al coro unánime ditirámbico orquestado en los medios por impulso e iniciativa de los sectores más recalcitrantes (y guerracivillistas) de la izquierda española.
En ese texto que ahora he estado releyendo se recogen a su vez las críticas demoledoras del FES al estado en que se encontraba el sindicalismo vertical en aquel entonces, que los autores del libro no parecen tener por demasiado justas o ecuánimes ni del todo pertinentes tampoco. A tenor de la evocación que se permiten -por tímida y escueta que sea- a "las realizaciones del régimen" (p. 106), sobre las que aquella organización falangista lanzaría por sistema una espesa cortina de silencio (y de descrédito)
Como traslucía del principio la final en el discurso (de la discordia) de Sigfredo Hillers en el palacio madrileño de Congresos y Exposiciones (el 29 de octubre de 1976) que sellaría la ruptura definitiva entre el FES y el sector franco/falangista (op. cit. pp. 260-272)
Y se me antoja de pronto que tanto los autores del libro como (en mucha mayor medida) los dirigentes de la organización entonces, responsables de aquellas, adolecieron (trágicamente) de una falta de perspectiva histórica -y de memoria (...)- en la medida que parecen enfocar privilegiadamente en el análisis de los contactos y relaciones de aquella organización incipiente, el periodo en el que el FES vio la luz a principios de la década de los sesenta y parece en cambio hacer olímpicamente abstracción del período (matricial) inmediatamente anterior -el de su gestación o incubación- que siguió al desenlace de la crisis interna del régimen del 57 que vería la eclosión clandestina de las (primeras) comisiones obreras de la mano del líder ahora fallecido, como abiertamente se evoca en las necrológicas que se le están dedicando en los medios.
Secuela inmediata sin duda alguna de un cambio de táctica del comunismo internacional teledirigido (principalmente) entonces desde la (ex) Unión Soviética, y de la subversión organizada en contra del régimen de Franco, en el fondo del barranco como quien dice tras el aplastamiento de los últimos focos organizados del maquis (comunista) en ciertas regiones montañosas de Asturias, a finales de la década de los cuarenta: del enfrentamiento armado -o buscando la menor ocasión propicia para desencadenarlo de nuevo-, a la provocación solapada y a la infiltración dentro de las estructuras del propio régimen que se encontraban desarboladas al salir de su gran crisis interna tras el reajuste ministerial de febrero del 57 y la salida del gobierno (para siempre) de Girón y de otras personalidades emblemáticas de signo falangista (o franco/falangista), lo que marcaría fatalmente el principio del desmantelamiento de la organización sindical del régimen.
Y sin duda era pedir mucho mas todavía el sacarle su punta -de moraleja -sin moralina- a aquel episodio o capitulo español de la guerra fría y de la lucha entre los bloques, de la que el régimen de Franco venia a ser chivo expiatorio de predilección, en la lógica histórica implacable de una derrota mundial que nos abruma y persigue a los españoles desde hace casi cuatro siglos.
El régimen de Franco se acabó imponiendo a sus enemigos de dentro en la guerra y en la inmediata posguerra, y acabo sucumbiendo -a medias- a las embestidas de la subversión organizada y controlada y teledirigida desde fuera y a los designios de hegemonía mundial (y planetaria) de unas grandes potencias que daban muestras de bastante mayores dosis de memoria histórica que los propios españoles y tenían bien presente en el recuerdo -cual espectro soliviantador y amedentrante- el Imperio español de los siglos XVI y XVII hundido en nuestra propia memoria/patria desde hace mas de tres siglos.
Y el golpe (bajo) decisivo se lo dio sin duda el desmantelamiento de la organización sindical infiltrada por la subversión mucho mas que carcomida por la corrupción (interna) de sus dirigentes -conforme al clisé propagandístico imperante-, años antes de su muerte o hundimiento.
El que esté libre de pecado no obstante, que tire la primera piedra. Y no seré yo el que lo haga sobre aquellos abnegados militantes del FES que se movían entonces -habas contadas, como lirios blancos- en medio obrero. Lo que no era el caso de Ceferino Maestú -periodista de profesión al servicio de la prensa del régimen (y de su burocracia sindical)- propiamente hablando.
Bastante hicieron con salvar el pellejo y guardar la cabeza en su sitio en aquellas ollas a presión -como los patios de una prisión de comunes (...)- de subversión organizada, de un signo político dominante (comunista) inconfundible en lo que se habían convertido las grandes plantas industriales de una España que salia del atraso y del subdesarrollo precisamente por entonces.
Algo que no viví pero que no me es difícil de imaginar cuarenta años después, tras los diluvios (...) Pero su testimonio hoy, en el marco de las campañas anti-sindicalistas (para entendernos) que llevo adelante aquí desde hace algún tiempo y también del debate que se tienen montado a nivel nacional en torno los sindicatos (de clase) tras el fracaso estrepitoso de la huelga general del pasado mes de septiembre, podría serno útil y precioso en extremo.
Y por eso querría terminar esta entrada haciendo un llamamiento a romper el silencio en dirección de uno de mis compañeros del FES de entonces, Fernando Pérez Garijo, algunos años mayor que yo, empleado entonces en Standard madrileña -caso un tanto excepcional en una organización compuesta esencialmente entonces de estudiantes universitarios (e incluso de bachillerato)- que en el libro sobre el FE (op. cit. p. 107) figura por haber frecuentado desde sus inicios el Centro Social Mateo dependiente del Movimiento y de la Organización Sindical, copado desde el principio por Marcelino Camacho y los integrantes de unas incipientes comisiones obreras.
Garijo -como así le llamábamos en un espíritu convivial, de franca camaraderia- estuvo presente también en las reuniones constitutivas de las comisiones obreras de empresa en la Standard, donde trabajaba (op. cit. p. 108-109) Y sería interesante su versión de la génesis del sindicalismo que hoy se nos inflige al conjunto de los españoles trabajadores o trabajando a penas, o incluso sin poder hacerlo.
Y también su opinión sincera -sin tener que infringir las reglas de la más elemental prudencia por supuesto- de las acusaciones que aquí me habré permitido rompiendo el coro unánime de ditirambos del líder obrero comunista hora fallecido y de la imagen que fatalmente arrastra -de provocador y de reventador, y de agitador por cuenta (y a sueldo) de una potencia extranjera- entre muchos, y que comparto.
Marconi, Barreiros, la Boetticher (y Navarro), Standard, Perkins Hispania -en la que trabajaba Camacho y a la que acabaría dando la puntilla (¡lógico!) con sus huelgas y asambleas (...)- y otras muchas fueron el marco (matricial) de las realidades y parámetros económicos fundamentales que rigen la España de hoy; y "pari passu" de la tiranía sindical que se nos inflige a una mayoría de españoles, víctimas hoy como ayer de indefensión colectiva.
Ollas a presión -como los patios y galerías de una prisión de comunes (...)- de subversión y de lucha de clases. El peaje sin duda que nos impusieron las grandes potencias de entonces -los EUUU, y la (ex) Unión Soviética- para poder arrancarnos a la pobreza, al atraso y al subdesarrollo.
Y aquellos a los que por nuestra extracción sociológica se nos vedó entonces aquel mini/universo de potencialidades tan decisivas, tenemos derecho en virtud de las reglas más elementales de la justicia histórica a acabar conociendo su verdadera historia (por dentro)
Por haber padecido sus secuelas más funestas -en propia carne- durante tantos años ya (incluso décadas) aunque solo sea. Que ayude a refrescar la memoria a los que no vivieron directamente aquello. Por el bien de todos. De los trabajadores y de los que trabajan a secas.
¡Animo Fernando, rompe pues de una vez el silencio! Y cuéntanos la historia (por dentro, entre bastidores) -de palabra o por escrito (como quieras)- de aquel capítulo mal conocido de la historia del régimen; del desarrollo industrial de la periferia madrileña y del nacimiento de las comisiones obreras.
Y dános también -al precio si es preciso un esfuerzo de memoria propia- tu impresión personal de aquél que estaba siempre en el vórtice del torbellino en todo aquello. ¡Que te escucha España entera!
Los comentarios para este post están cerrados.
Se tiende a hablar de Franco mucho en tus textos
.../...de propulsarlo otra vez al primero plano de la actualidad en los medios "azules" y de la política activa a su edad, el pagano a todas luces lo soy yo, Lorenzo; o el pato de la farsa como le dicen por ahi fuera. Yo mismo o mi blog y mis entradas, da igual. Que sigan en lo suyo, son libres; pero no me deben menos una explicacion en el nombre del FES. Con o sin Ceferino por medio. Un cordial saludo
Mi gesto de Fatima -que no fué un "acto" consumado por más que yo lo haya llamado así a veces y que tú parezcas tanto insistir en el particular- no fue algo que me competía a mí exclusivamente, Lorenzo; aunque sólo sea por el linchamiento que me mereció con pocos precedentes en la historia de los medios de comunicación en las útimas décadas; estarás de acuerdo conmigo. No es óbice que ello explica con creces la actitud casi unánime en aquel momento (escandalizada, en el nombre del papa polaco) por cuenta mía incluso de los que más y mejor me conocían. Y no te incluyo, Lorenzo. Ni a tí, ni a Luis ni a algunos otros casos contados (y también aislados) Ceferino -al que yo sí conocía personalmente- hacía mucho que nos había dado la espalda, es cierto; pero estarás de acuerdo conmigo que en la operación "Ojos del Guadiana" -tras tantisimos años de letargia- que se traen entre manos en la página "Hispaniainfo" desde hace no mucho Sigfredo Hillers, Pepe Cabanas y José Ramon López Crestar;.../...
1.- Lo que tu has venido en llamar "acto de Fátima " es de tu absoluta responsabilidad.
2.- Creo recordar que el artículo que apareció en ese momento en la primera página de EL PAIS, de la pluma de nuestro ex Rafael Fraguas, era bastante respetuosos contigo.
3.- Algunos camaradas te visitaron en la cárcel ( Bush ) y cuando volviste a España yo personalmente te llamé para ofrecerte trabajo.
4.-A Ceferino Maestú le he conocido personalmente hace menos de un año y creo que jamas tuvo responsabilidades en el FES, no puede decirse lo mismo de Sigfredo. PUNTO FINAL SOBRE ESTE TEMA.
.../...¿Por qué no lo hizo? Responde tú si puedes, Lorenzo.
No es un problema de filias ni de fobias, Lorenzo. Sino una cuestión de honor lo que se ventila en esta polémica o mas bien monólogo en voz alta que mantengo hace rato en torno a la figura de Ceferino Maestú. Cuando me detuvieron en Fátima el 12 de mayo del 82 la prensa me puso en la picota, en España mas que en ningún otro sitio. Y entre otros cargos de acusacion en contra mía circuló profusamente entonces mi pertenencia (en el pasado) al FES, lo que sigo asumiendo como sabes. Nadie salió en mi defensa de mis antiguos amigos y camaradas, lo que tengo olvidado hace mil años. Pero hoy pienso que si hay alguien que debió entonces echarme un capote (como fuese), ese alguien lo fue Ceferino Maestú, en el nombre de la organizacion que él habia fundado, a la que pertenecí y de la que nadie me expulsó, y de la cual parece él ahora -tantisimos años después (...)- querer asumir el pasado por entero; "de motu propio", o de simple instrumento de los que parecen estar empujándole a ello.../...
Juan: no venero a Ceferino Maestú, pero le respeto esencialmente por:
1.- No haber cambiado de chaqueta (igual que tú)
2.- Su prodigiosa memoria todavía fresca y viva (igual que tu)
3.- Por vivir austeramente (igual que tu).
4.- Por la valentía de sus afirmaciones (igual que tu)
Mafia (en plural o en singular, con mayúsculas o en minúsculas) nos pilla un poco lejos a los españoles; te lo digo yo que vivo fuera, Lorenzo; y por eso tal vez lo veo mucho mejor que otros dentro de España. El pasado que no pasa -el de la guerra civil, el de la transición incluso- ése en cambio lo tenemos mucho mas cerca. Y pensé y sigo pensando que ese hombre/bueno que tú veneras -y otros cuantos tras de tí- nos debe a los que militamos en la organización que el fundó y que dejó en la estacada en momentos críticos una explicación en verso o en prosa de su trayectoria todos aquellos años decisivos. Dónde estaba, qué hacía por ejemplo, cuando la (primera) matanza de Atocha, de la que el otro hombre/bueno -amigo suyo hasta la muerte- arrastraría una pesada responsabilidad histórica (junto con Carrillo), por la huelga insurreccional (y criminal) que se tenían montada por su cuenta. Algo que se debe poder decir en PD sin que te censuren (...) (Sin rencor y sin tapujos)
al final le confesó a Ceferino que los sindicatos actuales eran un mafia. Lorenzo
laboral o el despido. Yo creo que siempre se marcaron las diferencias con la oposición comunista. Falange Nueva (el llamado tinglado: FES, FNT, JJFF) estaba en la oposición, no con la oposición. Ceferino Maestú es un joseantoniano, un hombre bueno, un gran cristiano que todavía cree en la grandeza de lo esencial del pensamiento joseantoniano y de que su razón de ser estaba en la revolución personal, cristiana, solidaria y de redención social de las clases más desfavorecidas. Aunque juntos fundaron CCOO, Camacho estaba en otra onda política diferente (PCE) y por eso Ceferino y los suyos se fueron a otro sitio.
No creo que fuéramos comparsas de nada y no acuses a Ceferino de nada malo. Él no tiene culpa del trato que te dieron a ti los sindicatos fuera de España y de la situación actual. Hay libertad, pero (laboralmente y políticamente) estamos peor que antes de la transición. Marcelino, aunque tampoco nunca adjuró de su pasado político, al final le confesó a Cefe...
Juan: la parte del libro/historia del FES referente al mundo del trabajo la redactó precisamente Garijo. No parecían existir demasiados datos al respecto. A mi entender el UTS /FNT fue sólo un intento de acción política falangista (al margen del Movimiento) dentro del mundo laboral. Garijo vivía, como yo mismo, en la zona de Villaverde donde se situaban las fábricas de parte del cinturón industrial de Madrid. Allí realizamos algunas incursiones nocturnas, pintadas en sitios estratégicos que serían vistas por los usuarios madrugadores del tranvía y el autobús, y también en los camiones del Mercado de la Cebada que partían de madrugada con su rótulo subversivo… Panfletos, intervenciones en asambleas, el Sindicalismo de Maestú. Recuerdo nombres de magníficos y abnegados camaradas : Garijo, el ye ye, los hermanos Alvarado, Socorro, Carmena, Eladio… Poco mas se del tema.
La actividad sindical era muy dura, tenía como consecuencia no sólo la cárcel sino la sanción labor...
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català