
Más fuerte que yo, lo siento. Ayer me podían más las filias que las fobias y he estado a punto de pasar la pagina, lo confieso; pero leyendo en la prensa digital el coro unánime de ditirambos, a izquierdas como a derechas, me dije que tenía que decir esta boca es mía, se pensase lo que se quiera. Marcelino Camacho se va a la tumba y deja tras suya la hipoteca pesada -del sindicalismo/democrático (y guerracivilista)- que él mas que ningún otro impuso a la sociedad española a la muerte de Franco por obra y gracia de la transición política.
Y no digo que hubiera ahora, en el lecho de muerte o ya bien instalado en su féretro, que pasarle la factura de aquello, pero tampoco el obligarnos a todo bicho viviente a cantarle de pie juntillas la palinodia. Hipotecó (hasta hoy) todo lo que pudo el futuro y el presente de los españoles, y también no poco la trayectoria individual de algunos, entre los que me encuentro.
Por la indefensión en el plano social aunque sólo fuera que sufren -de oficio- todos aquellos españoles residentes en el extranjero (a añadir al peso de la historia y de la leyenda negra) que no quisieron pasar por las horcas caudinas de afiliarse a "su" sindicato, o al de sus compañeros de viaje (los socialistas)
Lo que ya he contado aqui en más de una ocasión con designios primordialmente pedagógicos, lo confieso; porque es fácil de decir pero mucho menos de explicar a los que no pasaron por esas situaciones; la inmensa mayoría de los españoles en suma, trabajadores, o trabajando a secas, sin credenciales (sindicalistas, de/clase me refiero)
Marcelino Camacho fue un producto de la nueva estrategia del comunismo español de obediencia soviética a seguir al desenlace de la crisis interna del franquismo -a la que aquí tantas veces me habré ya referido- en el 57; de penetración de las estructuras y organizaciones del sindicalismo vertical, que en lenguaje político y sindical de la historia del movimiento obrero (de izquierdas) se convino siempre en llamar "entrismo", mayormente con sentido peyorativo (anti-trotskista) (...)
Los Círculos José Antonio -y el Centro Social Manuel Mateo- le hicieron la cama al sindicalismo vertical cediendo ante aquella maniobra (artera) de infiltracion, y arrastran ese muerto hasta hoy lo quieran o no lo quieran; lo que les impide sin duda levantar el vuelo en la política española- a sus herederos desde hace tanto. Y lo ilustra el prudente panegírico que dedica ahora una de sus antenas al líder sindicalista fallecido.
Un hombre "equivocado" y "honesto" así le definen en un balance histórico y biográfico globalmente/positivo. Hablo en general ya digo, y me estoy refieriendo en particular a los que dirigían entonces y lo siguen haciendo directamente o por intermediarios la herencia de aquella familia política (falangista); pero no puedo olvidar también excepciones bien grabadas en mis recuerdos como algunos militantes de los mas antiguos y leales del madrileño circulo José Antonio -aquel veterano Echevarría, por ejemplo, entrañablemente fiel, (siempre de camisa azul bajo la chaqueta)- que sufrían en propia carne (como él mismo se sinceró conmigo en alguna ocasión, por su condición de de verdaderos trabajador) de aquella maniobra de infiltración y de penetración en sus propios puestos de trabajo, mucho mas desde luego que otros con mas poder e influencia política que él en el ámbito de los Círculos, -mas jovenes que él también- que veían las cosas de otra forma desde su posiciones en el plano social y profesional prominentes comparativamente hablando (y brillantes); deportivamente, como desde la barrera.
Viejas historias, prehistoria incluso de la transición y de la democracia (ala española), dirán aquí talvez algunos. Que se piense lo que se quiera.
Tales aguas tales lodos, como sea. La crisis interna de régimen del 57 tuvo de secuelas principales la despolitización -en un sentido tecnocrático- del régimen paralela a lo que se dió en llamar su desfalangistización; y con ella la liberación -en claro/oscuro- de la economía española y la inmigración ingloria (por no decir claramente deshonrosa y vergonzosa) del otro lado de los Pirineos; y también -su corolario mas funesto tal vez- ese fenómeno de infiltración y captación -de raíz claramente subversiva- de consecuencias calamitosas perpetuadas hasta hoy, que sufriría el mundo del trabajo en la España de entonces.
En la transición, Camacho, a las ordenes entonces -y se diría que hasta la hora de su muerte- de su camarada y compañero de viaje Santiago Carrillo acabó bajándose los pantalones -un decir- tras la matanza de Atocha entrando por el haro de la monarquía y de la evolución del régimen sin rupturas democráticas cualesquiera. Y ese es el gran merito/histórico que todos o casi todos ahora pretenden atribuirle.
Como si el régimen democrático -falto de figuras o referentes (más o menos) presentables- a todas luces sintiese necesidad a la hora de su muerte de reinvindicarle a todo precio, corriendo así un tupido velo sobre las facetas mas oscuras del personaje, entre ellos su salida por la puerta falsa del mundo sindical/democrático en el 96 de resultas -con el retraso proverbial propio de España y de los españoles- de la caída del Muro y del hundimiento de su patria de adopción la (ex) Unión Soviética. Jubilado entonces a la fuerza por decisión de sus propios camaradas que lo arumbaron sin contemplaciones en el cuarto de los trastos viejos.
Con una pensión -más que decente- que pagaríamos todos los españoles hasta hoy (incluídos los jerseys/de/punto /míticos, frutos del tejer incansable e interminable de su santa/esposa comunista) ¡Vivir para ver fantasmas mios! ¡Un estaliniano recalcitrante convertido en modelo de santo/esposo -y de santo/laico- a ojos de una mayoría de españoles!
Estaba yo, mis primeros tiempos en Bélgica, cursando estudios en la universidad Libre (y masónica) de Bruselas, cuando entablé conocimiento con un empleado español -de un pueblo de Burgos- de aquella universidad, emigrante de los cincuenta o de los sesenta que se jubilaba -y se volvía a España (...)- por aquellos días.
Lección de historia con minúsculas -en francés "leçon de choses"- el cruce fugaz con aquel emigrante/español, barrendero de profesión y comunista. Tuvimos tres o cuatro encuentros esporádicos y conversaciones mas fugaces o inestables todavía pero ya fueron sin duda para él demasiadas.
La prueba es que la última no tuvo lugar tras anunciarme desde días antes a bombo y platillo que el día siguiente al de nuestro último encuentro era el último de trabajo para él antes de jubilarse; pero del tenor de nuestra última conversación -que me diga discusión más bien (sin llegar a las manos con él por cierto, ni siquiera perder los modales)- podía prever que ya no lo iba a ver nunca más, como así efectivamente sucedió; como diciéndo adiós de una vez sin asomar por allí el último día, a su pasado laboral en aquella universidad extranjera y de paso a aquel intruso ("facha") español que se le había cruzado tan inoportunamente en un momento crítico de su vida.
Era un fanático lleno de odio y de rencor y de desafío en sus palabras y en sus gestos y en su conducta -violento incluso-, como después me confirmaron otros españoles que bien le conocían de su barrio en Bruselas. Y lo que mas me pasmó fue el conocer a sus santa/esposa en uno de aquellos encuentros fugaces; una mujer española de origen modesto y de aspecto tradicional por no decir chapada a la antigua que por las trazas se lo tenía metido en un puño; a base de jerseys de punto -como los de Camacho- o como fuera.
Marxismo y cinturón de castidad (matrimonial), ese era el perfil familiar del comunismo español de la posguerra tal y como lo ilustran ahora "post mortem" la necrológicas ditirámbicas por cuenta del fundador de comisiones obreras.
No era panacea exclusiva de los comunistas españoles desde luego; porque viviendo aquí en Bruselas se me quedo también grabada la imagen de un líder sindicalista (y revolucionario) que gozó de gran celebridad aquí hasta hace no mucho, perteneciente al colectivo inmigrante de origen italiano, con el que durante una temporada me cruzaba a diario acompañado él de su santa/esposa (revolucionaria)
Espectáculo a fe mía penoso de contemplar -los dos o uno a uno- y sin duda más aún de soportar en el día a día, aquella junta de bueyes (con perdón) de buen año los dos (...), de pañoleta roja al cuello a tiempo y a destiempo para desafío por cierto de los circundantes.
Y el ejemplo (escandaloso) de fidelidad/conyugal que ofreció hasta su muerte el veterano líder sindical (comunista) ahora fallecido me ofreció siempre una impresión un tanto análoga -y aun mas penosa- a la de su correligionario italiano que aquí evoco, lo confieso. Agravada por su guerracivilismo/español (congénito)
Un hombre "honesto", "consecuente". Un "puro" del sindicalismo y de la revolución, nos cantan unánimes ahora. Cuando oigo hablar de libertad atranco la puerta, decían los viejos carlistas. Y cuando yo oigo hablar de puros o de pureza me viene a la mente de inmediato el recuerdo de mis años de encarcelamiento y de cohabitación forzosa con el mundo del crimen y de la delincuencia donde los más asesinos se veían justificados (o canonizados) por algunos precisamente con ese apelativo . Cuanto más asesinos (criminales) mas "puros", y viceversa.
Comparaciones odiosas. No estoy acusando a nadie aquí sin pruebas. Pero Marcelino Camacho -se me reconocerá aquí- a parte de hipotecar el futuro de los españoles arrastraba también un pasado (cargado) consigo, de cuando la guerra civil española.
De su experiencia de dinamitero en operaciones de sabotaje en la guerra civil, por ejemplo, que no se habrá merecido ahora la menor glosa. ¿Un "puro", un idealista de manos/limpias, el fallecido lider sindicalista (y comunista)? Lo dudo mucho. Y se me reconocerá aquí que no me faltan los motivos.
"Un puro " decía también hablando de André Marty -"el carnicero de Albacete"- el converso del islam y ex-comunista, Roger Garaudy, en la conversacion que tuvimos -como lo conté aquí ya varias veces- en la ciudad española de Córdoba a finales de la década de los ochenta.
Del que había sido -como me contó entonces- secretario personal, comunistas los dos, cuando estalló la guerra civil española. Y el carnicero aquél fue un "puro" sin duda en el sentido que mataba -o mandaba matar- cumpliendo/ordenes, o creyendo que las cumplía (como quien lava), y no por otro motivo cualquiera.
¿Idealista y consecuente el fundador de comisiones ahora fallecido? Pura cortada del fanatismo político que algunos no dejan no obstante de endosarle mezclado con los panegíricos. Otros -aunque nos esté mal el decirlo- no creemos desmerecerle en lo mas mínimo en materia de consecuencia -y de persecución-; de ser consecuente me refiero con nuestras ideas y convicciones políticas, religiosas, ideológicas o como llamárselas se quiera.
Pero la mejor necrológica, la mas justa tal vez -e inmisericorde- que se merece esta figura funesta - de saboteador en la guerra, y de reventador y de provocador en la posguerra- lo sea sin duda un recuerdo oportuno por somero que sea de todo lo que con él perdieron los trabajadores españoles.
Derecho a readmisión y a pensión y al paro incluso (" a posteriori") de los trabajadores (injustamente) expulsados en los buenos tiempos del régimen aborrecido en el que el despido libre era un delito, lo que hoy tan pocos recuerdan.
Trabajador de Perkins (Hispania) con un situación laboral perfectamente en regla Marcelino Camacho en el 57 cuando regresó del exilio, con derecho a máquna -de fresar- en usufructo (allí dentro) para él sólo (...) Gracias al sindicalismo vertical del régimen franquista. ¡Como si le hubiera tocado la loteria! Y si no, que nos lo digan algunos. En España como en Bélgica.
¡Muerto el perro se acabo la rabia! Descansemos en paz, ya digo. Y hablo sobre todo en primera persona. Porque con esta necrológica se diría que me viera libre para siempre de algunas fobias. Con la venia de la clase política española...y también de la Zarzuela.
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Cuanto odio destila Ud en su articulo, da miedo leerle, no me creo ni el 25 % de lo que dice, con personajes como Ud no me extraña que haya ahbido en España episodios sangrientos y golpes de estado como el que dió origen a la guerra civil. Es una pena que al franquismo no lo juzgaran tribunales como el de Nuremberg
Miércoles, 30 de mayo
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