
Octubre es mes de conmemoraciones, de memoria histórica revuelta y soliviantada hoy como lo era entonces, cuando yo era adolescente y me movilizaba junto con otros cuantos -de mi edad (mas o menos)- en aquellos actos conmemorativos de Aravaca y del teatro de la Comedia mientras el conjunto de mi generación pasaba (ya) olímpicamente de todo aquello. Genio y figura hasta la sepultura. Y a algunos la Memoria -Nemosina de los antiguos- parece que no nos dejará ya de su mano en vida, como las musas (antiguas) de los poetas.
Franco murió (oficialmente) el mismo día aniversario de la muerte de José Antonio y Ramiro quedaría ligado también por la fecha de su muerte a José Antonio, su rival íntimo, que pronunció el discurso fundacional de Falange Española un 29 de Octubre (de 1933), el día que aquel cayó fusilado, tres años más tarde, en una de las sacas de la cárcel Modelo madrileña, tras lo que sus restos se verían depositados en el cementerio de Aravaca.
De Ramiro ya me he pronunciado no poco en mis entradas, a riesgo de cargar con la etiqueta -de ramirista- ya a sol y a sombra mientras viva. No me importa, es una etiqueta ligera y fácil de llevar; y no quiero decir con ello que otras no lo sean. Ramiro fue asesinado por los rojos -como José Antonio- y setenta y cinco años (casi) después de su muerte la aureola del prestigio intelectual le sigue acompañando en el recuerdo. Como a José Antonio sin duda también; pero de forma diferente en uno y otro. José Antonio pasa a la historia de las ideas por orador político y también -mayormente- por poeta (en prosa)
Ramiro en cambio, (mayormente) por ensayista, que era la vocación secreta de José Antonio al decir de algunos de sus rivales (intimos) y así le motejaban -"el ensayista"- en señal de burla (o de broma) y desafío. Comparaciones odiosas. El (corto) ensayo de "España, germanos contra bereberes" está perfectamente a la altura -por las visiones históricas, de altos vuelos respectivas (y no digamos en calidad literaria)- del "Manifiesto a las juventudes de España" y viceversa.
Ramiro como problema. Ortega y Gasset en charla con uno de sus contertulios - refiriéndose al autor del sentimiento tragico de la vida- dijo aquello tan sentencioso que transcribiría Umbral en alguno de sus libros: "Unamuno para usted es un tema, para mí en cambio es un problema" Y Ramiro Ledesma tantos años después de su muerte sigue siendo un problema a todas luces para algunos. Su vida como su muerte, como sus escritos.
He estado ojeando un texto de internacionalidad critica innegable y de una carga polémica que no lo es menos por cuenta suya -reaparecida precisamente en estas fechas aniversario- en el que se Ramiro ve acusado de un delito (intelectual) de leso romanticismo viéndose contrapuesto así a la vez a lo que el autor de ese escrito y otros también creyeron siempre ver de "clásico" y de "romano" o "mediterráneo" en José Antonio. Juego de palabras en mi modesta opinión mas que otra cosa.
Los términos aludidos para comenzar -de romántico y romanticismo, de clásico, y clasicismo o clasicista- engloban realidades históricas y conceptuales a la vez, complejas y no poco discutidas o debatidas, lo que se vería ilustrado en sendos poliedros -de opiniones e interpretaciones divergentes en extremo- que las acompañan inseparablemente en la historia del pensamiento.
Es cierto y en eso le doy (en parte) la razón al autor del texto que acabo de evocar más arriba que el romanticismo fue para los españoles un producto de importación en gran medida. Lo cual no quiere decir que en la medida que se trató de un fenómeno histórico (de gran alcance y trascendencia) genuinamente europeo no dejase de pertenecernos también a los españoles en propiedad (mas o menos compartida)
También es cierto que José Antonio en algunos de sus escritos se manifestó explícitamente en contra del romanticismo lo cual no es obice no obstante del romanticismo innegable que destilan muchas de sus posturas, de sus escritos e incluso de su gestos y de sus actitudes mas prototipicas y representativos.
Algo que habrá sabido poner de mainfiesto un libro sobre el fundador de la Falange -"Las gafas de José Antonio"- que habré ya comentado en más de unan ocasión en mis entradas. Románticos lo eran los nacionalistas vascos (y catalanes) como también la revolución/conservadora alemana del periodo de entre guerras de la que José Antonio se haría deudor en sus ideas y en sus escritos, en algunos de sus autores más emblemáticos.
"Como dijo Spengler -y cito de memoria- al final es siempre un pelotón de soldados el llamado a salvar la civilización", escribió José Antonio en su celebre "Carta a los militares de España" a pocas semanas del estallido de la guerra civil española. Por lo que se refiere al clasicismo en cambio cae decir que José Antonio tomaba prestado no poco de un debate cultural -y de historia del arte- abierto de antiguo fuera de la península.
Maurras que no dejaba de arrastrar tampoco una gran cargazón romántica en sus ideas y en sus escritos abominaba del romanticismo (frances) que veía personificado en las figuras -medio políticas, medio literarias- de Chateaubriand y de Víctor Hugo y revindicaba a la vez un clasicismo de impronta helénica traducido en lengua francesa y alemana por adelantado, los dos siglos anteriores.
Conceptos antinómicos el de romanticismo y el de clasicismo sin duda en lengua francesa; no es óbice que en lengua española la distinción -de razon razonante como dirían los escolásticos- no estuvo nunca tan clara ni mucho menos; si se tienen en cuenta aunque solo sea las raíces hispánicas -prestadas directamente de nuestro Siglo de Oro- del romanticismo alemán, y en particular de lo que se da hoy en llamar "romanticismo primero".
Eugenio d'Ors, uno de los intelectuales de mayor destaque de la guerra y de la posguerra inmediata, colaborador habitual del diario (falangista) "Arriba"- contraponía en un célebre ensayo (gestado los años veinte) lo clásico y lo barroco como sellos culturales distintivos de dos tradiciones artísticas y culturales bien diferenciadas, la francesa y la española.
¿Era romántico Ramiro Ledesma? Sin duda alguna. Y no menos clásico a la vez -"verbi gratia" "romano" o helenizante- de lo que lo era José Antonio. Pero el debate cutural en torno al romanticismo y al clasicismo no puede menos de parecernos un exutorio a la hora de de dejar sentadas las diferencias entre José Antonio y Ramiro que eran reales y a la vez mucho menos irreductibles de los que algunos siguen sosteniendo.
Sin duda porque se situaban en el terreno de lo que vengo llamando en mis entradas con una terminología prestada del libro "prohibido" de Rafael Sánchez Mazas -y de un sello maurrasiano a la vez inconfundible- "la política religiosa".Y me estoy refiriendo al anti-clericalismo de cuño personalísimo omnipresente en los escritos y en las posturas y en las actitudes de Ramiro.
Ramiro era bautizado, como la inmensa mayoría de españoles y como se encargarían de recalcarlo sus herederos -por si dudas cupieran- en las posguerra. Y según ciertas fuentes -¿autenticas, apócrifas?- murió reconciliado (sacramentalmente) con la iglesia. Pero como tantísimos españoles sobre todo en los sectores sociales de extracción universitaria se vería apartado de la iglesia y de la practica religiosa (eclesiástica) desde muy joven.
¿Perteneció Ramiro de una forma u otra a la Institución Libre de Enseñanza? Más en claro (y crudo) todavía: ¿llegó a estar afiliado a la masonería? Unos interrogantes que no dejan de planear en las dudas que planearon siempre sobre su nombre en la España de la posguerra. La cuestión no deja de parecer sin embargo, hoy por hoy, un tanto fútil u ociosa, en la medida que la temible institución -por su influencia entre españoles y su prestigio (de prestado) en el extranjero- era un poco el aire que se respiraba en ámbitos universitarios (hegemónicos) españoles desde hacía un siglo.
Institucionistas lo fueron exponentes ilustres del llamado regeneracionismo español como Joaquín Costa. Institucionistas lo fueron también otros grandes nombres de la intelectualidad española de antes de la guerra civil como Unamuno, o como Ortega al que Ramiro ataviaba invariablemente del titulo de "maestro" (...), e incluso su homónimo Ramiro de Maeztu (en su juventud al menos)
Pero no menos orteguianos que Ramiro lo eran José Antonio y los primeros falangistas; por más que Umbral -cargado de razones- sostuviera que José Antonio tomaba prestado tanto de D'Ors como de Ortega, o Unamuno; con la diferencia que su deuda con los últimos nombrados se vería explícitamente reconocida; y la del primero se vería en cambio un tanto vergonzantemente escondida -sin duda por carecer de la patente institucionista (...); como el propio interesado no dejaría de insisnuarlo (en voz baja o en privado) desde que logró pasarse a la zona nacional el primer año de guerra
¿Renegaba Ramiro Ledesma del catolicismo español, de nuestra tradición católica? Esta es en mi opinión la cuestión subyacente en el fondo y en lo más hondo de la polémica en torno al "problema" de Ramiro de su figura y de sus escritos; que encuentra respuesta por la vía de la negativa.
Ramiro como Onésimo Redondo y sin duda también aunque de forma menos explícita o implícita siquiera, José Antonio y los demás intelectuales falangistas -de lo que se da en llamar "la corte literaria de José Antonio"- sostenían que el catolicismo formaba parte indisociable de la tradición ("racial") española con lo que venían a adoptar un postura de identificación de patriotismo y de catolicismo -teñida de un innegable tinte regeneracionista- que les situaba automáticamente, en el contexto histórico y coyuntural que era el de sus tiempo -con la condena pontificia de la Acción Francesa (1926) reciente y aún tan viva en los recuerdos- en la encrucijada de todos los peligros (y anatemas)
Lo que se vería ilustrado en la polémica con el marqués de la Eliseda en torno al Punto Veinticinco. En su "Manifiesto a las juventudes de España" venía Ramiro a sintetizar su postura histórica en relación con la iglesia y el catolicismo en un análisis o enfoque clarividente en extremo que situaba el punto de partida de nuestra decadencia histórica en las guerras de religión europeas y en particular en el desenlace de la guerra de los Treinta Años.
"Fue gracias a España -escribe Ramiro (y cito de memoria)- si el catolicismo ha sobrevivido en Occidente". Y esa deuda histórica innegable que arrastra el catolicismo -"verbi gratia" la iglesia católica- en relación con España y en particular con su esfuerzo histórico, guerrero, colonizador y en todos los ordenes durante los siglos XVI y XVI -que el papa polaco tan olímpicamente desatendería en su incesante trote planetario- encontraría un eco de lo mas fiel en el José Antonio ("último) de "los escritos póstumos"; y en particular en su ensayo ya citado "Germanos contra bereberes". "España libra el combate de la Unidad en Europa -escribía (proféticamente) José Antonio en uno de sus párrafos-; lo libra y al final lo pierde"
Y en ese sentido se puede seguir reivindicando holgadamente sin el menor obstáculo ni escrúpulo el catolicismo de Ramiro y equipararlo al de José Antonio. Un catolicismo (imperial) en la linea de los humanistas españoles de los tiempos de Carlos V y de los papas pro/españoles que se sucederían en los siglos venideros (hasta la paz de Westfalia) Un catolicismo defensor por los campos de batalla de Europa -Eugenio Montes "dixit"- "del libre albedrío" y de "la salvación universal de todos los hombres".
Lo que viene a invalidar ciertas afirmaciones ruidosas de Ramiro -más o menos tempranas- en relación con la libertad (política) individual y en contra del individualismo. Y ayuda a la vez a reinterpretar y a situar dentro del contexto propio sus profesiones de fe "totalitarias", que la Falange haría suyas en su Norma Programática. Lo que se vería además rubricado con su muerte heroica.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català