Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Caso Storme: fallo escandaloso de la justicia en Bélgica (una magistratura beligerante contra los propios belgas)

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De perdidos al río. He estado dudando seriamente a la hora de ponerme a escribir sobre un asunto que está ocupando primeras paginas y portales de la prensa belga digital e impresa desde hace unas horas y me refiero a la lectura de los fallos de un proceso por triple asesinato que viene añadirse a una serie interminable de juicios altamente "mediatizados" que se vienen sucediendo desde hace algún tiempo en Bélgica.

Un tribunal belga constituido en jurado/popular aquí en Bruselas acaba de condenar en audiencia de lo criminal a un joven de buena familia, sin antecedentes, a una pena de veintiseis años de cárcel después de haber sido declarado culpable de la muerte en circunstancias atroces -al arma blanca (...)- de su padres y de su hermana mas joven. Sin pruebas materiales en haber del tribunal, y en la ausencia además de un motivo creíble cualquiera en la persona del acusado. Y sin haberse seguido en ningún momento la pista de otros sospechosos cualesquiera.

Llueve sobre mojado además, como aquí ya saben. Hace quince días otro tribunal belga -de expresión flamenco/neerlandesa esta vez- condenaba igualmente a treinta años a una joven sin antecedentes por la muerte de una presunta rival amorosa, víctima mortal de un accidente ocurrido durante unos ejercicios de paracaidismo deportivo porque el paracaídas no se abrió como ocurre tantas veces. Sin el menor indicio de prueba material tampoco.

Una reincidencia así de parte de la justicia española -todos estarán de acuerdo- nos hubiera "ipso facto" valido, a la magistratura y tras ella a los españoles todos, el vernos puestos en la picota en los medios "urbi et orbe" de nuevo, por bárbaros (y fascistas) desprovistos del menor respeto de los principios (democráticos) más elementales de la justicia y de los derechos de la defensa.

Y el resgarse las vestiduras -apuesto uno contra mil- hubiera sido mayor aún en Bélgica, un país de tradiciones e instituciones reconocidamente democráticas (como/se/debe) El sistema belga que excluye como la mayor parte de los paises europeos el principio de la acusación popular -que se habrá visto aplicado en España recientemente en el caso del juez Garzón- contempla el jurado (o tribunal) popular en cambio, que remonta sin duda a la constitución que daria nacimiento al estado belga independiente; y de un origen o impronta pues mas que previsiblemente francesa (revolucionaria) y desde luego ausente en el derecho histórico anterior de los países bajos católicos, del Sur ("pays bas espagnols", como aquí se les sigue llamando)

Verdad mas allá de los Pirineos, error del lado de acá (ya lo decía Pascal) Un jurado popular pues, de hombres/buenos, -como el tribunal/popular ("mutatis mutandis") que condenó a muerte a José Antonio Primo de Rivera- habrá declarado ahora culpable al acusado, sin pruebas ni motivos aparentes, de crímenes horrendos de parricidio y de fratricidio, en base a incoherencias de las que habría dado muestras en sus declaraciones, a su comportamiento habitual en sociedad, un tanto problemático o decepcionante acorde a ciertos baremos -en materia de drogas (blandas) y demas-, y sobre todo por los rasgos psicopáticos de personalidad que se le atribuían en ciertos informes periciales.

El joven acusado, en el consenso mas unánime alcanzado aquí en los medios y entre especialistas, sería un "border line" -caso límite-, especie de cajón de sastre que utiliza la psiquiatría criminal de nuestros días para encajonar y catalogar todos aquellos casos que escapan a sus certitudes (apodícticas) por las razones que sean.

Como harían conmigo en el 2000, aquí en Bruselas, tratando de explicar las razones y motivos que me habrían llevado a decidir atentar contra el rey de los belgas, un cargo que pendió como una espada de Damocles durante un año sobre mi cabeza hasta que el tribunal encargado de examinarla decidió desestimarla, sin más trámites ni pruebas (...)

No hablo de oídas (sólo) por lo tanto, aquí ya todos lo han adivinado. Ejercí además de abogado penalista en los tribunales belgas durante un año cumplido, interviniendo con frecuencia en asuntos de lo contencioso penal incluso. Sin llegar nunca a pleitear en sala de lo criminal, me repicaría sin pena aquí más de uno.

Es cierto, pero por activa o por pasiva no creo que se pueda decir -estarán aquí todos igualmente de acuerdo- que se trate de un mundo o de una realidad (judicial) desconocida para mí en modo alguno. Ni tampoco el mundo de las prisiones de derecho común, y no sólo de las prisiones o galerías de presos preventivos sino de las penitenciarias o cárceles de máxima seguridad para largas condenas en donde me vi sometido además a un régimen de cohabitación forzosa (con delincuentes y criminales)

¿Verdad judicial, verdad a secas? "Roma locuta causa finita"? Está claro que en mi caso la negativa se impone, por propia experiencia. Y no pienso que haya que ser de izquierdas o de extrema izquierda como el célebre y brillante abogado francés -y escritor mas brillante aún- Jacques Verges (de ascendencia eurasiana), el que defendió a Klaus Barbie entre otros casos sonados, para permitirse el poner en entredicho en sus fundamentos mismos llegado el caso, la justicia de los hombres.

Estoy convencido de la inocencia del joven belga ahora condenado. No hay más que verle en las fotos, estaría tentado de decir. Pero en realidad no es eso lo determinante en mi decisión de ponerme a teclear aquí en defensa suya. También me vi yo condenado falta de pruebas materiales, por convicción del tribunal y del jurado popular que me juzgaron tras mi detención en Fátima hace ahora veintisiete años.

He estado lógicamente, a toro pasado, visionando más de una vez la entrevista que me hizo la radio/televisión portuguesa hace unos meses, en especial las reacciones del publico congregado entonces delante del palacio de Justicia de Vila Nova de Ourem donde tuvo lugar mi juicio; de una violencia (verbal) y de un encarnizamiento en contra mía tales, que se explican sin duda por múltiples factores pero que ningún principio democrático -por ejemplo, la presunción de inocencia del acusado- aprueba o justifica.

Y cabe presumir por consiguiente que el jurado/popular que me condenó no hiciera mas que hacerse eco de lo que se respiraba fuera de aquellos muros entre la población de aquella comarca portuguesa con preferencia a los cuales ellos mismos se habían visto designados. Presas sin duda de la psicosis colectiva de atentados que reinaba entonces en torno a Juan Pablo II, como también del influjo sin precedentes históricos conocidos que aquél llego a ejercer "urbi et orbe" sobre el conjunto de los católicos.

Y todos los indicios apuntan además que los miembros del tribunal, a falta de pruebas materiales (concluyentes), se forjaron una convicción propia en base a mi propia personalidad tal y como la pondría de manifiesto durante el juicio y antes del mismo. Escandalizados de mi actitud de desafío y sobre todo de las posturas (e ideas) que se me atribuian. Y en particular de mis propias palabara diciendo que sí habia querido matar.

Cuando cualquier juez medianamente equitable no les hubiera dado mas importancia de la que tenian (...) No hay solo que ser justo -dice un principio del derecho (procesal) ingles, que manejan con soltura los profesonales del derecho en materia de derechos humanos- sino tambien el parecerlo.

Y estaba claro que un tribunal portugués nacido del hecho revolucionario del 25 de abril que puso patas a bajo el sistema judicial en el país vecino carecía de las más mínimas presunciones de objetividad a la hora de juzgar un caso tan politizado y tan "mediatizado" como lo era el mío.

Juego fatal de espejos pues en el proceso que aquí estoy ahora comentando. Porque es cierto que el reo -hijo y hermano de las víctimas- llegó a confesar en un momento de sus interrogatorios el ser autor material de los hechos, aunque después se retractaría.

Un caso trágico de indefensión, individual y colectiva, a mi juicio desde luego. El acusado -algo que a todas luces habrá obrado en contra suya- era vástago de una familia de comerciantes de antiguedades en una zona comercial de un barrio del centro de Bruselas que gozaba de una posición económicamente envidiable. Lo cual, por paradójico que parezca, viene a abonar en el fondo la tesis -de tipo histórico- que aquí sustentar pretendo.

La guerra mundial, vendría a ser madre del cordero de muchos conflictos y problemas irresueltos en el día a día de los países europeos tras el 45. La guerra civil española tradujo entre otras cosas una explosión de lucha (y de odio) de clases, como ya aquí lo habré venido manteniendo. La segunda guerra mundial no traduciría menos un conflicto social irresuelto por mas que las revoluciones nacionales -o revoluciones conservadoras- que postulaban los nazi/fascismos confundiesen un poco las pistas o borrasen (en parte) el hilo conductor en la materia.

Y la "Liberación" en Bélgica, como en Francia y en la totalidad de los demás países occidentales, tradujo el desenlace de un conflicto histórico -también de clase- mas o menos larvado entre izquierdas y derechas, a favor por supuesto de los primeros.

No hubo no obstante revolución social aquí, o no llegó a consumarse o a lograrse (del todo) porque lo impidieron las potencias vencedoras (sustancialmente ingleses y americanos)

No es óbice que las clases altas que mayormente figurarían del lado de los perdedores (ideológicos) de aquel conflicto, por su actitud mas o menos acomodaticia con el ocupante alemán y sus aliados y amigos belgas, conseguirían mantener después -a duras penas- sus posiciones y situaciones en los planos social, profesional y económico, pero adolecerían en cambio desde entonces de una crasa indefensión en múltiples planos y en particular en el terreno político en donde se verían condenados en la práctica a una privación de memoria (histórica) prácticamente absoluta sin posibilidad de recuperarla de forma alguno como seria el caso en cambio de los vencidos de la guerra civil española.

Degrelle -un protegido notorio de José Antonio Girón- murió (de viejo) en su exilio/dorado de la Costa del Sol, y con él se llevó a la tumba su memoria propia y la del tiempo aquel que de una forma u otra habían compartido con él tantos y tantos belgas.

Y esa indefensión de tipo histórico acabaría reflejándose en el plano judicia, por una fatal simetría. Y así, esos sectores sociales herederos en linea mas o menos directa de los perdedores (y vencidos) de la segunda guerra mundial, por situarse además en unas áreas o estratos de la población belga económicamente mas favorecidos (hasta cierto punto), se verían designados llegado el caso chivos expiatorios predilectos aquí en Bélgica en décadas de posguerra.

¡Fiestas del chivo una detrás de otra, como la de la novela del reciente premio nobel Vargas Llosa!: las que llevo presenciando impávido (y atónito), con un ritmo o frecuencia "in crescendo" en los últimos tiempos. desde que resido en Bélgica

La pobre madre (ejemplar) enloquecida ante la perspectiva de que le iban a quitar a sus cinco hijos pequeños y llevárselos fuera (a Marruecos) que los acabaría degollando antes de tratar (en vano) de quitarse la vida; el pastor protestante húngaro refugiado en Bélgica tras el 45, acusado y condenado aquí como el mayor criminal de todos los tiempos, en base a una instrucción iniciada en su país natal en tiempos aun del régimen comunista, y sin el menor rastro de todos los muertos que le echaban encima (...); la joven flamenca -evocada más arriba- que se ve vió hace poco condenada sin la menor prueba solo porque su perfil de comportamiento individual -en el plano sentimental- no corrrespondía a los criterios o baremos mas o menos "standard" y en vigor aquí; el joven hijo de comerciantes que aquí he venido comentando; e incluso el caso del joven adolescente de una familia de nacionalistas flamencos simpatizantes con los nazis e incluso (horresco referens) con un abuelo antiguo voluntario en el frente del Este, que en un arrebato de locura -tras verse expulso de su internado por un motivo fútil- se echó a la calle a tirar contra todas las mujeres con velo islámico que veía (...)

Ninguno de ellos se habrá visto reconocido no obstante la menor circunstancia atenuante por la justicia belga (...) "Los judíos no son inocentes -declara uno de los personajes de una obra tardía del dramaturgo alemán Fassbinder- porque echaron sobre todos nosotros todas las culpas" (...)

Como sea, ¿qué se puede pensar -y esperar- de una justicia/democrática de choque, en busca sistemática, se diría, de chivos expiatorios y de la commoción del cuerpo social a toda costa; y sin el menor atisbo de sentido de la clemencia?

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Tina 28.10.10 | 01:16

    Juan, parece que has sido objeto de injusticias de los tribunales portugueses y belgas. Que generaron una situación social dificultosa.

    Mereces mucha admiración por salir adelante en circunstancias tan duras y si te sirve de algo siento que eres un ejemplo. De hecho atravieso una época de tensiones profesionales y pensar en tu superación me permite relatiivizarlas.

    Más allá de lo pasado, político o anecdótico transmites firmes principios éticos y comportamiento cívico. Encima eres un buenísimo escritor prolífico¿se puede pedir algo más?

    Animo y saludos,
    Tina

Miércoles, 30 de mayo

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