
No hay más cera que la que arde. Lo exiguo y escaso -y ralo- de la clase política belga esconde un axioma fundamental de su sistema político en vigor efectivamente, que me habrá sido dado el verificar los años que aquí llevo residiendo. Y se ve ilustrado por la resurgencia periódica, intermitente, de las mismas caras de hace veinticinco años, hoy como entonces en el candelero; y también por la tendencia endogámica indisfrazable de la que el sistema aquí da muestras, traducible en el fenómeno de dinastías de personal político del mismo apellido renovándose (solo) de padres a hijo en la posguerra (desde el 45)
De lo uno y de lo otro, ejemplos no faltan en la actualidad política belga los días que corren. Y el más reciente lo ofrezca sin duda el nuevo "conciliador" nombrado por el rey en la enésima tentativa de resolver un crisis que no hace más que ahondarse a medida que los días pasan, y obliga a la vez a seguir explorando exhaustivamente en todas sus variedades formulas posibles de mediación política con vistas a la formación de un nuevo gobierno, y también a dar muestras de imaginación en el uso de la terminología escogida a la hora de ser designados los sucesivos encargados de la tarea, de libre designación del monarca reinante.
Entre "mediadores", "exploradores", "conciliadores, "clarificadores" y "formadores" (o "preformadores") propiamente dichos la danza de los duendes se persigue inalterable desde hace ya unos meses en la política belga al vaivén de las aleas de la crisis y también de las mudanzas en el estado de animo de sus principales protagonistas.
Johan Vande Lanotte, el nuevo comodín que se acaba de sacar de la manga la casa real belga es un viejo conocido mío. Para variar, dirán aquí algunos. Y de verdad que no es culpa mía si el axioma que formulé al principio se ilustra con mil ejemplos en la trayectoria personal -atípica y "sui generis" convengo sin el menor esfuerzo- que habrá sido la mía los años que aquí llevo residiendo.
A Johan Vande Lanotte, antiguo ministro del Interior de la época de mis peores infortunios judiciales aquí, amigos de los socialistas españoles desde la época de la (primera) era/interminable -de Felipe González-, me lo crucé yo en mi camino, para mi desdicha, tratando de convalidar mi titulo español de licenciado en derecho en la universidad de Gante a principios de la década de los noventa.
Al final, como cabía esperar, y antes de sentarme en el banquillo (por dos veces) después, acabé compareciendo ante un tribunal académico -en una sala adornada de un cartel propagandístico gigante que cubría toda la pared de la resistencia anti-Pinochet en Chile (...)- formado "ad hoc" a mi demanda, y encargado de examinarme en la asignatura de la que aquél era titular (y lo sigue siendo)...y presidido ademas por él mismo interesado (faltaría) Juez y parte. Con los resultados previsibles.
Y me volví a dar de bruces con el mismo fenómeno no pocas veces residiendo aquí, de simple observador o de parte en el litigio. A mi me "ejecutaron" entonces en una asignatura además que no estaba obligado a cursar -otro sapo gordo de los que se tragaron por mi cuenta algunos aquí entonces- sin el menor escrúpulo y complejo. Como me apercibiría mas tarde al cambiar de universidad (...)
Ni en la época de Franco y de la contestación estudiantil en la Universitaria madrileña recuerdo yo un caso semejante de arbitrariedad y prepotencia como la de aquel profesor (vitalicio) belga que era director del gabinete de ministro del Interior belga ya entonces. Bélgica tierra de Jauja. En tantas cosas, y especialmente en todo lo que de cerca o de lejos atañe al al mundo de los pretorios (en sentido estricto o figurado aunque sea)
Los mayores criminales en/serie ("serial killers") de la historia del crimen -en la imagen que aquí les tienen creada en los medios, me refiero- gimiendo entre rejas sin duda ya hasta el final de sus días, lo son personas condenadas sin la menor prueba material en su contra (...) Y que afirmaron siempre (hasta hoy) su inocencia. Algo que en la práctica judicial española no se da ni se admite, ni antes ni después de la transición y de la instauración de la democracia.
Y el último caso acaba de darse (clamorosamente) ahora en un juicio salomónico que habrá indispuesto una vez mas la mitad del país contra la otra (linguísticamente hablando me refiero) de un accidente mortal de resultas de un paracaídas que no se abrió (como tantas veces infelizmente ocurre), y en la que el indicio de culpabilidad determinante y decisivo -en ausencia de la menor prueba material como digo- lo habrá sido una presunta rivalidad amorosa entre la persona ahora condenada y la víctima del trágico accidente (...)
¿Conocía el futuro ministro del Interior -en aquellos tiempos director del gabinete de su predecesor en el mismo departamento, también socialista- mi "curriculum" ya entonces, antes de verme puesto en la picota (en los medios) unos años más tarde tan solo?
Es francamente presumible que así fuera, pero guardé hasta hoy mis serias dudas que fuera aquello lo que acabase indisponiéndome fatalmente con aquel personaje tan influyente aquí, ni siquiera mi actitud reivindicativa -más que justificada- en ciertos momentos del año escolar que seguí con él, aunque confieso que me equivoqué de noche es cierto, como por aquí dicen; y es que no caí (del todo) que estaba tratando con socialistas, en asuntos académicos aunque solo fuera.
Y siempre sospeché, es cierto, hasta hoy que la causa de mi caída en desgracia a los ojos de aquel personaje tan poderoso e influyente y cargado de promesas de futuro por aquel entonces, lo fue una conferencia/debate sobre temas políticos que dió en la universidad de Gante a la que acudí y al final de la cual me permití saludar a uno de los participantes al que conocía por motivos al margen de la política pertenecientes a un partido distinto del del futuro ministro (socialista) y que daría nacimiento tras su disolución un poco más tarde a la formación ganadora de las últimas elecciones belgas, principal partido en la zona flamenca en lo sucesivo.
La "N-VA" -formación a la que me estoy refiriendo-, heredera de la Volksunie, a la que pertenecía el político al que tuve la mala/ocurrencia de saludar en publico entonces-, es una familia política belga que recoge -de padres a hijos, y al interior del régimen/democrático- la herencia del nacionalismo flamenco de la segunda guerra mundial y del período inmediatamente anterior de entre dos guerras. Hijos y nietos (y bisnietos) de "colaboradores". De fachas belgas, para entendernos.
Algo que en Bélgica se seguía pagando al contado en política y fuera de ella el tiempo todavía entonces; por mucho que yo no me percatase del todo, contagiado sin duda de esa proverbial ingenuidad española a la hora de viajar (o residir) allende los Pirineos que nos lleva hacer (olímpicamente) abstracción de las consecuencias tan fatales e imponderables del desenlace de la segunda guerra mundial en la mayor parte de los países europeos.
Un defecto de óptica que se explica en parte por la posición de neutralidad (atípica) de España durante la última gran conflagración en suelo europeo, agravada hasta lo trágico a veces por las secuelas fatales e ineluctables de la leyenda negra anti-española. Vande Lanotte se permitió "ejecutarme" de aquella forma tan innoble, por amigo de fachas/belgas (así sin duda lo pensó él) y por español sobre todo, las cosas claras y el chocolate espeso.
También es cierto que mas tarde, siendo ministro del Interior, podía haber llevado su inquina hasta el extremo -hasta expulsarme del país me refiero (por mas que ya le hubiera sido difícil)-lo que no hizo y pude continuar a residir aquí hasta hoy, más o menos tranquilamente (...) Como sea, la tarea que se vea encomendada ahora uno de los "ex" mas influyentes (aún) de la política belga es algo para lo que al interesado sin duda que le faltan las fuerzas.
Y si dudas le cabían de las dificultades que le esperan, marcan ya la tónica de entrada comentarios adversos emanantes de la formación nacionalista flamenca más arriba mencionada. Es altamente improbable desde luego que la misión -entre partidos y entre comunidades lingüísticas-del conciliador belga se vea coronado por el éxito, y todo parece abocarla en cambio al fracaso estruendoso en el más corto de los plazos. ¿Y después qué? La pregunta en los labios aquí de todos. Lo que explica los rumores que empiezan a correr aquí también por cuenta de la familia real belga.
España y Bélgica, cualquier parecido con la realidad pura coincidencia. Dos familias reales en apuros. La una, por culpa de los rumores (persistentes) en torno a la salud del rey y por la polémica un tanto artificial creada en torno a la princesa/consorte (plebeya y cenicienta); la otra, por una crisis política que se agrava día a día, convertida ya en algo endémico, y que amenaza con hacer saltar (de una vez) en pedazos la unidad del país y con ello una casa real que habrá servido (nominalmente) de lazo de unión entre las dos mitades lingüísticas en las que se ve ("grosso modo") dividida la población belga aunque en la práctica haya sabido servirse a las mil maravillas del divide/y/vencerás para mantenerse en el trono hace ya casi doscientos años.
Un fenómeno si bien se mira de lo más familiar también entre españoles (...) ¿Un nuevo Cambó, Johan Vande Lanotte -procedente de esa Cataluña/belga como muchos se obstinan en presentar a la zona lingüística flamenca (sin duda por sus veleidades separatistas)-, marcando con su gestión "in extremis" -abocada al fracaso- los últimos días del estado belga independiente y la agonía de la institución (y de la dinastía)?
Las expectativas más que probables van en ese sentido desde luego. Y es difícil sin duda el hacer apuestas pero todo indica que se camina hacia un escenario de nuevas elecciones en Bélgica del que muchos huyen como la peste y en particular los socialistas a ambos lados de la frontera lingüística.
Unas nuevas justas electorales pondrían, mucho me temo, a este país hispano en la encrucijada de todos los peligros. Con una puja hasta las nubes de las reivindicaciones de la mayoría flamenca, en un sentido "in crescendo" separatista.
¿Sabrán dar muestras, por un lado, los nacionalistas flamencos de un mínimo de cordura; y por el otro, de una dosis, por mínima que sea, de sentido de las responsabilidades unos socialistas belgas un tanto atípicos y en modo alguno equiparables a sus homólogos españoles? Y esa fue sin duda la enseñanza que saqué de mi contencioso ideológico y a la vez de orden personal con el nuevo conciliador de la crisis política belga. Un toque de guerracivilismo (nuestro) del que los socialistas belgas no adolecen a todas luces en igual medida, flamencos como francófonos (a pesar de todo)
Lo que ilustra la paradoja aparente que el nuevo número tres del gobierno Zapatero, Ramón Jáuregui, al que ya aludí en anterior entrada se encontrase hasta hoy (apuesto lo que sea) mucho más cerca, en parámetros y coordenadas de la política belga, de los nacionalistas flamencos -cercanos en el pasado, en alguno de sus sectores al menos, a la corriente vasca "abertzale"- que de los socialistas belgas enemigos íntimos de aquellos.
Esperanza blanca de la monarquía en Bélgica, el socialista Vande Lanotte: entre el PNV y los socialistas vascos (para entendernos)
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català