Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

¿Un veto (eclesiástico) de lo alto? (la campaña -entre rumores "in crescendo"- de descrédito contra Letizia)

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No soy un asiduo de la prensa del corazón, ni estoy a favor ni en contra. Tienen un público extenso al que no pertenezco, pero que no dejo de sentir mío en cierto modo, aunque solo sea por culpa o por obra y gracia de la revista "Hola" que acompañó omnipresente los años de mi infancia y de mi adolescencia como sería el caso de tantísimos de mi generación, y como si formase parte -por sistema (salvo excepciones)- del mobiliario familiar en los hogares españoles de entonces y no sé también si hasta en los de ahora.

Hay un fenómeno nuevo -de pronto se me antoja- paralelo a esa rebelión de las masas...que me diga de las mujeres, a lo que aquí ya aludí unas cuantas veces, y es una prensa/del/corazón digital -en la red- que está haciendo ahora su agosto con los rumores, en el disparadero desde hace unos días tras el desfile de la fiesta del Doce de Octubre, sobre el estado del salud del monarca reinante; como si vinieran fatalmente a cebarse -a falta se diría de otros asideros mas tangibles o verosímiles- en la persona de Letizia, la infanta o princesa/consorte, esposa del príncipe heredero, algo a lo que ya aludí también en una de mis entradas hace tan solo unos días.

El detonante de esta explosión un tanto divertida de histeria (verbal) -¿como no llamarla así?- (si no se tratase de un asunto -de estado- tan serio) lo habrá sido el trabajo de un periodista de investigación de recentísima aparición del que todos hablan sin haberlo leído por culpa sobre todo de los problemas de distribución que vienen encontrando, que tendrían su origen según se oye decir en un veto mas o menos discreto en proveniencia de la Zarzuela. Y sin hacerse esperar, el escándalo abortado (a medias) entre españoles está sirviendo de pronto de comidilla de predilección a toda una prensa del corazón extranjera.

No soy lector asiduo de ese tipo de prensa, ya digo, y mucho menos de esa versión un tanto "sui generis" de la misma especializada en familias reales y dinastías, nacionales o extranjeras. Pero el tema que nos ocupa me habrá hecho volver la vista en esa dirección por unos instantes aunque sea; porque en el último numero de la revista autorizadísima y especializadísima en ese terreno de cotilleos egregios, "Point de Vue", de lengua francesa, Letizia se ve puesta en la picota en la portada -cubriéndola toda entera- por cuenta de los chismes difundidos a costa suya; pero sin dejarse escapar en el reportaje una jota tan siquiera de la salud del monarca (...)

Chivo expiatorio se diría, la princesa plebeya de los cortesanos españoles y mucho más, fuera de España ,y sobre todo -se me antoja también de repente- de los monárquicos ("royalistes") franceses, raza aparte o en vías de extinción -desde hace dos siglos-, como se quiera. Juan Carlos I, príncipe de España (entonces) y de la casa (francesa) de Borbón sobre todo, un dato a no perder nunca de vista de manera a poder refrescarnos a tiempo y a destiempo, en nuestra memoria histórica (patria)

Y como es lógico, sus cuitas y sus milagros y todas las vicisitudes a la vez que rodean a la familia real de este lado de los Pirineos no dejan de apasionar y de satisfacer al menos la curiosidad voraz de cierto publico del "otro lado" (el aquí y el acullá que escribió Pascal en sus Cartas Provinciales) Y el semanario francés no decepciona sin duda tampoco, una vez mas, las expectativas de los mas asiduos de sus lectores con ese reportaje a toda página -cuatro o cinco que me diga-, surcado de fotos y de declaraciones a cual mas ruidosa (por lo manifiesto de su intención sensacionalista o claramente peyorativa)

Y así, da inicio con una breve toma de posición, sobre el libro por el que viene ahora el escandalo, de la pluma o de los labios de Jaime Peñafiel, pontífice autorizadísimo en la materia. El veterano periodista (y cortesano) es sin duda a la prensa del corazón (de reyes y de hadas madrinas) un poco lo que fue Corín Tellado, a la foto novela, un subgénero literario sin duda alguna que convertiría a la prolífica autora no obstante en la mas vendida con mucho de más de un siglo de literatura (y subliteratura) en lengua española.

Jaime Peñafiel es hoy por hoy uno de los periodistas españoles más leídos, y escuchados, y sigue siendo también sin duda alguna apreciado y admirado de muchos y también odiado y aborrecido de muchos otros. Tiene su publico sin duda alguna y lo tendrá siempre. Un poco como ocurre -a pesar suyo- con la que pareció convertirse en el blanco predilecto de su obsesiones y de sus fobias que algunos pretenden recíprocas, y me refiero a la princesa/plebeya. Y sin embargo Jaime Peñafiel, ante el escándalo ahora desatado, se pone resueltamente del lado de aquella en el estruendoso reportaje de la revista francesa.

¿Por donde van los tiros? La pregunta del millón, como gusta de decir -no exento desde luego de estilo- el periodista del escandalo al que aludí más arriba. Y a fe mía que a ciencia cierta no lo sé. Pero si está claro en cambio que el telón de fondo que viene a presidirla se ve cubierto por los rumores cada vez mas precisos y -profusos- sobre el estado de salud (preocupante) del monarca. Y más aún lo está que la caja de los truenos abierta de par en para no hay ya -por suerte o por desgracia- bicho viviente que la cierre. Como si los aprendices de brujo al origen de los cotilleos y especulaciones hubieran acabado dando la espantada presas de pánico de la que habrán armado en cuestión de días (y de lo que se nos avecina...)

El periodista de investigación citado recoge en su libro, todo junto y bien revuelto, chismes y bulos (y gazapos) que andan rondando por la red desde hace ya rato y también informes confidencialísimos de servicios -"qui capit capiat"- que lo son aún mas todavía. Y no por ello mas veraces o fidedignos (...) ¿Y por qué salen a relucir precisamente ahora? La pregunta que todos se estarán sin duda haciendo.

Porque mucho de nuevo, la verdad es que no dicen, por más que no escatimen los detalles, como si a falta de fondo -de verdad o de verdad a medias tan siquiera- quisiera verse compensada a base de vocerío y de alardes de imaginación y fantasía. Que fue una chica normal como tantas otras, en España en Méjico o donde fuera, es algo que ya todos sabíamos.

Pero donde se le ve el plumero a la operación de descrédito y quizás también a su principal protagonista es cuando evoca "el pasado escandaloso republicano y agnóstico" de la princesa plebeya. ¡Con la iglesia hemos topado querido Sancho! se debe estar diciendo ahora tal vez la pobre cenicienta (de la Zarzuela)

Que los comecuras de cuando la guerra civil -y sus descendientes y herederos mas o menos directos e inmediatos- se vean ensalzados y agasajados -y apoltronados- en la Corte de los Milagros desde hace ya un buen rato no parece escandalizar mayormente a los cortesanos. Que una intrusa sin sangre/azul de muestras -legítima- de libertad de juicios y puntos de vista en materia de formas de gobierno o de moral y de buenas costumbres es algo que hace rasgarse en cambio las vestiduras.

En el nombre de un "pasado" que les parece sin duda inconfensable. No más sin duda a sus ojos que nuestro pasado historico (de españoles) antiguo como reciente, del que reniegan de siempre -en parte al menos- esos cortesanos, en el nombre de una memoria dinástica (extranjera)

He estado ojeando a toda prisa el "curriculum" de este periodista de investigación de origen catalán a todas luces (por el nombre y apellido con los que firma) y leo que tiene un recorrido profesional con etapas importantes de colaboración en la prensa vasca (euskera); y si se le añade un libro suyo de reciente aparición también, de carácter monográfico, sobre la persecución religiosa en ciertas zonas de Cataluña durante la guerra civil, no extrañará que el disco rojo o la señal de alerta se haya encendido de pronto delante mía.

El sello vaticano -y por ende vasco/catalán de antiguo (...)- de la política religiosa (en los asuntos de España y de los españoles) es lo que parece reconocerse ahora inconfundible detrás de toda esta maniobra o intriga/palaciega y de los rumores e intrigas que la acompañan. Lo que podría traducir una decisión de lo/alto ubicable en alguno de los escondrijos más recónditos de los aposentos y cobichuelas -del Vaticano o de las altas esferas de la iglesia española- donde se fragua o se cocina de antiguo ese genero particularismo de experimentos de política eclesiástica (o "religiosa")

¿Un veto eclesiástico a la princesa consorte en los tiempos de tumulto que (a toda prisa) se avecinan? ¿Como el de los obispos españoles a la "reforma institucional" de José Luis de Arrrese, o el de Don Juan e Borbón, padre del actual monarca a la presencia en el Escorial junto al mausoleo de los reyes de España de los restos de José Antonio Primo de Rivera? No creo en las meigas pero haylas.

Y el vacío del poder que amenaza (cedo) con producirse en caso de que los rumores (alarmantes) sobre el estado de salud del monarca acaben por confirmarse podría verse visto lleno a toda prisa -en las mas tenaces tradiciones inseparables de nuestra decadencia histórica- con las consignas e instrucciones que llegarían sin faltar de Roma o sin ir mas lejos de la nunciatura madrileña.

Fatalidad española la dinastía borbónica, y también del catolicismo patrio. Si se piensa además que la subida al trono de España de esa dinastía extrajera se vería asociado al desenlace (último) de las guerras (de religión) de Flandes -o de los Países Bajos- que vendría a consumarse con el tratado de Utrecht al final de la guerra (europea) de Sucesión a la corona de España, a setenta años ya del final de la guerra de los Treinta Años y de la firma del tratado de Westfalia.

Y en una pieza teatral de carácter imperecedero por más que se vea blanco de ostracismo desde hace décadas en España y mas aun en el extranjero (y sobre todo en Bélgica), -y me refiero a la obrita "En Flandes se ha puesto el sol" de Eduardo Marquina-, se describe con todo lujos de (pequeños) detalles el clima generalizado de desprecio o de hartazgo al menos hacia los héroes (españoles) de antaño -personificados en ese viejo capitán de Flandes que había acabado echando a su vejez raíces por estas tierras (donde habito)-, que reinaba entre la población -valones como flamencos- de los países bajos/católicos bajo dominio español todavía entonces, en el periodo históricamente impreciso -como los horizontes y paisajes flamencos- que siguió al cese de hostilidades en los países bajos entre católicos y protestantes, hasta el final pactado de la soberanía española a la que se seguiría a nuestro partida (calamitosa) de aquí tras la llegada de los borbones al trono de España; und ardse la espalda no exento de razones desde luego y en un clima de hartazgo tan generalizado como recíproco (...)

"Antorcha es mi espada rota en tus manos Albertino, alúmbrame ese camino que viene de la derrota", urgía el viejo capitán español de Flandes a su hijo hispano/flamenco (...) Y estas líneas quisieran humildemente aportar un poco de luz en los tiempos de incertidumbre -y de vacío de poder- que a todas luces se avecinan.

Letizia Ortiz Rocasolano, la princesa plebeya -descendiente (¡ojo!) de una familia de falangistas destacados durante la guerra civil (un detalle tan silenciado como notorio e indiscutible)- se ve ahora no obstante puesta en la picota en los medios (bajo control) como una intrusa -y como una "roja"-, o por emplear la fórmula descalificante utilizada como "un caballo de Troya" en la familia real reinante (borbónica), de nuestras culpas y pecados.

Y si así fuera -que está por ver- desde luego que en hora buena.


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