Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Catarsis patriótica en Chile (lo que hasta hoy no logramos los españoles)

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El rescate de los mineros chilenos no podía quedar sin comentario en estas entradas. He estado atrasando el momento en busca sin duda de la temperatura (interior) propicia o del momento psicológico adecuado para hablar sobre el tema, y sin estar seguro que me haya llegado me rindo al deber ineludible y me pongo a teclear tratando de dar cauce a todas las ideas e impresiones que han venido agolpándose en mí los últimos días sobre este asunto tan poco trivial, generador de tantas emociones hasta el punto de haber logrado operar una auténtica catarsis entre chilenos, lo que hasta hoy -¡ay dolor!- no logramos los españoles.

La imagen de treinta tres mineros en corro, todo risas aún convalescientes y con la reciente odisea escondida tras las gafas negras por dentro de sus ojos, unidos como una piña en torno a su presidente (de derechas) en un país dividido casi por la mitad de antiguo entre izquierdas y derechas (pero sin haber conocido una guerra civil propiamente dicha como nosotros) tiene una gran fuerza de impacto, ¡no me digan!

Algo de lo que en principio salen todos beneficiados, los de la foto, y lo de fuera; el país entero en definitiva que vive un momento de estado/de/gracia como llaman los franceses a los inicios de una nueva singladura presidencial rodeada del beneficio de la duda. Y eso es lo que están ahora viviendo los chilenos y con ellos su presidente Sebastián Piñera.

Me cae bien Piñera. Tenía ciertas prevenciones en su contra, las que me inspiraba sin duda la imagen que de él circula en los medios desde las penúltimas elecciones chilenas, que habré aquí lealmente recogido -como todos lo podrán comprobar- antes de su victoria electoral de hace unos meses. Y si aún renqueaban en mí los acontecimientos de los últimos días las habrán sabido dispar en mí como en tantos otros.

Digamos que me cae mucho mejor ahora sin duda porque como buen comunicador y ducho y experto y empresario prodigio incluso en la materia, habrá conseguido comunicar o mostrarse sin tapujos y sin clisés al gran publico bajo el foco reflector de los medios. Y sin duda que es lógico que así fuera, que un magnate del mundo de la comunicación -un nuevo Ciudadano Kane de este lado sin embargo y no del otro del celuloide- acabe superando o sobreponiéndose al serio problema de imagen que arrastraba entre muchos y por supuesto entre españoles de uno y de otro bando.

Entre los que me contaba. El mundo de la actividad empresarial me escapa de siempre, desde mis estudios universitarios incluso, por paradójico que pueda parecer en la medida que seguí -hasta el final- la carrera de Económicas. Y sobre todo porque me crucé entonces con no pocos nombres de la clase empresarial en activo hoy en la España del 2010.

Entre ellos, el último con el que me cruzo de vuelta ahora en los medios (digitales) es Luis de Guindos Jurado, nombre español importante en el mundo de las multinacionales y con el que coincidí durante dos veranos en el campamento del Robledo (en la misma compañía)

Y me permito el dar aquí su nombre y apellidos con la garantía -de libertad interior- que me da la distancia enorme entre los dos, que es la que pone entre uno y otro el mundo en el que él vive inmerso sin duda de siempre y en el que yo no llegué a verme dentro, desertándolo al final en cierto modo, como todos aquí ya saben, en los inicios de mi (personal) odisea.

Y si a esa alergia o indisposición casi congénita hacia el mundo de la gestión empresarial (pública y privada) se le añaden además las ideas innatas o adquiridas -a fe mía que a ciencia cierta no lo sé- en contra del capitalismo y de todo lo que con él de cerca o de lejos se relaciona, la actividad bancaria o financiera, la especulación bursátil, o el simple fenómeno del comercio ordinario y todo tipo de actividad profesional que contemple una faceta cualquiera de compraventa, se comprenderá fácilmente lo enigmático a mis ojos, e intrigante, de ese nuevo fenómeno de unos manáger metidos en política; de los que son botones de muestra de este como del otro lado del charco, el chileno Piñera y el italiano Berlusconi.

El capitalismo es malo, nos enseñaron los papas desde hace un rato, sobre todo tras el concilio. Y la misma propiedad privada arrastraría algo de nocivo o letal en su génesis misma, en las denucias -incendiarias a veces- de los (santos) padres de la iglesia con el lógico escándalo en su tiempo como de nuestros días (como en los tiempos de la II República...)

Y con tales tales "a priori" y prejuicios innatos o adquiridos comprenderán aquí que me encontrase desde el principio en una predisposición interior moralmente invencible en contra de lo que los nombres de esos magnates -como globos de colores- irradian y simbolizan.

De mis "a priori" anti-capitalistas -y sindicalistas- ya di cuenta (interiormente) hace un rato, como tengo explicado en detalle en algunas de mis últimas entradas. Pero esa evolución o itinerario interior ineluctable no me habrá llevado en modo alguno a cubrir ni un palmo la grande distancia psicológica que me sigue separando de ese mundo de capitanes de empresa regidos por los principios de la iniciativa privada.

Piñera -todos se lo reconocen, a izquierda como a derecha-habrá sabido entretanto gestionar la crisis en la que se vio inmerso tras esta catástrofe (precedida de otras) con la misma destreza y habilidad con la que gestiona y dirige sus negocios que habrán hecho de él unos de los multimillonarios más ricos de la tierra.

Un poco provocante y escandaloso a los ojos de algunos desde luego si se piensa en la extracción sociológica e ideológica de este antiguo ministro de Minas de un gobierno del general Pinochet, crecido en una familia de notables ligados al partido de la Democracia Cristiana el gran partido de (centro) derecha chileno que en Chile se reviste sin duda de unos perfiles "atípicos y "sui géneris" desconocidos del gran publico -salvedad hecha de los propios chilenos- en la medida que su etiqueta "cristiana" -políticamente correcta- oculta y a la vez traiciona sus propios orígenes de antes de la guerra mundial que se confundían -¡manes de la política religiosa (vaticana)! (...)- con los del partido que le sirvió de matriz fundacional, la Falange Nacional Chilena.

Lo que ilustra el hecho innegable que entre chilenos sus miembros sigan siendo conocidos por "falangistas" (...) Ocurre que el triunfo de la Democracia Cristiana en Chile en la década de los sesenta -en los inicios de la era Frei- fue uno de los "frutos" (prístinos) del concilio vaticano segundo. Eduardo Frei ("el Kerenski chileno"), aparta de mí ese cáliz.

La TFP brasileña y a sus ancas todas sus demás filiales de este y del otro lado del charco popularizaron aquel apelativo polémico de arma arrojadiza contra la izquierda americana y sus amigos y compañeros de viaje; que hice ardorosamente mío en su tiempo.

Hoy, sin renegar de nada, veo las cosas en ese tema con la cabeza fría lo que no me ocurría sin duda del todo entonces. La etapa de Frei preparó la que le siguió de Salvador Allende, de eso no me cabe todavía hoy duda alguna; pero los responsables más directos e inmediatos de aquel proceso de derrumbe -a tumba abierta hacia una dictadura marxista como estuvo a un tris de consumarse- no dejaban de ser a su vez víctimas de la fatalidad histórica que preside la historia de los países de la América (luso) española desde los tiempos de la independencia o emancipación americana.

La propaganda integrista anti-comunista y antiprogresista (y anti-fascista) de la TFP atacaba la democracia cristiana chilena en base a sus "a priori" ideológicos (integristas) que les llevaban a ver en aquel fenómeno de travase hacia la izquierda de tanta actualidad entonces una confirmación de sus propios prejuicios por no decir de sus obsesiones y fobias propias (individuales o colectivas)

La TFP embestía contra la izquierda eclesial que sentía agazapada -y tenían razón- tras la experiencia demócrata/cristiana en Chile, y porque veían en sus principales protagonistas sobre todo los herederos o descendientes de los aborrecidos y malhadados falangistas (chilenos)

Pero hacían a la vez un tanto la vista gorda a una derecha liberal (de impronta masónica) dueños y señores absolutos del país durante más de un siglo con los que se sentían más en casa o en familia, por lo que fuera (...)

Y la historia de las últimas décadas y en particular la crónica (diaria) tan agitada y convulsa de los años del gobierno de Salvador Allende y del golpe de estado -o alzamiento cívico/millitar anti-marxista- del 11 de septiembre del 73, les daría la razón...aunque sólo en parte.

La Democracia Cristiana se partió prácticamente en dos entonces y los restos del naufragio sobrevirían hasta hoy en uno de los principales partidos de la coalición ganadora en las útimas elecciones -"Renovación Nacional", que en su nomenclatura parecería a apuntar a un retorno a los orígenes (...)- y sobre todo en la figura del actual mandatario que no reniega ni en público ni en privado de sus raíces.

Los chilenos, en el cuentagotas interminable del rescate de los mineros del infierno (en la tierra) en que se encontraban, uno a uno, habrán acabo reconciliándose entre ellos. Lo que llevaban ya iniciado desde hace mucho, desde el día siguiente del golpe militar digan ahora lo que quieran.

Incluso entre los que se fueron; esa diáspora del exilio que se dispersó por Europa y América. En Bélgica, uno de los principales centros de acogida del exilio político chileno a seguir al golpe de estado -por no decir el primero y principal de todos ellos- me crucé de pascuas a ramos con chilenos (del exilio)

Presidieron en cierto modo -(más o menos) a lo lejos- mis años de odisea por estas tierras, pero tampoco se puede decir que me creasen problemas (mayores) en lo que fuera. Y desde luego no noté en ninguno ese síndrome guerracivilista que se respiraba de cerca o de lejos en muchos españoles de la emigración aquí; por más que en el caso de los españoles al contrario de los chilenos se tratase de una emigración puramente "económica".

Cuentan que uno de los mineros ahora rescatados, protestante/evangélico, aprovechó para hacer proselitismo religioso en la situación trágica en la que se encontraban allí dentro. ¿Los convirtió a todos? Lo dudo, ni siquiera unos pocos de entre ellos, estoy seguro. Pero sí creo firmemente que la experiencia que vivieron tuvo algo de íntimamente religioso como no dejaba de traslucirse en el sentimiento de haber nacido de nuevo -"born again" en inglés (horresco referens)- que les embargaba todos ellos al salir de la cápsula que les había devuelto a la vida.

"Una experiencia de salvación", con olor a macho, a lo vivido (y sufrido) y a lo auténtico; y sin ese tufo de "domesticidad" que denunciaba en sus sarcasmos Federico Nietzsche en sus escritos, hijo y nieto y bisnieto y tataranieto de pastores protestantes evangélicos, en contra de los suyos.

Y era el recobro de la libertad que para ellos era a su vez una huida a las garras de la muerte que los tenia atrapados. Tras haber gustado -es un decir- de esa nostalgia terrible que da la libertad perdida (de movimientos)

Y confieso que pensé a cada rato desde hacía días, cuando empezó la operación de rescate final, en los instantes últimos cuando el rincón aquel que a la vez les había salvado y atrapado se viese por fin vacío; y en el último en abandonarlo. Acabé sabiendo que el último en realidad lo había sido el socorrista.

Pero ese momento angustioso y mágico a la vez de ser el último en abandonar el barco (a pique), en volver del fondo del infierno -del que no se vuelve-, goza de todo el prestigio, de toda la aureola de las esperanzas y de los sueños auténticos (y liberadores) Hoy como hace tres mil años.

Y tras él por cierto, nada se ve (en cierto modo) ya igual a como lo habíamos visto hasta entonces.


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